¿Josh?

Acabo de colgar una videollamada con mi amigo Josh, biólogo y bioquímico que trabaja en la U.S. Enviromental Protection Agency, un organismo público norteamericano dedicado al cuidado del medioambiente desde hace 50 años.

Josh fué la persona que me convenció para saltar en paracaídas en el verano de 1993. Él era entonces mi suitemate (vecino de habitación contigua con el que compartes baño) en la residencia donde vivíamos en Chapel Hill, Carolina del Norte. Josh era buen jugador de baloncesto, tenía el pelo largo teñido de azul y fue el primer activista de verdad con el que me crucé. A pesar de la cantidad de colegas alternativos con los que había compartido cafetería mis primeros años en la facultad de Políticas y Sociología de la Complutense, nunca había conocido a nadie que estuviera dispuesto a arriesgar su vida por ninguna causa. Y Josh sí. Y su causa era salvar el planeta.

Ese verano Jordan ya bailaba a sus competidores y en la madrugada española 21 de junio, sus Bulls ganaban a los Suns de Barkley el sexto partido de las finales, para proclamarse campeones por tercera vez consecutiva. Minutos más tarde, pasadas las 8 de la mañana en Madrid, ETA asesinaba a 7 personas con dos coches bomba, uno en la Glorieta de López de Hoyos y otro en la calle Serrano. Ambos a escasos 500m de la casa de mis padres y en el camino habitual para ir a entrenar al Ramiro cada tarde.

Pero internet no existía y la única manera de estar al tanto de la actualidad era leer la prensa, ver la tele o a través de alguien que te traía la información de primera mano. Y mis padres me llamaron a la residencia para contarme lo de los atentados, porque obviamente ese tema no iba a salir en los medios de Estados Unidos. Estaban muy impresionados, el estruendo de las explosiones se había sentido en casa y querían comprobar si yo, a 6,400 km, estaba bien. Con el tiempo aprendes que cuando hay hechos tan extraordinarios como aquellos, lo que necesitas es “estar” con tu tribu, aunque sea por teléfono.

Y Josh, que había pasado los dos primeros años de universidad en Californa, era ese tipo de amigo que también te contaba cosas nuevas y diferentes. Cada día durante el mes de junio, después de pasar 5 horas en la cancha, narraba historias asombrosas acerca del grupo de ecologistas radicales al que pertenecía, llamado Earth First!, que desarrollaba cantidad de misiones emocionantes para salvar el medioambiente. Pero yo daba más crédito a sus palabras cuando hablaba de Sarah, la novia que se había echado cuatro años mayor que él y activista full time del grupo ecologista. Aseguraba además que Sarah tenía un montón de amigas guapas y que sería muy divertido que las conociéramos.

Así que unos cuantos nos organizamos para acompañar a Josh a Athens, Georgia, durante el fin de semana del 4 de julio. Allí se iba a reunir la sección southeast de Earth First!, para coordinar las acciones del trimestre y pintaba como un muy buen plan. El dato que me acabó de convencer provino de otro amigo, Carter, que había estudiado en la universidad de Georgia y que tenía el soplo de que REM, originarios de allí, estarían tocando esa semana en garitos pequeños, presentando canciones nuevas para su siguiente disco, tras el éxito del anterior, el incomparable Out of Time.

Y allí que nos fuimos en el coche de Carter, un viejo Jeep que le habían regalado sus padres para la aventura en Carolina del Norte. Como todos éramos menores de 21, pasamos primero por un Kinko´s para hacernos unos ID´s falsos nuevos y así entrar sin problemas a los bares de Athens. Yo aún conservo mi antiguo DNI español, ese que era del tamaño de un Iphone 5 y color azul, con mi fecha de nacimiento burdamente falsificada.

Las reuniones resultaron ser radicales de verdad (hablaban de poner artefactos explosivos en instalaciones contaminantes), clandestinas, con un ambiente oscurito, bastante coñazo y las amigas de Sarah inexistentes. Pero los REM sí que estaban tocando y Carter y yo conseguimos colarnos en He´s Not Here la noche del 4 de julio, tras ver los fuegos artificiales en el estadio de fútbol de la universidad. Y el premio musical fue doble, porque esa noche tocaron con las Indigo Girls, también nativas de Athens y el concierto fue sencillamente memorable. Yo nunca había escuchado a esas mujeres y desde aquella noche, la canción Closer to Fine forma parte de mi más íntima banda sonora.

Años más tarde Josh dejó de ser tan radical, acabó su relación con Sarah y se cortó el pelo. Lo que nunca ha dejado es su pasión por cuidar el planeta y continúa siendo de esos que, aún con la situación de hiper información en la que vivimos, sigue trayendo historias que es mejor escuchar, y con atención. Su compromiso además, le hizo rechazar trabajos muy bien remunerados en la empresa privada, se doctoró Cum Laude en Law por NYU y lleva 14 años trabajando en la EPA, aplicando su autoridad al estudio de la evolución medioambiental del planeta.

Y escribo esto para tratar de asimilar lo que me acaba de contar en la videollamada. Dice que ha firmado un informe el pasado viernes en el que se sostiene que el CO2 soltado a la atmósfera es tres veces superior al que se pensaba y que eso tiene urgentisimas implicaciones para el calentamiento global y para la salud de las personas. Dice que llevan años avisando a los distintos gobiernos de su país, pero que nunca les habían hecho caso, hasta que sus jefes dieron un ultimátum en diciembre pasado. Que lo iban a anunciar en enero de este año, pero que con la crisis del COVID-19 se lo pararon. Y el pasado viernes han cerrado y enviado de nuevo el informe al Secretario de Estado, y éste les ha confirmado que el 1 de julio van a pedir al congreso que tome medidas radicales. El motivo es que el objetivo de Cero Emisiones debe de alcanzarse el 31 de diciembre de 2025, veinticinco años antes de lo que los científicos estimaban. Entre esas medidas están la prohibición de los coches particulares que usen combustibles fósiles, los vuelos comerciales, el carbón, las ganadería a gran escala, la renovación de todo el sistema de distribución mundial de energía eléctrica, etc…. Y claro, también recomiendan decretan el estado de alarma para poder controlar militarmente a la población, temiendo que esta vez, a diferencia de lo que ha pasado en esta crisis, la gente se revele y haya alteraciones graves del orden público. Y se prevé que si lo hace USA, acto seguido lo harán el resto de países, al menos en occidente. Sí señala que China y Rusia están poniendo muchos problemas a las medidas, porque sus científicos sostienen tesis contrarias. O eso les dicen.

Así que, tras el test de control poblacional del que hemos sido todos partícipes por el tema del contagio del coronavirus, se viene una época de control planetario obligado, esta vez por causas medioambientales y absolutamente justificadas. Y claro, siempre por nuestro bien.

Desasosegante ¿no?. A mí me lo parece.

Pues mi amigo Josh no existe y yo nunca me he tirado en paracaídas. Lo que escribo arriba es una mezcla de hechos históricos, experiencias propias y datos random que hacen la historia verosímil y quizá entretenida. Si en lugar de en este blog, estuviera en un periódico importante, nadie dudaría de su veracidad.

Y me suena más verosímil que si alguien nos hubiera contado en enero pasado que, como consecuencia de un virus que saldrá de China, con origen en un murciélago que se lo pasó a un pangolín, se iba a contagiar en semanas algo infeccioso que no se sabe bien si es un virus o qué, que iba a atacar los pulmones de millones de personas en cientos de países, donde Italia y España ocuparían la pole position y que se tendría que encerrar a la población mundial en sus casas durante 70 días y 70 noches. Y que oficinas, colegios y universidades continuarían todas sus actividades online hasta nuevo aviso y quién sabe si para siempre. Que no habría reuniones familiares, ni citas con amantes, ni visitas al médico, ni conciertos, ni teatros y que hasta el dichoso fútbol se suspendería, al igual que los centros comerciales, las pequeñas tiendas y los bares, que permanecerían cerrados sine die. Y que pasado esto, los ciudadanos deberíamos llevar mascarillas y salir a la calle por turnos. Y lo más increíble, que el Estudiantes masculino no descendería y que el femenino ascendería sin jugar más. Yo me habría descojonado a dos carrillos, la verdad. Salvo por lo del Estudiantes de chicas, que estaba cantado…

Pues todo esto ha pasado y todos hemos vivido algo que resultaba imposible de creer haces tres meses. Y no hemos cuestionado casi nada, porque era obvio que la gente llegaba en manada a los hospitales, con graves infecciones respiratorias y lo importante era salvar vidas.

Pero yo a partir de ahora dejaré de creer en todo, aunque los hechos parezcan obvios y trataré de pararme y comprobar qué está pasando, qué me está pasando. A muchos les sonará poco científico (hablo de la misma ciencia que está anunciando una cosa y la contraria durante esta pandemia), pero lo que soñamos cada día es una una magnífica guía para saber si estamos bien orientados. Los animales aprenden eso que llamamos instintos a través de los sueños y es por eso que reaccionan antes que cualquier humano, cuando hay un tsunami o un terremoto. No es por su PHD en sismología, y unido al hecho de que están mucho más conectados con la naturaleza, son capaces de interpretar sus señales sin dudar.

Y las señales de la tierra son notables, con el problema del CO2 liberado en la atmósfera y con algunos otros. Y las medidas a tomar, dado lo que hemos vivido en estos últimos meses, no sería sorprendente que fueran como las descritas arriba. Y es que ese daño al planeta también es un hecho, pero parece que aún no interesa activarlo socialmente, sino sólo dejarlo a un ladito para entretener a las audiencias a cada tanto. Como el fútbol.

Así que nosotros, humanos, que además de instintos poseemos inteligencia. hagamos uso de ambos potenciales y primero, no nos creamos todo tal cual nos lo cuentan y hagamos más caso a ese Josh que llevamos todos dentro y que está conectado, que siente, que reconoce y que aspira a dejar el mundo mejor de lo que lo encontró. Y más importante, empecemos a tomar medidas en primera persona, sin que nadie nos obligue, para poder seguir disfrutando de este planeta tan maravillosos que habitamos y de nuestras respectivas tribus.

Qué hartura de fases, de medios, de políticos.

Feliz miércoles.

P. S. Josh es el más alto de la foto.

El radiocassete y la adversaria

Nacho había presionado el botón de play en un aparato que parece un antiguo radiocassette, pero que en realidad es un moderno altavoz y la música de Sting les acompañaba mientras conversaban. Nacho vive en Londres y el martes invitó a cenar al Contrafantasma, aprovechando un viaje de este a la ciudad. Había insistido en verle porque quería contarle algo importante y que esa noche estaba sólo. Nacho es un gran conversador y si hubiera que ponerle una etiqueta, se diría que es un filósofo. Es matemático y tiene una visión que conecta las matemáticas con lo divino y no tanto con las complicadas hojas de excel que constantemente manipula. Nacho trabaja en banca, como tantos otros que hacen cosas no coincidentes con sus potenciales. Una lástima, sobre todo para el cosmos, que se pierde lo que de verdad puede aportar.

(Sonaba “Seven Days“, como dando ambiente cinematográfico a lo que Nacho estaba a punto de contar).

El apartamento de Nacho es la planta baja y el sótano de una vieja vivienda unifamiliar del barrio de Chelsea. Minutos antes el Contrafantasma había llegado con una botella de vino español y un surtido de quesos franceses, sobre todo Compté, el favorito de su amigo. Al abrir la puerta la figura de Nacho evidenciaba una notable pérdida de peso y su barba mostraba infinitas más canas que antes. – Si, no me lo digas, lo se, estoy mucho más viejo -, fueron sus primeras palabras. El Contrafantasma no dijo nada, pero lo pensó y se preocupó por el aspecto de su amigo. Fueron a sentarse al bonito y pequeño patio de techo acristalado que tenía en la planta baja y abrieron el vino. Sin mediar más que un brindis “POR-LA-PU-TA-VI-DA”, enfatizó Nacho, le soltó la bomba. Le contó que tras quince años de relación, doce de matrimonio y una niña de cinco, la noche de un martes de hace tres meses, su mujer le dijo que no le quería y que se volvía a España. Y lo que era peor, que Claudia su hija, no era de él. – ¡NO-ME-JO-DAS! -, fue lo único que el Contrafantasma pudo expresar, con un énfasis similar al del brindis previo.

(“Love changes“, de Sting y Shaggy, que es una canción de esperanza, se colaba en la conversación en el momento más dramático).

Aquel día de hace tres meses había sido como tantos otros, continuó Nacho. Habían hablado varias veces por teléfono desde el trabajo, cenado juntos y acostado a la niña en su habitación de la planta sótano. Nada hacía pensar que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. Contaba que el día anterior habían hecho el amor, que dos semanas antes había sentido que las cosas volvían a ser como corresponde, después de unos años difíciles debido a la crisis, al nacimiento de Claudia y sobre todo, a la mudanza desde Bilbao hasta Londres.

(Se oía “Just one lifetime“, también de Sting con Shaggy. A veces el algoritmo de Spotify se adapta al momento de manera sorprendente).

Los tres meses siguientes habían sido los peores de su vida. Ella interpretando el personaje de la incrédula que tuvo un desliz un día (“te lo juro, solo fue aquel día y me dio asco”) y que por el bien del equipo tiró para adelante con la mentira,  ya que creía que lo podría manejar. Pero que llegó un momento en que no pudo más y petó.

Y Nacho por su lado, en esos tres meses, tratando de salvar su matrimonio, de perdonar a su mujer y de encontrar la fórmula de encajar la nueva situación. Pero sobre todo desubicado con qué hacer con lo que siente por su hija, que ya no es su hija biológica, pero a la que quiere como a nada en el mundo. Por eso y por haber vivido en una ilusión durante no sabía cuánto tiempo.

Una ilusión es una representación errónea de la realidad, que uno encaja como verdadera y que cuando se desvela, te deja desnudo. Había recibido uno de esos golpes del destino, de los que además no hay “jurisprudencia”, No hay casos de amigos a los que les haya pasado lo mismo. Una separación vale, una o varias infidelidades también están en la cabeza de todos. Pero que tu hija no sea tu hija y que hayas vivido esa mentira durante cinco años, eso no lo hemos vivido.

(“Don´t make me wait” en el aparato. Ese disco de Sting con Shaggy es realmente bueno).

Los ojos del Contrafantasma no parpadeaban, sentía indignación y perplejidad. Y se le vino a la mente “El Adversario”, el libro de Emmanuel Carrere en el que narra la historia real de un hombre que engañó a su entorno durante veinte años, haciendo creer a todo el mundo que era médico y que trabajaba en la central de la OMS en Ginebra. Entre los engañados su propia mujer, su mejor amigo de la facultad de medicina, sus hijos adolescentes, todos los conocidos de la pareja, familiares, etc… Nadie suponía que no era lo que decía ser y nadie se había preocupado de comprobarlo. El dinero lo conseguìa simulando que invertía en Suiza los ahorros que le confiaban sus allegados y que en realidad empleaba para vivir. La cosa se empezó a complicar cuando no le quedaron familiares que engañar. La ausencia de dinero provocó que asesinara a toda su familia a sangre fría, antes que blanquear la mentira que había estado representando durante tanto tiempo. Luego intentó suicidarse sin éxito, y Jean-Claude Romand, que así se llama el sujeto, lleva en prisión desde 1996.

En lugar de hablar del terrible caso del supuesto médico francés, el Contrafantasma agarró la copa de vino y la levantó para brindar “POR-LO-QUE-HAS-DE-JA-DO-A-TRAS”. Coincidía con Nacho en que era una situación muy jodida, pero que era mucho más terrible la situación previa, la de la mentira. Le dijo que será difícil, pero que sobre la base de la verdad, de lo correcto y de lo que uno es, se puede volver a construir.

(“To Love And Be Loved” sonaba al despedirse con un abrazo en el mismo lugar donde Nacho le había abierto la puerta tres horas y botella y media de vino antes).

Y es que al final de eso se trata, de amar y ser amado. Pero de verdad.

 

 

Un amor de media hora

Sebas se había marchado de vuelta al ártico para participar en los últimos preparativos del lanzamiento de su documental. Antes de irse le había dejado al Contrafantasma Filosofía Básica, el libro que ha escrito basado en su experiencia de vida y en las enseñanzas de Walter Odermatt.

Bajando las escaleras mecánicas del metro lo abrió de forma aleatoria y comenzó a leer. La página decía que los humanos somos el nivel más elevado del cosmos y que existe una conexión evidente con el resto de niveles, que son los minerales, las plantas y los animales. Seguía con que cada nivel del cosmos recoge y engloba las características de los anteriores y que los humanos, como nivel más elevado, atesoramos todas las cualidades de los tres primeros. Subrayaba además que cada individuo somos un microcosmos, un cosmos a escala y que tenemos cuatro capas análogas a los cuatro niveles del macrocosmos.

Eran las 7,56 de la mañana y lo que leía le enganchó automáticamente. Acababa de sentarse en el vagón (siempre elegía el último) para ir a su oficina y por primera vez era invierno en Madrid. Posó la mochila sobre sus rodillas y acomodó el libro de Sebas para seguir leyendo.

Continuó con las cuatro capas del hombre, que son el cuerpo, que tiene su coincidencia con los minerales. el organismo, vinculado a lo vegetal, el alma, que es lo específicamente animal y por último el espíritu, aquello exclusiva y específicamente humano. Y hacía hincapié en que no hay libertad personal sin una correcta integración de estas cuatro.

El vagón empezaba a llenarse aún parado en el andén, era principio de línea y siempre hay que esperar un poco para cumplir los horarios. La gente entraba muy abrigada, casi en exceso, como aprovechando a sacar del armario el equipamiento de frío, no sea que no haya más oportunidades en todo el invierno.

Y el texto continuaba su despliegue, ahora relacionando las cuatro capas con las regiones corporales del ser humano. Sebas escribe que la capa del espíritu se encuentra en la cabeza, lugar donde están las informaciones, los pensamientos y la conciencia del bien y del mal. La capa del alma está en la zona del pecho, donde nos llevamos la mano para decir que algo es nuestro o simplemente para decir “yo”. El alma es lo animal en nosotros y si no tuviéramos espíritu, actuariamos solamente guiados por los instintos. Después localizamos la capa del organismo en la zona del vientre y hasta las piernas, donde se encuentran la mayoría de órganos que cumplen funciones vegetativas vitales. Y por último está la capa del cuerpo, lo mineral en nosotros, localizada en los brazos y las piernas y únicas partes del ser humano donde no descansa ningún órgano y que sirven para sostenernos (piernas) y para ejercer fuerza (piernas y brazos).

Joder, pensaba el Contrafantasma, toda una vida conviviendo con mi cuerpo y ahora me entero de esto. Tenía una sensación como de estar leyendo sobre un gran descubrimiento, cuando la realidad era que los conceptos eran los que se aprenden en primaria. Tanto los del cosmos, como los de las partes del cuerpo humano. Lo que nadie le había contado nunca era que están relacionados.

Habían pasado 25 minutos cuando levantó la cabeza y se cercioró de que no se había pasado de parada. Comprobó también que una mujer bien arreglada y de unos cuarenta años sentada a su izquierda, estaba tan interesaba en el libro como él. Se cruzaron sus miradas y sonrieron, pero ninguno se animó a hablar. Continúo leyendo, pero menos centrado por la cercanía de su destino y por su reciente interacción con su atractiva compañera de viaje.

Se preparó para salir en Av de América, y al mismo tiempo se levantó ella y se puso a su lado. Al parar el tren ambos lanzaron su mano al botón de apertura, donde torpemente chocaron, lo que provocó una sonrisa y una disculpa. El Contrafantasma le preguntó de manera socarrona si le había gustado lo que había leído. Ella se sonrojó levemente y pidiendo disculpas por la invasión, contestó que le había parecido muy atractiva la idea de que somos un cosmos en pequeño y que estamos muy vinculados a la naturaleza. Le preguntó si podía hacer una foto de la portada del libro para quedarse con la referencia. El Contrafantasma lo sacó de la cartera y se lo mostró.

Tras darle las gracias se despidió y se alejó por el lado opuesto al suyo. Su andar era firme y el Contrafantasma comprobó lo sólidas que parecían sus piernas, su parte mineral. Volvió a su libro mientras caminaba por el intercambiador y subía las escaleras. Al llegar a la puerta de Hontanares, la cafetería de esquina a los pies del edificio con el cartel de Iberia, ese que recibe al viajero que llega desde el aeropuerto de Barajas, en una de las entradas más feas de Madrid, paró. Acabó el capítulo y se dispuso a cruzar Francisco Silvela. Al levantar la cabeza vió que en la acera de enfrente, al otro lado de los coches que iban y venían, estaba ella. Al verle encogió los hombros y alzó las palmas de sus manos, como diciendo que se había equivocado de salida. El semáforo se puso en verde y el Contrafantasma no se movió de su sitio, esperando que ella llegara. Se acercaba sonriendo y por un momento parecían una pareja que, con muchas ganas de verse, estaban a punto de fundirse en un abrazo.

Al pasar por su lado la mujer le hizo un gesto con las cejas y pasó de largo hasta abrazarse con otro hombre, que esperaba dos metros detrás de él.

Eran las 8,31 y no le quedó otra que reírse y agradecer el romance de media hora que acababa de vivir, gracias al libro de su amigo. Comprobó también que el amor depende de la correcta predisposición de uno mismo hacia él y no del azar. Siguió caminando por las calles frías y secas de Madrid con una sonrisa en su cara, hasta llegar a la oficina. Tras sentarse delante del ordenador envió un mensaje a Sebas. Decía así; “Sebas, tu libro me encanta, ha convertido un trayecto en metro en una verdadera historia de desamor”.

Estuve con él

Estuve sentado con él la tarde del martes y me hubiera quedado allí toda la noche y el día siguiente. El no lleva tatuajes, ni siquiera uno pequeño en la cara interior de la muñeca. No se corta el pelo al estilo Goebbels, ni se arregla la barba cada semana. Escucha antes de hablar, hace deporte de equipo, come de todo y viste con deportivas, vaqueros y jersey gris o azul.

El es anónimo, no ha tenido que superar situaciones de vida o muerte que merecen ser contadas en un libro, no se quedó atrapado y herido en una cueva y se tuvo que cortar el brazo para salir de allí. No se cayó por un barranco cuando iba a hacer surf, teniendo que estar luego tres días a la deriva con la cadera rota. A él te lo puedes encontrar en una reuniòn de trabajo, haciendo cola para comprar pescado, comiendo una medialuna de mantequilla del Lidl, o en el rellano de tu escalera mirando el buzón.

El tiene hijos como tanta gente, y estos tampoco son niños especiales, ni por listos, ni por rubios, ni por altos, ni por graciosos. Y si lo son, él no te lo va a contar.

El se dedica a algo que poca gente conoce y de lo que no le gusta hablar. Es una profesión que, grabada con un móvil, no da un contenido audiovisual molón y que no va a ser viral al colgarlo en tu muro. Su profesión tiene que ver con él, con su esencia, cosa muy sorprendente en nuestro tiempo y cuando la ejerce, aporta bienestar. Le gustaría que su trabajo fuera escalable, pero no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Como no es de escala, no va a hacer rondas de financiación y exitosas salidas a bolsa en el 2019.

El invita a todo el mundo a que traten de parar un ratito cada día, y que al parar respiren, y tras respirar acojan lo que les viene, y que convivan con esa imagen que llega por diez minutos. No pide más, porque sabe que eso ya es mucho.

El participa y disfruta de lo exterior como el que más, pero su acciòn tiene impacto en el interior.

El sería esfera si fuera símbolo.

El.

Hola, me llamo Irma

Hola, me llamo Irma y tengo 37 años. Hace tres semanas me despedí de mi empresa y compré un billete (solo ida) de avión a New York. Del aeropuerto tomé un coche hasta la estación de Harlem 125th st. y de allí un tren a una localidad llamada Hyde Park, al norte de la ciudad, en medio del valle del Hudson. Tenía ganas de ir lejos y no hay lugar que cumpla mejor con esa premisa. Aquí la naturaleza es magnífica y el otoño se expresa rotundo con tonos granate, amarillo, marrón, verde y hasta naranja, de una manera que es ya casi imposible ver en paisajes españoles. Cada mañana me levanto delante del río Hudson, que baja con un cauce abrumador hacia Manhattan. Leí hace poco que es la fuerza del río la que hace funcionar el sistema de calefacción de la ciudad de New York y por tanto el responsable de esas chimeneas de vapor que salen de las alcantarillas de la Gran Manzana. Vivo en el apartamento de una amiga que conocí en San Francisco hace años y que se ha venido aquí a estudiar al Culinary Institute of America, una prestigiosa escuela de cocina, que como todo aquí, tiene un tamaño descomunal.

Mi amiga se pasa el día en clase o estudiando, o cocinando lo que estudia. Este semestre está centrado en cocina asiática y cada día me regala algo diferente para cenar. En veintiún días he leído seis libros y escrito cerca de noventa páginas de algo que no se aun que es, pero que se parece a la historia de mi vida. Tres semanas  no es tiempo para sacar conclusiones, pero me siento bien. No tengo teléfono, escucho la NPR (National Public Radio) por internet, eligiendo las temáticas que más se alejen de lo que he dejado atrás. Me he enganchado a una serie de reportajes sobre la utilización de drogas en las guerras modernas. En el capítulo de ayer hablaban de como en la Segunda Guerra se sustituyó el vino por las drogas químicas, para mantener animada a la tropa, sobre todo por parte del ejercito alemán. Y es muy interesante conocer el papel protagonista que tuvo la farmacéutica Bayer, a la que yo solo relacionaba con la aspirina, en el desarrollo de esas drogas. También disfruté mucho otro reportaje sobre la fabricación de sirope de arce en el estado de Nueva York. Cuando sales de la ciudad y sus ritmos obligados, te das cuenta de que hay multitud de actividades interesantes que se pueden hacer para completar una vida y fabricar sirope de arce es una que me voy a plantear seriamente. Tiene una relación directa y muy honesta con la naturaleza, no se puede forzar su producción, ya que es absolutamente estacional. Si pasa el momento de recogerlo, olvídate hasta el año siguiente. Requiere además una dedicación mayúscula y como contrapartida tiene una producción muy limitada. Se aleja mucho del patrón de comportamiento que tengo interiorizado, ese que busca la generación de beneficio en cualquier actividad de la vida.

En todos estos días no he hablado con mi familia, ni con Fran, el hombre con el que me iba a casar. De hecho él no sabe que estoy aquí, piensa que me he ido a Santander a casa de mi hermana. Cree que es una de mis locuras, que se me han amontonado los temas y que el trabajo, la relación con mi madre y el estrés de la boda, han podido conmigo. Me escribe un correo cada dos días tratando de que vuelva de donde esté y entre en razón, por ese orden. Me dan ganas de decirle que estoy aquí porque quiero hacer lo segundo y que hasta que eso no pase, de lo primero ni hablar. Pero no le voy a contestar, no me apetece. Me escribe textos largos muy bien articulados y ya la forma de escribir, de expresarse, me echa para atrás. No quiero ser injusta con él, yo fui la que dijo si a su propuesta de matrimonio. Fue aquel fin de semana en el que me llevó a un hotel bodega de la ribera del Duero, cuando sabía que yo el tinto solo lo bebo con Casera y que el blanco, de tomarlo, solo albariño, que no puedo con el dolor de cabeza que me da el verdejo. Ese fin de semana de hace cuatro meses me pareció una persona muy sensata para pasar el resto de mi vida. Y cada vez que pienso en la palabra sensatez como disparador de mi matrimonio, me quiero clavar palillos en las uñas. Y lo peor es que aquella respuesta afirmativa fue muy meditada. Le dije que si convencida de que ese era mi destino, compartir mi vida con un hombre que me quiere. Y punto.

A los 37 he llegado más o menos entera. Lo que se puede decir de mi en el mundo exterior, creo que dejaría satisfechas a muchas personas. Tengo (o tenia) un trabajo, una vida social activa, una familia que no me exigía mucho y me daba casi todo, bienes materiales más que de sobra, he viajado a lugares bonitos, soy propietaria de un piso y cocino decentemente. El único pero que yo me pongo es que no he sido madre, pero eso ahora tampoco es un drama, porque somos muchas así y no apoyamos las unas a las otras cuando surge ese momento en el que tus amigas madres se ponen a hablar de sus vidas rodeadas de niños. Además, lo de ser madre, lo he vivido siempre como una consecuencia de tener una pareja y eso primero no me había pasado aún.

Poco más de un mes después de haber dicho que si a Fran, me encontré con un hombre al que había conocido tiempo atrás en una boda. En aquella boda nos reímos mucho, pero yo estuve ejerciendo mi versión de soltera frívola y divertida, tratando de seducir y poner distancia al mismo tiempo. Y él me siguió bien la performance, hasta el punto en que entrada la noche, el resto de invitados parecieron desaparecer y nos quedamos “solos” con la música electrónica de fondo, hablando de reconciliación con uno mismo y de perdonarnos nuestros errores. Disfruté ese momento como pocos en mi vida y algo se encendió dentro de mi. La boda acabó, él no me llamó y yo tampoco hice nada por localizarle. Y cuando hace tres meses le volví a ver en aquella fiesta, ya con Fran de cuerpo presente y comprometidos, me di cuenta de que lo que me había llevado a decir si, era un amor con minúscula. Era sensatez.

Después de aquello he visto a este hombre otras dos veces, la última por casualidad en un evento de trabajo. Ese día acabamos agarrados de la cintura y con las manos entrelazadas sin poder evitarlo y sin que la opinión pública fuera un obstáculo. Estuvimos a punto de besarnos, pero una llamada del que era mi jefe rompió el momento y no sucedió. Ese día por la tarde decidí que me iba, que necesitaba distancia de todo lo conocido. Solo le lo comenté a Yoli y a mi terapeuta. Yoli es la persona que me ayuda en casa, tiene cinco años mas que yo y un hijo de 28, que a su vez le ha dado dos nietos. Le dije que me iba a Nueva York a casa de una amiga y que no hacía falta que viniera, al menos hasta el mes de enero. Le conté lo de Fran y lo de este otro hombre del que estaba enamorada, y le pedí el favor de que le escribiera para decirle que necesitaba su ayuda. Desconozco si lo hizo.

Mi terapeuta me dijo que hacía bien en marcharme, si eso era lo que me salía, pero también me dijo que informara a Fran y a mi madre, que si no, se me volvería en contra antes o después. Me dijo también que podíamos hacer las sesiones por Skype, que le llamara cuando yo quisiera. Por el momento no lo he hecho.

Hoy voy a seguir leyendo y esperaré a mi amiga a ver qué trae de cena. El amanecer sobre el río y los colores del otoño son más que suficiente para ir tirando. Y la verdad es que no tengo ninguna prisa.

Amor de Washington Sq a Guindalera

Estaba sentada en la silla de madera que cogió de casa de su abuela cuando ésta murió hacía 4 años. Solo conservaba ese recuerdo de ella, el resto de sus muebles, ropa y enseres, sobre todo las joyas, habían sido repartidos entre sus tías a las 12 horas horas del fallecimiento, como si fueran perecederos. Y las joyas no caducan, ni pasan de moda, sobre todo si son de oro, brillantes u otras piedras preciosas. Cuando Irma fue a casa de su abuela, a los tres días de morir ésta, con la intención de pedir un colgante de plata y ónix que adoraba desde muy pequeña, solo encontró la silla en la que estaba sentada esta noche. Hay una manía grande de eliminar las cosas personales de los muertos de las casas de los que quedan vivos. En general hay una gestión de la muerte extraña en nuestras sociedades, tan sofisticadas para otras cosas. La muerte pertenece a esa parte del mundo invisible, que no se puede tocar, ni medir, ni pesar y por eso cuando la muerte está rondando, tratamos de que pase en seguida, sobre todo si se trata de la muerte de otros. La muerte de uno mismo es otra historia, la tratamos con mucho más cariño y normalidad, lo que sucede es que no es sencillo comunicarlo luego al mundo exterior, donde sólo unos pocos tienen capacidad de percibir a los invisibles.

El Contrafantasma estaba sentado frente a ella al otro lado de la mesa de la cocina, en una silla de tijera de Ikea, de esas que tienen asiento y respaldo de plástico, y que están en todas las casas de personas nacidas después de 1970. Ella le contaba un sueño que, de manera recurrente, tenía desde hacía unos meses. En él aparecía ella maniatada a su cama, de manera tan fuerte que era imposible soltarse y con la sensación de que algo o alguien estaba de camino a su dormitorio para hacerle daño. Ella luchaba por desatarse sin ningún éxito y esa lucha era además la lucha por despertarse, para poder reconocer que aquello no iba a suceder en el mundo exterior. Decía que siempre conseguía despertarse antes de que lo malo llegara, pero que nunca conseguía desatarse dentro del sueño y que una espesa capa de desasosiego quedaba siempre al despertar.

Tres horas antes de ese momento el Contrafantasma había llegado a casa de Irma, con dos botellas de vino y unas flores. Le había citado en su casa porque si, porque quería. Las cosas que se hacen sin aportar argumento externo alguno, son las que son de verdad. Y cuando el Contrafantasma, por mensaje de texto, le había propuesto quedar en el lugar cool del momento, a ella le había parecido una horterada y le salió citarle en su casa. Su casa era un bajo en el barrio de la Guindalera y tenía entrada directa desde la calle. El barrio es feo en cuanto a la arquitectura, pero está renaciendo a base de gente joven y normal. Normal es el adjetivo más raro que se se puede decir hoy en día al describir a alguien. Nadie es normal, nadie quiere ser normal, normal es extraordinario. Tras pasar la puerta se accedía a un salón que acababa en un patio, que a su vez conectaba con la cocina y el dormitorio. La casa transitaba en círculo y estaba volcada hacia dentro, como Irma. Cuando él llegó, aún estaba recogiendo cosas para el viaje a Ponferrada del día siguiente, e Irma le invitó a sentarse en  la mesa de la cocina. Eligió la silla de Ikea porque él también las tenia en su cocina. Se puso de espaldas al patio para poder disfrutar de las idas y venidas de Irma, mientras se bebía un vino. Visto desde fuera, pensaba el Contrafantasma, la escena la podía haber pintado Edward Hopper en una sus obras sobre cotidianidad y costumbrismo. Le recordaba a “Habitación en Nueva York”, con la salvedad de que la Guindalera no es Washington Square. “Pareja preparando un viaje”, podía haberse llamado. Pero ni era su pareja, ni se iban de viaje, al menos él. Irma vestía una blusa blanca, holgada y bastante transparente, unos vaqueros y unas Converse blancas. Llevaba el pelo recogido en una coleta y la cara sin pintar, olía a recién duchada y a crema. El olor a crema era una de las debilidades del Contrafantasma, así que los primeros minutos sentado en esa cocina, viendo a Irma moverse por la casa, bebiendo vino e imaginando que Hopper les estaba pintando desde el patio, fueron un estallido de felicidad.

Sonó el telefonillo, era un Glovo con la cena. Irma se había adelantado también en eso y había pedido algo que le encantaba, sin pensar mucho en qué le parecería a su invitado. El motero sacó dos recipientes que contenían la mejor ensaladilla rusa de Madrid y unos callos con garbanzos con un pintón impresionante. Se disculpó porque quizá no era una comida muy elegante y seguro que era algo pesada para la noche, pero le aseguró que no se arrepentiría, porque su madre era una cocinera excelente y le había pedido a ella que cocinara sus platos favoritos.

Habían comido, bebido, charlado, reído. Se habían contado aspectos relevantes de sus biografías y habían coincidido, al hilo de un articulo publicado en Medium, que 2004 fue el año bisagra y gatillo para que el mundo se volviera definitivamente idiota. Ese fue el año de la última temporada de la serie Friends, máximo exponente de que la estupidez es lo que mola en las sociedades occidentales. Fue el año en que se eligió a George W. Bush por segunda vez y a Rodriguez Zapatero por primera, fue el año en el que el disco de Green Day, American idiot, fue galardonado con el Grammy a mejor álbum de rock y fue el año en el que Paris Hilton lanzó su autobiografía. En lo particular, fue el año en el que se casó el Contrafantasma, y en el que Irma decidió trabajar en banca en París y enamorarse de un hombre 12 años mayor que ella.

Tres horas y botella y media de vino después, allí estaban el uno frente al otro, con el sueño de Irma atada a su cama sobrevolando y a punto de besarse. Si Hopper volviera a mirar en ese momento, pintaría también el halo que cada vez que se veían les rodeaba, les conectaba y les aislaba del exterior. Y el cuadro se habría llamado “El beso de Irma”, pensó el Contrafantasma. O mejor, “El amor de Irma”, o aún mejor, “La entrega de Irma”. Pero Hopper no estaba allí, y no hubo beso. Eligieron no moverse, a ambos les parecía insuperable el momento. El Contrafantasma se había quedado pensando en qué sería lo que ataba a Irma a su cama, lugar en el que se descansa, se disfruta del amor y sobre todo, se duerme. Y que cuando uno duerme, es cuando más cerca está de la muerte en vida. Dormir es morir por un rato, al menos en cuanto a la desconexión con la conciencia. Y se preguntaba si había algo que tenia que ver con la muerte, con lo invisible, con el más allá, que tenia a Irma maniatada y sin poder soltarse.

No se lo preguntó. Pidió un coche y se despidió de Irma dándole las gracias y deseándole buen viaje. Ella no dijo nada, sonrió y abrazó fuerte al Contrafantasma.

En el coche, de regreso, el Contrafantasma se encontró en otro cuadro de Hopper. “El Cabify del anhelo”, se titulaba. Y suspiró.

Se han citado

El mundo exterior es eso a lo que la mayoría suele llamar la realidad. Es donde suceden los hechos que se pueden experimentar con los sentidos. Es todo lo que vemos, tocamos, todo lo que podemos medir y pesar, todo lo material en definitiva. A ese mundo exterior no pertenece lo que pensamos, ni lo que imaginamos, que forman parte del mundo de la conciencia. Y a ésta no pertenece lo que soñamos, ya que los sueños ocurren cuando la conciencia está relajada, o directamente dormida. Los sueños están más allá de la conciencia y poseen sus propias reglas. Y por último está el mundo interior, expresión que asociamos con esas personas introvertidas, que no interactúan socialmente como la media (sobre todo española) y que están en aparente armonía, sin necesidad de estímulos externos. “Tiene mucho mundo interior”, solemos decir de ellas… Pues nada que ver, el mundo interior nos afecta a todos, sea cual sea nuestra personalidad. Es el mundo de los arquetipos, palabra que viene del griego “arje“, que quiere decir origen y “tipo“, que significa fuente, sello. Así que arquetipo, significa sello de origen y se refiere a lo que traemos de serie cada uno de nosotros. Sin miedo podemos decir que es lo que somos, la esencia de todos los elementos del cosmos. Ese mundo interior aparece en los otros tres de diferentes maneras, pero una forma muy sencilla de reconocerlo es no pensar, simplemente ser. Y si, es difícil, pero funciona.

Los cuatro mundos coexisten y se compenetran, si bien hay momentos donde unos tienen más presencia que otros. Es seguro que el mundo exterior es el que reconocemos mejor y ademas es el que domina el paradigma científico (física), político (democracia) y económico (materialismo). Y por qué no decirlo, el mundo exterior mola. Un ejemplo sencillo es que pensar y sentir el amor de pareja, es sin duda maravilloso, pero experimentar en el mundo exterior con el cuerpo de la persona amas, antes o después de una buena comida y un vino rico, es igualmente o más maravilloso. Pensemos en el mundo exterior como si fuera el vidrio de esa botella de vino, el contenedor de los otros elementos, el contenedor de los otros mundos, pero un contenedor que te alegra la existencia.

El arquetipo del Contrafantasma estaba volcado en el final de verano y en apurar los últimos tintos con blanca que le proponía el aún templado clima. Los días eran más cortos y mientras esperaba a que acabara la lavadora, leía la novela “Ordesa” de Manuel Vilas, de lo mejor que había llegado a sus manos en los últimos tiempos. Era jueves y los jueves siempre hay algo a lo que engancharse. El nombre jueves viene de Jupiter y la influencia de este astro tiene que ver con la expansión. Debe ser por eso que las noches de jueves en Madrid son tumultuosas, divertidas y llenas de oportunidades para ensanchar la conciencia. Dejó de leer y chequeó el móvil en busca de esa promesa jupiteriana. Al abrir el correo encontró un mail de una dirección que le resultaba familiar. Era la dirección de Irma a la que él aún no se había decidido a escribir. El asunto del correo titulaba “Hoy” y el cuerpo decía lo siguiente:

Hola,

Como veo que no te animas a contactar, he decidido hacerlo yo. Lo hago por mail porque me parece menos intrusivo y te da la opción de no contestar si no quieres, o ya tienes plan. El motivo es sencillo, quiero que nos veamos. Fran se ha marchado a Ponferrada para visitar a su familia y yo no acudo hasta mañana viernes. Si te apetece y puedes, aquí estoy.

Se que tienes mi número porque llamaste el otro día, así que dame un toque en caso afirmativo y cerramos lugar y hora.

Un beso.

Irma

No esperaba recibir ese mensaje de Irma y menos aún esperaba que Fran fuese de Ponferrada. Si algo caracterizaba al Contrafantasma, era que solía tomar la iniciativa y que no se sentía nada cómodo en entornos rurales. Lo segundo no era para pensarlo en este momento, así que se centró en lo primero, la iniciativa, que en esta ocasión no era suya, sino de Irma. Con Irma todo era diferente. Sin pensarlo (siendo) contestó que si, propuso un lugar que conocía bien, donde podrían estar tranquilos y donde se come muy bien y propuso encontrarse a las 9,30pm. Lo hizo por mensaje de texto porque no se atrevía a llamar. Rápidamente Irma contestó que si, pero que el lugar sería otro y a las 10pm, que antes tenía que acabar la maleta para Ponferrada.

Era su primera. Era la primera Primera Cita que tenía el Contrafantasma en más de tres años. Las primeras citas tienen un exceso de carga de literatura romántica y películas de Julia Roberts, pero al Contrafantasma siempre le habían entusiasmado. Esta Primera Cita era sin duda especial, porque era con una mujer única, con la que ya había estado dos veces de manera accidental y que además ahora era la pareja de otro.

Le había encantado la inesperada extroversión de irma. Jupiter estaba haciendo de las suyas. Qué maravilla el mundo exterior, pensó mientras se metía en la ducha.

El número de Irma

Al fin había conseguido el teléfono de Irma. Habían pasado semanas desde aquella última vez que se vieron en casa de Petra y aún notaba un cosquilleo cuando pensaba en ella. El mes de agosto estaba acabando y el Contrafantasma se disponía a llamarla. No quería utilizar un mensaje corto, quería llamar y escuchar de nuevo su voz. Buscó el contacto, introduciendo “Irma” en su teléfono, donde la tenía guardada como “Irma novia de Fran”. Ese título lo había escrito un poco por despecho y un poco como barrera de entrada. Estando Fran, un señor con barba mayor, ahí en el contacto, se le hacía más cuesta arriba darle al icono verde de llamar,porque la realidad era que si llamaba, lo iba a hacer para tratar de que ella no cumpliera su compromiso con él. Abrió el contacto y se quedó mirando la pantalla unos instantes. Había colocado en el perfil de Irma la foto de ella y él juntos, captada año y medio antes, en la boda en que se conocieron. Hacía tiempo que esa foto estaba en su móvil y cada tanto había recurrido a ella para revivir aquel encuentro y recuperar las sensaciones.

Abrió un paréntesis el Contrafantasma para alabar las leyes específicas de la conciencia, que entre otras cosas nos permiten viajar en el tiempo y disfrutar de momentos pasados o futuros, que en el mundo exterior son imposibles, ya que solo se puede vivir el presente, pero que en la conciencia son tan reales como los que suceden en él.

Volvió a la foto de su teléfono en la que Irma aparece sonriendo y sacando la lengua y las caras de ambos están muy pegadas. Se notaba en sus sonrisas que ya se habían tomado varias Flensburguer, traídas del norte de Alemania por un invitado amigo de los novios, cuyo regalo había sido un container lleno de cajas de esa marca de cerveza, y recordó que, tras tomar la instantánea, había tenido unas irresistibles ganas de besarla.  Aquello no ocurrió y acto seguido fue cuando se repartieron los artículos de fiesta, se descontroló todo y perdieron su conexión de aquella noche.  Y ahora estaba allí, en su casa, a las ocho y media de la tarde de un jueves de finales de agosto, decidiendo si la llamaba o no.

Al fin tocó el icono verde y el texto “conectando” apareció en la pantalla. En seguida saltó ese mensaje impersonal que dice que el teléfono al que llamas está apagado o fuera de cobertura en este momento y que lo intentes más tarde. Colgó y abrió su whataspp, buscó “irma novia de Fran” y vió que su última conexión era de dos minutos antes. Volvió a apretar el botón verde de llamada y esta vez si estaba disponible. Esperó tres tonos y como no contestaba, colgó. Le dio miedo y dudó sobre qué decir cuando descolgara Irma. Se quedó mirando la pantalla y de nuevo el contacto de Irma con la foto de ambos. Apretó el botón lateral de apagado y fue al frigorífico a coger una cerveza. Ya con ella en la mano se sentó en la mesa de la cocina y abrió su computadora. Al hacerlo comenzó a vibrar su móvil, en la pantalla las caras de Irma y él sonrientes y tibios de Flensburger. El sonido estaba desactivado y su corazón empezó a latir al ritmo del retumbe de la vibración sobre la mesa de madera. Lo dejó vibrar cuatro veces porque seguía con miedo y al fin descolgó. Forzó una sonrisa como si su interlocutora no estuviera el otro lado de la línea, sino frente a él y contestó con un hola a medio camino entre el temor y la excitación. -Si, hola, ¿quién eres?- le dijeron desde el otro lado, -acabas de llamar a este número-. La cara del Contrafantasma se puso del color de su cerveza. Se sacó el móvil de la oreja para mirar la pantalla y comprobar que la foto que había visto al saltar la llamada era la de Irma y él sonriendo. Resonó de nuevo al otro lado de la línea una voz diciendo, -hola, ¿hay alguien ahí?-. Era Fran, novio de Irma. Mierda, dijo para si mismo el Contrafantasma. Pero, qué mierda hace Fran llamando a un número desconocido desde el aparato de su novia. Qué mierda es esa en la que uno agarra el móvil de su pareja y se atreve a marcar una llamada perdida. Qué mierda es esto en general. Eran todos pensamientos pertinentes, que se agolpaban arrebatados, en la parte del cerebro que luego desemboca en el habla. Pero no era ese el momento adecuado para emitirlos, primero tenia que dar respuesta a su interlocutor acerca de quien era. Optó por lo más honesto, decir que no era con él con quien quería hablar, que se había equivocado. Y colgó.

Se quedó sentado en la cocina de casa, cerveza en mano, laptop abierto y con cierta indignación y tristeza por el hecho acontecido. Para qué negarlo, se sentía mal de verdad. Al vibrar al teléfono había visto en la pantalla la foto de Irma y él, sonrientes cabezas pegadas y había sentido que esa era la imagen del mundo que anhelaba al respecto del amor de pareja. Y al escuchar la voz de hombre con barba de Fran, algo le había hecho quebrarse.

Recordó la conversación que cada tanto sale en su terapia y que habla de lo importante que es tener una imagen correcta del mundo, para luego entenderlo y ser capaz de manejarse. Pero que la imagen de uno no siempre coincide con la realidad y que es peligroso asumir la propia imagen del mundo como la realidad misma, porque nos puede conducir a problemas serios. Que uno siempre debe contrastar que su imagen es correcta y luego validarla en su día a día. Y lo que acababa suceder era que su imagen del amor de pareja perfecto, no coincidía en nada con los hechos.

Abrió la segunda cerveza y se dispuso a escribir a Irma. El contacto que le habían pasado incluía una dirección de email. La mejor manera de expresar lo que sentía era por escrito y también de que el mensaje le llegara a la receptora. Solo esperaba que ella y Fran no compartieran también cuentas de correo. Sería too much.

 

Previously on…

Hace 10 días el Contrafantasma fue a casa de Petra y allí estaba Irma. Hablaron durante un rato maravilloso y volvieron a conectar después de 18 meses sin verse. En ese tiempo ella se había echado un novio de barba y aspecto de señor mayor, que lo mas relevante que dijo fue que no era su novio, sino su prometido. A él no le extrañó que Irma encontrara novio, lo que pasa es que le hubiera gustado ser él mismo y por otro lado, el candidato ganador, Fran, le había resultado sumamente aburrido para Irma.

Haciendo la colada el domingo había encontrado un papel en el bolsillo de su camisa, con un numero de teléfono y una leyenda que decía “mantenme informada”. Tras un par de intentos infructuosos de averiguar quién habría deslizado esa nota, desistió y dejó el papel en el frutero de la cocina. Ese día transcurrió plácido entre la lectura, el visionado de series y una carta que le escribió a Irma. No volvió a pensar en la nota hasta el miércoles cuando sonó su teléfono. Ya era agosto y este año ha coincidido la entrada del mes con la llegada del calor de verdad a Madrid. Quien llamaba se presentó como Curra y como la persona que había introducido el papel en su bolsillo. Le dijo que además había conseguido su teléfono a través de Petra. por si sucedía lo que sucedió, que el Contrafantasma no marcara el número de la nota para contactar. Le explicó que la razón por la que quiere que le mantenga informada no se la podía contar por teléfono y que si le parecía bien quedar en algún momento para explicárselo. Todo esto le sonó raro al Contrafantasma, pero al mismo tiempo había algo en la manera de hablar de su interlocutora que le atrapaba. -Sólo dime una cosa-, intervino él, -¿por qué no te presentaste en casa de Petra y me lo dijiste en persona?-. Ella respondió que no estaba allí, que no podía estar y que le encargó a alguien que metiera la nota en su bolsillo y que cuando se vieran y se lo explicara, él lo iba a entender.

Quedaron el jueves a las 9pm en el Harvey´s de la calle Fuencarral, donde en su opinión sirven los mejores Bloody Mary´s de Madrid. El llegó treinta minutos antes de lo previsto y se sentó al final de la barra. La calle está en obras, como pasa en agosto en media capital y los 40º hacían imposible ocupar una de las dos mesitas de fuera. Pidió un primer Bloody Mary y abrió las lecturas que le tenían enganchado estos días. Había acabado con el texto sobre el amor y ahora estaba leyendo acerca del mundo interior, del mundo de los arquetipos, de lo divino en cada uno de nosotros. En definitiva, de lo que somos. Justo al abrir estaba el siguiente pasaje:

“El mundo interior está siempre activo. Actúa en los demás mundos constantemente. El mundo interior es totalmente imprescindible, como lo es el aire para que vivamos, aunque nunca pensemos ni en el aire, ni en el mundo de lo Divino. No siempre necesitamos el agua y la tierra. Tampoco el fuego. Sólo queremos calentarnos cuando tenemos frío. Sin embargo, siempre necesitamos el aire. No podemos parar la respiración ni vivir mucho tiempo sin aire. De igual manera dependemos constantemente del mundo interior“.

Y es que el mundo interior era una cuenta pendiente del Contrafantasma. Pasó muchos años de su vida ignorándolo y moviéndose en una dirección no coincidente con él, hasta el punto que se rompió. Aquella ruptura consigo mismo fue dolorosa y le ha dejado algunas cicatrices. Y cuando leía que el mundo interior es tan invisible y tan necesario para vivir, como lo es el aire con el que respiramos, los ojos se le llenaron de lágrimas.

Se estaba acercando la pajita del Bloody Mary a la boca sujetando a duras penas las lágrimas con sus lentillas, cuando alguien le tocó el hombro y le dijo hola. Levantó la cabeza con esa expresión difícil que ponemos cuando no queremos llorar delante de alguien y frente a él había una mujer joven sonriendo, con unos ojos que le resultaban familiares. La lectura le había transportado tanto a otro lugar, que por un momento no recordaba porqué estaba allí y quién era esa mujer. -Hola-, repitió ella, -soy Curra, hablamos ayer por teléfono, te dejé una nota en casa de Petra la otra noche-. En décimas de segundo reconstruyó toda la historia y el porqué estaba allí. Se sacudió el aturdimiento de su momento introspectivo al mismo tiempo que miraba a la mujer, que le seguía resultado conocida. Por fin se levantó y le dio dos besos, momento en el que se le cayó el libro al suelo. Al agacharse a recogerlo se encontró de frente con los pies de ella metidos en unas sandalias de cuero rojo y las uñas pintadas de coral. Al regresar arriba recorrió las piernas de la mujer, morenas y con buen tono muscular, y de pronto supo de qué la conocía y porqué los ojos le resultaban tan familiares. Esas piernas ya las había visto antes a esa misma altura. Eran las piernas de la mujer atractiva semidesnuda que habita en el primer piso de la calle de cerca de su oficina y con la que se había cruzado aquel día en su portal, sin atreverse a decirle la verdad.

La miró de nuevo con cara de sorpresa y nerviosismo. Ahora si que estaba perdido. Por qué esa mujer le conocía a él, cómo sabia que iba a estar en casa de Petra esa noche, por qué motivo no pudo ella estar allí y sobre todo, de qué tenia que mantenerla informada. Todas esas preguntas se amontonaron en el segundo en el que de nuevo se miraron y antes de que le ofreciera sentarse en el taburete de su derecha. Ella pidió otro Bloody Mary..