El divino corte de UCLA

Para los que no sepan nada de baloncesto, esto les sonará como a mi la seroprevalencia, las mascarillas N-95 o el ARN.

Antonio Díaz-Miguel (DEP) fué muchas cosas, pero sobre todas fué un pionero de la enseñanza del baloncesto y la persona que popularizó en España el corte de UCLA, entre otros muchos conceptos del juego. Conceptos que venían directamente de los EEUU, donde se inventó este deporte y destino al que Antonio comenzó a viajar allá por los años 60.

Cuando yo empecé a trabajar con él, teníamos 18 y 58 años respectivamente y me llamó para que le acompañara durante los veranos en sus campus con niños y jóvenes, cosa que hice feliz durante cinco temporadas. En 1996, recién acabada mi carrera, me dió además la oportunidad de tener mi primer trabajo, como su ayudante en el Pool Getafe, un equipo femenino.

El caso es Antonio tenía como amigo a John Wooden (DEP), entrenador de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y éste hacía jugar a sus equipos a una cosa que se llama pasar y cortar. Pasar y cortar es algo muy básico, semejante a la ahora popular distancia social entre ciudadanos. Con los cinco jugadores muy abiertos, se trata de pasar el balón a un lado y moverse hacia la canasta para crear espacio y encontrar eventualmente una buena posiciòn para anotar. Es lo mismo que hacemos cuando caminamos por la acera y de frente viene una familia de cinco más perro, ocupando toda la vía. Les ahorro la explicación del cambio de ritmo y de dirección a través de una finta, porque sería tan farragoso como los informes de Fernando Simón y las CCAA respecto de los contagiados y fallecidos por el COVID-19.

Una variante de esta forma de jugar es colocar a uno de los pivots (personas más altas que el resto, que antes jugaban cerca de la canasta) en la parte de arriba de la zona (poste alto), para poner un bloqueo al defensor del que corta (correr sin balón hacia la canasta) y así encontrar espacio para recibir la pelota cerca del aro. Un bloqueo sirve para lo mismo que la mascarilla, hace de pantalla para que no pasen los malos (en mi caso, los madridistas). Y a esa jugada de pasar, bloquear, recibir y anotar, se le llamó el corte de UCLA. Durante años quedó como la más popular del baloncesto y como lugar común de los chistes para con aquellos entrenadores cursis que sacaban la pizarra y se ponían coñazo hablando de táctica, cuando lo que molaba era simplemente jugar.

Pero lo cierto es que el movimiento funcionaba y lo hacía porque tenía mucho de los cuatro anhelos del ser humano aplicados al baloncesto. Era sencilla, bonita, honesta y sana. Todo lo contrario que la política de Sánchez, Iglesias, Casado, Abascal y compañía.

Sencilla porque consta de cinco movimientos, se involucra a tres jugadores y dónde sólo dos tocan la pelota. Pasar, cortar, bloquear, recibir y anotar. Hoy la política requiere de muchos más movimientos. Primero se habla con Iván Redondo, que debe ser que es como John Wooden de sabio, luego se lanza un globo sonda en redes sociales y se filtra la información que interesa al medio más afín. Al tiempo hay que distraer a Pablo Iglesias haciéndole calentar en la banda y diciéndole que es muy importante. Se le deja hacer declaraciones y pelearse con la oposición, que así estamos todos más tranquilos. Y a partir de ahí se negocia con el resto, a los cuales se les dice lo que quieren oir y se les firma lo que les interesa más, con tal de poder seguir sacando las votaciones cada quince días. Descojónate del partido a partido de Simeone.

El corte de UCLA además es bonito. El equipo ocupa todo la cancha de ataque, con cuatro jugadores abiertos y uno en el poste alto, y con dos pases igual te encuentras haciendo una bandeja sólo bajo canasta. Magnífico. En cambio, lo que vemos en política es de todo menos bonito. Escaso nivel, mensajes cortitos, chapas del coach Sánchez hablando en círculos cada sábado, entrevistas de los ministros que no se atreven a tirar a canasta y que cuando lo hacen no tocan ni el aro. La oposición perdiendo balones (y papeles) y haciendo faltas antideportivas sin más criterio que montar el pollo. Y el público, ay el público, que no olvidemos que somos nosotros y que además somos quienes pagamos la entrada con nuestros impuestos, participando de este espectáculo lamentable a través de nuestras redes sociales y nuestros chats de whatsapp. Apelo a este público, que hasta de los encuentros más infames es capaz de sacar algo positivo, aplaudir al contrario y construir a través de la caña de después del partido una realidad bella.

Y honesto es el corte de UCLA, en el sentido de no tener dobleces, de ser directo, Un pase, un bloqueo, otro pase, una canasta. Y bueno, qué decir de la honestidad y los políticos. Que sí, que seguro que soy injusto y que hay gente muy recta en política. Pues si es así, que empiecen a hablar alto y sin miedo, porque se nos acaba el tiempo. Y es que no se me ocurren cosas más antagónicas que la honestidad y los políticos que se escuchan en los medios. Y no me vale eso de que todo es muy difícil, que es así como está montado el sistema y que de lo que se trata es de ganar a cualquier precio (para luego empezar a hacer el bien, una vez tenga todo el poder). No, ya está bien, porque las mentiras de hoy, que mañana se habrán olvidado por la velocidad de la vida y de la comunicación, lamento informar de que empobrecen el mundo y nos hunden cada día un poco más. Cada mentira, cada omisión, cada media verdad, es un pedacito más de mierda que se lanza al cosmos y que al primero que perjudican es al emisor, pero cuyo efecto resuena en el colectivo.

Y sano, saludable y beneficioso es el corte de UCLA, porque permite conseguir el equilibrio en ataque jugando baloncesto. El equilibrio y el objetivo, que no es otro que anotar y cada canasta es buena para el organismo que es un equipo. Y esto, la salud, la tuya y la mía, es lo que más nos preocupa desde el mes de marzo. La salud de los mayores, de los enfermos crónicos, de los sanitarios, de la democracia de nuestro país, de la economía, de las empresas, de los trabajadores, de las familias divididas, de los individuos peleando en redes sociales, de los que han perdido el trabajo, de los que no les da para abrir de nuevo. La salud de todo el sistema es lo más importante y con este escenario político, mediático, social y familiar, es muy complicado que encontremos el equilibrio.

Y de todos estos niveles de actuación, el único que está en nuestra mano es el individual, el de cada uno, sin esperar a ver lo que dice el de al lado, sin contar los likes, sin contrastar con nada más que con nuestra conciencia. No dudemos ahí, no pesemos que eso es ser egoísta, individualista, porque somos seres divinos y eso nos da la dotaciòn necesaria para saber lo que está bien y lo que está mal y nos garantiza que esa orientación es además beneficiosa para el todo, porque ser divino es análogo a estar conectado con el resto de personas y seres vivos.

Eso sí, debemos tratar de quitar la mugre de nuestras conciencias, porque si no, nos quedaremos enganchados en el bloqueo y nunca seremos capaces de anotar.

Gracias Antonio y gracias John Wooden.

Feliz domingo.

Cuenta tus lágrimas

El Contrafantasma repite mucho eso de que vivimos en el paradigma de lo material, donde parece que lo único que existe (lo único que Es), es lo que se puede contar, pesar o medir. Y todo lo que no esté en ese ámbito, parece que no es importante, o al menos lo parecía hasta esta crisis. Aún así, la propia crisis es el mejor ejemplo de este paradigma y de lo corto que se queda para entender la realidad completa.

Esta es la crisis de los números y la hipercomunicación. Todo lo que ves y escuchas tiene cifras. Los infectados, los muertos, los países, las mascarillas, los respiradores, las décimas de fiebre y los días seguidos con ella que legitiman ser atendido en un hospital. Los test realizados, los necesarios, las horas de apertura de los supermercados, el máximo de kilos de lentejas que puedes comprar, los ciudadanos multados por estar en la calle, el número de camas de UCI, el número de series en Netflix, los pocos contagios de la provincia de Cádiz, los hospitales de campaña en construcción, lo que se va a contraer el PIB, lo que sube la prima de riesgo, lo que baja la bolsa y por supuesto el número de apariciones idiotas de políticos que salen a los medios para nada. Todo se cuenta con números y todo se vocea con palabras e imágenes. Y en medio, nosotros.

Y el Contrafantasma lleva días sin encontrar sentido a la avalancha numérica. Quizá fuera pedagógico hace 10 días y quizá ayudó a generar el escenario necesario para quedarse en casa, para convencer a los más reticentes, o como argumento insalvable para los más pequeños y los más mayores. Pero ya está bien.

El caso es que ayer viernes se había levantado muy pronto y mientras calentaba el agua para cocer los huevos, sin un motivo concreto y sin posibilidad de pararlo, recios lagrimones empezaron a caer por sus mejillas. Lágrimas que saltaban después al vacío, en el límite donde la mandíbula de la vuelta hacia el cuello, con tal peso que algunas llegaban hasta la mesa donde se apoyaba el café. Al verlas ahí debajo las contó y comprobó que los números también sirven para esto, para contar lágrimas. Pero que hacerlo no dice nada sobre las causas de las mismas, ni consuela en modo alguno al que llora. No ayudaba nada el cielo gris (como hoy), el frío, ni tampoco la canción elegida por Alsina y su equipo para empezar cada día durante esta crisis. Además por la hora, los vecinos estaban aún tranquilos y no había comenzado la sesión de carreras de piragua rodante de cada jornada.

Y le dió por pensar un poco acerca de esas lágrimas que hoy tenemos muchos en el borde de los ojos, a un empujoncito de salir para ser contadas. Pero no contadas una a una, sino contadas a otro alguien. Las lágrimas hay que sacarlas y contárselas a tu pareja, a tus hijos, a tu amigo cuyo padre está ingresado en el Gregorio Marañón y que te escribe pidiendo un rezo, una oración por él para ayudarle, cosa que haces sin pestañear, aunque seas ateo de toda la vida. Las lágrimas hay que contarlas porque liberan, porque reconfortan, porque permiten descansar mejor y sobre todo porque son la evidencia de la conexión entre el mundo exterior, contable, argumentable, pesable, medible, con el mundo interior. con lo invisible, ese lugar donde se alojan nuestras intuiciones, nuestras sensaciones, nuestras emociones y nuestro entendimiento. Todo eso es invisible, no se le puede poner un número, pero las atesoramos todos y están ahí para guiarnos por estos momentos de incertidumbre, como una brújula precisa, más que cualquier noticiero.

Lo más curioso es que las lágrimas que salen también pertenecen al mundo de la materia. Sus componentes se pueden medir y pesar, incluso la ciencia es capaz de clasificarlas a través de un microscopio. Las lágrimas protectoras, esas que salen cuando se te mete algo en el ojo, están principalmente compuestas por agua, pero también contienen proteínas, lípidos, enzimas. e incluso glucosa, urea, sodio y potasio  Las lágrimas emocionales en cambio contienen más proteínas, así como algunas hormonas y están conectadas con el sistema nervioso parasimpático a través de un neurotransmisor llamado acetilcolina.  Y lo más increíble es que no solo cambia la composición química, sino también la estructura molecular, cristalizando de distinta manera las lágrimas de miedo, las de dolor, las de tristeza o las de alegría.

Si miráramos nuestras lágrimas con microscopio, podríamos contestar a la pregunta esa tan difícil de ¿por qué lloras?. Pero ahora es momento de contarlas para conectarlo con lo de dentro, con lo que no se ve y poder transitar mucho más tranquilos por este momento difícil.

 

Experiencias

La experiencia es algo diferente del conocimiento, algo más que la representación de una idea, e incluso que la vivencia de la misma. Una experiencia va más profundo.

El saber de algo, acumular conocimiento, corre el riesgo de quedarse arriba, de ser solamente un conjunto de palabras bonitas ensambladas con ritmo. Leer mucho sobre el amor, no genera una experiencia sobre ello. Tampoco una bonita imagen de dos enamorados en Instagram, o ver El Paciente inglés en loop, durante un fin de semana de noviembre, lo consiguen. Ni siquiera una vivencia de esa idea la proporciona. Vivir la celebración de un matrimonio, asistir a la ceremonia, bailar en la fiesta y compartir el after a las 11am en la playa, tampoco proporcionan experimentar el amor.

Una experiencia es algo que no se había pensado antes, que no se había previsto, que no se suele percibir en lo cotidiano. Es algo que desengaña, desconcierta, o sorprende positivamente. Y que te hace cambiar tus vivencias, tus representaciones y tus pensamientos sobre algo o alguien. O que confirma una opinión que ya se tenía previamente.

El salón estaba completo, no cabían más personas en la casona gallega convertida en hotel rural, donde el Contrafantasma decidió pasar el fin de semana pasado. Antes, al llegar allí, la dueña del establecimiento les había pedido amablemente que dejarán el móvil en consigna, que fueran descalzos por la casa y que por favor, asistieran a la charla del filosofo residente, que en ese momento escuchaban atentamente hablar sobre las experiencias.

Le hubiera encantado que estuvieran allí todos esos que hablan de “crear experiencias” a través de la tecnología, de los algoritmos, de la innovación, de la personalización, del marketing digital…

El domingo recorrió los 600 km de vuelta a casa con una sensación inusual de ligereza, de bienestar y de descanso que ha permanecido, que ha calado.

Y ha recomendado la experiencia a todo el que se le ha cruzado en el camino.

Innovación, con altura

Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología de la Religión de la Complutense, escribió et al. y antes de que existiera internet, un libro titulado Formas modernas de la vida religiosa, haciendo un guiño a la famosa obra de Émile Durkheim, Formas elementales de la vida religiosa. El francés describió allí una aproximación sociológica al hecho religioso a través de sus formas más simples, comenzando su análisis con el Totemismo de los pueblos primitivos australianos. El libro moderno, el de Díaz-Salazar, habla del hecho religioso en nuestras sociedades, mucho más complejas que las descritas por Durkheim y que se hace tangible en corrientes como el Ecologismo o el Cientificismo (fe en la Ciencia). Pero como decía antes, está publicado en 1996, momento histórico donde aún no existía internet, ni sus consecuencias.

El Contrafantasma leía ayer un artículo en Medium que se titulaba “Innovación, la nueva religión“. En él se presentaba el concepto como algo básico sobre el que el ser humano puede depositar su fe, porque va a traer respuestas a las preguntas que nos desasosiegan. Si creemos y practicamos la innovación, dice el escrito, vamos a resolver los problemas sociales, medioambientales y económicos. Y practicar la innovación, como buena confesión, requiere compartir en comunidad un conjunto creencias, prácticas y rituales, muy similares a lo descrito por los autores arriba nombrados. Por resumir, decía que hay que ser innovador por cojones y cumplir con sus preceptos obligatoriamente. Describía detalladamente qué significa innovar y amenazaba (como también lo hacen las confesiones), con que si no te haces (innovador), te vas a quedar aislado. Que ahora las cosas van muy deprisa y que internet lo ha cambiado todo tanto, que si no eres de este grupo global, molón y puntero, te empobreces (materialmente), te quedas sin tema de conversación en tu próxima confcall, no puedes postear nada en Linkedin, no sabes el tiempo de mañana en tu ciudad según Alexa y, sobre todo, no entiendes las letras de las canciones de Rosalía, …con altura. Ni eso, ni por supuesto la manera de innovar de su equipo de marketing en el lanzamiento del último single, que entre otras acciones promocionales, compró una página impar completa en El Pais, para luego hacer una foto de ella y subirla a Instagram, para conseguir views, likes y dirigir tráfico hacia su canal de Youtube. Con tal éxito que, dos días después, había generado ingresos suficientes para pagar la página del periódico, y en una semana, para costear la producción completa del video de su single. Con altura…

En definitiva, que si sigues sin ser innovador, vas a morir en vida y lo que es peor, solo y confundido.

Y lo cierto es que el escrito estaba bien estructurado, con muchas referencias a cosas que están pasando y que no puedes dejar de hacer para subirte a esa ola. Por ejemplo, en el mundo del trabajo, ser innovador es saber de algoritmos programados en R, ayudar a tus equipos a través del design thinking, desarrollar tus productos con metodologías ágiles, concebir tus procesos en formato lean, pensar en tu modelo de negocio scale up, etc… 

Pero como hay tanta basura en los medios (también producto de que internet ha abierto la puerta a cualquiera), y el artículo hacía tanto énfasis en la innovación y su importancia, al Contrafantasma le dió por acudir al diccionario etimológico, que le saca de dudas cuando no entiende bien algo. La palabra innovación procede del latín innovatio, leyó en el diccionarioy se compone del prefijo in- (penetración, estar dentro), la palabra novus- (nuevo) y el sufijo ción- (que denota acción). Se quedó un rato rumiando la definición, hasta conseguir elaborar una que encajara con él. Al rato, escribió lo que sigue al autor del post que había leído.

Muchas gracias por tu artículo -comenzó a escribir el Contrafantasma- . Lamento mucho no estar de acuerdo con lo que dices sobre la innovación. Tienes razón en que necesitamos innovar. pero el objeto de innovación del que hablas es solamente exterior, y la definición de la palabra expresa muy claramente, que innovar es la capacidad de hacer cosas nuevas hacia dentro. Y cuando digo hacia dentro, me refiero a generar esa acción en la parte interior de cada uno de nosotros. La innovación en lo exterior nos ayuda a estar en sintonía con las tendencias, con la opinión pública dominante, muy vinculada hoy a la tecnología (otra nueva confesión), pero nos aleja de la oportunidad de estar en sintonía con muchas cosas propias, con el arquetipo de cada uno, que es la única forma de cambiar el mundo. De hecho, ese es el motivo por el que las confesiones están muriendo, porque han basado su existencia en la práctica ritual en comunidad, sin atender a la experiencia religiosa individual. Lo más innovador que existe ya viene de serie en cada uno de nosotros, lo que pasa es que hay que tener la paciencia y la atención para sacarlo a la luz (reconocer), la valentía para hacerle caso (aspirar), y las herramientas adecuadas para ejecutarlo (actuar).

Lo realmente innovador es lo religioso. La religión es la relación con lo trascendente. lo espiritual, lo interior, lo invisible, con Dios en definitiva. Y Dios no está arriba, ni abajo, ni lejos. Todos tenemos algo de divino en nosotros y si llegamos a reconocerlo, nos moveremos mejor en el exterior, encontraremos el sentido de la marcha y de nuestras vidas y seremos capaces generar armonía.

Y conviene separar la religión de las confesiones. Estas últimas son creadas por los humanos como sistemas de organización social de sus comunidades y por eso la Sociología se dedica a estudiarlas. Pero sólo organizan lo exterior, lo mismo que ahora hace la tecnología, el Tecnologicismo. con sus nuevas formas rituales.

Se que tampoco es tendencia hablar de astrología, -concluyó el Contrafantasma-, pero estamos en la era de Acuario y entre otras cosas, ésta se caracteriza por el hecho de que los trenes no pasan dos veces. Si cuando llegue tu tren estás pendiente de lo exterior, es muy probable que lo pierdas. Si por el contrario innovas y buscas la relación con tu interior, vas a adaptarte a cualquier formato exterior del mundo, por complejo que parezca, sin importar la versión existente de Alexa.

Así, con altura…

 

 

 

 

 

Fe a los 11 años

El cosmos es inabarcable, mayúsculo, abrumador y misterioso. Y al tiempo es cotidiano, cercano, transitable y experimentable de forma sencilla. Lo ves si miras al sol, lo pisas si vas al campo, lo bebes si abres el grifo, lo hueles si descarga tormenta.

El Contrafantasma hablaba del cosmos con sus hijos y dos amigos de estos, vecinos de del ático, que compartían con ellos la tarde del viernes. Les decía que el cosmos posee cuatro niveles: los minerales, las plantas, los animales y los humanos. Que cada uno de los niveles tiene unas propiedades concretas y que éstas están al alcance de todos por simple observación. Y les decía que conocer cómo funciona el cosmos es muy importante si se quiere conocer bien al ser humano. Y bueno, también les dijo que el origen del cosmos es un misterio, pero que no era necesario saberlo para describir su esencia y su funcionamiento.

Les contó que un profesor de EGB les decía que el cosmos era lo grande, los planetas, los astros, las galaxias, todo eso que ahora vemos en documentales y que desde siempre hemos leído en libros científicos. Y les decía también que la respuesta completa acerca de él no la tendríamos, si no es a través de la fe. Sobre todo si nos acercamos a la explicación de su origen. Decía que el origen del cosmos es cosa de Fe en Dios para unos, de fe en dios para otros y de fe en el Big Bang para los terceros. Y que tras el Bing Bang, parece que también está Dios.

El Contrafantasma no tenía demasiado interés por la Fe cuando era niño. De esa Fe no le hablaban en casa y solo sabía de ella por lo que se decía en las clases de religión, que eran en realidad clases sobre la confesión cristiana, no sobre la religión, que es la experiencia con lo espiritual, con lo invisible.

Uno de los vecinos amigos era Jaime, un muchacho de 11 años habitualmente muy callado, con unos ojos azules muy abiertos y el pelo del color del de la actriz Jessica Chastain. Parecía que el tema del cosmos le entusiasmaba y se arrancó a contarles lo que en el colegio había aprendido sobre él y que junto a sus compañeros, acababa de presentar a los padres el día anterior.  Sin dudar les propuso que si querían les haría la presentaciòn allí mismo, que solo necesitaba una conexiòn a internet y una pantalla para visionar la pieza que habían creado en el grupo y que él mismo había editado.

Porque el cosmos se sigue estudiando en la asignatura de ciencias naturales, las ciencias que dominan en librerías y escuelas. En ellas se describe hasta donde los astrofísicos alcanzan con sus fórmulas y los instrumentos que poseen. Pero al final (o al principio, para ser correcto), éstos siempre se encuentran con cosas que no entran en sus fórmulas y que no se pueden medir ni pesar. Esos aspectos “inexplicados”, dicen que son resultado de la escasez de recursos, que hace que no se tenga aún tecnología para describirlos “científicamente” . Así que se confía en que el progreso, equivalente en nuestra sociedad a tiempo más dinero, traerá como consecuencia esa nueva tecnología para explicar lo inexplicable hasta la fecha. Y todos nos quedamos aparentemente contentos con esa nueva fe en la ciencia y la tecnología, que ha ganado mucho terreno a otras fes en la conciencia colectiva de nuestros días.

Así que Jaime les contó lo que había aprendido en su colegio y que tenía que ver también con los cuatro niveles. Expuso que el primer nivel es el mineral, el mundo de la materia, cuya imagen primordial es el átomo. Que los minerales no poseen vida, que se modifican desde el exterior, que tienen estructura y en función de la unión de sus moléculas conforman los cuatro elementos: la unión estable forma la tierra, la unión débil forma el agua, la unión dinámica forma el fuego y la unión libre forma el aire.

El Contrafantasma, fascinado por la claridad de las explicaciones de Jaime, apuntó en ese instante que cada uno de los cuatro elementos posee también propiedades específicas y que conocerlas, permite conocer también el temperamento de los seres humanos, siendo más flemáticos (esos en quien se puede confiar y que no van a cambiar fácilmente de opinión) si somos de tierra, más melancólicos (esos que se adaptan muy bien, que fluyen), si somos de agua, más coléricos (que se activan con facilidad si les das motivos, si los enciendes), si somos de fuego y más sanguíneos (invisibles, despreocupados, creativos), si somos de aire.

Siguió Jaime con el el nivel vegetal, que se caracteriza por la vida y cuya unidad básica es la célula. Expuso que las plantas crecen sobre el eje vertical y que no se desplazan. Dijo que son capaces de reconocer, porque buscan el sol hacia arriba con las hojas y el agua hacia abajo con las raíces.

– ¡Eso se llama conciencia! -, gritó el Contrafantasma con la consecuente cara de susto de los demás. – Las plantas tienen conciencia, lo que pasa es que el centro de su conciencia es el subconsciente -, apuntilló. Los chicos no parecieron entender demasiado lo que decía, los conceptos abstractos aún se les atragantan.

Seguían escuchando a Jaime con atenciòn, asimilando las palabras certeras y claras que salían de su boca y que caían como piezas que encajan en un puzzle a la primera, sin pensar sobre su posición. Luego están los animales, continuó, que se caracterizan por el movimiento. Tienen materia como los minerales y vida como las plantas, pero además se mueven y a diferencia de las plantas lo hacen sobre el eje horizontal.

El Contrafantasma dudó si parar de nuevo a Jaime, pero no lo hizo. Le dieron ganas de introducir el concepto de alma, que es lo que distingue a los animales de las plantas y los minerales. Los animales tienen alma y actúan con la conciencia del yo, que orienta su movimiento. Y que la depresión es una enfermedad  del alma, que afecta al movimiento porque deja al ser humano sin objetivos hacia los que dirigirse. Y bueno, que tiene cura.

Y justo cuando Jaime iba a hablar del nivel de los humanos, puso el video que habían trabajado en su grupo. Se trataba de una sucesión de imágenes de la película Interstellar de Christopher Nolan, acompañadas por clips que se habían grabado ellos, vestidos de astronautas, durante el desarrollo del proyecto y envuelto todo en una canción llamada Glenfinnan . Todos miraron la pantalla con atención, como si lo que allí aparecía les hubiera agarrado por las solapas. Al acabar había lágrimas por varias de las mejillas de los presentes.

El video relataba que el nivel humano es lo más elevado del cosmos y que es inherente a nosotros la capacidad de mejorar la Naturaleza a través del espíritu (la cabeza) y de la conciencia del bien y del mal, que es lo que los humanos tenemos y el resto de niveles no. Pero el video también hablaba de que no lo estamos haciendo bien, que el planeta está empeorando y la desigualdad creciendo. Y así fue como Jaime acabó su exposición, reclamando más conciencia a los humanos.

– ¿Y Dios, dónde está Dios según vosotros?-, preguntó el Contrafantasma. Los chicos se miraron y sonrieron, Jaime se volvió a arrancar y llevando su mano derecha a la tripa dijo, – yo creo que aquí. Y también allí y allí -, señalando las tripas de sus amigos. – ¿Y cómo lo sabes? -, preguntó el Contrafantasma. – No lo se, pero me suena que anda por ahí porque noto cosas-, contestó.

Han vuelto a invitar a los amigos para este próximo viernes, toca hablar de Dios durante más rato.

 

Felicidad con mapa y brújula

La vida tiene seis fases que duran aproximadamente 12 años cada una. Durante estos periodos se desarrolla el proceso de individuación. Este proceso es sencillo de definir y se resume en encontrar la felicidad, que es equivalente a encontrar el lugar de cada uno en el mundo.

Sencillo de definir pero difícil de transitar. Así que primero mejor consensuar el concepto de felicidad y una vez hecho esto, confiar en él. O sería más correcto decir confiar en ella, porque lleva el artículo “la” delante y esto no es casual. Mujeres y hombres deberíamos prestar atención a que la felicidad es femenina y pensar porqué, más en este momento histórico de la vuelta de lo femenino al lugar que le corresponde. Ese regreso de lo femenino es la vuelta de la felicidad para todos, hombres y mujeres.

La felicidad la conoce mucha gente, quizá toda la gente. La felicidad no se define, se experimenta. Experiencia es distinto a conocimiento, es algo que te cala en todas las capas. La experiencia de la felicidad sucede cuando recibes lo inesperado. Lo demás es simplemente satisfacción. Estar satisfecho está fenomenal, no me malinterpreten. Pero estar feliz es otra cosa.

Hoy en nuestras sociedades experimentamos muy pocas cosas que no esperamos y por eso casi nada nos hace felices (aunque seguro que hay mucha gente satisfecha). Y casi todo lo que nos hace felices, además, no tiene que ver con lo material.

Por el mismo motivo los niños experimentan más felicidad que los adultos. Todo es nuevo y como no poseen expectativas sobre ello, muchas cosas les sorprenden y les proporcionan experiencias felices. También los adolescentes las experimentan cuando descubren cosas como el amor (que por cierto no se puede medir, ni pesar).

Esto sucede en las dos primeras fases de la vida (de esas seis de las que hablaba al principio), y coincide con el final de la formación de cada individuo en sus capas exteriores (otro día explico esto). A partir de la tercera fase (24 -36) y en adelante, es el hombre interior el que toma el mando del desarrollo. Pero a medida que crecemos, conocemos (y tenemos) más cosas materiales, se complican estas experiencias de felicidad y se entorpece el proceso de individuación y el encuentro del lugar de cada uno en este mundo. A no ser que cultivemos lo interior, lo invisible, lo no material.

Y es que encontrar ese lugar de cada uno no es sencillo. Nos enseñan más a encajar en el lugar que “el mundo” nos propone, que a explorar en pos del nuestro propio. A los cinco meses de nacer nos dicen que nos adaptemos a que tu madre se largue a trabajar, con lo que eso supone para el bebé, para la madre y para el cosmos en general. Luego te dejan en una escuela donde la estandarización es la clave para el funcionamiento. Y esa estandarización de lo humano es el principio del fin del correcto proceso de individuación. Porque el circo se ha construido, en gran parte, sin las dos herramientas necesarias para ser felices y para encontrar nuestro lugar en el mundo: 1) el mapa completo donde nos movemos y 2) una brújula para guiarnos.

El mapa es poseer una imagen del mundo correcta. La imagen del mundo correcta es la imagen antropocéntrica, la que sitúa al ser humano en el centro.

Colocar al ser humano en el centro significa reconocer que somos lo más elevado del cosmos, más que los animales, que las plantas y que los minerales. Y también quiere decir situarlo entre la realidad que experimentamos con los sentidos y la realidad de nuestro mundo interior. Siendo ambas realidades fundamentales.

Vayamos por partes. Ser lo más elevado del cosmos nos otorga una responsabilidad enorme con el resto de niveles y con el planeta en su conjunto. No quiere esto decir que seamos más importantes que los demás animales, ni que las plantas y los minerales. Cada uno tiene sus funciones en la naturaleza y no podríamos existir los unos sin los otros. Pero sí significa que somos más responsables de cuidar todo, al haber sido dotados de una capacidad de hacer conexiones (inteligencia) complejas muy superior a la del resto de niveles y una conciencia del bien y del mal única. Es ahí donde cobran sentido las palabras de la Biblia donde se dice estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y precisamente por ser nosotros divinos, tenemos mayor responsabilidad.

Y poner al humano en el centro de las realidades visibles y las invisibles, es el otro componente de esta visión antropocéntrica. La realidad que experimentamos con los sentidos es la que conocemos mejor y la que nos enseñan desde pequeños. Es la que viene con el programa por defecto, la dominante, la del paradigma de las ciencias naturales, la que considera que lo que Es, es aquello que podemos medir y pesar. Eso que la mayoría llama “La Realidad” a secas, y que otros llamamos “Mundo Exterior”. En esa realidad domina la materia, el materialismo. Por eso comunismo y capitalismo no solucionan ninguno el orden mundial, ya que los dos parten del mismo paradigma incompleto, en el que sólo se contempla lo material. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

El mapa correcto y completo incluye el territorio interior. Lo interior también es muy conocido, tratamos con ello todo el tiempo. Hablamos de lo que pensamos (Conciencia), de lo que soñamos (Más Allá) y de Dios (Mundo Interior). Pero al tratar de encajarlo en el paradigma dominante materialista, o bien lo negamos (Dios no existe), o bien lo traducimos al lenguaje y los conceptos de “la ciencia” (los sueños no son más que actividad cerebral necesaria, pero sin un significado). Esa negación y esa traducción generan la mayoría de los conflictos personales (y enfermedades como consecuencia última), sociales  (desigualdad), científicos (crisis del método), políticos (democracia en sus estertores) y económicos (incapacidad para abastecer al planeta y destrucción del mismo).

No poseer este mapa completo es el primer obstáculo para alcanzar la felicidad, tanto individual como colectiva.

Y la otra herramienta es la brújula que tenemos todos, pero que a fuerza de no usarla, se atrofia y deja de orientarnos. La brújula es nuestro mundo interior, nuestro arquetipo, lo que de divino hay en cada uno y que tenemos la obligación de desarrollar. Debemos comprometernos a reconocer ese arquetipo, aspirar en función de él y actuar en beneficio nuestro y del colectivo. El arquetipo es el que nos inclina hacia unas cosas más que hacia otras, el que nos provee de dones, de talentos a desarrollar y de inteligencia para hacer las conexiones correctas. Esta brújula está siempre presente y se manifiesta en nuestras vidas de forma insistente, pero muchas veces no somos capaces de seguir sus indicaciones, en parte por la ausencia de una parte del mapa (como veíamos antes), en parte por el mal aprendizaje y la programación incorrecta que arrastramos de siempre.

Pero nuestra brújula es agradecida, en cuanto la usamos un poco se calibra sola y nos empuja a usarla más. Y nos coloca a nosotros en el lugar correcto, lo que provoca que lo que nos rodea también lo haga. Es mágico.

El mundo interior es  también fácil de reconocer, sólo hay que pararse un momento y comprobar. Y esto pasa tanto en lo grande como en lo pequeño, tanto dentro como fuera, tanto arriba como abajo. No necesita de estadísticas que nos lo confirmen, ni que coincida con las tendencias dominantes, ni que esté de moda, ni que tenga likes. Uno lo puede comprobar solito si tiene el mapa completo.

Así que completemos el mapa, activemos la brújula y ordenemos el mundo como Dios (que eres tu, y ella, y yo, y todos) manda. Y como consecuencia, experimentemos felicidad y encontremos nuestro lugar en el mundo.

El Contrafantasma.