Deja de ser tú, Pedro

Querido Pedro,

Le he tomado prestado el título a Joe Dispenza, cuyo Deja de ser es uno de los libros que he leído durante el confinamiento y que contra todo pronóstico, me ha gustado mucho. Te lo recomiendo.

El caso es que llevo meses resistiendo la tentación de escribirte y ya no puedo más, o no quiero más, o esto del confinamiento me ha cambiado y soy otra persona, con otro enfoque, o sin enfoque, o sin filtros, o todo a la vez. Así que espero que no me lo tomes en cuenta y este post no cambie nuestra relación.

Tú no lo sabes, pero en este blog hablo de lo invisible y una vez escribí sobre tu calzado y las pocas piedras que se te cuelan en él. Es una metáfora lo de las piedras, resulta que etimológicamente la palabra escrúpulo viene de la palabra piedra (pequeña). Si quieres te lo lees y ya me dices tu opinión cuando puedas, que ahora estarás muy ocupado. Ese post es de cuando escribía utilizando al Contrafantasma como personaje y la verdad, no me sentía bien escribiéndote en tercera persona. Como esconderse detrás de una esas cuentas falsas de Twitter, que creáis los partidos políticos para atizar al de enfrente. Tú y yo, que nos conocemos hace tantos años, mejor de frente.

Pedro, seguro que ser tú es muy difícil, lo ha sido desde que te presentaste a secretario general. La de movidas que has tenido, primero con tu partido, luego con Pablo Iglesias en aquellas primeras elecciones, después con tu partido de nuevo y ahora con todos menos con tu partido, que no existe, salvo para decir gilipolleces en redes sociales (ay, las redes sociales…). Un lío la verdad, no te envidio. Gobernar en esta situación de pandemia no estaba en los planes de nadie y hasta los que mejor situación tenían, lo están pasando muy mal. Pero conociéndote, te imagino convencido y convenciendo al resto de que tú esto lo sacas. Porque tú eres muy así, muy de vamos a por ello, que lo ganamos. Tú eres un ejemplo de cómo llegar a pesar de todo, de como ganar un partido, una carrera, eres el campeón del resistiré.

Pero gobernar un país no es ganar las elecciones y una pandemia como ésta y lo que ha cambiado el mundo con ella, requiere de un nuevo modo (de ser) de todos nosotros y también un nuevo Tú.

Y me consta que tú piensas que ganar es lo más importante, porque crees que después, con todo el poder en tus manos, podrás hacer el bien. Todo ese bien que sin duda conoces, porque lo que está bien y lo que está mal es una diferenciación que casi todos tenemos clara, viene de serie con el ser humano. Mentir está mal, yo se lo digo a mis hijas todo el tiempo y seguro que tú también a las tuyas. Pero yo, en ocasiones, miento, lo reconozco. Y es que el bien no es fácil de ejecutar. Siempre hay una fuerza mayor, una contingencia, una emergencia, un peso en la balanza que hace que el bien pueda esperar hasta mañana, hasta el próximo sábado en tu nuevo sermón en círculos, hasta al siguiente consejo de ministros, o hasta los próximos presupuestos. A mi me pasa también, es humano. Pero también te digo, que no es correcto.

Y se que también sabes que la manera de ganar importa igual. Que en tu casa tuviste una buena educación, que en el Santa Cristina también y que ya en el Ramiro todos nos “doctoramos” en ética jugando en el patio del colegio. Porque, ¿cómo somos los del Ramiro, eh?. Y bueno, para acabar de entender que no se gana de cualquier manera, jugaste hasta Junior (en nuestra época se llamaba Juvenil) en el Estudiantes y allí nos enseñaron que ganar no lo es todo (salvo si juegas contra el Madrid), que la manera de hacerlo era muy importante. Aunque te digo una cosa, mis compañeros y yo hacíamos todo tipo de perrerías para defender a José Lasa cuando jugábamos contra ellos. Pero el cabrón era tan bueno, que siempre nos metían 30n(salvo una vez, que resultó ser la final de un campeonato de España). Pero vaya, que te digo que en esos partidos, la ética nos la pasábamos por el arco del triunfo sin culpa alguna. Porque contra el Madrid, contra el “mal” en esencia, todo estaba justificado. El Madrid era nuestra némesis, como tu VOX, tu PP, tu Podemos de antes de esta legislatura, tu independentismo catalán, tu Susana Díaz, tu Eduardo Madina…

Tú sabes que en política tampoco vale todo, pero me vas a decir que todos los hacéis, que los demás lo hacen igual y que además los otros son o populistas, o de derechas. Se que además me vas a decir que los que no estamos en política, no sabemos de qué va y que por tanto no podemos opinar (como los vascos con el problema vasco, los catalanes con el procés, los programadores con el desarrollo de software). Que si supiéramos la de mierda que hay, cambiaríamos de opinión y actuaríamos como vosotros. Y quizá tienes razón, o quizá no. Yo hay días que paso por alto el hecho de actuar mal, me meto en la cama y dejo que pase la noche. Pero la diferencia es que la mayoría de mis acciones sólo me perjudican a mi. Bueno, a mi y al cosmos, porque acuérdate de que todos estamos conectados. Lo dice Joe Dispenza en su libro, donde también enseña a cómo meditar. Y dice que la meditación puede generar cambios, por atraer una vibración diferente del campo electromagnético, y que esa nueva vibración tiene efectos en ti y en el todo.

Y sí, sé que parecerá esotérico, pero por las dudas tenlo en cuenta. Si todos hacemos como yo hago a veces y pasamos por alto nuestras acciones incorrectas, esto tiene una influencia sobre el resto, sobre el colectivo, sobre el cosmos.

Dispenza dice que ya no está vigente el esquema de la física newtoniana, el de causa-efecto. sino el de la física cuántica, algo más parecido a causar efecto, de una manera no lineal. Así que en cada decisión que tomes, en cada verdad a medias (o mentira) que cuentes, recuerda que tú, nosotros (España) y el cosmos en general, estamos bajo tu influencia y mucho más en este momento del estado de alarma. Y eso incluye las conversaciones que dices que tienes con Melinda Gates, que lo vi el otro día en Twitter. No te fíes de ese matrimonio que son muy raros, madridistas seguro.

Pedro, deja de ser el tú presidente. Se puede cambiar de opinión, reconocer errores y hablar desde la verdad, desde tu verdad. No trates de contentar a todos, ni hagas tanto caso a Iván Redondo. Yo te doy mi opinión poco válida sobre él, ya que no le conozco de nada. Seguro que es una persona preparada, pero sólo está haciendo su legítima carrera, como hacemos todos. Y que de aquí se irá a LATAM, con su CV a tope de power (perdón que hable como mis hijas), por haber colocado a un presi en una democracia europea. Y yo se que tienes confianza en él y que eso es fundamental en un entorno como el vuestro, donde vuelan los puñales. Que tú de eso sabes, acuérdate de cuando le dijiste a Susana Díaz que te apoyara como secretario general, que luego tú no te presentarías a candidato a la presidencia del gobierno.

En fin Pedro, trata de quitar la mugre y purifica el ambiente. No me digas que no puedes hacerlo porque estás a mil y que lo dejas para más adelante, para cuando tengas tranquilidad y puedas dedicarte sólo a hacer el bien. Porque tranquilidad no va a haber. Si ya te parecía complicado el escenario político antes del virus, lo que se nos viene después es de no creer. Y no es solamente un escenario nuevo en la política, me temo que es un mundo nuevo. Yo llamaría a Casado y a Arrimadas y obligaría a Iglesias a sentarse a la mesa. Llama también a Abascal, pero creo que no va a ir, porque ese sí que está haciendo sólo su guerra.

Desde que dejamos el instituto nos hemos visto poco. Tampoco es que antes fuéramos muy amigos, pero compartimos una historia afín, tardes y tardes en la Nevera y sobre todo la amistad con un íntimo común que tenemos. Recuerdo cuando me contaste hace años, en la fiesta de despedida de este amigo, que estabas cansado de tu curro en política y que lo ibas a dejar No lo hiciste y mira dónde has llegado, a lo más alto. Felicidades.

Ahora tienes la oportunidad de cambiar de nuevo el rumbo y hacer algo mucho más relevante, con capacidad de causar efectos beneficiosos para millones de personas, pero para eso tienes que dejar de ser tú. Y se puede hacer, todos podemos.

Feliz domingo.

No hacer nada

Es normal encontrar al Contrafantasma mirando a la nada, que en ocasiones coincide con estar delante de su teléfono sin ejercer acción alguna. El teléfono está denostado porque dicen que nos desconecta del resto de humanos, pero él encuentra el aparato especialmente útil para salir de la rueda del hámster en la que corremos cada día. Esa tarde además, el teléfono le propuso escuchar “Distant Sky” de Nick Cave y leer un artículo de Valdano sobre Dembelé. Las dos actividades le produjeron una sensación placentera, como también lo hacen un viaje en metro, una siesta corta antes de comer, un paseo por el campo o el sexo oral después del desayuno. Cualquier cosa que nos haga parar y mirar adentro es una victoria individual y una aportación valiosa para el colectivo. En ese momento de pausa hay que cuestionar todo lo que hacemos y enfocar todo lo que somos, que normalmente es mucho.

El Contrafantasma es de los que se preguntan cosas que no tienen demasiada relevancia para la opinión pública, y no lo hace de forma consciente y por tanto voluntaria, sino que simplemente sucede. Hay días que indaga sobre por qué Juanes tiene la camisa negra, o quién elige los fondos de pantalla del MacOs. En otros se abstrae con temas más complejos, como tratar de hacer presente y continuo lo que emerge de sus sesiones de análisis, o como trasformar complejos negativos en positivos. Analizadas de manera independiente, estas cuitas parecen no llevar a ningún lado, pero si unes los puntos de esos momentos de introspección, puedes sacar conclusiones muy notables acerca de quien eres, cuál es tu arquetipo y cual tu misión en esta vida. Y lo que cada uno es y la misión que tiene, son algo normalmente profundo, único, divino y trascendente.

Y vida solo hay una, así que vayamos parando, no haciendo nada y uniendo luego los puntos, a ver qué sale. Igual sale un arco iris.

Quién es el Contrafantasma

El Contrafantasma ha enviado esto porque está escribiendo una especie de autobiografía de andar por casa y como quiere dirigirse a Irma, se preguntaba si algo de lo que tiene escrito le podría valer a ella para entender de verdad quien es y el momento en el que se encuentra. Yo lo publico tal cual, sin editar ni una palabra, con el ánimo de que ustedes se hagan una mejor idea de quien es la persona detrás del seudónimo. Aún no sabe si mandarle algo de esto a Irma.

“Hola, soy el Contrafantasma y voy a celebrar mi cuarenta y cinco cumpleaños. Esta decisión la tomé cuando no celebré mis cuarenta por dos motivos: me acababa de separar y estaba en la crisis que correspondía a mi momento biográfico.

Muchos dirán que ambos conceptos están relacionados y que las crisis de los cuarenta coinciden con un buen número de separaciones de pareja. En mi caso la crisis había comenzado cuando aún no había cumplido los veinte, pero siempre he tenido mucho respeto por el deber ser y aunque me sentía raro desde hacía más de dos décadas, no había dejado que fuera público (o eso pensaba yo), hasta el momento en el que fue inevitable, y compatible con algo que todo el mundo pudiera entender como normal. Y la crisis de los cuarenta era perfecta para encajar ese malestar. Mi terapeuta le puso nombre a este patrón de comportamiento de ser una cosa y hacer otra, sin ser capaz de evitarlo. Lo llamó esquizofrenia (que nombre feo, ¿no?). Lo que sucede es que eso otro que yo hacía, encajaba con lo que debía ser según mi incorrecto entendimiento de la tradición y la opinión pública que me rodeaba, motivo por el que nadie, ni yo mismo, se ocupó de ello. Y es que siempre he tenido una gran capacidad de impostura y altos niveles de auto convencimiento acerca de que aquel era el camino correcto. Bueno, o de que si no lo era, tendría tiempo en el futuro para rectificar, para manejarlo, como siempre me decía a mi mismo.

Casualmente, aquel día que cumplí cuarenta, se había decidido convocar una reunión de antiguos alumnos del colegio y durante la discusión previa por WhatsApp, acerca de la fecha de la convocatoria, fui yo quien propuso ese día y quien provocó el consenso, ya que si yo estaba dispuesto a sacrificar el día de mi cuarenta cumpleaños para estar con ellos, el listón de excusas se elevaba muy mucho para el resto a la hora de pelear otra fecha alternativa. Si le preguntaran por mi a los colegas de clase que asistieron a aquella reunión, apuesto a que dirían que yo ejercía cierto liderazgo en el grupo y que era razonable que, en términos históricos, la fecha resultante fuera la que yo había propuesto.

Y fue en ese momento cuando pensé que ojalá en la siguiente fecha redonda de mi calendario, pudiera estar en condiciones de celebrar de verdad que estoy vivo y de una pieza, a pesar de todo. Y esa fecha es el mes de noviembre próximo, cundo cumplo cuarenta y cinco años.

En el tiempo transcurrido entre ambos momentos, más de 1.800 días, he experimentado cosas y he accedido a enseñanzas que, de una manera que yo calificaría como mágica, han ido colocando en su lugar las distintas partes de mi ser, dando por fin un sentido a mi vida. No tomo esto como el fin de un camino, sino como el regreso a la casilla de salida, a una esencia de la que nunca debí alejarme. No es un canto de victoria, ni de prueba superada, sino un reconocimiento de que mi vida, al igual que de de todos nosotros y del resto de seres vivos, tiene un sentido y que el tesoro más increíble de la existencia es encontrarlo. Que como todo tesoro es difícil de conseguir, porque el más fiero de los dragones está al acecho para que no accedamos a él, pero que se puede si uno es integro y posee la información correcta.

Así que voy a contarles lo que sucedió entre aquel mes de septiembre de 2013, cuando en mitad de mi crisis de la mediana edad, me separé de mi ex mujer y de mis dos hijas, y el día de hoy, un martes de principios de septiembre de 2018. Y si, es la historia autobiográfica de un hombre cualquiera. Soy de esos que tenemos una vida normal, en un entorno normal, de una ciudad normal y en un país normal. Yo soy muy parecido a ustedes, y ustedes son muy parecidos a mi. Un chico de barrio.

Lo extraordinario es que las enseñanzas adquiridas y las experiencias vividas que les voy a contar, aplican igual a un chico de barrio, que al hijo del sultán de Brunei, lo mismo al batería de U2, que a Maripiedi la portera de mi casa, de igual manera al presidente del gobierno, que a mi padre viudo y jubilado. Todos somos seres humanos y eso quiere decir que compartimos lo esencial.

Y además voy a ordenar todo esto de forma numérica, que en un momento histórico dominado por los algoritmos y los datos, creo que va a potenciar la aceptación por cierta parte de la audiencia. Estos son los números relevantes de mi historia personal:

El 6 por las seis fases de la vida. Estoy en la cuarta.

El 5 por los años que han pasado desde mi crisis de la mediana edad.

El 4 por los niveles del cosmos y las capas del hombre. Y bueno, por los 44 años que tengo.

El 3 por las funciones del hombre, reconocimiento, aspiración y actuación.

El 2 por la pareja, por la mujer y el hombre y su necesaria compenetración.

El 1 por lo divino en nosotros y porque eso no es más (ni menos), que lo esencial de cada uno de nosotros, nuestro arquetipo. Y la certeza de que si somos capaces de reconocerlo y desarrollarlo, seremos felices.

Y ese número 1 es también por una muerte que sucedió en este tiempo, la de mi madre, que me ayudó conectar con las realidades invisibles.

Este es el sentido de mi vida. Espero que les entretenga y saquen algo aprovechable”.

Reconozco que al leerlo me han entrado ganas de seguir sabiendo acerca de su historia, porque se parece mucho a la mía y a otras que me rodean.

La fiesta de la prima Vera

El Contrafantasma se había despertado empapado en sudor, la temperatura nocturna no había bajado de los 26º durante toda la semana y los sueños tampoco habían ayudado en la última noche. En su másallá estaba sentado en un aeropuerto con dos mujeres, una de ellas conocida en el mundo exterior. De pronto la que no era conocida se transformaba en la que si lo era y era como si estuviera sentado con dos gemelas, o con la misma persona por duplicado. Una mujer en el sueño de un hombre representa opiniones de ese hombre. Si la mujer es conocida, uno tiene que pensar en las asociaciones que tiene con ella, para saber sobre qué opiniones le está hablando su sueño. No tenía ganas de analizarlo en profundidad, así que lo escribió en su cuaderno mientras tomaba café y se metió en la ducha. Había vuelto a quedar con Curra, esta vez a desayunar. La conversación con los Bloody Mary´s de la noche del jueves había sido tremendamente reveladora, pero aún había cosas que necesitaba asentar, tanto en los hechos que le contó Curra, como en su repercusión interna.

Curra le contó que desde el día que se cruzaron en el portal de su casa algo pasó, algo que no era capaz de explicar y que a la vez no podía evitar. Así que ese día dio media vuelta al doblar la esquina y le siguió hasta su oficina, sintiendo mucho alivio cuando comprobó que trabajaba muy cerca de su casa. Que al día siguiente se presentó allí preguntando por él y que la persona que estaba en la recepción le entregó una tarjeta de visita suya. Que al llegar a casa googleo su nombre y encontró tres conexiones comunes y que una de ellas era Vera, amiga suya y prima de Petra. Vera y Curra estudiaron juntas en la universidad y muchas veces, durante aquella época de veinteañeras, habían ido a casa de Petra a las fiestas de los primos mayores. A Petra le encantaba presentar a su prima pequeña como la prima Vera y esto les concedía cierto protagonismo en aquella veladas, ya que todos los tíos acababan haciéndole el chistecito a Vera. De hecho, durante años, por hacer la gracia  y añorando aquellas famosas fiestas de la Autónoma de Madrid de fines de los 80, a las fiestas en casa de Petra se las llamó las “Fiestas de la prima Vera”.

Curra siguió con su relato de los hechos. Le dijo que había llamado a Vera y preguntado de qué conocía al Contrafantasma, que lo tenia en su LinkedIn. Vera había dudado, pero en seguida caído en de quien se trataba. Es amigo de mi prima y alguna vez nos hemos visto en su casa. Y también le dijo que creía que ellos se seguían viendo. Además le dio el dato de que Petra iba a celebrar su cumple y que tras años sin ir, se iba a pasar por allí a saludar y tomar un vino. Le dijo a Curra que fuera con ella y llamó a su prima para asegurarse de que ésta invitaba al Contrafantasma. Y todo aquello sucedió según el plan, salvo por el hecho de que Curra dijo en el último momento que no podía ir, pero que por favor le consiguiera el teléfono de ese hombre.

A partir de ahí los datos ya conocidos. La noche de jueves de agosto, la casa de Petra, la presencia de Irma, la conversación con ella, la aparición de Fran el prometido, su pinta de señor mayor aburrido, la decepción del Contrafantasma, la prima Vera consiguiendo introducir la nota en el bolsillo del Contrafantasma, la colada del domingo, la nota, el frutero, la llamada de Curra y la cita en Harvey´s. Y lo más importante, Curra le confesó después del segundo Bloody Mary, que al verle en el portal de su casa había sentido como si inclinaran la acera 45º grados en dirección a él y que aquello era la primera vez que le pasaba en sus 36 años de vida. Que sintió una ganas terribles de que él hubiera contestado que la estaba buscando a ella, porque la había visto desde la calle caminar semidesnuda por el salón y que acto seguido hubieran cogido juntos el primer avión posible a NYC.

Todo eso había sido la noche del jueves, regada por un necesario alcohol para desinhibirse. Ahora ya era domingo, era por la mañana y las cosas se habían reposado un tanto. El desayuno empezó raro porque el Contrafantasma lo primero que hizo fue preguntar por el novio de Curra. -¿qué hay de tu novio, ese que te tiró las llaves cuando nos cruzamos en tu portal?-. Sonó inoportuna y masculino corporativa la pregunta, pero era lo que de verdad le salía. Ella cambió el gesto, se puso pálida y como que de pronto regresó a su realidad. Le contó que fue por eso por lo que no acudió a casa de Petra, que no quería ir con su novio y que tampoco quería verle a él con nadie, que le dio miedo. -¿Miedo de qué?- insistió él. Miedo de comprobar en tiempo real que siente algo de baja intensidad por la persona con la que comparte su vida y de la que una vez estuvo enamorada. Evidenciar que son más compañeros de piso, que de vida. Chequear que ella no es ella cuando están juntos y que eso hace que él tampoco sea él, y viceversa. Que la cosa se va complicando con el tiempo y que cada uno hace la guerra cada vez más por su cuenta y con su smartphone. Que el amor inicial y la asociación fue simpática hace dos años y que ella pensó que la cosa solo mejoraría con la convivencia. Y todo esto a los 36 años, con la tradición y la opinión pública presionando con la maternidad.

El Contrafantasma recogió la declaración, le parecía honesta y sin adornos. Estaba siendo ella en un momento bajito y eso demostraba valentía y capacidad de reconocimiento. Además le contó que a él también le dio miedo decirle que era a ella a quien buscaba en su portal aquel día, que pensó que se le había ido la olla y que le hubiera llamado loco o tomado por uno de haberlo hecho así. Que ahora se daba cuenta de que tenía que habérselo dicho y quizá haber tomado este café con ella hace unas semanas. Le agradeció que hubiera hecho el esfuerzo por quedar con él y contarle esto y también le dijo que ahora se daba cuenta de que a él le había pasado lo mismo con Irma y que aun no se había atrevido a intervenir. Le dijo que hablara con su novio, que le expusiera todo lo que le pasa y que si eso desembocaba en ruptura, pues que sería lo mejor para los dos. Pero que no cerrara esa relación en falso, sin haber agotado hasta la última gota de saliva preguntando las dudas que tuvieran por parte de ambos. Y que igual sucedía que haciendo eso volvían a una senda de ilusión. Le dijo que el amor es cíclico, como lo es la naturaleza y que hay momentos valle, pero que luego vuelve a florecer, siempre que por el camino se haya cuidado el jardín.

Y el Contrafantasma seguía sin tener el teléfono de Irma.

Sólo, ni al baño

“¿Qué es el miedo?”, “¿es legítimo vivir la vida sin aparente esfuerzo?”, “¿nos han enseñado a ser felices?”. El Contrafantasma estaba sentado en el wáter de un restaurante mientras leía esas frases escritas en la puerta y paredes del habitáculo. Desde los años de facultad no había estado en un cuarto de baño con tanta literatura, y es que el móvil ha hecho mucho mal a estos momentos de soledad donde uno declaraba su amor por alguien, dejaba un chiste para la posteridad o reflexionaba sobre la vida con un altamente introspectivo pensamiento escrito. Los baños de las facultades son, o eran, lugares con mucha historia, literatura y sobre todo filosofía.

Salió de allí pensando en dos cosas; la felicidad de la que hablaba una de las frases del baño y la nula capacidad de estar con uno mismo que tenemos en el momento histórico actual, donde ni siquiera nos permitimos desconectar del exterior cuando hacemos de vientre. Siempre hay un tuit que leer, un meme que recibir, o un post que rankear, mientras uno está sentado en el trono. Y por algún motivo sentía que ambas ideas estaban conectadas.

De camino al coche recordó unos textos del matemático y físico Blaise Pascal, que había estado leyendo días atrás. Pascal fue un polímata, un erudito, un hombre del renacimiento, de los que le daban a todo lo que tenía que ver con ciencia, arte y humanidades. Habitó Francia en el SXVII y murió con tan sólo 39 años, pero dejó trabajos en numerosas disciplinas científicas vinculadas a sus áreas de conocimiento. Participó de la creación de objetos tales como las primeras calculadoras mecánicas, avanzó notablemente la ciencia relacionada con los fluidos, definiendo los conceptos de presión y de vacío, aportó a la teoría de la probabilidad y se introdujo también de forma profunda en el arte y  la filosofía. Y dentro de su inacabada obra Pensees, dejó escrito que la mayor incapacidad de los seres humanos es la de estar solos y que esta carencia se debe a que no soportamos el aburrimiento.

Existen estudiosos de la Personalidad que defienden que hay individuos más tendentes que otros a la soledad, debido a un alto nivel de activación de su sistema nervioso central, el cuál solo son capaces de relajar a través de la ausencia de estímulos externos. Es por eso que hay seres que disfrutan mucho de un paseo por el campo, a diferencia de otros que prefieren un paseo por la Gran Vía. Pero más allá del nivel de introversión de cada uno, es un hecho que no hay tradición de estar solo en nuestra cultura occidental. Y sea porque no soportamos el aburrimiento o porque estamos condicionados biológicamente, lo que es seguro es que esa carencia genera una notable falta de autoconocimiento y una excesiva dependencia del exterior. Y la falta de conocimiento de uno mismo está muy vinculada con la felicidad.

Si ubicamos esa realidad en la era del internet móvil, es una tarea heroica y casi revolucionaria ser capaz de estar un ratito solo, sin conectar con nada ni con nadie, salvo cuando dormimos.  Mientras conducía camino de Madrid con la función de velocidad constante en el auto, el Contrafantasma realizó una imaginación activa con Pascal, viajó al 1660 y se imagino sentado con él en el campo, comentando estás inquietudes que habían surgido en su visita al baño filosofal del restaurante. La conversación fue muy agradable y sorprendente, y el alivio muy notable, producto de las respuestas que el erudito francés le proporcionó. Le dio incluso una herramienta que hoy esta muy de tendencia, un ejercicio concreto a realizar en el mundo exterior de cara a mejorar el autoconocimiento y poder hacer tangibles algunos resultados en el corto plazo.

Esto es lo que le dijo Pascal al Contrafantasma. Haz la prueba de ir al baño y sustituye el móvil por un cuaderno y un bolígrafo. Escribe lo que te venga a la cabeza. no lo pienses, no lo cuestiones, solo escribe lo que llegue, lo que sientas. Haz este ejercicio durante una semana primero y trata de hacer conexiones entre lo que has escrito. En un periodo de un mes empezarás a notar que necesitas de ese momento para ti, sin conectar con nada, aunque aún no haya resultados concretos. En tres meses identificarás donde te gustaría ir en las próximas vacaciones y habrás tomado la decisión de no acudir cada fin de semana a casa de los suegros a comer. En un año puede que tengas completo un primer tratamiento de guión para realizar un largo o que hayas decidido cambiar de profesión. Y lo que es seguro es que, por el camino y a través de este ejercicio, vas a ser capaz de reconocer como están tus anhelos vitales, qué le da sentido a tu vida, y cuál es el camino para encontrar tu integridad.

Al llegar a Madrid a la hora de comer compró un cuaderno azul de tapa dura, que ahora descansa en el cuarto de baño de su casa.

Por convicción o desesperación, cambia

Si entiendes el mundo como eso donde todo lo que existe se puede medir o pesar con instrumentos, o experimentar con los sentidos, es probable que una buena porción de tu día estés peleando contigo mismo o con los demás. Si eso es así, es posible que la acumulación de pequeñas peleas, la mayor parte de ellas internas, se vayan conectado unas a otras hasta proveerte una sensación de molestia crónica, como si tuvieras un zumbido interno que no para. Lo juntarás con lo que se conoce como estrés, porque al tener al sistema inmunológico siempre alerta, hay numerosos procesos que no completarán bien sus ciclos  y es muy probable que esto acabe generando dolor en tu cuerpo o en tu organismo. Del dolor vas a ir al analgésico, que aliviara el síntoma pero no el origen. Al aliviar el síntoma de manera repetida cada vez que te duela, dejarás de reconocer lo que te duele y como consecuencia “olvidarás” la causa, la desalojarás sin haberla resuelto. Pero desalojar no significa resolver y sacar de la conciencia no significa eliminar. Además, como la opinión pública tiene mucho empuje, te obligarás a gastar energía haciendo deporte con los del trabajo y yoga con tu pareja. Luego a ratos, de manera muy irregular y sin estar seguro de si sirve para algo, meditarás con esas sesiones que están en Youtube. El ejercicio va a acabar de agotarte y si bien el yoga y la meditación pueden ser momentos socorridos donde encontrarte, la acumulación de mugre es tan grande, que apenas van a tener un efecto positivo en tu salud. Conclusión, es normal que te encuentres cansado, que te duelan cosas, que te frustre tener que tomar medicinas y que además no veas retorno en todo ese esfuerzo físico y cognitivo que desarrollas. En el extremo esto acabará en enfermedad.

El Contrafantasma escuchaba hablar por teléfono a Macario, el que había sido su médico de cabecera de la Seguridad Social desde que con 22 años le diagnosticaron su enfermedad. Macario tiene 64 años, se licenció en medicina mientras estaba en el seminario y después fue cura durante 16. Ha viajado mucho y está muy bien formado por las mejores instituciones, pero como bien dice él, eso son sólo datos biográficos sin importancia. Macario es especial por lo que conoce de las realidades invisibles, esas que no mucha gente sabe captar y que no se pueden medir, ni pesar. Ahora es más filósofo que médico, pero sabe que su título le allana barreras en esta época cultural. El lugar de la reunión era su despacho, en la trastienda de un herbolario de Carabanchel, donde pasa consulta cada tarde.

Mira esto, Macario mostró una caja que podía contener unas 500 fichas de pacientes. La gran mayoría no pasa los 45 años, dijo, y salvo excepciones, son hombres y mujeres cuyas necesidades están razonablemente cubiertas y no tienen enfermedades catalogadas como graves. Tienen formación, trabajo, familia, amigos, se van de vacaciones y poseen vidas normales y satisfactorias. Pero a todos les duele algo. Hay migrañas crónicas, desarreglos hormonales, dolores musculares, articulares, contracturas de espalda, trastornos del sueño, problemas en la piel, alergias, intolerancias, problemas de estómago… Y también hay cuadros que tiene que ver con la ansiedad, la apatía, la depresión y con la culpa que se genera por encontrarse así, con las vidas supuestamente plácidas que manejan.

En todos estos años de tratar con personas, he identificado que sólo hay dos motivos que hagan posible un cambio radical en un individuo, la absoluta convicción de que es necesario, o la desesperación, y el 100% de estos viene por desesperación, porque no pueden más con su dolor o con ellos mismos, porque no aguantan a su pareja, a sus hijos o a sus padres, porque hay un doctor que les quiere operar y ellos no acaban de verlo, porque los medicamentos que toman ya no hacen efecto, porque aunque hacen deporte, comen sin gluten, sin lácteos, beben mucha agua y duermen 8 horas, siguen con su malestar.

Este modelo está por agotarse. La época de la ciencia de los remedios exteriores no tiene mucho más recorrido. Bueno rectifico, si lo tiene porque se va a seguir avanzando en ese camino, y está bien que así sea. Pero no es en la dirección correcta, es un abordaje incompleto, al menos si lo que buscamos es la felicidad. Hemos alcanzado una gran capacidad de generar investigación que produce medicamentos para terapias paliativas de forma muy notable, igual que hemos generado recursos para que subsista una población mucho más grande que la que tenía el planeta hace no muchos años, cuando éramos 2.600 millones en 1950. Pero esto no genera felicidad en hombres y mujeres.

Y esto sucede porque la imagen del mundo que tenemos es incorrecta. La mayor parte de nuestros males no se originan sólo en el mundo exterior. El malestar sucede cuando la realidad no encaja con nuestra imagen del mundo. Si esta imagen del mundo es exclusivamente materialista, hay muchas cosas que no van a encajar. Al no encajar, las desalojamos y olvidamos, como le decía antes a la persona del teléfono, pero esto no significa que no estén, que no vuelvan a aparecer.

¿Y cuál es la imagen del mundo correcta?, preguntó el Contrafantasma. Macario se tomó unos segundos para contestar. Yo siempre les cuento lo mismo a mis pacientes y hace años, casi todos pensaban que este discurso venía de mi época de cura y que me había quedado enganchado en algún mecanismo de pensamiento meapilas, por tantos años de pensar en Dios. Pero lo divertido es que eso ya no sucede, hoy todos se alivian de que les hable de lo invisible, de cosas que ellos experimentan, pero que no se atreven ni a nombrar en sus espacios más íntimos  Les digo que la imagen correcta del mundo y por tanto del hombre, incluye los cuatro mundos; el Exterior, ese que conocemos todos y en el que fundamentamos toda nuestra actividad. Y los otros tres, los de las realidades invisibles, que son la Conciencia, el mundo de las informaciones que percibimos y conectamos. El del Más Allá, que se experimenta cuando nuestra conciencia se relaja, ya sea en el sueño o en la vigilia, y el mundo Interior, ese que tiene que ver con lo esencial en nosotros, con lo divino en nosotros, con lo que somos y con  nuestra misión en la vida. Es asombroso ver como todos conocemos y experimentamos estos mundos, pero al no ser mundos materiales, la mayoría decidimos tratarlos con condescendencia y en ocasiones, hasta obviándolos.

¿Y funciona?, preguntó el Contrafantasma. Vaya que si funciona, contestó Macario. Funciona porque igual que la población humana se ha multiplicado por tres en setenta años, la población de mi consulta se ha multiplicado por treinta en los últimos siete.

 

Desde dentro, femenino, humano y radical

El Contrafantasma recibió una carta de Ava, a quien había conocido dos semanas antes en una conferencia titulada “La persona en el centro”, donde habían participado mujeres y hombres en diferentes fases de la vida y donde se habían compartido reflexiones sobre el desarrollo de lo femenino en nuestras sociedades. Ava es mujer menuda con el pelo largo y gris, anudado con una gruesa trenza y de piel morena bien surcada por el paso del tiempo. Tiene 67 años, está casada desde hace 38, es madre y abuela, norteamericana de nacimiento y una “trayectoria vital guiada por el amor”, o al menos así lo decía el programa de las charlas, donde no daba ningún dato más sobre su currículum profesional. Ava eligió hablar fuera del escenario preparado para ello, pidió a todos los asistentes que salieran al jardín del palacete, apagaran los teléfonos, se descalzaran y se pusieran cómodos sobre el césped. Sugirió que cerraran los ojos, relajaran el cuerpo y lo recorrieran de la cabeza a los pies tratando de identificar partes del mismo que aún estuvieran en tensión. Luego pidió al colectivo que se permitieran estar así durante 10 minutos y trataran de relajar también la conciencia, Eran las 15,30 y acababan de comer, así que el ejercicio no fue difícil de aplicar. El Contrafantasma se quedó dormido tres o cuatro minutos, justo lo necesario para desconectar del mundo exterior y entrar, con todos los sentidos activados, en la conversación con la vieja sabia que guiaba el proceso.

Los siguientes 40 minutos fueron una experiencia y por definición una experiencia es algo sobre lo que no se había pensado antes, que no se prevé, que no se puede percibir en la vida cotidiana. Una experiencia cambia nuestras vivencias y nuestros pensamientos. El contenido de la experiencia es un misterio y experimentar misterios es la esencia de la experiencia. Esto separa a la experiencia del conocimiento, que es lo que normalmente valoramos en nosotros y en el prójimo. Ava propuso una conversación sobre la experiencia del amor y consiguió que más de 50 hombres y mujeres brillaran durante casi una hora. No usó tecnología, no citó a ningún gurú conocido, no se apoyó en imágenes, no mostró estadísticas. Posibilitó que los presentes se recogieran y encontraran allí la experiencia del amor. Consiguió que esa experiencia calara hasta dentro y que al terminar se miraran todos con sorpresa, como si acabaran de compartir un secreto íntimo con un grupo de desconocidos, que por ese mismo motivo ya no lo eran.

El Contrafantasma leía la carta de Ava en su casa, era de noche y ya por fin verano. En ella Ava se expresaba con diferente tono y energía de lo que lo había hecho en la sesión. Urgía a moverse, a no perder un día más, decía que hay multitud de señales de que lo anterior ya no sirve, que el modelo materialista está acabando y que el cambio va a suceder mucho más rápido de lo que pensamos. Insistía en que el movimiento para ese cambio viene de dentro y que es necesario parar cada día para identificarlo. Que hay tres ámbitos sobre los que actuar, la política, la economía y la ciencia, y que los tres están demasiado contaminados por esta era del rendimiento, en la que eres lo que tienes o lo que vales. Defendía a los que están en su misma fase de la vida, más allá de los sesenta, a los que se arrincona por no ser productivos y no generar rendimientos materiales, cuando es el momento de la vida en el que más pueden aportar a la sociedad. Defendía el resurgir de lo femenino en mujeres y en hombres, y la compenetración entre ambos en cada uno de nosotros. Y que ese alzamiento de lo femenino nos va a hacer más humanos, más pegados a la vida, más íntegros como sociedad. Y que sólo desde la humanización radical lo vamos a lograr.

Terminó de leer y anotó una frase en su cuaderno nuevo. Desde dentro, femenino, humano y radical.

 

 

 

 

 

 

Lo masculino

La semana empezó en la radio escuchando una entrevista de Pepa Bueno con Ana Patricia Botín, en la que ésta última decía que hace diez años no se habría declarado feminista, pero que ahora si. Esas palabras en boca de esa mujer se habían quedado botando en el interior de la conciencia del Contrafantasma.

Como todo pasa por algo, el martes por la noche recibió otra pieza de información ajena, que en este caso no venía de la radio sino dirigida a él mismo. “Cuestión de bajarse del pedestal y hacer un quiebro al ser el centro del mundo”. Esta frase iba dentro de una carta que el Contrafantasma recibió por mail y se refería al pedestal al que él y el resto de los hombres, supuestamente nos subimos para mirar el mundo, a la posición central en la que ubicamos ese altillo y al necesario quiebro que, según la mujer que la escribió, deberían de hacer él y el resto de hombres para conseguir ser buenos, o verdaderos, o libres, o todo… En resumen, para no ser machistas y no reproducir consciente o inconscientemente el paradigma incorrecto reinante en nuestra sociedad.

Al tiempo la semana transcurría como tantas otras en primavera. Esta estación tiene la capacidad de contener a las otras tres dentro de si y en un mismo día puede hacer frío invernal, viento otoñal y calor estival. La primavera es cambiante, imprevisible y complica la primera decisión del día sobre cómo vestirse. Otro día, pensó el Contrafantasma, entraré a investigar porqué esta estación del año es semánticamente la única femenina -la primavera-, a ver si hay analogías relevantes: florecimiento, belleza, inestabilidad, temperatura agradable, acogimiento, vida en su apogeo…. otro día, si. Hoy era lo masculino como concepto, lo que se le había quedado flotando al Contrafantasma desde la entrevista de la radio y la lectura de la carta, y que coincidía en el tiempo con un aluvión de informaciones en la opinión publica reivindicando lo femenino y la necesidad de ponerlo en el lugar que le corresponde.

Soy hombre, si, se dijo. Mi arquetipo, mi sello de origen, el ideal que guía mi proceso de desarrollo, de individuación, es masculino. Lo masculino en esencia tiene que ver con lo extrovertido, con la obra exterior, con la previsibilidad, con la comunicación directa, con los ciclos continuos y largos, con la estabilidad. Y si, estoy precisamente en una fase de la vida -la cuarta-, donde de manera especial los hombres tenemos que desarrollar las características de lo femenino, que tienen que ver con lo introvertido, la sensibilidad, la subjetividad, el acogimiento, todas ellas relacionadas con la obra más elevada de nuestra especie, la capacidad de generar vida. Y un tercer si, continuó, esto solo va a funcionar si existe un correcto desarrollo de  lo masculino y lo femenino en mi y si lo llevo a la práctica ahí fuera, desde aquí dentro.

Pero ahí fuera la situación se está poniendo difícil para lo masculino, pensaba el Contrafantasma -y recalcó en su pensamiento que se refería a lo masculino, no al colectivo de los hombres-. No hay espacio en lo público para apelar a la necesaria compenetración de lo masculino con lo femenino, porque todo lo ocupa ahora un necesario brote de reivindicación de las mujeres. El problema es que la situación de muchas mujeres a nivel individual, de las mujeres como colectivo y de mujeres y hombres como especie, tiene que ver con ese incorrecto desarrollo de lo femenino y lo masculino en todos nosotros y no simplemente con la acción “opresora” del colectivo de los hombres hacia el de las mujeres a lo largo de la historia. Y el problema se agudiza y perpetúa porque no hay aún un “manual” para orientar ese correcto desarrollo y sin él no vamos a ser capaces de integrar ambas realidades.

La solución, pensaba el Contrafantasma, es tratar de escribir ese manual accediendo a las informaciones que vienen de dentro de cada uno de nosotros, porque están ahí en origen. Y una vez encontradas, integrarlo y aprender a leerlo para llevarlo a la práctica. Hay que aprender a leer lo que viene de dentro como aprendimos a leer lo que viene de fuera, porque la naturaleza no se equivoca y mujeres y hombres somos dos mitades de la misma realidad.

El cambio está sucediendo, si bien parece aún desordenado lo que genera desasosiego. Pero solo va a consumarse si reconocemos lo masculino y lo femininity en nosotros, lo respetamos como tal y lo desarrollamos correctamente. Las cuotas y la discriminación positiva no sirven de mucho si no integramos esta necesidad de desarrollo correcto de cada una de las dos realidades. Las grandes declaraciones animan y movilizan, pero son las pequeñas actuaciones individuales, las de casa, las de la pareja, las familiares, las que consolidan el cambio, las que lo integran y las que forman e informan a mujeres y hombres en base a lo verdadero, lo ideal y lo arquetípico.

Así que desde aquí, desde lo masculino, pido ayuda, comprensión y confianza a mujeres y a hombres. Entre todos vamos a conseguirlo.

Ayer

Ayer el Contrafantasma desayunó con su madre. Se levantaron pronto, ella con su bata azul celeste de manga corta, portando de un lado a otro el paquete de Ducados, el mechero y el cenicero. El primer cigarro lo enciende siempre en la cocina mientras hierve el café y aprovecha para sentarse a examinar su conciencia, ordenar algunas opiniones y organizar el día que empieza en el mundo exterior. El segundo ya se lo encendió mientras ambos tomaban el café en la terraza, donde el único sonido era el de los pájaros de una soleada mañana de mayo. Tras disfrutar del silencio inicial, el Contrafantasma le contó lo que le estaba pasando. Ella escuchaba agradecida haciendo crecer el cilindro de ceniza de su cigarrillo erguido, sin que ésta cayera. El le contaba el detalle de cuando había surgido, como había evolucionado en su interior y lo que estaba provocando. Y mientras lo hacía comenzaron a asomar una lágrimas a ambos lados de su rostro, que no interrumpieron su narración y que parecían una descarga necesaria de emoción, más que un llanto desconsolado. Éstas le acompañaron ya hasta el final de la conversación.

A los dos les gustaba sentarse en esa terraza porque crecía mucho la probabilidad de que asomara la verdad, que tan escondida está entre el día a día y la tradición. Y esta fue una de esas ocasiones. Al acabar con la narración, él se quedó callado esperado la respuesta. Ella no podía dejar de sonreír y le cogió de su mano como lo hacia cuando era pequeño y se sentaba sobre su cama antes de apagar las luces para dormir. Haz tu esto mismo, le dijo. Agarra tu su mano y no la sueltes. Y cuéntale todo, cuéntale todo…

En ese momento sonó el despertador, como cada mañana a las 7.