Innovación, con altura

Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología de la Religión de la Complutense, escribió et al. y antes de que existiera internet, un libro titulado Formas modernas de la vida religiosa, haciendo un guiño a la famosa obra de Émile Durkheim, Formas elementales de la vida religiosa. El francés describió allí una aproximación sociológica al hecho religioso a través de sus formas más simples, comenzando su análisis con el Totemismo de los pueblos primitivos australianos. El libro moderno, el de Díaz-Salazar, habla del hecho religioso en nuestras sociedades, mucho más complejas que las descritas por Durkheim y que se hace tangible en corrientes como el Ecologismo o el Cientificismo (fe en la Ciencia). Pero como decía antes, está publicado en 1996, momento histórico donde aún no existía internet, ni sus consecuencias.

El Contrafantasma leía ayer un artículo en Medium que se titulaba “Innovación, la nueva religión“. En él se presentaba el concepto como algo básico sobre el que el ser humano puede depositar su fe, porque va a traer respuestas a las preguntas que nos desasosiegan. Si creemos y practicamos la innovación, dice el escrito, vamos a resolver los problemas sociales, medioambientales y económicos. Y practicar la innovación, como buena confesión, requiere compartir en comunidad un conjunto creencias, prácticas y rituales, muy similares a lo descrito por los autores arriba nombrados. Por resumir, decía que hay que ser innovador por cojones y cumplir con sus preceptos obligatoriamente. Describía detalladamente qué significa innovar y amenazaba (como también lo hacen las confesiones), con que si no te haces (innovador), te vas a quedar aislado. Que ahora las cosas van muy deprisa y que internet lo ha cambiado todo tanto, que si no eres de este grupo global, molón y puntero, te empobreces (materialmente), te quedas sin tema de conversación en tu próxima confcall, no puedes postear nada en Linkedin, no sabes el tiempo de mañana en tu ciudad según Alexa y, sobre todo, no entiendes las letras de las canciones de Rosalía, …con altura. Ni eso, ni por supuesto la manera de innovar de su equipo de marketing en el lanzamiento del último single, que entre otras acciones promocionales, compró una página impar completa en El Pais, para luego hacer una foto de ella y subirla a Instagram, para conseguir views, likes y dirigir tráfico hacia su canal de Youtube. Con tal éxito que, dos días después, había generado ingresos suficientes para pagar la página del periódico, y en una semana, para costear la producción completa del video de su single. Con altura…

En definitiva, que si sigues sin ser innovador, vas a morir en vida y lo que es peor, solo y confundido.

Y lo cierto es que el escrito estaba bien estructurado, con muchas referencias a cosas que están pasando y que no puedes dejar de hacer para subirte a esa ola. Por ejemplo, en el mundo del trabajo, ser innovador es saber de algoritmos programados en R, ayudar a tus equipos a través del design thinking, desarrollar tus productos con metodologías ágiles, concebir tus procesos en formato lean, pensar en tu modelo de negocio scale up, etc… 

Pero como hay tanta basura en los medios (también producto de que internet ha abierto la puerta a cualquiera), y el artículo hacía tanto énfasis en la innovación y su importancia, al Contrafantasma le dió por acudir al diccionario etimológico, que le saca de dudas cuando no entiende bien algo. La palabra innovación procede del latín innovatio, leyó en el diccionarioy se compone del prefijo in- (penetración, estar dentro), la palabra novus- (nuevo) y el sufijo ción- (que denota acción). Se quedó un rato rumiando la definición, hasta conseguir elaborar una que encajara con él. Al rato, escribió lo que sigue al autor del post que había leído.

Muchas gracias por tu artículo -comenzó a escribir el Contrafantasma- . Lamento mucho no estar de acuerdo con lo que dices sobre la innovación. Tienes razón en que necesitamos innovar. pero el objeto de innovación del que hablas es solamente exterior, y la definición de la palabra expresa muy claramente, que innovar es la capacidad de hacer cosas nuevas hacia dentro. Y cuando digo hacia dentro, me refiero a generar esa acción en la parte interior de cada uno de nosotros. La innovación en lo exterior nos ayuda a estar en sintonía con las tendencias, con la opinión pública dominante, muy vinculada hoy a la tecnología (otra nueva confesión), pero nos aleja de la oportunidad de estar en sintonía con muchas cosas propias, con el arquetipo de cada uno, que es la única forma de cambiar el mundo. De hecho, ese es el motivo por el que las confesiones están muriendo, porque han basado su existencia en la práctica ritual en comunidad, sin atender a la experiencia religiosa individual. Lo más innovador que existe ya viene de serie en cada uno de nosotros, lo que pasa es que hay que tener la paciencia y la atención para sacarlo a la luz (reconocer), la valentía para hacerle caso (aspirar), y las herramientas adecuadas para ejecutarlo (actuar).

Lo realmente innovador es lo religioso. La religión es la relación con lo trascendente. lo espiritual, lo interior, lo invisible, con Dios en definitiva. Y Dios no está arriba, ni abajo, ni lejos. Todos tenemos algo de divino en nosotros y si llegamos a reconocerlo, nos moveremos mejor en el exterior, encontraremos el sentido de la marcha y de nuestras vidas y seremos capaces generar armonía.

Y conviene separar la religión de las confesiones. Estas últimas son creadas por los humanos como sistemas de organización social de sus comunidades y por eso la Sociología se dedica a estudiarlas. Pero sólo organizan lo exterior, lo mismo que ahora hace la tecnología, el Tecnologicismo. con sus nuevas formas rituales.

Se que tampoco es tendencia hablar de astrología, -concluyó el Contrafantasma-, pero estamos en la era de Acuario y entre otras cosas, ésta se caracteriza por el hecho de que los trenes no pasan dos veces. Si cuando llegue tu tren estás pendiente de lo exterior, es muy probable que lo pierdas. Si por el contrario innovas y buscas la relación con tu interior, vas a adaptarte a cualquier formato exterior del mundo, por complejo que parezca, sin importar la versión existente de Alexa.

Así, con altura…

 

 

 

 

 

Compasión

El Contrafantasma asistía en el parque del Retiro a una conferencia titulada “Reconocer para poder aspirar”, ofrecida por un filósofo, antropólogo y teólogo muy conocido, dentro de un ciclo de charlas inspiradoras, coincidentes con la Feria del Libro de Madrid.

Decía el ponente que aunque el título de su conferencia no era comercial, de lo que quería hablar era “de internet y de que no es para tanto”. Decía que las confesiones religiosas también tuvieron su Uber con la aparición del pensamiento racionalista y que eso no había hecho que Dios dejara de estar en boca de la gente. Es más, decía que existe un tremendo auge de lo espiritual, de la necesidad de reconocer lo trascendente, y que eso se traduce en ese movimiento planetario de personas haciendo yoga, meditación, coaching, constelaciones, etc… y también en un movimiento igual de fuerte, “y más fundamentado”, de gente volviendo a sentarse a hablar con sus hijos, a escuchar a sus padres como viejos sabios, a mejorar el entorno, a despojarse de lo material no necesario, a renunciar a la inmediatez de todo, a saber vivir con lo terrible y reconocerlo como parte de la vida y, en definitiva, a reconocerse como humanos  De ese reconocimiento hablaba el ponente.

Y decía que sabe de sobra que las confesiones no llenan los templos y que los millennials y los Z no les siguen, pero también que seguimos necesitando respuestas a las preguntas últimas, a las que no contesta la ciencia empiricista, “esa nueva fe”, ni tampoco las charlas TED, por bien concebidas que estén.

Acabó diciendo no saber aún si lo que viene con internet, es más o menos de lo que vino con la electricidad, o más o menos de lo que vino con el fuego. Lo que es seguro, dijo, es que es lo que nos ha tocado a nosotros. Y también lo es, que ha provocado que recuperemos el gusto por la filosofía como disciplina necesaria para la vida. La filosofía, concluyó “es el estudio de la sabiduría y engloba todas las demás ciencias”, y dijo que de un tiempo a esta parte, se reunía mucho con altos directivos y políticos (no españoles, desgraciadamente), que sienten necesitar la filosofía para ordenar su pensamiento.

Y justo cuando la gente aplaudía, el teléfono del Contrafantasma comenzó a vibrar. Miró la pantalla y vió la cara de su amigo Nacho el de Londres, al que su mujer decidió abandonar y llevarse a su hija y con el que no hablaba desde hacía unos días. Se apartó un poco del evento y se acomodó en un banco para contestar. Tras los saludos de rigor, Nacho le actualizó sobre la que todo el mundo coincide en que es la no ficción más increíble que jamás han escuchado. Le contó que su ex mujer vive en Marbella, aparentemente feliz de la vida, en una casa que paga el nuevo y biológico padre de su ex hija, que conduce un descapotable que también proveé el biológico y que se ha comprado una moto eléctrica. Le contó que por fin ha recibido la demanda para hacer el traspaso de paternidad (así, como en el fútbol), demanda que está llena de mentiras (que por otro lado no le sorprende, porque eso ha sido la realidad de su matrimonio), y que ella ha cerrado quince años de convivencia con un SMS de ciento diez palabras, que acaba con la frase “siento mucho todo este jodido follón”.

Parece además que el biológico padre es un señor mayor, casado con una señora y supuesto experto en algo que tiene que ver con las personas en las empresas, temática sobre la que publica libros y da charlas. Nacho le comentaba que había comenzado a seguir al biológico en redes sociales y que había enviado a su amigo Ali a un par de esas ponencias, con ganas de hacer preguntas al final. Pero que por ahora Ali solo ha estado escuchando, sin preguntar.

El Contrafantasma escuchaba a su amigo con perplejidad y no podía más que asentir. Cuando acabó su relato, le contestó que no merecía la pena orientar sus energías contra el biológico padre de su ex hija, supuesto experto en cosas de personas dentro de las empresas, ni tampoco contra su ex mujer, porque lo que de verdad necesitan ambos es compasión. Que el primero es un individuo cuyo mono objetivo en la vida es tratar de meter la polla allí donde le dejan y que alguien con un desarrollo tan torcido, no merece ni un minuto de su energía. Y con respecto a su ex, todavía menos, ya que el hecho de que alguien capaz de mantener esa mentira durante tanto tiempo haya salido de su vida, es lo mejor que le ha pasado en estos últimos quince años.

Pero claro, tema muy diferente es su hija, a la que ha querido y cuidado como tal desde que nació, y por la que ahora llora cada poco desde que se la arrancaron, sin darle opción alguna para retenerla. Ahí el Contrafantasma sólo pudo decirle que pensara en qué era lo correcto para la niña y en función de eso actuara. Que seguro que no se equivocaría, aunque fuera duro. Y que la vida da muchas vueltas.

Colgaron y, al volver al lugar del evento, el ponente hablaba animadamente con con dos jóvenes que no tendrían más de 20 años. Le preguntaban si se le podía encontrar en Youtube, si tenía canal allí. Él sonrío y les dijo que no, pero no porque no le pareciera útil, sino porque el mensaje no llega igual si las personas no comparten un espacio físico.

 

Sebas de Siberia

Sebas hablaba de que los algoritmos no son malos, ni siquiera los que utilizan los de The Gang of Four (Amazon, Google, Facebook y Netflix), para tratar de mejorar sus cuentas de resultados y las experiencias de sus usuarios. Tampoco le doy demasiada importancia a que diferentes fuerzas, geopolíticas o corporativas, utilicen los nuevos canales para espiarnos y tratar de manipularnos, modificar resultados electorales, hacer pruebas sociológicas o vendernos champús. Al menos no lo siento más peligroso que el uso de los medios de épocas anteriores, cuando solo había un canal de televisión o de radio que escuchaba todo el país, sin posibilidad alguna para la mayoría de individuos de comprobar si los hechos coincidían con la afirmaciones que allí se emitían, ni más fuentes a las que consultar. Yo sigo pensando que el hombre nunca fue a la luna, pero esto es cosa mía, de Stephen Curry y de Iker Casillas, que ambos lo han cuestionado en fechas recientes.

El Contrafantasma escuchaba a su amigo Sebas, sentados ambos en Casa Mingo, un 3 de enero, mientras bebían sidra y comían pollo en una soleada mañana de navidad. Sebas es de Vallecas y nació en Buenos Aires, vive en el ártico siberiano y dedica su tiempo a la excavación del hielo en busca de restos de mamuts. Trabaja para el canal de TV National Geographic y es uno de sus exploradores residentes, un trabajo de esos que todos admiramos por exóticos y divertidos.

Mira, continuó Sebas, ya con un café solo y sin azúcar delante de él, desde que vivo en Siberia, y ya van ocho años, he encontrado el tesoro más valioso que tengo, que es conocerme. Se que puede sonar mentiroso, esotérico, pedante, naive e inútil, dependiendo de quien lo escuche, pero te juro que es lo mejor que me ha pasado en la vida.  Cuando sabes quien eres, solo percibes aquello que tiene que ver con tu función en el mundo. Es como un escudo protector que te libera de lo inservible, de lo innecesario, es un superpoder si me apuras. Y el resto, en ocasiones, lo recibe como antipatía, pasotismo o mala educación. Y no, te prometo que trato de hacer el bien, de ser correcto, de ayudar a los que lo necesitan, de ser humano en definitiva. Pero la realidad es que hay infinidad de cosas que no me interesan nada y de manera no consciente, pasan delante mio sin generar ninguna atracción, sea cual sea el algoritmo que utilicen. Y claro, la gente se mosquea, porque estamos todos muy necesitados de atención. Lo que puntúa en esta sociedad es la capacidad de atraer la atención del resto, por eso todo el coñazo de los followers, los likes, las fake news y su puta madre. No se trata de que todos llamemos la atenciòn todo el tiempo, sino  de que cumplamos con nuestra misión en la vida, con lo que somos. Y en ocasiones, si eso tiene una función para el colectivo, pues será conocida, reconocida, seguida, gustada y generará un beneficio en el tiempo para todos y no solo para unos pocos.

Y esa es la verdadera libertad, elegir de manera íntegra, con lo consciente y con lo que no lo es, pero que vibra de alguna manera en uno, el camino para el que hemos venido a este mundo. Y ese camino no es el gran camino, sino las decisiones de todos los días. Nadie puede escribir los diferentes puntos de su biografía antes de nacer, todo eso se hace después. Y se que me vas a decir que yo estoy haciendo lo que quiero, que mi trabajo me gusta, que es diferente, que tiene repercusión pública, que no hay muchos puestos como este en el mundo, etc..

Si, te iba a decir justo eso, sonrió el Contrafantasma.

Y si, tienes razón, todo eso es cierto y también lo es el hecho de que con todo, hasta hace poco más de dos años nunca te habría hablado de esta manera sobre mi. Y te habría secado la oreja con el último reportaje que vamos a estrenar en primavera, rodado en la Isla de Wrangel y en el que contamos que se puede recuperar el ADN de un mamut enano lanudo de hace 7.000 años y reproducir esa especie a través de células madre, como lo hacen en Jurasic Park.

El Contrafantasma le miraba con los ojos brillantes, mientras Sebas seguía su narraciòn.

Esta capacidad tiene límites, claro, y yo los he aprendido de la naturaleza. En ella está todo, incluídos los algoritmos que ahora están tan de moda. Y si no porqué crees que las raíces de las plantas crecen hacia abajo y sus hojas hacia el sol, o porqué las flores salen en primavera y no en otoño. Todo tiene un orden, detrás de todo hay un cálculo, unas matemáticas, unos algoritmos, si lo quieres llamar así. Hay un escarabajo que vive todo el tiempo debajo de la tierra y que sale a la superficie cada siete años, que casualmente es un número de esos que denominamos primo, primero, esencial. Y como el escarabajo hay cientos o miles de ejemplos, lo que pasa es que identificar eso no mejora de manera directa la cuenta de resultados de ninguna compañía, que es la única motivación de la mayor parte de la cultura occidental. Vivimos en la era del rendimiento y si una actividad, empresa o persona no genera un beneficio, la desechamos. He escuchado en la radio que casi la mitad del presupuesto de España se dedica a pagar las pensiones, lo cual es una locura en términos de sostenibilidad, más cuando el colectivo en cuestión podría ser de gran valía trabajando para que el resto aprendiéramos de su sabiduría y para que ellos no bajaran los brazos por ser considerados chatarra vieja. Cuando uno es mayor, se le jubila y se le da una cantidad de dinero para que no moleste, para que no proteste. Aquí en Siberia, a los mayores se les pregunta cómo funciona la vida. Los que más saben de las excavaciones son lo ancianos, que por otro lado tienen una vitalidad envidiable, y son delgados y sin arrugas.

No se, igual se me está pirando, tu párame cuando quieras, concluyó Sebas. Pero no, el Contrafantasma no tenía gana de parar su narración porque como él mismo decía, vibraba y hacía vibrar. Lo único que le vino fue una pregunta, -¿cuál es esa función exclusivamente tuya para la que has venido al mundo?’, – le preguntó. – ¿le has puesto nombre? -.

Si, respondió Sebas, hoy venir a Casa Mingo contigo, mañana ya veremos.

 

Sólo, ni al baño

“¿Qué es el miedo?”, “¿es legítimo vivir la vida sin aparente esfuerzo?”, “¿nos han enseñado a ser felices?”. El Contrafantasma estaba sentado en el wáter de un restaurante mientras leía esas frases escritas en la puerta y paredes del habitáculo. Desde los años de facultad no había estado en un cuarto de baño con tanta literatura, y es que el móvil ha hecho mucho mal a estos momentos de soledad donde uno declaraba su amor por alguien, dejaba un chiste para la posteridad o reflexionaba sobre la vida con un altamente introspectivo pensamiento escrito. Los baños de las facultades son, o eran, lugares con mucha historia, literatura y sobre todo filosofía.

Salió de allí pensando en dos cosas; la felicidad de la que hablaba una de las frases del baño y la nula capacidad de estar con uno mismo que tenemos en el momento histórico actual, donde ni siquiera nos permitimos desconectar del exterior cuando hacemos de vientre. Siempre hay un tuit que leer, un meme que recibir, o un post que rankear, mientras uno está sentado en el trono. Y por algún motivo sentía que ambas ideas estaban conectadas.

De camino al coche recordó unos textos del matemático y físico Blaise Pascal, que había estado leyendo días atrás. Pascal fue un polímata, un erudito, un hombre del renacimiento, de los que le daban a todo lo que tenía que ver con ciencia, arte y humanidades. Habitó Francia en el SXVII y murió con tan sólo 39 años, pero dejó trabajos en numerosas disciplinas científicas vinculadas a sus áreas de conocimiento. Participó de la creación de objetos tales como las primeras calculadoras mecánicas, avanzó notablemente la ciencia relacionada con los fluidos, definiendo los conceptos de presión y de vacío, aportó a la teoría de la probabilidad y se introdujo también de forma profunda en el arte y  la filosofía. Y dentro de su inacabada obra Pensees, dejó escrito que la mayor incapacidad de los seres humanos es la de estar solos y que esta carencia se debe a que no soportamos el aburrimiento.

Existen estudiosos de la Personalidad que defienden que hay individuos más tendentes que otros a la soledad, debido a un alto nivel de activación de su sistema nervioso central, el cuál solo son capaces de relajar a través de la ausencia de estímulos externos. Es por eso que hay seres que disfrutan mucho de un paseo por el campo, a diferencia de otros que prefieren un paseo por la Gran Vía. Pero más allá del nivel de introversión de cada uno, es un hecho que no hay tradición de estar solo en nuestra cultura occidental. Y sea porque no soportamos el aburrimiento o porque estamos condicionados biológicamente, lo que es seguro es que esa carencia genera una notable falta de autoconocimiento y una excesiva dependencia del exterior. Y la falta de conocimiento de uno mismo está muy vinculada con la felicidad.

Si ubicamos esa realidad en la era del internet móvil, es una tarea heroica y casi revolucionaria ser capaz de estar un ratito solo, sin conectar con nada ni con nadie, salvo cuando dormimos.  Mientras conducía camino de Madrid con la función de velocidad constante en el auto, el Contrafantasma realizó una imaginación activa con Pascal, viajó al 1660 y se imagino sentado con él en el campo, comentando estás inquietudes que habían surgido en su visita al baño filosofal del restaurante. La conversación fue muy agradable y sorprendente, y el alivio muy notable, producto de las respuestas que el erudito francés le proporcionó. Le dio incluso una herramienta que hoy esta muy de tendencia, un ejercicio concreto a realizar en el mundo exterior de cara a mejorar el autoconocimiento y poder hacer tangibles algunos resultados en el corto plazo.

Esto es lo que le dijo Pascal al Contrafantasma. Haz la prueba de ir al baño y sustituye el móvil por un cuaderno y un bolígrafo. Escribe lo que te venga a la cabeza. no lo pienses, no lo cuestiones, solo escribe lo que llegue, lo que sientas. Haz este ejercicio durante una semana primero y trata de hacer conexiones entre lo que has escrito. En un periodo de un mes empezarás a notar que necesitas de ese momento para ti, sin conectar con nada, aunque aún no haya resultados concretos. En tres meses identificarás donde te gustaría ir en las próximas vacaciones y habrás tomado la decisión de no acudir cada fin de semana a casa de los suegros a comer. En un año puede que tengas completo un primer tratamiento de guión para realizar un largo o que hayas decidido cambiar de profesión. Y lo que es seguro es que, por el camino y a través de este ejercicio, vas a ser capaz de reconocer como están tus anhelos vitales, qué le da sentido a tu vida, y cuál es el camino para encontrar tu integridad.

Al llegar a Madrid a la hora de comer compró un cuaderno azul de tapa dura, que ahora descansa en el cuarto de baño de su casa.

Zuckerberg no es Mohamed ben Musa

Con 10 likes tuyos en FB, el algoritmo de la red social predice tus opiniones y deseos mejor que un colega de trabajo, con 70 mejor que un amigo, con 150 mejor que un familiar directo y con 300 mejor que tu pareja. Eso dice un estudio que encargó Google hace unos años y que cita Yuval Noah Harari en su libro “Homo Deus“. El Contrafantasma leía de nuevo este párrafo enviado por su amigo Joe unos días antes. Joe lleva meses considerando aplicar a su negocio las técnicas de análisis de datos en grandes volúmenes, porque el concepto genera impacto en sus reuniones con clientes, muy acostumbrados a tomar decisiones basadas en intuiciones personales o en “lo que les digan los de McKinsey”. Lo ve como una oportunidad.

Ayer el Contrafantasma le escribió de vuelta.

Querido Joe, se me ha ocurrido buscar la etimología de las palabras relevantes del párrafo que me enviaste. La primera es Algoritmo, que no sorprende que venga del árabe por eso del prefijo Al. En concreto proviene de la palabra Al-Khwarizmi, sobrenombre del matemático Mohamed ben Musa, nacido en el estado de Khwarizmi, uno de los focos del saber y de la cultura del Asia Central durante la Edad Media y que hoy es una provincia de Uzbekistán. Este matemático vivió entre el 780 y el 840 y fue llamado a Bagdad para trabajar con el Califa Al-Mamun en La Casa de la Sabiduría. Como si ahora te contrata Google para trabajar en Mountain View y liderar el departamento de Inteligencia Artificial. Allí pasó varios años y escribió obras muy notables vinculadas a las matemáticas, como el “Libro Conciso sobre el Cálculo por Completación y Balance”, que hoy se conoce como álgebra, el “Libro de las Tablas Astronómícas”, o el “Libro de la Superficie del Mundo”. Como ves, el tipo era todo un sabio y dan ganas de meterse en su obra y biografía. Luego su nombre se contaminó junto con el término griego aritmo, que significa número y de ahí a guarismo y al actual Algoritmo, que tan de tendencia está.

La segunda palabra que me llama del párrafo es Predecir, que como es natural proviene del latín Praedicere y que significa vaticinar, adivinar. La tercera es Opinión, que viene del latín opinari, ceer algo, optar por algo. Y en otra definición, no etimológica, una opinión es la asociación de un pensamiento a una representación, a una imagen que nos creamos en nuestra conciencia. Y por último está Deseo y esta es divertida, ya que proviene del latín Desidium, que significa pereza, ociosidad y cuya raíz proviene del verbo Desidere, que significa permanecer sentado, detenerse. Luego por analogía se le añadió a Desidium el significado de otro verbo de raíz similar, Desiderare, que este si significa echar de menos, anhelar, más parecido a lo que hoy entendemos por desear. Pero siendo justos, un deseo tiene que ver con un anhelo y también con quedarse sentado y no hacer nada, que en el ser humano muchas veces coinciden.

Me voy a arriesgar a reinterpretar libremente las palabras de Yuval Noah Harari usando lo que acabo de describir. Quedaría así. FB utiliza el conocimiento en matemáticas de un sabio que vivió en una región de Uzbekistán hace 1300 años, para adivinar las creencias y vaticinar las ganas de no hacer nada de los seres humanos que forman parte de su red social.  Te digo Joe, que leído así, yo no me preocuparía de que tengan 10, 70, 150 o 300 likes míos almacenados y los analicen conjuntamente con los de millones de individuos.

Afortunadamente Zuckerberg no es Mohamed ben Musa.

No soy yo, es la edad

El Contrafantasma estaba escuchando a su amigo Lluc, al tiempo que vertía el café en el vaso con hielo y ojeaba el diario. No estaba esa mañana para mucha conversación profunda, pero viniendo de él, merecía la pena prestar atención. Además le notaba inquieto, cosa extraña en este catalán viajero que eligió vivir en el bajo Aragón, esa tierra que huele a sierra y a la que baña el sol del Mediterráneo sin llegar a mojarla, y donde la gente es amable, directa y orgullosa. Sin necesidad de banderas y sintiéndose también olvidados por muchos.

Vas a pensar que esto es una estupidez de cuarentón, yo al contarlo también me lo parece, pero no consigo dejar de pensar en ello, le dijo Lluc. Tengo una hija de 10 años que ha decidido no darme la mano en el camino desde el coche a la puerta del colegio. El primer día me dijo, muy seria, no soy yo Papá, es la edad. O debería decir la Edad, como nombre propio, con la entidad suficiente para tomar decisiones autónomas y doblegar la voluntad de una niña. Al día siguiente estuvo menos literaria, más científica, neurofisióloga casi y me dijo que era responsabilidad de su cerebro. Si has visto “InsideOut”, la peli de Pixar, es lógico pensar que tu cerebro tiene la firmeza e independencia suficientes para cualquier cosa decidida desde su magnífico panel de control central. Pero no creo que sea eso, continuó Lluc, porque ella es inteligente y además me mira con pesar por no darme su mano, porque sabe que me pone triste. Yo en cambio sonrío con condescendencia y me hago el machito, aparentando como que no me importa. Y así se ha repetido esta situación todos los días desde el comienzo de curso. Yo alargando mi brazo para que me de la mano y ella rechazándola y en su lugar, rodeando mi cintura con su brazo, que eso si le parece bien. No rechaza el contacto, pero si la manera de hacerlo. Y llevo pensando en eso toda la semana. Tratando de entender porqué.

El Contrafantasma se había enganchado a la trama. Apuró el café y mordió un hielo dentro de su boca antes de emitir palabra alguna. Yo creo que es por internet. Bueno, por lo que internet está cambiando nuestras vidas, apuntó. Y en concreto con la adolescencia en la era de internet. Esa etapa de la vida que comienza después de los 12 años, es una fase decisiva del proceso de individuación, en la que los padres dejamos de ser el espejo donde se miran los hijos y comienzan a estructurar sus propias opiniones, a intuir su ideal, a definir qué cosas van con ellos y donde se sienten más realizados. Y también un momento donde son influenciados (para bien y para menos bien)  por las opiniones, acciones y actitudes de sus iguales. Pues bien, si a esa etapa le añades el acceso libre a contenidos, la exuberante diversidad de estos, el escaso control sobre ello, la inmediatez en la comunicación, la sustitución del lenguaje escrito y sobre todo oral, por el de la imagen, lo accesorio del doble sentido en la comunicación, el menguante contacto físico con otras personas y cosas, y el desorden que el despelote hormonal ejerce en esos momentos, nos encontramos con un nuevo cocktail desconocido hasta la fecha y por tanto muy difícil de manejar. Te entiendo muy bien, finalizó.

Ya pero mi hija tiene aún 10 años, recién cumplidos.

Es cierto, internet todo lo ha cambiado. Y sobre todo, lo ha acelerado. Sin la red no habría ganado Obama, ni Trump, el mundo sería más contenido, y los contenidos publicados seîan muchos menos, habría más tiempo para reconocer y menos conocimiento para compartir. Tu insiste, sigue alargando tu mano. Llegará un día en que la eche de menos y vaya a por ella. Y querrá ir a cazar gamusinos contigo, aunque ya los vendan por internet.