Cultiva, vota, sueña

La palabra cultura viene del latín, de la unión de cultus, cultivo, con el sufijo -ura, que denota acción. Por tanto cultura es la acción de cultivar, la capacidad exclusivamente humana de ennoblecer la naturaleza. Y el viernes el Contrafantasma pasó el día en una magnífica muestra de esa cultura en la Vera (Cáceres), en casa de una pareja amiga que, tras veinte años trabajando una finca, la han convertido en un paraíso.  Un paraíso que ellos disfrutan siempre que pueden y donde han comenzado a organizar lo que llaman “Cultiver“, jornadas festivas dedicados a cultivar el interior del ser humano, con el ambicioso objetivo de resolver problemas “imposibles”. Se trata de reunir a gente amiga, afín e inquieta, invitar a un experto en el tema propuesto y dejar que fluya la conversaciòn.

El Contrafantasma contempló el fabuloso jardín nada más entrar. allí estaban los anfitriones dando la bienvenida y charlando animadamente con los invitados. Ninguno de ellos le resultó conocido, así que comenzó a presentarse, diciendo simplemente su nombre y repartiendo besos y apretones de manos con ellas y ellos. Inmediatamente se sintió bien en aquel lugar. Además de los invitados y los anfitriones, había una joven con una guitarra, tres o cuatro niños, un par de camareros, dos burros (madre e hija) y tres perros. El tema propuesta era “Votar”, algo muy simple, pero que la calidad de los políticos han convertido en misión casi imposible. Y el invitado, un ex asesor que trabajó para los dos presidentes españoles de los 90, siendo él aún muy joven y que en 2001 se exilió a USA, para trabajar como profesor universitario e investigador, “harto de aguantar gilipolleces”, según decía el flyer de la jornada.

A las 13 horas comenzó a sonar “Hymm to her“, de los Pretenders, interpretada por la joven de la guitarra, y poco a poco los participantes se sentaron. Sólo había cuatro sillas, de estas de director de cine, que habían llegado allí desde Kenia hacía 20 años. La idea era estar lo más en contacto posible con la naturaleza, para lo que se habían dispuesto mantas coloridas y almohadas gigantes sobre el pasto, además de sombreros de paja de todos los tamaños para evitar el sol. El Contrafantasma eligió uno de ala ancha, el único que le servía y en cuya etiqueta se podía leer “Mod – Indiana Jones“. Todo el mundo se descalzó y en el momento en que la música acabó, la dueña de la casa tomó la palabra para dar las gracias a los invitados por asistir y a su marido por continuar su aventura juntos veinticinco años después de haberse encontrado, por haber construido ese lugar y por sentirse tan bien de compartirlo con otros seres humanos. Mientras ella hablaba, otra mujer entornaba la puerta de entrada para cerrarla, tratando de pasar desapercibida. Su andar era delicado, llevaba las sandalias ya en la mano y traía su propia pamela, que ocultaba el rostro casi por completo. El pelo castaño caía por los hombros y en conjunto era una representación muy atractiva de lo femenino, pensó el Contrafantasma.

El invitado ex asesor de presidentes tomó la palabra  y comenzó a disertar sobre lo lejos de la verdad que están los actuales líderes políticos, sobre lo difícil que es gestionar un mundo con tantísimo estímulo exterior, basado exclusivamente en lo material, y sobre la escasa honestidad de los seres humanos a la hora de comunicarse con las nuevas maneras no presenciales. Abogó por hacer una elección de representantes al estilo Tinder, este si, este no, basado solamente en las fotos y la descripción que cada uno quisiera poner en su perfil, – nos ahorraríamos mucho tiempo y dinero -, concluyó.

Mientras, el Contrafantasma seguía de cerca los movimientos de la mujer que había llegado tarde y se había sentado cerca del gurú, dándole la espalda. Había algo en ella que le resultaba muy familiar. La conversación seguía fluyendo, ya con muchos de los invitados participando, pero él no podía desviar su atención de aquella mujer, sentada con las piernas cruzadas y la espalda bien recta. Habría jurado que era Irma… Estaba deseando que acabara la charla para descubrir si estaba en lo cierto, lo que sucedió a las 14,30. Un gran aplauso sonó en el jardín, todo el mundo se levantó y comenzó a tocar de nuevo la mujer con la guitarra, esta vez cantando “Sweet child of mine .

Se organizaron corrillos de invitados hablando animadamente sobre el tema del día. El Contrafantasma se encontró de frente con el ponente invitado y no pudo sino darle la enhorabuena por lo expuesto y disimular que había estado muy atento a sus palabras. En seguida se pudo zafar de él y dirigirse hacia la zona donde estaba la mujer. Le costó llegar, se habían formado cuatro o cinco corrillos y quedaba feo salir disparado sin compartir algún comentario con ellos. A medida que se dirigía hacia allí, hablaba y oteaba, sin resultado. Empezó a sentirse angustiado y ridículo. Lo primero por no verla y lo segundo, por tener tantas ganas de ver a una completa desconocida y no poder controlarlo. Recordó en ese momento la última vez que había estado con Irma, hacía ya más de seis meses. Aquel día caminaron por Madrid hasta la madrugada, durmieron juntos y se despertaron cerca de las tres de la tarde en el apartamento de ella.

Llegó hasta la entrada de la finca y abrió la puerta por si se había marchado y aún la podía encontrar camino del coche, pero tampoco. Regresó hacía el tumulto de invitados sin entender porqué ella no estaba y sobre todo, porqué le importaba tanto. Se preguntó si no sería una aparición, si aquella figura de mujer estaría solo en su mente.

De pronto sonó un fuerte aplauso, – ¿otro fuerte aplauso? -, pensó él, al tiempo que abría  los ojos y veía como señora de unos setenta años le sonreía como diciendo, menuda siestita te has echado. El Contrafantasma se avergonzó y los colores le subieron a las mejillas. Se puso a aplaudir como el resto y miró hacia el lugar donde se había sentado la mujer de pelo castaño. No había nadie.

 

 

 

 

Felicidad con mapa y brújula

La vida tiene seis fases que duran aproximadamente 12 años cada una. Durante estos periodos se desarrolla el proceso de individuación. Este proceso es sencillo de definir y se resume en encontrar la felicidad, que es equivalente a encontrar el lugar de cada uno en el mundo.

Sencillo de definir pero difícil de transitar. Así que primero mejor consensuar el concepto de felicidad y una vez hecho esto, confiar en él. O sería más correcto decir confiar en ella, porque lleva el artículo “la” delante y esto no es casual. Mujeres y hombres deberíamos prestar atención a que la felicidad es femenina y pensar porqué, más en este momento histórico de la vuelta de lo femenino al lugar que le corresponde. Ese regreso de lo femenino es la vuelta de la felicidad para todos, hombres y mujeres.

La felicidad la conoce mucha gente, quizá toda la gente. La felicidad no se define, se experimenta. Experiencia es distinto a conocimiento, es algo que te cala en todas las capas. La experiencia de la felicidad sucede cuando recibes lo inesperado. Lo demás es simplemente satisfacción. Estar satisfecho está fenomenal, no me malinterpreten. Pero estar feliz es otra cosa.

Hoy en nuestras sociedades experimentamos muy pocas cosas que no esperamos y por eso casi nada nos hace felices (aunque seguro que hay mucha gente satisfecha). Y casi todo lo que nos hace felices, además, no tiene que ver con lo material.

Por el mismo motivo los niños experimentan más felicidad que los adultos. Todo es nuevo y como no poseen expectativas sobre ello, muchas cosas les sorprenden y les proporcionan experiencias felices. También los adolescentes las experimentan cuando descubren cosas como el amor (que por cierto no se puede medir, ni pesar).

Esto sucede en las dos primeras fases de la vida (de esas seis de las que hablaba al principio), y coincide con el final de la formación de cada individuo en sus capas exteriores (otro día explico esto). A partir de la tercera fase (24 -36) y en adelante, es el hombre interior el que toma el mando del desarrollo. Pero a medida que crecemos, conocemos (y tenemos) más cosas materiales, se complican estas experiencias de felicidad y se entorpece el proceso de individuación y el encuentro del lugar de cada uno en este mundo. A no ser que cultivemos lo interior, lo invisible, lo no material.

Y es que encontrar ese lugar de cada uno no es sencillo. Nos enseñan más a encajar en el lugar que “el mundo” nos propone, que a explorar en pos del nuestro propio. A los cinco meses de nacer nos dicen que nos adaptemos a que tu madre se largue a trabajar, con lo que eso supone para el bebé, para la madre y para el cosmos en general. Luego te dejan en una escuela donde la estandarización es la clave para el funcionamiento. Y esa estandarización de lo humano es el principio del fin del correcto proceso de individuación. Porque el circo se ha construido, en gran parte, sin las dos herramientas necesarias para ser felices y para encontrar nuestro lugar en el mundo: 1) el mapa completo donde nos movemos y 2) una brújula para guiarnos.

El mapa es poseer una imagen del mundo correcta. La imagen del mundo correcta es la imagen antropocéntrica, la que sitúa al ser humano en el centro.

Colocar al ser humano en el centro significa reconocer que somos lo más elevado del cosmos, más que los animales, que las plantas y que los minerales. Y también quiere decir situarlo entre la realidad que experimentamos con los sentidos y la realidad de nuestro mundo interior. Siendo ambas realidades fundamentales.

Vayamos por partes. Ser lo más elevado del cosmos nos otorga una responsabilidad enorme con el resto de niveles y con el planeta en su conjunto. No quiere esto decir que seamos más importantes que los demás animales, ni que las plantas y los minerales. Cada uno tiene sus funciones en la naturaleza y no podríamos existir los unos sin los otros. Pero sí significa que somos más responsables de cuidar todo, al haber sido dotados de una capacidad de hacer conexiones (inteligencia) complejas muy superior a la del resto de niveles y una conciencia del bien y del mal única. Es ahí donde cobran sentido las palabras de la Biblia donde se dice estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y precisamente por ser nosotros divinos, tenemos mayor responsabilidad.

Y poner al humano en el centro de las realidades visibles y las invisibles, es el otro componente de esta visión antropocéntrica. La realidad que experimentamos con los sentidos es la que conocemos mejor y la que nos enseñan desde pequeños. Es la que viene con el programa por defecto, la dominante, la del paradigma de las ciencias naturales, la que considera que lo que Es, es aquello que podemos medir y pesar. Eso que la mayoría llama “La Realidad” a secas, y que otros llamamos “Mundo Exterior”. En esa realidad domina la materia, el materialismo. Por eso comunismo y capitalismo no solucionan ninguno el orden mundial, ya que los dos parten del mismo paradigma incompleto, en el que sólo se contempla lo material. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

El mapa correcto y completo incluye el territorio interior. Lo interior también es muy conocido, tratamos con ello todo el tiempo. Hablamos de lo que pensamos (Conciencia), de lo que soñamos (Más Allá) y de Dios (Mundo Interior). Pero al tratar de encajarlo en el paradigma dominante materialista, o bien lo negamos (Dios no existe), o bien lo traducimos al lenguaje y los conceptos de “la ciencia” (los sueños no son más que actividad cerebral necesaria, pero sin un significado). Esa negación y esa traducción generan la mayoría de los conflictos personales (y enfermedades como consecuencia última), sociales  (desigualdad), científicos (crisis del método), políticos (democracia en sus estertores) y económicos (incapacidad para abastecer al planeta y destrucción del mismo).

No poseer este mapa completo es el primer obstáculo para alcanzar la felicidad, tanto individual como colectiva.

Y la otra herramienta es la brújula que tenemos todos, pero que a fuerza de no usarla, se atrofia y deja de orientarnos. La brújula es nuestro mundo interior, nuestro arquetipo, lo que de divino hay en cada uno y que tenemos la obligación de desarrollar. Debemos comprometernos a reconocer ese arquetipo, aspirar en función de él y actuar en beneficio nuestro y del colectivo. El arquetipo es el que nos inclina hacia unas cosas más que hacia otras, el que nos provee de dones, de talentos a desarrollar y de inteligencia para hacer las conexiones correctas. Esta brújula está siempre presente y se manifiesta en nuestras vidas de forma insistente, pero muchas veces no somos capaces de seguir sus indicaciones, en parte por la ausencia de una parte del mapa (como veíamos antes), en parte por el mal aprendizaje y la programación incorrecta que arrastramos de siempre.

Pero nuestra brújula es agradecida, en cuanto la usamos un poco se calibra sola y nos empuja a usarla más. Y nos coloca a nosotros en el lugar correcto, lo que provoca que lo que nos rodea también lo haga. Es mágico.

El mundo interior es  también fácil de reconocer, sólo hay que pararse un momento y comprobar. Y esto pasa tanto en lo grande como en lo pequeño, tanto dentro como fuera, tanto arriba como abajo. No necesita de estadísticas que nos lo confirmen, ni que coincida con las tendencias dominantes, ni que esté de moda, ni que tenga likes. Uno lo puede comprobar solito si tiene el mapa completo.

Así que completemos el mapa, activemos la brújula y ordenemos el mundo como Dios (que eres tu, y ella, y yo, y todos) manda. Y como consecuencia, experimentemos felicidad y encontremos nuestro lugar en el mundo.

El Contrafantasma.

Conectar con las manos, no con el móvil

El presidente de Telefónica hablaba en el “South Summit” de Madrid, inaugurando un side event acerca de innovación en la educación, y decía que hacen falta filósofos digitales para gestionar lo que se nos viene. La filosofía es el estudio de la sabiduría y contiene dentro de si a todas las disciplinas de la realidad. Así que ser filósofo y digital parece muy oportuno, en un mundo donde las cosas que suceden a través de interfaces virtuales, ocupan cada día más en nuestras vidas.

Ser presidente de Telefónica tiene que ser muy difícil, pensaba el Contrafantasma mientras le escuchaba, requiere inteligencia y equilibrismo, porque cada vez que hablas estás defraudando a alguien. Y pensaba que, sobre todo, se debe de defraudar a si mismo y a su conciencia, porque quien ocupa ese puesto debe de parecer muy sanguíneo y creativo, para “vender” su discurso a los de la Generación Z y al tiempo muy flemático y sólido, para que los grandes accionistas no se asusten, sin dejar de ofrecer buenos resultados cada trimestre. Y todo no se puede en la vida. A medio plazo ese funcionamiento acaba en enfermedad, a fuerza de ir en contra de lo que uno es en esencia. Ese “si quieres, puedes” que nos llevan contando toda la vida, está muy bien como actitud, pero es muy falso. Mucho.

Casualmente Irma había acudido a ese mismo evento y compartía la conferencia que escuchaba el Contrafantasma. Además de ellos, había otras 9.000 personas en el recinto, de las que la mitad aún estaban en la cola de la acreditación, que daba la vuelta a la manzana por dos lados diferentes. Se ve que la innovación no ha llegado a la gestión de la entrada a los eventos y las colas solo dependen de que haya mucha o poca gente queriendo hacer una misma cosa al tiempo.

Un poco más tarde en el mismo foro, un tipo que había trabajado en Disney toda su vida, empezando desde muy abajo y llegando muy arriba (el sueño americano se basa en subir, no en profundizar), dijo que para innovar y ser creativo hay que tener tiempo y ser capaz de relajar la conciencia. Lo primero es el bien más escaso en nuestras sociedades y a lo segundo solo llegamos por agotamiento, como consecuencia de lo primero. Este hombre aseguraba que el 13% de nuestra actividad cerebral sucede mientras estamos conscientes, y que el restante 87% es subconsciente o inconsciente. Y que en esos momentos de no pensar es cuando llegan las grandes ideas, la creatividad. Y los grandes malos rollos, pensó el Contrafantasma. El más allá aprovecha esa relajación también para invadirnos, sobre todo cuando actuamos en contra de nuestro arquetipo, de lo que somos. Por eso las noches son tan horribles si uno tiene insomnio. La conciencia relajada y la noche, la mezcla mágica para el éxito del negocio de la química psiquiátrica a lo largo de la historia.

Irma se estaba quedando dormida mientras escuchaba la conferencia. Llevaba diez días con insomnio, Ponferrada había sido el disparador de una situación que le generaba malestar. Fran estuvo muy incómodo debido al mensaje que Irma le había enviado por error y aunque los dos habían tratado de que la situación se disolviera, la tensión había crecido y ninguno se atrevía a iniciar una charla sincera. Había estado trabajando muchas horas la semana posterior al viaje y llegaba a casa agotada, tanto que se dormía en el sofá sin articular muchas palabras. Luego de madrugada se desvelaba y se levantaba para no pensar y para no recurrir al Orfidal, como le recomendaba Fran, hijo y nieto de prestigiosos psiquiatras. En lugar de a las pastillas, se había enganchado a “The Handmaid´s Tail“, la magnifica serie de la HBO y con esa distracción las noches se le hacían menos duras. Suerte que aún le quedaba la segunda temporada entera, y suerte que Fran conservaba su apartamento y estos días había preferido utilizarlo una de cada dos noches.

El aplauso final al ex directivo de Disney sobresaltó a Irma, que había relajado tanto su conciencia que casi roncaba, apoyando la cabeza en la columna de su izquierda. Al despertar se dio cuenta de que estaba soñando, y de que en ese sueño le decía a Fran que no quería casarse con él. Ya con los ojos abiertos, se quedó unos instantes sentada en su silla, rememorando como había sido su charla con Fran en el sueño. Su sensación era de alivio y sobre todo de orgullo, por haber ejecutado una tarea que coincidía con la verdad, con lo que sentía. Lástima que eso haya sucedido en el más allá y que fuera solo un sueño, pensó. Con una reconfortante sensación de calma y sin atreverse a parpadear para que no se le fuera, observaba a la gente salir de la sala por el estrecho pasillo lateral de auditorio. De pronto alguien se paró delante de ella sonriendo y con un brillo muy especial en los ojos. Irma dudó un instante de si era la continuación del sueño, o era ya la realidad exterior. Era verosímil pensar que si en el sueño le acababa de decir a Fran que no le quería, la siguiente escena fuera que apareciera el Contrafantasma para decirle que a él si estaba dispuesta a quererle, se abrazaran y fueran a tomar esa copa que tenían pendiente. Sin tiempo para llegar a una conclusión optima, la figura de hombre parada frente a ella emitió un sonido,  – ¡hola Irma, que alegría encontrarte aquí! -, dijo el Contrafantasma, que había aguardado unos segundos sin hablar delante de ella, al ver a Irma tan ensimismada. Y bueno, porque a él también le parecía un sueño encontrarla allí.

Irma se levantó medio aturdida y abrazó tan fuerte al Contrafantasma, que a este le entró el pudor. – ¡Sácame de aquí! -, dijo ella, – tenemos una copa pendiente -. Enfilaron la puerta agarrados de la cintura, como esos viejos amigos que se encuentran después de años sin verse. Justo al cruzar el umbral del recinto, los brazos de ambos resbalaron para dejar de rodearse y acabar encontrándose al final de los mismos, en las manos, que agarraron ambos con fuerza por primera vez. Agarrar la mano de la persona amada es el contacto más importante que existe. Una mano es una frontera mayúscula entre dos personas. Puedes besar, abrazar, incluso dar la mano como los caballeros, de forma cruzada, y ninguno de esos gestos comprometen. Pero dar la mano y entrelazar los dedos con los del otro, suponen un punto de inflexión a partir del cual el tránsito es mucho más fluido entre dos que se aman. Si ya tienes la mano de tu amor junto a la tuya, el resto llega solo.

Agarrados como estaban de la mano pararon la marcha, se pusieron el uno frente al otro y se miraron. Sentían una mezcla de emoción y frío que se traducía en temblor de piernas y rechinar de dientes. Las cuatro manos comenzaron a hacer un baile amoroso por los antebrazos y ya los cuerpos se dejaban llevar por la fuerza de la atracción, que llevaba meses contenida. El evento había acabado y la gente salía en masa del lugar, aunque como era habitual en ellos, cuando su conexión se activaba, el resto del mundo desaparecía. Pero vivir en un mundo digitallizado e hiperconectado tiene sus consecuencias, el móvil de Irma comenzó a sonar dentro de su bolso, lo que cortó en seco la emoción de ambos que, molestos, esbozaron una falsa sonrisa. Era el jefe de Irma que le preguntaba si aún estaba en el evento, porque quería verla y presentarle al presidente de Telefónica.

Contestó que si, que aún estaba y volvió a entrar. El Contrafantasma le dijo que la esperaba, que no se preocupara. A los cinco minutos recibió un mensaje de ella diciendo que iba a tardar en salir, que lo sentía mucho y que le llamaría más tarde. Añadió un icono emocional de cara de pena.

El Contrafantasma no contestó.

 

Amor de Washington Sq a Guindalera

Estaba sentada en la silla de madera que cogió de casa de su abuela cuando ésta murió hacía 4 años. Solo conservaba ese recuerdo de ella, el resto de sus muebles, ropa y enseres, sobre todo las joyas, habían sido repartidos entre sus tías a las 12 horas horas del fallecimiento, como si fueran perecederos. Y las joyas no caducan, ni pasan de moda, sobre todo si son de oro, brillantes u otras piedras preciosas. Cuando Irma fue a casa de su abuela, a los tres días de morir ésta, con la intención de pedir un colgante de plata y ónix que adoraba desde muy pequeña, solo encontró la silla en la que estaba sentada esta noche. Hay una manía grande de eliminar las cosas personales de los muertos de las casas de los que quedan vivos. En general hay una gestión de la muerte extraña en nuestras sociedades, tan sofisticadas para otras cosas. La muerte pertenece a esa parte del mundo invisible, que no se puede tocar, ni medir, ni pesar y por eso cuando la muerte está rondando, tratamos de que pase en seguida, sobre todo si se trata de la muerte de otros. La muerte de uno mismo es otra historia, la tratamos con mucho más cariño y normalidad, lo que sucede es que no es sencillo comunicarlo luego al mundo exterior, donde sólo unos pocos tienen capacidad de percibir a los invisibles.

El Contrafantasma estaba sentado frente a ella al otro lado de la mesa de la cocina, en una silla de tijera de Ikea, de esas que tienen asiento y respaldo de plástico, y que están en todas las casas de personas nacidas después de 1970. Ella le contaba un sueño que, de manera recurrente, tenía desde hacía unos meses. En él aparecía ella maniatada a su cama, de manera tan fuerte que era imposible soltarse y con la sensación de que algo o alguien estaba de camino a su dormitorio para hacerle daño. Ella luchaba por desatarse sin ningún éxito y esa lucha era además la lucha por despertarse, para poder reconocer que aquello no iba a suceder en el mundo exterior. Decía que siempre conseguía despertarse antes de que lo malo llegara, pero que nunca conseguía desatarse dentro del sueño y que una espesa capa de desasosiego quedaba siempre al despertar.

Tres horas antes de ese momento el Contrafantasma había llegado a casa de Irma, con dos botellas de vino y unas flores. Le había citado en su casa porque si, porque quería. Las cosas que se hacen sin aportar argumento externo alguno, son las que son de verdad. Y cuando el Contrafantasma, por mensaje de texto, le había propuesto quedar en el lugar cool del momento, a ella le había parecido una horterada y le salió citarle en su casa. Su casa era un bajo en el barrio de la Guindalera y tenía entrada directa desde la calle. El barrio es feo en cuanto a la arquitectura, pero está renaciendo a base de gente joven y normal. Normal es el adjetivo más raro que se se puede decir hoy en día al describir a alguien. Nadie es normal, nadie quiere ser normal, normal es extraordinario. Tras pasar la puerta se accedía a un salón que acababa en un patio, que a su vez conectaba con la cocina y el dormitorio. La casa transitaba en círculo y estaba volcada hacia dentro, como Irma. Cuando él llegó, aún estaba recogiendo cosas para el viaje a Ponferrada del día siguiente, e Irma le invitó a sentarse en  la mesa de la cocina. Eligió la silla de Ikea porque él también las tenia en su cocina. Se puso de espaldas al patio para poder disfrutar de las idas y venidas de Irma, mientras se bebía un vino. Visto desde fuera, pensaba el Contrafantasma, la escena la podía haber pintado Edward Hopper en una sus obras sobre cotidianidad y costumbrismo. Le recordaba a “Habitación en Nueva York”, con la salvedad de que la Guindalera no es Washington Square. “Pareja preparando un viaje”, podía haberse llamado. Pero ni era su pareja, ni se iban de viaje, al menos él. Irma vestía una blusa blanca, holgada y bastante transparente, unos vaqueros y unas Converse blancas. Llevaba el pelo recogido en una coleta y la cara sin pintar, olía a recién duchada y a crema. El olor a crema era una de las debilidades del Contrafantasma, así que los primeros minutos sentado en esa cocina, viendo a Irma moverse por la casa, bebiendo vino e imaginando que Hopper les estaba pintando desde el patio, fueron un estallido de felicidad.

Sonó el telefonillo, era un Glovo con la cena. Irma se había adelantado también en eso y había pedido algo que le encantaba, sin pensar mucho en qué le parecería a su invitado. El motero sacó dos recipientes que contenían la mejor ensaladilla rusa de Madrid y unos callos con garbanzos con un pintón impresionante. Se disculpó porque quizá no era una comida muy elegante y seguro que era algo pesada para la noche, pero le aseguró que no se arrepentiría, porque su madre era una cocinera excelente y le había pedido a ella que cocinara sus platos favoritos.

Habían comido, bebido, charlado, reído. Se habían contado aspectos relevantes de sus biografías y habían coincidido, al hilo de un articulo publicado en Medium, que 2004 fue el año bisagra y gatillo para que el mundo se volviera definitivamente idiota. Ese fue el año de la última temporada de la serie Friends, máximo exponente de que la estupidez es lo que mola en las sociedades occidentales. Fue el año en que se eligió a George W. Bush por segunda vez y a Rodriguez Zapatero por primera, fue el año en el que el disco de Green Day, American idiot, fue galardonado con el Grammy a mejor álbum de rock y fue el año en el que Paris Hilton lanzó su autobiografía. En lo particular, fue el año en el que se casó el Contrafantasma, y en el que Irma decidió trabajar en banca en París y enamorarse de un hombre 12 años mayor que ella.

Tres horas y botella y media de vino después, allí estaban el uno frente al otro, con el sueño de Irma atada a su cama sobrevolando y a punto de besarse. Si Hopper volviera a mirar en ese momento, pintaría también el halo que cada vez que se veían les rodeaba, les conectaba y les aislaba del exterior. Y el cuadro se habría llamado “El beso de Irma”, pensó el Contrafantasma. O mejor, “El amor de Irma”, o aún mejor, “La entrega de Irma”. Pero Hopper no estaba allí, y no hubo beso. Eligieron no moverse, a ambos les parecía insuperable el momento. El Contrafantasma se había quedado pensando en qué sería lo que ataba a Irma a su cama, lugar en el que se descansa, se disfruta del amor y sobre todo, se duerme. Y que cuando uno duerme, es cuando más cerca está de la muerte en vida. Dormir es morir por un rato, al menos en cuanto a la desconexión con la conciencia. Y se preguntaba si había algo que tenia que ver con la muerte, con lo invisible, con el más allá, que tenia a Irma maniatada y sin poder soltarse.

No se lo preguntó. Pidió un coche y se despidió de Irma dándole las gracias y deseándole buen viaje. Ella no dijo nada, sonrió y abrazó fuerte al Contrafantasma.

En el coche, de regreso, el Contrafantasma se encontró en otro cuadro de Hopper. “El Cabify del anhelo”, se titulaba. Y suspiró.

La fiesta de la prima Vera

El Contrafantasma se había despertado empapado en sudor, la temperatura nocturna no había bajado de los 26º durante toda la semana y los sueños tampoco habían ayudado en la última noche. En su másallá estaba sentado en un aeropuerto con dos mujeres, una de ellas conocida en el mundo exterior. De pronto la que no era conocida se transformaba en la que si lo era y era como si estuviera sentado con dos gemelas, o con la misma persona por duplicado. Una mujer en el sueño de un hombre representa opiniones de ese hombre. Si la mujer es conocida, uno tiene que pensar en las asociaciones que tiene con ella, para saber sobre qué opiniones le está hablando su sueño. No tenía ganas de analizarlo en profundidad, así que lo escribió en su cuaderno mientras tomaba café y se metió en la ducha. Había vuelto a quedar con Curra, esta vez a desayunar. La conversación con los Bloody Mary´s de la noche del jueves había sido tremendamente reveladora, pero aún había cosas que necesitaba asentar, tanto en los hechos que le contó Curra, como en su repercusión interna.

Curra le contó que desde el día que se cruzaron en el portal de su casa algo pasó, algo que no era capaz de explicar y que a la vez no podía evitar. Así que ese día dio media vuelta al doblar la esquina y le siguió hasta su oficina, sintiendo mucho alivio cuando comprobó que trabajaba muy cerca de su casa. Que al día siguiente se presentó allí preguntando por él y que la persona que estaba en la recepción le entregó una tarjeta de visita suya. Que al llegar a casa googleo su nombre y encontró tres conexiones comunes y que una de ellas era Vera, amiga suya y prima de Petra. Vera y Curra estudiaron juntas en la universidad y muchas veces, durante aquella época de veinteañeras, habían ido a casa de Petra a las fiestas de los primos mayores. A Petra le encantaba presentar a su prima pequeña como la prima Vera y esto les concedía cierto protagonismo en aquella veladas, ya que todos los tíos acababan haciéndole el chistecito a Vera. De hecho, durante años, por hacer la gracia  y añorando aquellas famosas fiestas de la Autónoma de Madrid de fines de los 80, a las fiestas en casa de Petra se las llamó las “Fiestas de la prima Vera”.

Curra siguió con su relato de los hechos. Le dijo que había llamado a Vera y preguntado de qué conocía al Contrafantasma, que lo tenia en su LinkedIn. Vera había dudado, pero en seguida caído en de quien se trataba. Es amigo de mi prima y alguna vez nos hemos visto en su casa. Y también le dijo que creía que ellos se seguían viendo. Además le dio el dato de que Petra iba a celebrar su cumple y que tras años sin ir, se iba a pasar por allí a saludar y tomar un vino. Le dijo a Curra que fuera con ella y llamó a su prima para asegurarse de que ésta invitaba al Contrafantasma. Y todo aquello sucedió según el plan, salvo por el hecho de que Curra dijo en el último momento que no podía ir, pero que por favor le consiguiera el teléfono de ese hombre.

A partir de ahí los datos ya conocidos. La noche de jueves de agosto, la casa de Petra, la presencia de Irma, la conversación con ella, la aparición de Fran el prometido, su pinta de señor mayor aburrido, la decepción del Contrafantasma, la prima Vera consiguiendo introducir la nota en el bolsillo del Contrafantasma, la colada del domingo, la nota, el frutero, la llamada de Curra y la cita en Harvey´s. Y lo más importante, Curra le confesó después del segundo Bloody Mary, que al verle en el portal de su casa había sentido como si inclinaran la acera 45º grados en dirección a él y que aquello era la primera vez que le pasaba en sus 36 años de vida. Que sintió una ganas terribles de que él hubiera contestado que la estaba buscando a ella, porque la había visto desde la calle caminar semidesnuda por el salón y que acto seguido hubieran cogido juntos el primer avión posible a NYC.

Todo eso había sido la noche del jueves, regada por un necesario alcohol para desinhibirse. Ahora ya era domingo, era por la mañana y las cosas se habían reposado un tanto. El desayuno empezó raro porque el Contrafantasma lo primero que hizo fue preguntar por el novio de Curra. -¿qué hay de tu novio, ese que te tiró las llaves cuando nos cruzamos en tu portal?-. Sonó inoportuna y masculino corporativa la pregunta, pero era lo que de verdad le salía. Ella cambió el gesto, se puso pálida y como que de pronto regresó a su realidad. Le contó que fue por eso por lo que no acudió a casa de Petra, que no quería ir con su novio y que tampoco quería verle a él con nadie, que le dio miedo. -¿Miedo de qué?- insistió él. Miedo de comprobar en tiempo real que siente algo de baja intensidad por la persona con la que comparte su vida y de la que una vez estuvo enamorada. Evidenciar que son más compañeros de piso, que de vida. Chequear que ella no es ella cuando están juntos y que eso hace que él tampoco sea él, y viceversa. Que la cosa se va complicando con el tiempo y que cada uno hace la guerra cada vez más por su cuenta y con su smartphone. Que el amor inicial y la asociación fue simpática hace dos años y que ella pensó que la cosa solo mejoraría con la convivencia. Y todo esto a los 36 años, con la tradición y la opinión pública presionando con la maternidad.

El Contrafantasma recogió la declaración, le parecía honesta y sin adornos. Estaba siendo ella en un momento bajito y eso demostraba valentía y capacidad de reconocimiento. Además le contó que a él también le dio miedo decirle que era a ella a quien buscaba en su portal aquel día, que pensó que se le había ido la olla y que le hubiera llamado loco o tomado por uno de haberlo hecho así. Que ahora se daba cuenta de que tenía que habérselo dicho y quizá haber tomado este café con ella hace unas semanas. Le agradeció que hubiera hecho el esfuerzo por quedar con él y contarle esto y también le dijo que ahora se daba cuenta de que a él le había pasado lo mismo con Irma y que aun no se había atrevido a intervenir. Le dijo que hablara con su novio, que le expusiera todo lo que le pasa y que si eso desembocaba en ruptura, pues que sería lo mejor para los dos. Pero que no cerrara esa relación en falso, sin haber agotado hasta la última gota de saliva preguntando las dudas que tuvieran por parte de ambos. Y que igual sucedía que haciendo eso volvían a una senda de ilusión. Le dijo que el amor es cíclico, como lo es la naturaleza y que hay momentos valle, pero que luego vuelve a florecer, siempre que por el camino se haya cuidado el jardín.

Y el Contrafantasma seguía sin tener el teléfono de Irma.

Por convicción o desesperación, cambia

Si entiendes el mundo como eso donde todo lo que existe se puede medir o pesar con instrumentos, o experimentar con los sentidos, es probable que una buena porción de tu día estés peleando contigo mismo o con los demás. Si eso es así, es posible que la acumulación de pequeñas peleas, la mayor parte de ellas internas, se vayan conectado unas a otras hasta proveerte una sensación de molestia crónica, como si tuvieras un zumbido interno que no para. Lo juntarás con lo que se conoce como estrés, porque al tener al sistema inmunológico siempre alerta, hay numerosos procesos que no completarán bien sus ciclos  y es muy probable que esto acabe generando dolor en tu cuerpo o en tu organismo. Del dolor vas a ir al analgésico, que aliviara el síntoma pero no el origen. Al aliviar el síntoma de manera repetida cada vez que te duela, dejarás de reconocer lo que te duele y como consecuencia “olvidarás” la causa, la desalojarás sin haberla resuelto. Pero desalojar no significa resolver y sacar de la conciencia no significa eliminar. Además, como la opinión pública tiene mucho empuje, te obligarás a gastar energía haciendo deporte con los del trabajo y yoga con tu pareja. Luego a ratos, de manera muy irregular y sin estar seguro de si sirve para algo, meditarás con esas sesiones que están en Youtube. El ejercicio va a acabar de agotarte y si bien el yoga y la meditación pueden ser momentos socorridos donde encontrarte, la acumulación de mugre es tan grande, que apenas van a tener un efecto positivo en tu salud. Conclusión, es normal que te encuentres cansado, que te duelan cosas, que te frustre tener que tomar medicinas y que además no veas retorno en todo ese esfuerzo físico y cognitivo que desarrollas. En el extremo esto acabará en enfermedad.

El Contrafantasma escuchaba hablar por teléfono a Macario, el que había sido su médico de cabecera de la Seguridad Social desde que con 22 años le diagnosticaron su enfermedad. Macario tiene 64 años, se licenció en medicina mientras estaba en el seminario y después fue cura durante 16. Ha viajado mucho y está muy bien formado por las mejores instituciones, pero como bien dice él, eso son sólo datos biográficos sin importancia. Macario es especial por lo que conoce de las realidades invisibles, esas que no mucha gente sabe captar y que no se pueden medir, ni pesar. Ahora es más filósofo que médico, pero sabe que su título le allana barreras en esta época cultural. El lugar de la reunión era su despacho, en la trastienda de un herbolario de Carabanchel, donde pasa consulta cada tarde.

Mira esto, Macario mostró una caja que podía contener unas 500 fichas de pacientes. La gran mayoría no pasa los 45 años, dijo, y salvo excepciones, son hombres y mujeres cuyas necesidades están razonablemente cubiertas y no tienen enfermedades catalogadas como graves. Tienen formación, trabajo, familia, amigos, se van de vacaciones y poseen vidas normales y satisfactorias. Pero a todos les duele algo. Hay migrañas crónicas, desarreglos hormonales, dolores musculares, articulares, contracturas de espalda, trastornos del sueño, problemas en la piel, alergias, intolerancias, problemas de estómago… Y también hay cuadros que tiene que ver con la ansiedad, la apatía, la depresión y con la culpa que se genera por encontrarse así, con las vidas supuestamente plácidas que manejan.

En todos estos años de tratar con personas, he identificado que sólo hay dos motivos que hagan posible un cambio radical en un individuo, la absoluta convicción de que es necesario, o la desesperación, y el 100% de estos viene por desesperación, porque no pueden más con su dolor o con ellos mismos, porque no aguantan a su pareja, a sus hijos o a sus padres, porque hay un doctor que les quiere operar y ellos no acaban de verlo, porque los medicamentos que toman ya no hacen efecto, porque aunque hacen deporte, comen sin gluten, sin lácteos, beben mucha agua y duermen 8 horas, siguen con su malestar.

Este modelo está por agotarse. La época de la ciencia de los remedios exteriores no tiene mucho más recorrido. Bueno rectifico, si lo tiene porque se va a seguir avanzando en ese camino, y está bien que así sea. Pero no es en la dirección correcta, es un abordaje incompleto, al menos si lo que buscamos es la felicidad. Hemos alcanzado una gran capacidad de generar investigación que produce medicamentos para terapias paliativas de forma muy notable, igual que hemos generado recursos para que subsista una población mucho más grande que la que tenía el planeta hace no muchos años, cuando éramos 2.600 millones en 1950. Pero esto no genera felicidad en hombres y mujeres.

Y esto sucede porque la imagen del mundo que tenemos es incorrecta. La mayor parte de nuestros males no se originan sólo en el mundo exterior. El malestar sucede cuando la realidad no encaja con nuestra imagen del mundo. Si esta imagen del mundo es exclusivamente materialista, hay muchas cosas que no van a encajar. Al no encajar, las desalojamos y olvidamos, como le decía antes a la persona del teléfono, pero esto no significa que no estén, que no vuelvan a aparecer.

¿Y cuál es la imagen del mundo correcta?, preguntó el Contrafantasma. Macario se tomó unos segundos para contestar. Yo siempre les cuento lo mismo a mis pacientes y hace años, casi todos pensaban que este discurso venía de mi época de cura y que me había quedado enganchado en algún mecanismo de pensamiento meapilas, por tantos años de pensar en Dios. Pero lo divertido es que eso ya no sucede, hoy todos se alivian de que les hable de lo invisible, de cosas que ellos experimentan, pero que no se atreven ni a nombrar en sus espacios más íntimos  Les digo que la imagen correcta del mundo y por tanto del hombre, incluye los cuatro mundos; el Exterior, ese que conocemos todos y en el que fundamentamos toda nuestra actividad. Y los otros tres, los de las realidades invisibles, que son la Conciencia, el mundo de las informaciones que percibimos y conectamos. El del Más Allá, que se experimenta cuando nuestra conciencia se relaja, ya sea en el sueño o en la vigilia, y el mundo Interior, ese que tiene que ver con lo esencial en nosotros, con lo divino en nosotros, con lo que somos y con  nuestra misión en la vida. Es asombroso ver como todos conocemos y experimentamos estos mundos, pero al no ser mundos materiales, la mayoría decidimos tratarlos con condescendencia y en ocasiones, hasta obviándolos.

¿Y funciona?, preguntó el Contrafantasma. Vaya que si funciona, contestó Macario. Funciona porque igual que la población humana se ha multiplicado por tres en setenta años, la población de mi consulta se ha multiplicado por treinta en los últimos siete.

 

El VAR y lo divino

Leía el Contrafantasma sobre los pensamientos negativos que a ratos le torpedean la mente y se sorprendía de que Walter Odermatt escribiera que éstos malos rollos no son de nuestra propiedad, sino que provienen del más allá. La única responsabilidad que tenemos es la de ubicarlos en el lugar correcto, según decía el texto. Uno podría pensar que ubicar dichos pensamientos en la palmera, como dice Gastón, un amigo argentino del Contrafantasma, sería eludir la propia responsabilidad, porque estamos muy acostumbrados a tener la culpa de todo lo que aterriza en nuestra cabeza, Y no, muchos de los malos rollos que llegan no son nuestros, son masalleros, del más allá negativo. Pregunten a un neurólogo como se describe la gestación de una comedura de tarro desde su disciplina científica y es casi seguro que no va a poder explicarlo con el resultado de un escáner del cerebro, ni a través del análisis de la segregación de hormonas de uno u otro tipo. Y esto es porque esa actividad medible no sucede hasta justo después de que venga el pensamiento negativo del más allá. Así pues el Contrafantasma salió de la oficina aliviado, pensando que ese runrun que tenía por no haber llamado a su padre en toda la semana, por no haber acabado la presentación que tenia el lunes a primera hora y por no haber comprado el billete de avión para ir a la boda de su prima el 7 de julio, eran producto del más allá trabajando para dar por saco y no dejarle centrarse en lo que si era importante y estaba pasando. El mundial y el VAR.

Se puede criticar mucho al fútbol y lo que le rodea, pero el Contrafantasma llevaba conectado a su amigo Gastón desde hace quince días gracias al mundial y lo que mueve a nivel interno, lo que ya es un motivo de celebración para dos amigos que viven a 12.000km. El fútbol es, como dice Valdano, la cosa más importante entre las no importantes, y un mundial no es sólo fútbol. Un mundial se celebra cada cuatro años y el número cuatro simboliza el mundo exterior, lo mineral y lo material. Lo mineral se rige por las leyes naturales, como la de la atracción de los cuerpos. Y es que el mundial atrae a los cuerpos hacia él y además es uno de los espectáculos de entretenimiento más terrenales que existen, donde todo sucede sin guión, sin actores y sin director. No hay regidor que le diga al público cuando reír, silbar, aplaudir o llorar. Y conviene no olvidar que lo que manda en este juego es una esfera, símbolo de lo divino, que rueda por terrenos de juego de superficie vegetal, símbolo de la vida, y con todas esas naciones representadas por sus colores y banderas, símbolos de la cultura, de lo que es específicamente humano.

Y resulta que ahora se han inventado el VAR, un grupo de personas que ven las jugadas conflictivas en muchas pantallas, desde no se cuantas perspectivas con cámaras super lentas y que luego pueden avisar al árbitro de que se ha equivocado, dejando en manos de éste cambiar de opinión. Puede que el VAR sea justo, pero para Gastón la justicia no es la esencia de la vida, ni de un mundial. Hay cosas terribles que suceden en la vida y no está en nuestra mano evitarlas, ni mucho menos cambiarlas. Hay que saber integrarlas, convivir con ellas y tratar de conectar los puntos de forma correcta para seguir avanzando como especie. En la vida no hay VAR, no se puede volver a arbitrar, ni falta que hace.

Durante los instantes de consulta al VAR en el partido de España contra Irán, un integrante del cuerpo tecnico iraní sufrió un fallo cardiaco. Su equipo acababa de empatar a España con un gol en fuera de juego, que el VAR anuló justamente tras unos minutos de mucha tensión. ¿Qué es mejor para el cosmos, que España e Irán empaten a uno, o que la intervención humana y tecnológica active un fallo cardiaco?. Ahí te dejo la pregunta, sentenció Gastón.

Siguiendo con lo de ayer, te voy a poner otro ejemplo que te va a resultar más evidente, escribió por mensaje de texto al Contrafantasma, justo antes del partido de octavos de Argentina contra Francia. Con el VAR, el gol de Maradona con la mano frente a Inglaterra no habría subido al marcador y quizá Maradona no sería Maradona, ni Argentina, Argentina. Y si, hubiera sido justo, pero no divino.

Me voy a poner profundo

Era viernes y una semana más tarde definitivamente verano en un Madrid lleno de sandalias y tirantes. El Contrafantasma iba de nuevo en moto Goya abajo después de firmar en la notaría. Cruzó Alonso Martínez, luego Bilbao, Quintana, Princesa y Plaza de España. Se le encendió la luz roja de la batería y decidió aparcar en la esquina de Bailén con la Plaza de Oriente. Había mucha gente celebrando el día glorioso que hacía y eligió caminar atravesando Opera hasta llegar a una pequeña taquería llamada Mi Ciudad, en una calle perpendicular a Arenal. No había almorzado y le pareció buena idea comer unos tacos de cochinita pibil y una cerveza.

Sentado en la barra esperando la comida dio ese primer sorbo a su cerveza bien fría, que es un momento sublime y se fijó en la botella y la rigidez del vidrio, recordando la conversación con Juan de esa mañana tras una reunión de trabajo. Juan es un físico e ingeniero vasco de unos 50 años que ha devenido en profesional de la tecnología, pero al que lo que realmente le pone es la filosofía, es decir, el estudio de la sabiduría. Y como su campo de especialización es la materia, habían estado compartiendo ideas de manera desordenada al respecto de ella durante un agradable café posterior a su reunión.

Estaremos de acuerdo, decía Juan, en que el átomo es la expresión mínima de la materia. Un átomo se compone de protones (carga positiva) y neutrones (carga neutra) en el núcleo, y de electrones (carga negativa) en el exterior. Este último gira a gran velocidad alrededor de los primeros, atraído por el protón y equilibrado por el neutrón. Ahora haz un ejercicio de imaginación y supón que el núcleo fuera del tamaño de una mesa de ping-pong. En este caso el electrón seria el equivalente a una cabeza de alfiler y la distancia a la que orbita el equivalente a 10km. Imagina pues unas cabezas de alfiler girando a toda velocidad a 10km de distancia de una mesa de pong-pong. Ahora piensa en la cantidad de espacio libre (aire) que queda entre las cabezas de alfiler y la mesa de ping-pong. Esto significa que los átomos están en su mayor parte compuestos de aire. Y por tanto lo están las moléculas que forman y la materia resultante de la unión de éstas últimas.

El Contrafantasma miraba la botella que estaba sujetando, la barra sobre la que se apoyaba, los tacos y el resto de elementos que componían su realidad exterior y trataba conciliar lo con el hecho de que según la física, todas esas cosas eran en su mayoría aire.

La segunda cerveza le llevó hasta su madre y a que ella nunca perdonaba la caña del mediodía. Y de ahí a la teoría acerca de los invisibles, de los que dejan de habitar la materia y de cómo se puede explicar su presencia a través de la analogía con la hélice. Cuando una hélice se mueve a velocidad se deja de ver, pero sigue estando ahí. Y no solo está, sino que suelta un chorro de aire que genera efectos en el mundo exterior. Con los invisibles pasa lo mismo, uno simplemente no los ve porque están girando en una frecuencia distinta, pero si puedes ver el efecto que su presencia provoca. A veces en una moneda que cae al suelo, a veces en un número que se repite, a veces en un arco iris.

¿Será que todo es un tema de frecuencia de giro, de movimiento circular? Si la materia es tal cosa producto del movimiento de los átomos y de la unión más o menos estable de sus moléculas, ¿no será posible que simplemente no tengamos manera de medir el siguiente estado, cuando la vida deja la materia y comienza a girar en otra dimensión?

No eran preguntas para un viernes soleado después de dos cervezas.

Una historia de amor en moto

A las manos del Contrafantasma había llegado el libro “The Natural History of Love“, de Morton M. Hunt. Por las referencias que tenía es una obra de ineludible lectura para entender cómo se ha vivido el amor a lo largo de la historia de occidente. Cubre aspectos vinculados al amor, al sexo, o al matrimonio, comenzando en la antigua Grecia y acabando en los años 50, cuando se publicó. Ojeó sus páginas y leyó algunos pasajes antes de salir a una reunión de antiguos alumnos del colegio.

Agarró una moto de alquiler en Mateo Inurria y enfiló dirección oeste hacia Castellana. Era la segunda tarde noche agradable del año y un paseo en moto prometía sensaciones placenteras. Montar en moto provoca un efecto liberador. El casco no solo protege, sino que aísla el pensamiento, sobre todo de aquello que entra de fuera sin quererlo nosotros. Esos pensamientos negativos del más allá no llegan a posarse si vas en moto, hagan la prueba. Casco, aire y el zumbido de las calles conducen a un estado casi meditativo. Rodeó Plaza de Castilla con sus horribles torres y ese falo central que alerta al viajero del norte de que Madrid la rigen horteras de mente patriarcal desde hace más de veinte años. Pudiendo haber planteado un monumento que acoja al extraño, que en parte ya estaba allí con en ese depósito del Canal de Isabel II, que almacena agua (símbolo de la conciencia), eligieron poner una lanza de oro que amenaza al que se acerca. Otro día que se dirija el Contrafantasma hacia el norte podremos hablar de las cuatro torres…

Comenzó a bajar Castellana tratando de fijar en su conciencia el concepto de amor, buscando concretar una representación, una imagen que le hiciera justicia. Se le apareció la escena de “Las amistades peligrosas” en la que el Vizconde de Valmont (John Malcovich) deja a Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), repitiendo mil veces la expresión “no puedo evitarlo”. En la plaza de Cuzco una imagen de su infancia apareció nítida, debía tener 7 años e iba sentado en un autocar con otros 50 niños de un campamento de verano. Había conseguido un lugar delante de una niña bellísima que debía de tener 12 años y que le generaba una atracción increíble. Recordó que ese instante fue la primera vez que sintió amor, al menos al nivel del cuerpo, el de la atracción de la materia. A la altura de Nuevos Ministerios observó la fachada de El Corte Inglés con una gran foto de Gisele Bündchen en bikini y un pensamiento de fuera entró por el casco diciéndole que se dejara de tonterías, que esa era la representación del amor que andaba buscando. Por suerte, la bocina del coche de detrás le devolvió al proceso de búsqueda interior.

Subió por Ríos Rosas y al pasar por la esquina con Agustín de Betancourt se fijó en el banco delante del Liceo Italiano, donde besó por primera vez a su primer gran amor. Realmente fue por segunda vez, la primera había sido en un autobús volviendo de otro viaje escolar. Recordó el olor, el calor, el sabor, la profundidad y el temor de aquel momento. Ese beso fue una sensación plena de amor. Además un amor proyectado en otra persona, que a través del beso formaban un todo. Dos adolescentes enamorados besándose es una imagen donde no hay principio ni fin, es de nuevo una circunferencia, es lo masculino y lo femenino unidos a través de la comunicación más íntima y en ausencia de palabras. Esencia pura.

De pronto le pareció que la noche era demasiado cálida para ser abril y le dieron ganas de quitarse la chaqueta y el casco. No lo hizo y siguió subiendo la calle hasta el cruce con Bravo Murillo, donde giró a la izquierda. Dejó la moto aparcada en una esquina y comenzó a caminar. Ya sin el casco alcanzó a retener imágenes que tenían que ver con otros ámbitos de su vida, lo profesional, la familia adquirida, la creada por él, sus amigos y también encontró amor en algunas de esas imágenes.

Entró a la cervecería El Gran Sol, se sentó a esperar a sus colegas del colegio y fue reduciendo la actividad de su conciencia hasta encontrar un hueco íntimo dentro de ella donde recuperar esa sensación de amor sin necesidad de moverse del sitio, ni de estar con nadie. Su templo.

Ahora toca practicar esa visita al templo interior cada vez que se desvíe, que se despiste, cada vez que note que no es el amor el que guía su viaje en moto.