¿Josh?

Acabo de colgar una videollamada con mi amigo Josh, biólogo y bioquímico que trabaja en la U.S. Enviromental Protection Agency, un organismo público norteamericano dedicado al cuidado del medioambiente desde hace 50 años.

Josh fué la persona que me convenció para saltar en paracaídas en el verano de 1993. Él era entonces mi suitemate (vecino de habitación contigua con el que compartes baño) en la residencia donde vivíamos en Chapel Hill, Carolina del Norte. Josh era buen jugador de baloncesto, tenía el pelo largo teñido de azul y fue el primer activista de verdad con el que me crucé. A pesar de la cantidad de colegas alternativos con los que había compartido cafetería mis primeros años en la facultad de Políticas y Sociología de la Complutense, nunca había conocido a nadie que estuviera dispuesto a arriesgar su vida por ninguna causa. Y Josh sí. Y su causa era salvar el planeta.

Ese verano Jordan ya bailaba a sus competidores y en la madrugada española 21 de junio, sus Bulls ganaban a los Suns de Barkley el sexto partido de las finales, para proclamarse campeones por tercera vez consecutiva. Minutos más tarde, pasadas las 8 de la mañana en Madrid, ETA asesinaba a 7 personas con dos coches bomba, uno en la Glorieta de López de Hoyos y otro en la calle Serrano. Ambos a escasos 500m de la casa de mis padres y en el camino habitual para ir a entrenar al Ramiro cada tarde.

Pero internet no existía y la única manera de estar al tanto de la actualidad era leer la prensa, ver la tele o a través de alguien que te traía la información de primera mano. Y mis padres me llamaron a la residencia para contarme lo de los atentados, porque obviamente ese tema no iba a salir en los medios de Estados Unidos. Estaban muy impresionados, el estruendo de las explosiones se había sentido en casa y querían comprobar si yo, a 6,400 km, estaba bien. Con el tiempo aprendes que cuando hay hechos tan extraordinarios como aquellos, lo que necesitas es “estar” con tu tribu, aunque sea por teléfono.

Y Josh, que había pasado los dos primeros años de universidad en Californa, era ese tipo de amigo que también te contaba cosas nuevas y diferentes. Cada día durante el mes de junio, después de pasar 5 horas en la cancha, narraba historias asombrosas acerca del grupo de ecologistas radicales al que pertenecía, llamado Earth First!, que desarrollaba cantidad de misiones emocionantes para salvar el medioambiente. Pero yo daba más crédito a sus palabras cuando hablaba de Sarah, la novia que se había echado cuatro años mayor que él y activista full time del grupo ecologista. Aseguraba además que Sarah tenía un montón de amigas guapas y que sería muy divertido que las conociéramos.

Así que unos cuantos nos organizamos para acompañar a Josh a Athens, Georgia, durante el fin de semana del 4 de julio. Allí se iba a reunir la sección southeast de Earth First!, para coordinar las acciones del trimestre y pintaba como un muy buen plan. El dato que me acabó de convencer provino de otro amigo, Carter, que había estudiado en la universidad de Georgia y que tenía el soplo de que REM, originarios de allí, estarían tocando esa semana en garitos pequeños, presentando canciones nuevas para su siguiente disco, tras el éxito del anterior, el incomparable Out of Time.

Y allí que nos fuimos en el coche de Carter, un viejo Jeep que le habían regalado sus padres para la aventura en Carolina del Norte. Como todos éramos menores de 21, pasamos primero por un Kinko´s para hacernos unos ID´s falsos nuevos y así entrar sin problemas a los bares de Athens. Yo aún conservo mi antiguo DNI español, ese que era del tamaño de un Iphone 5 y color azul, con mi fecha de nacimiento burdamente falsificada.

Las reuniones resultaron ser radicales de verdad (hablaban de poner artefactos explosivos en instalaciones contaminantes), clandestinas, con un ambiente oscurito, bastante coñazo y las amigas de Sarah inexistentes. Pero los REM sí que estaban tocando y Carter y yo conseguimos colarnos en He´s Not Here la noche del 4 de julio, tras ver los fuegos artificiales en el estadio de fútbol de la universidad. Y el premio musical fue doble, porque esa noche tocaron con las Indigo Girls, también nativas de Athens y el concierto fue sencillamente memorable. Yo nunca había escuchado a esas mujeres y desde aquella noche, la canción Closer to Fine forma parte de mi más íntima banda sonora.

Años más tarde Josh dejó de ser tan radical, acabó su relación con Sarah y se cortó el pelo. Lo que nunca ha dejado es su pasión por cuidar el planeta y continúa siendo de esos que, aún con la situación de hiper información en la que vivimos, sigue trayendo historias que es mejor escuchar, y con atención. Su compromiso además, le hizo rechazar trabajos muy bien remunerados en la empresa privada, se doctoró Cum Laude en Law por NYU y lleva 14 años trabajando en la EPA, aplicando su autoridad al estudio de la evolución medioambiental del planeta.

Y escribo esto para tratar de asimilar lo que me acaba de contar en la videollamada. Dice que ha firmado un informe el pasado viernes en el que se sostiene que el CO2 soltado a la atmósfera es tres veces superior al que se pensaba y que eso tiene urgentisimas implicaciones para el calentamiento global y para la salud de las personas. Dice que llevan años avisando a los distintos gobiernos de su país, pero que nunca les habían hecho caso, hasta que sus jefes dieron un ultimátum en diciembre pasado. Que lo iban a anunciar en enero de este año, pero que con la crisis del COVID-19 se lo pararon. Y el pasado viernes han cerrado y enviado de nuevo el informe al Secretario de Estado, y éste les ha confirmado que el 1 de julio van a pedir al congreso que tome medidas radicales. El motivo es que el objetivo de Cero Emisiones debe de alcanzarse el 31 de diciembre de 2025, veinticinco años antes de lo que los científicos estimaban. Entre esas medidas están la prohibición de los coches particulares que usen combustibles fósiles, los vuelos comerciales, el carbón, las ganadería a gran escala, la renovación de todo el sistema de distribución mundial de energía eléctrica, etc…. Y claro, también recomiendan decretan el estado de alarma para poder controlar militarmente a la población, temiendo que esta vez, a diferencia de lo que ha pasado en esta crisis, la gente se revele y haya alteraciones graves del orden público. Y se prevé que si lo hace USA, acto seguido lo harán el resto de países, al menos en occidente. Sí señala que China y Rusia están poniendo muchos problemas a las medidas, porque sus científicos sostienen tesis contrarias. O eso les dicen.

Así que, tras el test de control poblacional del que hemos sido todos partícipes por el tema del contagio del coronavirus, se viene una época de control planetario obligado, esta vez por causas medioambientales y absolutamente justificadas. Y claro, siempre por nuestro bien.

Desasosegante ¿no?. A mí me lo parece.

Pues mi amigo Josh no existe y yo nunca me he tirado en paracaídas. Lo que escribo arriba es una mezcla de hechos históricos, experiencias propias y datos random que hacen la historia verosímil y quizá entretenida. Si en lugar de en este blog, estuviera en un periódico importante, nadie dudaría de su veracidad.

Y me suena más verosímil que si alguien nos hubiera contado en enero pasado que, como consecuencia de un virus que saldrá de China, con origen en un murciélago que se lo pasó a un pangolín, se iba a contagiar en semanas algo infeccioso que no se sabe bien si es un virus o qué, que iba a atacar los pulmones de millones de personas en cientos de países, donde Italia y España ocuparían la pole position y que se tendría que encerrar a la población mundial en sus casas durante 70 días y 70 noches. Y que oficinas, colegios y universidades continuarían todas sus actividades online hasta nuevo aviso y quién sabe si para siempre. Que no habría reuniones familiares, ni citas con amantes, ni visitas al médico, ni conciertos, ni teatros y que hasta el dichoso fútbol se suspendería, al igual que los centros comerciales, las pequeñas tiendas y los bares, que permanecerían cerrados sine die. Y que pasado esto, los ciudadanos deberíamos llevar mascarillas y salir a la calle por turnos. Y lo más increíble, que el Estudiantes masculino no descendería y que el femenino ascendería sin jugar más. Yo me habría descojonado a dos carrillos, la verdad. Salvo por lo del Estudiantes de chicas, que estaba cantado…

Pues todo esto ha pasado y todos hemos vivido algo que resultaba imposible de creer haces tres meses. Y no hemos cuestionado casi nada, porque era obvio que la gente llegaba en manada a los hospitales, con graves infecciones respiratorias y lo importante era salvar vidas.

Pero yo a partir de ahora dejaré de creer en todo, aunque los hechos parezcan obvios y trataré de pararme y comprobar qué está pasando, qué me está pasando. A muchos les sonará poco científico (hablo de la misma ciencia que está anunciando una cosa y la contraria durante esta pandemia), pero lo que soñamos cada día es una una magnífica guía para saber si estamos bien orientados. Los animales aprenden eso que llamamos instintos a través de los sueños y es por eso que reaccionan antes que cualquier humano, cuando hay un tsunami o un terremoto. No es por su PHD en sismología, y unido al hecho de que están mucho más conectados con la naturaleza, son capaces de interpretar sus señales sin dudar.

Y las señales de la tierra son notables, con el problema del CO2 liberado en la atmósfera y con algunos otros. Y las medidas a tomar, dado lo que hemos vivido en estos últimos meses, no sería sorprendente que fueran como las descritas arriba. Y es que ese daño al planeta también es un hecho, pero parece que aún no interesa activarlo socialmente, sino sólo dejarlo a un ladito para entretener a las audiencias a cada tanto. Como el fútbol.

Así que nosotros, humanos, que además de instintos poseemos inteligencia. hagamos uso de ambos potenciales y primero, no nos creamos todo tal cual nos lo cuentan y hagamos más caso a ese Josh que llevamos todos dentro y que está conectado, que siente, que reconoce y que aspira a dejar el mundo mejor de lo que lo encontró. Y más importante, empecemos a tomar medidas en primera persona, sin que nadie nos obligue, para poder seguir disfrutando de este planeta tan maravillosos que habitamos y de nuestras respectivas tribus.

Qué hartura de fases, de medios, de políticos.

Feliz miércoles.

P. S. Josh es el más alto de la foto.

Carretera y mantra

Educar no es llevar a sus hijos al colegio, repetir que estudien cuando tienen exámenes, hacerse el loco cuando han superado el tiempo de uso de dispositivos conectados, o decirles que ordenen sus cosas en casa. El Contrafantasma lo sabe y el lunes por la mañana, tras dejar a los suyos en la escuela, se paró a tomar un café y tratar de reconocer sus hábitos de comportamiento al respecto de la educación. Y no de la Educación en mayúsculas, esa de la que hablan y escriben los gurúes, sino de la educación en pequeño, de la de todos los días, de la que queda en el niño, en el adolescente, esa que él y todos los padres deberían ofrecer a los suyos, a los más cercanos.

Y bueno, el resultado no era demasiado optimista. Le hubiera gustado culpar al sistema escolar, como hace Sir Ken Robinson en su archi visitada charla TED, o al gobierno en funciones de Pedro Sánchez, muy responsable de casi todo por su incomparecencia. O a su ex, un blanco fácil cuando se trata de los hijos en común. O a los propios niños, que son ya personas con cierta autonomía. Pero no, en lugar de eso, miró hacia adentro, tratando de encontrar cómo se sentía con su actuación como padre. Y más allá de los argumentos clásicos de que la vida es muy complicada, que la tecnología e internet lo han cambiado todo y que estamos muy estresados, la realidad es que se sentía mal por su propia actuación. Que no era, digamos, del todo correcta.

No ayudaba el hecho de que su hija mayor le haya sugerido, en este inicio del nuevo curso, que por favor se abstenga de acompañarles hasta la puerta del colegio y se despida de ellos en el coche, porque “papá, tengo doce años y estoy en la ESO”. Hace dos años ya le había obligado a que no le diera la mano en el camino hasta la puerta de entrada, con lo cual esta evolución no debería haber sido una sorpresa.

El hecho es que su hija está en el comienzo de la segunda fase, esa en la que los adolescentes y jóvenes forman su espíritu. Y el espíritu no es más (ni menos) que el juicio, la capacidad de distinguir entre el bien del mal, entre lo correcto y lo incorrecto. Palabras mayores… Y también en esa etapa construyen sus propias opiniones, diferentes a las de los adultos que les han rodeado hasta la fecha. Y no solo eso, también descubren sus potenciales, esa dotación con la que han venido al mundo y que les ayudará a orientarse hacia su futura profesión cuando sean adultos (si les dejamos que sean). Y last but not least, conforman su concepción del mundo y descubren el amor, el Amor. Por tanto, cuando su hija de doce años le sugiera que haga algo, no dude en hacerle caso. Ella es, en ese momento, mucha más esencia que usted, mucho más humana, mucho más divina.

Y mientras apuraba el café, se acordaba de la frase que todo padre repite cuando se ve en apuros educando, esa que dice que los niños vienen sin manual de instrucciones. Después salió sin prisa de la cafetería y subió al coche, que estaba aparcado en doble fila. En lugar de ir hacia su oficina agarró la M-40 hacia el oeste, con ganas de disfrutar de un rato a solas y del silencio de la carretera después de la hora punta. Apretó el botón de play del CD y comenzó a escuchar un audiolibro de sus clases de filosofía, en el que se habla de la forma en la que aprenden las cuatro capas del hombre.

Esas cuatro capas son el cuerpo, el organismo, el alma y el espíritu. El cuerpo es lo que le viene a la mente cuando alguien lo nombra, no es un concepto abstracto. Y tiene que ver con lo mineral, con la tierra, la materia, con lo firme, con lo que da forma, formato, estructura. Por tanto con los complejos, los hábitos. Y es precisamente a través de esos hábitos como aprende la capa del cuerpo, con la repetición. Hay que repetir y repetir aquellos hábitos correctos para que sellen en la estructura de los niños. si se consigue se tendrá mucho ganado. Y pueden ser cosas muy prosaicas, como lavarse las manos antes de comer, o los dientes después.

Luego está el organismo, que tiene que ver con la vida, con lo orgánico, con lo vegetal en los seres humanos, con esos órganos vegetativos que viven en nuestro ser, sin que tengamos que hacer nada voluntariamente para que así sea. Respirar, digerir, bombear sangre, filtrar líquidos… Todo eso es la capa del organismo y este aprende sobre todo a través de la disciplina. Si, la disciplina, padres y madres hipsters, ácratas, modernos, hippies y progres. El organismo necesita de la disciplina, del orden, de la armonía para funcionar bien, porque es un sistema muy complejo e interconectado. Dormir ocho horas, beber mucha agua, hacer ejercicio, comer sano. De nuevo, cosas muy sencillas para enseñar a un niño.

Y llegamos al alma, tercera capa del hombre, que por resumir tiene que ver con el movimiento, con lo que nos mueve como seres humanos hacia un objetivo. Y el alma, sobre todo, aprende con el ejemplo. Predicar con el ejemplo, que nos decían de pequeños. Así que, por favor, no digan a sus hijos que dejen la tablet o el móvil, háganlo. Hablen bien a sus parejas, no crucen en rojo, no se cuelen en el supermercado, no maltraten al camarero. Y seguro que sus hijos aprenden del ejemplo.

En ese momento el coche estaba saliendo ya por el desvío de la A6, disfrutando una magnífica vista de la sierra de Madrid. El sol resaltaba la forma de las montañas, siete picos se distinguía con nitidez y a la izquierda la cruz del Valle de los Caídos, lucía imponente su dudosa energía. El audiolibro comenzaba a hablar del espíritu y de la manera en la que éste aprende, que es a través de la instrucción. El espíritu es una maravillosa herramienta de procesamiento de lo interno y lo externo, de lo concreto y lo abstracto, de lo visible y lo invisible. Y si lo instruimos bien, provocará que el mundo evolucione, mejore, sea cada vez más humano.

En ese momento sonó el teléfono, el número reflejado en el salpicadero era el de su oficina. Un compañero le preguntó que dónde estaba, que llevaban un cuarto de hora esperándole para la reunión con el departamento financiero. Contestó que no iba a ir, que le disculparan, pero que estaba con un tema mucho más importante, crítico para el futuro de la humanidad, concluyó. El colega no preguntó más y colgó, algo desconcertado con la respuesta del Contrafantasma.

Apagó el CD y continúo la carretera, repitiendo un mismo mantra: “hábitos para educar al cuerpo. disciplina para educar al organismo, ejemplo para educar al alma, instrucción para educar al espíritu“.