Los objetivos: amar y dejar el mundo mejor de lo que lo encontraste.
Amar: difícil explicarlo, pero tú sabes qué es. Yo lo supe a los 4 o 5 años, el día que un conductor de la EMT insultó a mi madre. Luego lo volví a reconocer con 16, corriendo cada noche desde Plaza de Cataluña hasta Núñez de Balboa esquina María de Molina. Corría más rápido que los autobuses 29 y 52 y era por amor. Ahora, pasados los 29 y en los 52, lo reconozco al instante. El amor está en todas partes.
Dejar el mundo mejor que como lo encontraste: en tu casa, en tu jardín, al salir a la calle, en el campo, en la playa, en tu profesión.
Cómo: reduciendo entropía.
Entropía: el ruido, los anuncios, un cuarto desordenado, una mente añorando el pasado o proyectando el futuro, unos algoritmos dirigiendo, el deseo de tener, la preocupación por no tener, por no ser, por no llegar, por no poder.
Poder: tú puedes.
El secreto: tú no eres ese avatar con el que te identificas. Tú eres una unidad individual de conciencia que manejas un avatar. Tú solo lo manejas, que no es poco, pero no eres eso.
Por qué ese avatar, te preguntarás. Porque lo elegiste antes de venir. No lo recuerdas, pero lo elegiste. Algo que solo tu sabes, relacionado con lo que estás experimentando ahora, es lo que tienes que aprender. El hilo conductor negativo de tu vida, eso que más te jode internamente, es lo que has venido a aprender y a superar.
La consecuencia. No des importancia a tu avatar, solo mantenlo en forma a través del amor y de la reducción de entropía.
Bueno, y también a través de mover la fascia, que es lo que me sale en Instagram ahora todo el tiempo.
Sí, miro Instagram. Más de lo que sería sano.
La fascia, una metáfora de la vida. Es un tejido conjuntivo que rodea los órganos, los músculos y los huesos de tu avatar. Es por donde circulan los impulsos eléctricos en nuestro organismo y lo que provoca que el avatar físico funcione como una unidad.
Igual de invisible que el campo electromagnético en el que nos movemos las unidades individuales de conciencia y que nadie alcanza a medir.
La medición. Todo se mide con cuatro conceptos: el grado de belleza, salud, sencillez y verdad de cada momento.
Solo hay que chequear como de bello, sano, sencillo y verdadero es aquello en lo que se esmera tu unidad individual de conciencia. Aplica a ti, a tu familia, a tu trabajo, a tu ocio, a todo.
Si es bonito, sano, sencillo y verdad, es que es.
Cómo se mide. En soledad, en silencio, sin compartirlo.
Compartir. No lo mandes por Whatsapp, solo siéntelo, que verás que llega. Y si tu avatar necesita más, dilo con toda tu presencia, no en remoto, no en asíncrono, no en la distancia.
Confía.
Confianza: hemos venido a aprender a confiar, a tener fe. No en Dios, menos aún en las confesiones. Fe en el otro.
El otro: no hay otro.
Tú eres el otro.
Así ha sido mi verano.

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