Cultiva, vota, sueña

La palabra cultura viene del latín, de la unión de cultus, cultivo, con el sufijo -ura, que denota acción. Por tanto cultura es la acción de cultivar, la capacidad exclusivamente humana de ennoblecer la naturaleza. Y el viernes el Contrafantasma pasó el día en una magnífica muestra de esa cultura en la Vera (Cáceres), en casa de una pareja amiga que, tras veinte años trabajando una finca, la han convertido en un paraíso.  Un paraíso que ellos disfrutan siempre que pueden y donde han comenzado a organizar lo que llaman “Cultiver“, jornadas festivas dedicados a cultivar el interior del ser humano, con el ambicioso objetivo de resolver problemas “imposibles”. Se trata de reunir a gente amiga, afín e inquieta, invitar a un experto en el tema propuesto y dejar que fluya la conversaciòn.

El Contrafantasma contempló el fabuloso jardín nada más entrar. allí estaban los anfitriones dando la bienvenida y charlando animadamente con los invitados. Ninguno de ellos le resultó conocido, así que comenzó a presentarse, diciendo simplemente su nombre y repartiendo besos y apretones de manos con ellas y ellos. Inmediatamente se sintió bien en aquel lugar. Además de los invitados y los anfitriones, había una joven con una guitarra, tres o cuatro niños, un par de camareros, dos burros (madre e hija) y tres perros. El tema propuesta era “Votar”, algo muy simple, pero que la calidad de los políticos han convertido en misión casi imposible. Y el invitado, un ex asesor que trabajó para los dos presidentes españoles de los 90, siendo él aún muy joven y que en 2001 se exilió a USA, para trabajar como profesor universitario e investigador, “harto de aguantar gilipolleces”, según decía el flyer de la jornada.

A las 13 horas comenzó a sonar “Hymm to her“, de los Pretenders, interpretada por la joven de la guitarra, y poco a poco los participantes se sentaron. Sólo había cuatro sillas, de estas de director de cine, que habían llegado allí desde Kenia hacía 20 años. La idea era estar lo más en contacto posible con la naturaleza, para lo que se habían dispuesto mantas coloridas y almohadas gigantes sobre el pasto, además de sombreros de paja de todos los tamaños para evitar el sol. El Contrafantasma eligió uno de ala ancha, el único que le servía y en cuya etiqueta se podía leer “Mod – Indiana Jones“. Todo el mundo se descalzó y en el momento en que la música acabó, la dueña de la casa tomó la palabra para dar las gracias a los invitados por asistir y a su marido por continuar su aventura juntos veinticinco años después de haberse encontrado, por haber construido ese lugar y por sentirse tan bien de compartirlo con otros seres humanos. Mientras ella hablaba, otra mujer entornaba la puerta de entrada para cerrarla, tratando de pasar desapercibida. Su andar era delicado, llevaba las sandalias ya en la mano y traía su propia pamela, que ocultaba el rostro casi por completo. El pelo castaño caía por los hombros y en conjunto era una representación muy atractiva de lo femenino, pensó el Contrafantasma.

El invitado ex asesor de presidentes tomó la palabra  y comenzó a disertar sobre lo lejos de la verdad que están los actuales líderes políticos, sobre lo difícil que es gestionar un mundo con tantísimo estímulo exterior, basado exclusivamente en lo material, y sobre la escasa honestidad de los seres humanos a la hora de comunicarse con las nuevas maneras no presenciales. Abogó por hacer una elección de representantes al estilo Tinder, este si, este no, basado solamente en las fotos y la descripción que cada uno quisiera poner en su perfil, – nos ahorraríamos mucho tiempo y dinero -, concluyó.

Mientras, el Contrafantasma seguía de cerca los movimientos de la mujer que había llegado tarde y se había sentado cerca del gurú, dándole la espalda. Había algo en ella que le resultaba muy familiar. La conversación seguía fluyendo, ya con muchos de los invitados participando, pero él no podía desviar su atención de aquella mujer, sentada con las piernas cruzadas y la espalda bien recta. Habría jurado que era Irma… Estaba deseando que acabara la charla para descubrir si estaba en lo cierto, lo que sucedió a las 14,30. Un gran aplauso sonó en el jardín, todo el mundo se levantó y comenzó a tocar de nuevo la mujer con la guitarra, esta vez cantando “Sweet child of mine .

Se organizaron corrillos de invitados hablando animadamente sobre el tema del día. El Contrafantasma se encontró de frente con el ponente invitado y no pudo sino darle la enhorabuena por lo expuesto y disimular que había estado muy atento a sus palabras. En seguida se pudo zafar de él y dirigirse hacia la zona donde estaba la mujer. Le costó llegar, se habían formado cuatro o cinco corrillos y quedaba feo salir disparado sin compartir algún comentario con ellos. A medida que se dirigía hacia allí, hablaba y oteaba, sin resultado. Empezó a sentirse angustiado y ridículo. Lo primero por no verla y lo segundo, por tener tantas ganas de ver a una completa desconocida y no poder controlarlo. Recordó en ese momento la última vez que había estado con Irma, hacía ya más de seis meses. Aquel día caminaron por Madrid hasta la madrugada, durmieron juntos y se despertaron cerca de las tres de la tarde en el apartamento de ella.

Llegó hasta la entrada de la finca y abrió la puerta por si se había marchado y aún la podía encontrar camino del coche, pero tampoco. Regresó hacía el tumulto de invitados sin entender porqué ella no estaba y sobre todo, porqué le importaba tanto. Se preguntó si no sería una aparición, si aquella figura de mujer estaría solo en su mente.

De pronto sonó un fuerte aplauso, – ¿otro fuerte aplauso? -, pensó él, al tiempo que abría  los ojos y veía como señora de unos setenta años le sonreía como diciendo, menuda siestita te has echado. El Contrafantasma se avergonzó y los colores le subieron a las mejillas. Se puso a aplaudir como el resto y miró hacia el lugar donde se había sentado la mujer de pelo castaño. No había nadie.

 

 

 

 

Apenas cuatro letras

El Contrafantasma estuvo el jueves en una conferencia a la que le invitó su amigo Martín. y que se titulaba “Amor”. No había demasiada información en la web de los organizadores, salvo un texto que decía, “Umdenken, es necesario un cambio en la forma de pensar”. Como la tarde en la oficina era espesa y Martín le había insistido un par de veces, le pareció buena idea acudir al centro y de paso ver las luces navideñas. Caminó Conde de Peñalver hasta Goya, y de allí por Alcalá hasta la bifurcación con Gran Vía. Subió por las nuevas aceras de Carmena y entró en Callao para dirigirse a la librería La Central, lugar donde era la charla. Habían habilitado la última planta y colocado unas 40 sillas en forma de circulo, rompiendo el habitual formato magistral donde uno habla y el resto escucha. Echó según entraba un vistazo a la sala para encontrar a Martín. No le vió y se sentó en la silla que tenía más cerca. Aún quedaban 15 minutos para empezar y a su lado estaba la sección de poesía. Delante de él un libro de Karmelo C. Iribarren titulado “Amor, ese viejo neón”, que le pareció muy oportuno y se preguntó si sería parte de la producción del evento. Estuvo entretenido leyendo hasta que se apagaron las luces y comenzó a sonar una música conocida y una luz enfocó a una mujer vestida de negro tocando el chelo. En una de las paredes se proyectó un texto que decía que la pieza era el preludio de la Suite nº1 para chelo, de Bach. Fueron poco más de dos minutos, suficientes para hacer olvidar a la audiencia lo que tuvieran en la mente hasta ese momento.

La sesión se dividió en cuatro actos, cada uno con un interlocutor diferente y con la proyección de la pared haciendo de narradora. Los ponentes eran personas anónimas: una periodista, un carpintero, un profesor y una filósofa. Cada una habló de uno de los cuatro niveles de desarrollo del amor; la atracción, el enamoramiento, la erótica y la amistad. Los 90 minutos que duró pasaron volando y al terminar hubo en la sala una sensación agridulce, que iba desde el alivio por entender algo tan intangible y tan real al mismo tiempo, hasta el asombro porque nadie se lo hubiera contado antes así. Ni padres, ni profesores, ni hermanos mayores, ni jefes, ni parejas, ni terapeutas explican qué es el amor, ni mucho menos cómo funciona. Especialmente emocionante fue la exposición de la filósofa que habló del cuarto nivel de desarrollo, el de la amistad.

El chelo, que seguía sonando de fondo una vez acabado el evento, atrapaba aún a algunos asistentes cuando una mano tocó el hombro del Contrafantasma. Este se dió la vuelta y vio la cara de Martín, risueño y vestido de riguroso azul marino, como siempre y a su lado a una mujer, a la que sin tiempo de reacción introdujo como Irma, – la acabo de conocer en la charla y nos hemos llevado genial. Es amiga de la filósofa que ha hablado la última -, concluyó Martín. Irma y el Contrafantasma se miraban desde que éste se había vuelto y no eran capaces de articular palabra. Al fin él masculló algo acerca de Nueva York y ella contestó que sí, pero que había vuelto hacía dos días para pasar las navidades con su madre. Martín observaba con sorpresa la escena, instante en el que llegó Ana, la filósofa, que captó la situación y directamente preguntó si eran viejos amigos. Ambos asintieron con la cabeza.

Antes de salir, el Contrafantasma compró el libro que tenía en su mano desde el principio y luego los cuatro abandonaron la librería,  bajando por Postigo de San Martín hacia la Plaza de las Descalzas. Se sentaron en “Doña Juana”, una cervecería típica que aún conserva cierta esencia del Madrid de siempre y conversaron sobre lugares comunes durante más de media hora. El Contrafantasma estaba ausente, como si la presencia de Irma le hubiera incomodado. Ella estaba ojeando el libro de poemas que había comprado él, tratando de que el momento se disolviera. Cogió una servilleta de papel y la puso como señal en una de las páginas, dejando el libro de vuelta encima de la mesa. El Contrafantasma entendió el gesto y agarró el librito abriéndolo por donde estaba la marca. El poema se titulaba “Amor” y decía así: “Apenas cuatro letras. Y cabe tanto dentro. Y duele tanto cuando te dejan fuera“.

El Contrafantasma miró a Irma y escribió en la servilleta que a qué nivel del desarrollo del amor pensaba que se referían esos versos. También por escrito y en el mismo trozo de papel, ella contestó, “creo que se refiere al mio por ti”.

Martín y Ana siguieron hablando un rato, hasta que se dieron cuenta de que sus amigos ya no estaban.

 

Ya no me duele

Irma estaba en su nueva casa en el estado de Nueva York. El Contrafantasma en la oficina de siempre, en la ciudad de Madrid. Ella se encontraba confusa, culpable y ociosa. Él resignado, intrigado y más ocupado de lo normal. Los humanos traemos en nuestra programación una linea de código que dice que el tiempo lo cura todo. Y así estaban, dejando pasar el tiempo entre ellos. Lo que sucede es que el tiempo no cura nada, eso es una idiotez. El tiempo solamente pasa y la consecuencia de ese avance, es que lo que duele lo desalojamos de nuestros pensamientos, hacemos que baje, y baje, y baje, hasta que se instala en el subconsciente. Y una vez allí vuelve a aparecer, doliendo de manera diferente y en un lugar distinto. Y en ese momento cuesta mucho más relacionarlo con su causa original y por tanto, poner el remedio.

El Contrafantasma tenia una contractura en el lado superior izquierdo de su espalda, justo en la zona donde se enganchan las alas, lo que hacía que no encontrara una posición cómoda en ninguna de las actividades cotidianas, salvo tumbado en la cama. La fisio del trabajo le había hecho daño al manipularle, pero no había tenido efecto alguno sobre su molestia. El kinesiólogo del barrio le había puesto botecitos con flores de Bach por el cuerpo, le había dado una mezcla de dos o dos de ellas y le había recomendado dejar salir su ira sin temor. Este último comentario se lo podía haber ahorrado, pensó el Contrafantasma al salir de la consulta, pero no dijo nada. Regresaba a su casa aguantando su dolor y pensando en Irma y el día que se abrazaron. De pronto relacionó ambas cosas, paró y retrocedió una manzana hasta llegar al bar de Jesús. Se sentó en una mesa y se dispuso a escribir a Irma.

¿Qué es el amor para ti?, escribió en el asunto del correo. Sabía que sonaba pretencioso y eso le hizo dudar, pero una vez empezó, no paró hasta escribir todo lo que tenía dentro. Al salir del bar, donde había bebido un agua con gas, había parado de llover y hacía fresco. Se puso la mochila cruzada y decidió dar un paseo hasta su casa. 

Para Irma era la hora de comer, había dejado de escribir y comprobó su correo antes de calentar una sopa de cebolla, que ella misma había cocinado la noche anterior. Según abrió la aplicación, el texto en negrita que decía “¿Qué es al amor para ti?”, resaltaba entre todos los demás. Lo leyó despacio, parándose en cada frase y tratando de integrar lo que en él estaba escrito. En el email el Contrafantasma le contaba que el amor era un dolor que tenia en la espalda desde hacía dos semanas, desde que ella se había ido sin avisar. Decía que él había tratado de olvidar sus encuentros, que había intentado trabajar más, salir más, dormir más, leer más, en definitiva ocupar más su tiempo, y sobre todo, su mente. Decía que había decidido que olvidarla era cuestión de tiempo y que solo tenia conseguir que este pasara. Pero que no lo había conseguido y que de pronto había reconocido que ese dolor estaba ahi, en su lado izquierdo, para recordarle que ese trabajo voluntario de tratar de olvidar, no era lo que tenía que hacer, Que lo que le pedía el cuerpo era saber de ella y no lo contrario, que estaba preparado para conocerla más y que creía que también para amarla.

Al terminar de leer, algunas lágrimas cayeron por las mejillas de Irma y unas ganas tremendas de agarrarle de la mano de nuevo, emergieron desde muy dentro. En lugar de eso encendió su móvil español y le escribió un WhatsApp.

El Contrafantasma reproducía en bucle la voz de Chris Martin cantando”Fix You“, que por alguna razón solo la escucha en noviembre, cuando llueve, anochece pronto y todo parece que se va a la mierda. Y mientras caminaba y estando a un paso de llegar a su casa, recibió un mensaje en su móvil que decía, quiero verte, se que me marché de mala manera, que estuve mal, pero quiero verte y que me cuentes eso del correo, que me lo expliques y que veamos si se te va el dolor de espalda. Quiero probar a ponerte el ala que parece que te falta y a que tu me pongas a mi las mías.

Al llegar a su casa, un cuarto piso son ascensor, el Contrafantasma se sentó en la barra de su cocina y sin aun quitarse el abrigo, comprobó que no le dolía la contractura y se puso a buscar billete para New York.

Hola, me llamo Irma

Hola, me llamo Irma y tengo 37 años. Hace tres semanas me despedí de mi empresa y compré un billete (solo ida) de avión a New York. Del aeropuerto tomé un coche hasta la estación de Harlem 125th st. y de allí un tren a una localidad llamada Hyde Park, al norte de la ciudad, en medio del valle del Hudson. Tenía ganas de ir lejos y no hay lugar que cumpla mejor con esa premisa. Aquí la naturaleza es magnífica y el otoño se expresa rotundo con tonos granate, amarillo, marrón, verde y hasta naranja, de una manera que es ya casi imposible ver en paisajes españoles. Cada mañana me levanto delante del río Hudson, que baja con un cauce abrumador hacia Manhattan. Leí hace poco que es la fuerza del río la que hace funcionar el sistema de calefacción de la ciudad de New York y por tanto el responsable de esas chimeneas de vapor que salen de las alcantarillas de la Gran Manzana. Vivo en el apartamento de una amiga que conocí en San Francisco hace años y que se ha venido aquí a estudiar al Culinary Institute of America, una prestigiosa escuela de cocina, que como todo aquí, tiene un tamaño descomunal.

Mi amiga se pasa el día en clase o estudiando, o cocinando lo que estudia. Este semestre está centrado en cocina asiática y cada día me regala algo diferente para cenar. En veintiún días he leído seis libros y escrito cerca de noventa páginas de algo que no se aun que es, pero que se parece a la historia de mi vida. Tres semanas  no es tiempo para sacar conclusiones, pero me siento bien. No tengo teléfono, escucho la NPR (National Public Radio) por internet, eligiendo las temáticas que más se alejen de lo que he dejado atrás. Me he enganchado a una serie de reportajes sobre la utilización de drogas en las guerras modernas. En el capítulo de ayer hablaban de como en la Segunda Guerra se sustituyó el vino por las drogas químicas, para mantener animada a la tropa, sobre todo por parte del ejercito alemán. Y es muy interesante conocer el papel protagonista que tuvo la farmacéutica Bayer, a la que yo solo relacionaba con la aspirina, en el desarrollo de esas drogas. También disfruté mucho otro reportaje sobre la fabricación de sirope de arce en el estado de Nueva York. Cuando sales de la ciudad y sus ritmos obligados, te das cuenta de que hay multitud de actividades interesantes que se pueden hacer para completar una vida y fabricar sirope de arce es una que me voy a plantear seriamente. Tiene una relación directa y muy honesta con la naturaleza, no se puede forzar su producción, ya que es absolutamente estacional. Si pasa el momento de recogerlo, olvídate hasta el año siguiente. Requiere además una dedicación mayúscula y como contrapartida tiene una producción muy limitada. Se aleja mucho del patrón de comportamiento que tengo interiorizado, ese que busca la generación de beneficio en cualquier actividad de la vida.

En todos estos días no he hablado con mi familia, ni con Fran, el hombre con el que me iba a casar. De hecho él no sabe que estoy aquí, piensa que me he ido a Santander a casa de mi hermana. Cree que es una de mis locuras, que se me han amontonado los temas y que el trabajo, la relación con mi madre y el estrés de la boda, han podido conmigo. Me escribe un correo cada dos días tratando de que vuelva de donde esté y entre en razón, por ese orden. Me dan ganas de decirle que estoy aquí porque quiero hacer lo segundo y que hasta que eso no pase, de lo primero ni hablar. Pero no le voy a contestar, no me apetece. Me escribe textos largos muy bien articulados y ya la forma de escribir, de expresarse, me echa para atrás. No quiero ser injusta con él, yo fui la que dijo si a su propuesta de matrimonio. Fue aquel fin de semana en el que me llevó a un hotel bodega de la ribera del Duero, cuando sabía que yo el tinto solo lo bebo con Casera y que el blanco, de tomarlo, solo albariño, que no puedo con el dolor de cabeza que me da el verdejo. Ese fin de semana de hace cuatro meses me pareció una persona muy sensata para pasar el resto de mi vida. Y cada vez que pienso en la palabra sensatez como disparador de mi matrimonio, me quiero clavar palillos en las uñas. Y lo peor es que aquella respuesta afirmativa fue muy meditada. Le dije que si convencida de que ese era mi destino, compartir mi vida con un hombre que me quiere. Y punto.

A los 37 he llegado más o menos entera. Lo que se puede decir de mi en el mundo exterior, creo que dejaría satisfechas a muchas personas. Tengo (o tenia) un trabajo, una vida social activa, una familia que no me exigía mucho y me daba casi todo, bienes materiales más que de sobra, he viajado a lugares bonitos, soy propietaria de un piso y cocino decentemente. El único pero que yo me pongo es que no he sido madre, pero eso ahora tampoco es un drama, porque somos muchas así y no apoyamos las unas a las otras cuando surge ese momento en el que tus amigas madres se ponen a hablar de sus vidas rodeadas de niños. Además, lo de ser madre, lo he vivido siempre como una consecuencia de tener una pareja y eso primero no me había pasado aún.

Poco más de un mes después de haber dicho que si a Fran, me encontré con un hombre al que había conocido tiempo atrás en una boda. En aquella boda nos reímos mucho, pero yo estuve ejerciendo mi versión de soltera frívola y divertida, tratando de seducir y poner distancia al mismo tiempo. Y él me siguió bien la performance, hasta el punto en que entrada la noche, el resto de invitados parecieron desaparecer y nos quedamos “solos” con la música electrónica de fondo, hablando de reconciliación con uno mismo y de perdonarnos nuestros errores. Disfruté ese momento como pocos en mi vida y algo se encendió dentro de mi. La boda acabó, él no me llamó y yo tampoco hice nada por localizarle. Y cuando hace tres meses le volví a ver en aquella fiesta, ya con Fran de cuerpo presente y comprometidos, me di cuenta de que lo que me había llevado a decir si, era un amor con minúscula. Era sensatez.

Después de aquello he visto a este hombre otras dos veces, la última por casualidad en un evento de trabajo. Ese día acabamos agarrados de la cintura y con las manos entrelazadas sin poder evitarlo y sin que la opinión pública fuera un obstáculo. Estuvimos a punto de besarnos, pero una llamada del que era mi jefe rompió el momento y no sucedió. Ese día por la tarde decidí que me iba, que necesitaba distancia de todo lo conocido. Solo le lo comenté a Yoli y a mi terapeuta. Yoli es la persona que me ayuda en casa, tiene cinco años mas que yo y un hijo de 28, que a su vez le ha dado dos nietos. Le dije que me iba a Nueva York a casa de una amiga y que no hacía falta que viniera, al menos hasta el mes de enero. Le conté lo de Fran y lo de este otro hombre del que estaba enamorada, y le pedí el favor de que le escribiera para decirle que necesitaba su ayuda. Desconozco si lo hizo.

Mi terapeuta me dijo que hacía bien en marcharme, si eso era lo que me salía, pero también me dijo que informara a Fran y a mi madre, que si no, se me volvería en contra antes o después. Me dijo también que podíamos hacer las sesiones por Skype, que le llamara cuando yo quisiera. Por el momento no lo he hecho.

Hoy voy a seguir leyendo y esperaré a mi amiga a ver qué trae de cena. El amanecer sobre el río y los colores del otoño son más que suficiente para ir tirando. Y la verdad es que no tengo ninguna prisa.

No está

Dicen que Edison se sentaba a echar una cabezadita cuando estaba cansado. Y lo hacía sujetando una moneda entre sus rodillas, de tal manera que cuando se dormía la moneda caía y el ruido del impacto le despertaba. Acto seguido apuntaba en su cuaderno las ideas que tenía en la cabeza en ese instante y la leyenda asegura que los grandes inventos surgieron en esos momentos y no en aquellos en los que se ponía a pensar de manera concienzuda.

El Contrafantasma hacía lo mismo en la tarde del miércoles, dormía sentado en la silla de su oficina, con el respaldo bien reclinado hacia atrás y la nuca apoyada. Eran las 3pm, ese momento de regreso de la comida que se hace tan difícil  de conciliar con el mundo exterior, y en lugar de una moneda entre sus rodillas, su móvil reposaba sobre la zona del estómago.

No hubo ruido de moneda al caer al suelo, al Contrafantasma le despertó la vibración del móvil, que también cayó por el respingo que dio sobre su silla debido al susto. Al cogerlo y desbloquear la pantalla, leyó el mensaje que le había despertado. Era de un número desconocido y contenía un texto que decía que por favor contactara con Irma, que ella no lo iba a hacer y que necesitaba su ayuda. Terminaba diciendo que era una amiga y que prefería no desvelar su identidad. Leer esto despertó del todo al Contrafantasma y le hizo olvidar esa idea que seguro estaba teniendo mientras dormitaba. Se quedó intrigado y preocupado, habían pasado dos semanas del último encuentro y lo último que sabia de Irma era que se habían cogido de las manos y acto seguido ella había salido corriendo a una reunión con su jefe. Después él había estado de viaje en Europa del este durante una semana y no habían tenido noticias el uno del otro. Ahora este extraño mensaje que le pedía ayuda para Irma. Pero ayuda para qué, se preguntaba.

Decidió salir de la oficina hacia a su apartamento, lugar que consideraba su verdadero ámbito de trabajo. Lo que hace el Contrafantasma para pagar las facturas poco o nada tiene que ver con su arquetipo. Ser consultor es ya una profesión dudosa, pero simular ser especialista en cosas como la innovación y la transformación digital, son el mayor embuste que hoy circula por la conciencia colectiva corporativa. El desconcierto es tal en este cambio de era, que vale con que le digas a tu cliente que le vas a convertir en el nuevo Uber de algo, siempre que la reflexión esté bien presentada y argumentada en powerpoint y contenga conceptos como algoritmos, design thinking, big data, machine learning, artificial intelligence, etc… Hay escasa autoridad en el mundo de la empresa, son pocos los autores (los que han hecho) de verdad las cosas que recomiendan y muchos los que acumulan conocimientos de cosas hechas por terceros, que luego agrupan en una presentación vistosa. Eso si, lo saben hacer muy bien y dejan muy tranquilos a sus interlocutores, porque van a quedar bien con sus comités de dirección.

Lo bueno es que la conciliación también es tendencia, y el Contrafantasma podía trabajar desde casa, con tal de que su tareas estuvieran hechas a tiempo. Así que desde su sillón favorito, un viejo diseño del matrimonio Eames denominado Armchair, leía una y otra vez el mensaje que le había llegado. La preocupación empezó a ganar a la intriga y esas palabras parecían ahora más una amenaza, que el mensaje de una amiga de Irma. Decidió llamar a Irma directamente para estar seguro de que estaba bien. Después de varios tonos saltó el contestador que le sugería dejar un mensaje. No lo hizo y escribió de vuelta al remitente del que había recibido él, – ¿quién eres? -, preguntaba en su escueto texto de vuelta, No obtuvo respuesta y tampoco estaba seguro de si el mensaje había llegado, así que llamó. Con tono marcadamente latinoamericano, una voz contestó a la primera. – ¿qui hubo?,¿hola? -. Al Contrafantasma le sorprendió tanto la respuesta, que volvió la pantalla hacía si mismo para comprobar que era el numero correcto.

– Hola -, dijo – he recibido un mensaje de este número, ¿con quién hablo? -.

– Eso me lo dirás tu, hermano, que eres el que está llamando -, respondió la mujer del otro lado de la línea.

Contrariado colgó y llamó de nuevo a Irma, el contestador volvió a saltar. Al Contrafantasma empezaba a no gustarle la situación, pero aún así trató de mantener la calma. Pensó en localizar a Fran, pero un rechazo inconsciente se lo impidió. Pensó en presentarse en casa de ella directamente, pero tampoco le parecía una buena idea, sobre todo porque no sabia si llegaría en algún momento. Estaba confundido y por primera vez sintió el impulso de registrarse en alguna de las redes sociales conocidas para investigar por ese camino. Se descargó Instagram, donde sabia que Irma era activa, sobre todo haciendo fotos de casas que le llamaban la atención. Era una enamorada de la arquitectura de vanguardia. El registro fue sencillo y la búsqueda más. Al meter Irma Zender, nombre y apellido poco corrientes, el buscador la encontró rápido. Tenía el perfil abierto a todo el mundo y pudo comprobar sus últimos posts. La última foto era de dos días antes y al pie de un amanecer sobre una casa de hormigón, escribía “echo de menos el horizonte”.

 

 

Conectar con las manos, no con el móvil

El presidente de Telefónica hablaba en el “South Summit” de Madrid, inaugurando un side event acerca de innovación en la educación, y decía que hacen falta filósofos digitales para gestionar lo que se nos viene. La filosofía es el estudio de la sabiduría y contiene dentro de si a todas las disciplinas de la realidad. Así que ser filósofo y digital parece muy oportuno, en un mundo donde las cosas que suceden a través de interfaces virtuales, ocupan cada día más en nuestras vidas.

Ser presidente de Telefónica tiene que ser muy difícil, pensaba el Contrafantasma mientras le escuchaba, requiere inteligencia y equilibrismo, porque cada vez que hablas estás defraudando a alguien. Y pensaba que, sobre todo, se debe de defraudar a si mismo y a su conciencia, porque quien ocupa ese puesto debe de parecer muy sanguíneo y creativo, para “vender” su discurso a los de la Generación Z y al tiempo muy flemático y sólido, para que los grandes accionistas no se asusten, sin dejar de ofrecer buenos resultados cada trimestre. Y todo no se puede en la vida. A medio plazo ese funcionamiento acaba en enfermedad, a fuerza de ir en contra de lo que uno es en esencia. Ese “si quieres, puedes” que nos llevan contando toda la vida, está muy bien como actitud, pero es muy falso. Mucho.

Casualmente Irma había acudido a ese mismo evento y compartía la conferencia que escuchaba el Contrafantasma. Además de ellos, había otras 9.000 personas en el recinto, de las que la mitad aún estaban en la cola de la acreditación, que daba la vuelta a la manzana por dos lados diferentes. Se ve que la innovación no ha llegado a la gestión de la entrada a los eventos y las colas solo dependen de que haya mucha o poca gente queriendo hacer una misma cosa al tiempo.

Un poco más tarde en el mismo foro, un tipo que había trabajado en Disney toda su vida, empezando desde muy abajo y llegando muy arriba (el sueño americano se basa en subir, no en profundizar), dijo que para innovar y ser creativo hay que tener tiempo y ser capaz de relajar la conciencia. Lo primero es el bien más escaso en nuestras sociedades y a lo segundo solo llegamos por agotamiento, como consecuencia de lo primero. Este hombre aseguraba que el 13% de nuestra actividad cerebral sucede mientras estamos conscientes, y que el restante 87% es subconsciente o inconsciente. Y que en esos momentos de no pensar es cuando llegan las grandes ideas, la creatividad. Y los grandes malos rollos, pensó el Contrafantasma. El más allá aprovecha esa relajación también para invadirnos, sobre todo cuando actuamos en contra de nuestro arquetipo, de lo que somos. Por eso las noches son tan horribles si uno tiene insomnio. La conciencia relajada y la noche, la mezcla mágica para el éxito del negocio de la química psiquiátrica a lo largo de la historia.

Irma se estaba quedando dormida mientras escuchaba la conferencia. Llevaba diez días con insomnio, Ponferrada había sido el disparador de una situación que le generaba malestar. Fran estuvo muy incómodo debido al mensaje que Irma le había enviado por error y aunque los dos habían tratado de que la situación se disolviera, la tensión había crecido y ninguno se atrevía a iniciar una charla sincera. Había estado trabajando muchas horas la semana posterior al viaje y llegaba a casa agotada, tanto que se dormía en el sofá sin articular muchas palabras. Luego de madrugada se desvelaba y se levantaba para no pensar y para no recurrir al Orfidal, como le recomendaba Fran, hijo y nieto de prestigiosos psiquiatras. En lugar de a las pastillas, se había enganchado a “The Handmaid´s Tail“, la magnifica serie de la HBO y con esa distracción las noches se le hacían menos duras. Suerte que aún le quedaba la segunda temporada entera, y suerte que Fran conservaba su apartamento y estos días había preferido utilizarlo una de cada dos noches.

El aplauso final al ex directivo de Disney sobresaltó a Irma, que había relajado tanto su conciencia que casi roncaba, apoyando la cabeza en la columna de su izquierda. Al despertar se dio cuenta de que estaba soñando, y de que en ese sueño le decía a Fran que no quería casarse con él. Ya con los ojos abiertos, se quedó unos instantes sentada en su silla, rememorando como había sido su charla con Fran en el sueño. Su sensación era de alivio y sobre todo de orgullo, por haber ejecutado una tarea que coincidía con la verdad, con lo que sentía. Lástima que eso haya sucedido en el más allá y que fuera solo un sueño, pensó. Con una reconfortante sensación de calma y sin atreverse a parpadear para que no se le fuera, observaba a la gente salir de la sala por el estrecho pasillo lateral de auditorio. De pronto alguien se paró delante de ella sonriendo y con un brillo muy especial en los ojos. Irma dudó un instante de si era la continuación del sueño, o era ya la realidad exterior. Era verosímil pensar que si en el sueño le acababa de decir a Fran que no le quería, la siguiente escena fuera que apareciera el Contrafantasma para decirle que a él si estaba dispuesta a quererle, se abrazaran y fueran a tomar esa copa que tenían pendiente. Sin tiempo para llegar a una conclusión optima, la figura de hombre parada frente a ella emitió un sonido,  – ¡hola Irma, que alegría encontrarte aquí! -, dijo el Contrafantasma, que había aguardado unos segundos sin hablar delante de ella, al ver a Irma tan ensimismada. Y bueno, porque a él también le parecía un sueño encontrarla allí.

Irma se levantó medio aturdida y abrazó tan fuerte al Contrafantasma, que a este le entró el pudor. – ¡Sácame de aquí! -, dijo ella, – tenemos una copa pendiente -. Enfilaron la puerta agarrados de la cintura, como esos viejos amigos que se encuentran después de años sin verse. Justo al cruzar el umbral del recinto, los brazos de ambos resbalaron para dejar de rodearse y acabar encontrándose al final de los mismos, en las manos, que agarraron ambos con fuerza por primera vez. Agarrar la mano de la persona amada es el contacto más importante que existe. Una mano es una frontera mayúscula entre dos personas. Puedes besar, abrazar, incluso dar la mano como los caballeros, de forma cruzada, y ninguno de esos gestos comprometen. Pero dar la mano y entrelazar los dedos con los del otro, suponen un punto de inflexión a partir del cual el tránsito es mucho más fluido entre dos que se aman. Si ya tienes la mano de tu amor junto a la tuya, el resto llega solo.

Agarrados como estaban de la mano pararon la marcha, se pusieron el uno frente al otro y se miraron. Sentían una mezcla de emoción y frío que se traducía en temblor de piernas y rechinar de dientes. Las cuatro manos comenzaron a hacer un baile amoroso por los antebrazos y ya los cuerpos se dejaban llevar por la fuerza de la atracción, que llevaba meses contenida. El evento había acabado y la gente salía en masa del lugar, aunque como era habitual en ellos, cuando su conexión se activaba, el resto del mundo desaparecía. Pero vivir en un mundo digitallizado e hiperconectado tiene sus consecuencias, el móvil de Irma comenzó a sonar dentro de su bolso, lo que cortó en seco la emoción de ambos que, molestos, esbozaron una falsa sonrisa. Era el jefe de Irma que le preguntaba si aún estaba en el evento, porque quería verla y presentarle al presidente de Telefónica.

Contestó que si, que aún estaba y volvió a entrar. El Contrafantasma le dijo que la esperaba, que no se preocupara. A los cinco minutos recibió un mensaje de ella diciendo que iba a tardar en salir, que lo sentía mucho y que le llamaría más tarde. Añadió un icono emocional de cara de pena.

El Contrafantasma no contestó.

 

Uy qué cagada

EL Contrafantasma volvía a casa con la cabeza pegada al cristal de la ventanilla del coche, mirando las luces de las farolas. El conductor le había ofrecido agua, le había preguntado si la temperatura era la correcta, si la música estaba bien de volumen, si quería escuchar algo diferente, o si no quería escuchar nada. El conductor se llamaba Nestor y tras esas preguntas iniciales se calló y mostró respeto por el momento que parecía disfrutar el pasajero.

Irma se quedó sentada en la silla de su cocina, con la puerta del patio abierta de par en par y la copa de vino medio llena. Parte de su conciencia se había ido hacia el viaje del día siguiente, a pensar en aquello que se tenia que llevar, a concretar la hora de salida de la oficina y a anticipar como sería el encuentro con Fran y su familia. Otra parte de esa conciencia pensaba en lo que acababa de pasar. La dificultad para equilibrar ambos pensamientos la levantó de la silla y comenzó a recoger, tratando de que la actividad disolviera ese conflicto en su interior.

El Contrafantasma miraba su teléfono mientras Nestor y él recorrían Principe de Vergara hacia el norte. Nestor era muy educado, pero aún no conocía Madrid. En quince minutos se habían alejado apenas  cuatrocientos metros lineales del punto de partida y sin embargo, habían recorrido ya tres kilómetros y medio. No pasa nada, pensó el Contrafantasma, no hay prisa por llegar.

Al recoger la casa Irma encontró también su móvil, que lo había dejado en la encimera cuatro horas antes. Estaba sin batería y, al conectarlo, comenzaron a saltar los avisos que le recordaban lo que se había perdido del mundo exterior. Tres llamadas de Fran y cincuenta y siete mensajes cortos de nueve chats diferentes. Tampoco me he perdido tanto, pensó. Y pensó también en qué hacer con las llamadas de Fran, ya que era tarde y estaba segura de que él se habría acostado hacía un rato.

Nestor ya se había encontrado y conducía pedal firme hacia la plaza del Perú, habiendo dejado atrás la del Ecuador y la de la República Dominicana. A Nestor le resultaba divertido atravesar su continente sin cambiar de calle. Se le había pasado ya el marrón de haberse perdido al salir por la avenida de América y se sentía cómodo con su pasajero, con lo que le preguntó al Contrafantasma si ya se iba a casa, o si era un cambio de escenario en una noche con más recorrido aún. Nestor tenía acento argentino, o uruguayo, que a los españoles nos cuesta distinguir ambos tonos.

Irma envió un mensaje corto a Fran dándole las buenas noches, diciéndole que le llamaría al día siguiente y que había tenido una cena muy agradable con ese amigo que se encontraron hace unos días en casa de Petra. No le mintió, pero tampoco le dijo toda la verdad. La verdad era que a quien tenía ganas de escribir era a su invitado de esa noche, para darle las gracias por el vino y decirle que se le había hecho corto el encuentro.  Y para decirle también, que reconocía que se le hacía muy cuesta arriba ir a Ponferrada al día siguiente.

El Contrafantasma le dijo a Nestor que agarrara Pio XII hasta el final y doblara a la izquierda hacia la plaza del Duque de Pastrana. Allí le dijo que le dejara en El Capitán, donde siempre solía encontrar una cara conocida para tomar una copa. Mientras salía del coche le llegó un mensaje de Irma agradeciéndole el vino, la charla y diciendo que se le había hecho corta la velada. El había tenido la misma sensación al salir de su casa, pero le había parecido prudente marcharse.

Irma se sentó de nuevo en su cocina a esperar la respuesta y ésta tardó segundos en llegar. -¿Te vas al final a Ponferrada mañana?-, decía el mensaje, seguido de un icono de guiño, – !vente a tomar una copa!-, finalizaba. Ahora el extrovertido era el Contrafantasma, que había decidido no regresar a su casa, que para eso era jueves y hacía una noche fantástica.

Mientras esto sucedía, Nestor aparcaba el coche y entraba en el garito. El Contrafantasma sonrió al verle y le hizo un gesto con su cerveza para que se acercara. Nestor le dijo que había decidido acabar el turno con él y que si no le importaba, le acompañaba.

Un nuevo mensaje llegó al teléfono de Irma, era de Fran, que parece que no estaba aún dormido y que le enviaba un icono de corazón grande, dos de beso y le deseaba dulces sueños. Decía también que tenía muchas ganas de que llegara a Ponferrada y que su familia estaba muy contenta por conocerla al fin.

Irma contestó el mensaje del Contrafantasma diciendo que gracias, pero que tenía que madrugar al día siguiente, y le añadió dos iconos de carita con ojos de corazones, seguido de un – nos veremos pronto -. Luego dejó sin abrir los mensajes de Fran y se metió en la cama con una molesta contradicción interna.

Al Contrafantasma le extrañó no recibir respuesta de Irma, habían pasado dos cervezas desde su mensaje y decidió volver a escribir. Le preguntó si le había molestado la propuesta de tomar una copa y le pedía disculpas por si había sido demasiado directo. No hubo respuesta.

Al despertar Irma a la mañana siguiente tenía ganas de vomitar, algo de dolor de cabeza y una sensación de haber soñado cosas feas. Chequeó su teléfono y se dio cuenta que el último mensaje dirigido al Contrafantasma, en realidad se lo había enviado a Fran.

Que cagada, pensó.

 

Se han citado

El mundo exterior es eso a lo que la mayoría suele llamar la realidad. Es donde suceden los hechos que se pueden experimentar con los sentidos. Es todo lo que vemos, tocamos, todo lo que podemos medir y pesar, todo lo material en definitiva. A ese mundo exterior no pertenece lo que pensamos, ni lo que imaginamos, que forman parte del mundo de la conciencia. Y a ésta no pertenece lo que soñamos, ya que los sueños ocurren cuando la conciencia está relajada, o directamente dormida. Los sueños están más allá de la conciencia y poseen sus propias reglas. Y por último está el mundo interior, expresión que asociamos con esas personas introvertidas, que no interactúan socialmente como la media (sobre todo española) y que están en aparente armonía, sin necesidad de estímulos externos. “Tiene mucho mundo interior”, solemos decir de ellas… Pues nada que ver, el mundo interior nos afecta a todos, sea cual sea nuestra personalidad. Es el mundo de los arquetipos, palabra que viene del griego “arje“, que quiere decir origen y “tipo“, que significa fuente, sello. Así que arquetipo, significa sello de origen y se refiere a lo que traemos de serie cada uno de nosotros. Sin miedo podemos decir que es lo que somos, la esencia de todos los elementos del cosmos. Ese mundo interior aparece en los otros tres de diferentes maneras, pero una forma muy sencilla de reconocerlo es no pensar, simplemente ser. Y si, es difícil, pero funciona.

Los cuatro mundos coexisten y se compenetran, si bien hay momentos donde unos tienen más presencia que otros. Es seguro que el mundo exterior es el que reconocemos mejor y ademas es el que domina el paradigma científico (física), político (democracia) y económico (materialismo). Y por qué no decirlo, el mundo exterior mola. Un ejemplo sencillo es que pensar y sentir el amor de pareja, es sin duda maravilloso, pero experimentar en el mundo exterior con el cuerpo de la persona amas, antes o después de una buena comida y un vino rico, es igualmente o más maravilloso. Pensemos en el mundo exterior como si fuera el vidrio de esa botella de vino, el contenedor de los otros elementos, el contenedor de los otros mundos, pero un contenedor que te alegra la existencia.

El arquetipo del Contrafantasma estaba volcado en el final de verano y en apurar los últimos tintos con blanca que le proponía el aún templado clima. Los días eran más cortos y mientras esperaba a que acabara la lavadora, leía la novela “Ordesa” de Manuel Vilas, de lo mejor que había llegado a sus manos en los últimos tiempos. Era jueves y los jueves siempre hay algo a lo que engancharse. El nombre jueves viene de Jupiter y la influencia de este astro tiene que ver con la expansión. Debe ser por eso que las noches de jueves en Madrid son tumultuosas, divertidas y llenas de oportunidades para ensanchar la conciencia. Dejó de leer y chequeó el móvil en busca de esa promesa jupiteriana. Al abrir el correo encontró un mail de una dirección que le resultaba familiar. Era la dirección de Irma a la que él aún no se había decidido a escribir. El asunto del correo titulaba “Hoy” y el cuerpo decía lo siguiente:

Hola,

Como veo que no te animas a contactar, he decidido hacerlo yo. Lo hago por mail porque me parece menos intrusivo y te da la opción de no contestar si no quieres, o ya tienes plan. El motivo es sencillo, quiero que nos veamos. Fran se ha marchado a Ponferrada para visitar a su familia y yo no acudo hasta mañana viernes. Si te apetece y puedes, aquí estoy.

Se que tienes mi número porque llamaste el otro día, así que dame un toque en caso afirmativo y cerramos lugar y hora.

Un beso.

Irma

No esperaba recibir ese mensaje de Irma y menos aún esperaba que Fran fuese de Ponferrada. Si algo caracterizaba al Contrafantasma, era que solía tomar la iniciativa y que no se sentía nada cómodo en entornos rurales. Lo segundo no era para pensarlo en este momento, así que se centró en lo primero, la iniciativa, que en esta ocasión no era suya, sino de Irma. Con Irma todo era diferente. Sin pensarlo (siendo) contestó que si, propuso un lugar que conocía bien, donde podrían estar tranquilos y donde se come muy bien y propuso encontrarse a las 9,30pm. Lo hizo por mensaje de texto porque no se atrevía a llamar. Rápidamente Irma contestó que si, pero que el lugar sería otro y a las 10pm, que antes tenía que acabar la maleta para Ponferrada.

Era su primera. Era la primera Primera Cita que tenía el Contrafantasma en más de tres años. Las primeras citas tienen un exceso de carga de literatura romántica y películas de Julia Roberts, pero al Contrafantasma siempre le habían entusiasmado. Esta Primera Cita era sin duda especial, porque era con una mujer única, con la que ya había estado dos veces de manera accidental y que además ahora era la pareja de otro.

Le había encantado la inesperada extroversión de irma. Jupiter estaba haciendo de las suyas. Qué maravilla el mundo exterior, pensó mientras se metía en la ducha.

Quién es el Contrafantasma

El Contrafantasma ha enviado esto porque está escribiendo una especie de autobiografía de andar por casa y como quiere dirigirse a Irma, se preguntaba si algo de lo que tiene escrito le podría valer a ella para entender de verdad quien es y el momento en el que se encuentra. Yo lo publico tal cual, sin editar ni una palabra, con el ánimo de que ustedes se hagan una mejor idea de quien es la persona detrás del seudónimo. Aún no sabe si mandarle algo de esto a Irma.

“Hola, soy el Contrafantasma y voy a celebrar mi cuarenta y cinco cumpleaños. Esta decisión la tomé cuando no celebré mis cuarenta por dos motivos: me acababa de separar y estaba en la crisis que correspondía a mi momento biográfico.

Muchos dirán que ambos conceptos están relacionados y que las crisis de los cuarenta coinciden con un buen número de separaciones de pareja. En mi caso la crisis había comenzado cuando aún no había cumplido los veinte, pero siempre he tenido mucho respeto por el deber ser y aunque me sentía raro desde hacía más de dos décadas, no había dejado que fuera público (o eso pensaba yo), hasta el momento en el que fue inevitable, y compatible con algo que todo el mundo pudiera entender como normal. Y la crisis de los cuarenta era perfecta para encajar ese malestar. Mi terapeuta le puso nombre a este patrón de comportamiento de ser una cosa y hacer otra, sin ser capaz de evitarlo. Lo llamó esquizofrenia (que nombre feo, ¿no?). Lo que sucede es que eso otro que yo hacía, encajaba con lo que debía ser según mi incorrecto entendimiento de la tradición y la opinión pública que me rodeaba, motivo por el que nadie, ni yo mismo, se ocupó de ello. Y es que siempre he tenido una gran capacidad de impostura y altos niveles de auto convencimiento acerca de que aquel era el camino correcto. Bueno, o de que si no lo era, tendría tiempo en el futuro para rectificar, para manejarlo, como siempre me decía a mi mismo.

Casualmente, aquel día que cumplí cuarenta, se había decidido convocar una reunión de antiguos alumnos del colegio y durante la discusión previa por WhatsApp, acerca de la fecha de la convocatoria, fui yo quien propuso ese día y quien provocó el consenso, ya que si yo estaba dispuesto a sacrificar el día de mi cuarenta cumpleaños para estar con ellos, el listón de excusas se elevaba muy mucho para el resto a la hora de pelear otra fecha alternativa. Si le preguntaran por mi a los colegas de clase que asistieron a aquella reunión, apuesto a que dirían que yo ejercía cierto liderazgo en el grupo y que era razonable que, en términos históricos, la fecha resultante fuera la que yo había propuesto.

Y fue en ese momento cuando pensé que ojalá en la siguiente fecha redonda de mi calendario, pudiera estar en condiciones de celebrar de verdad que estoy vivo y de una pieza, a pesar de todo. Y esa fecha es el mes de noviembre próximo, cundo cumplo cuarenta y cinco años.

En el tiempo transcurrido entre ambos momentos, más de 1.800 días, he experimentado cosas y he accedido a enseñanzas que, de una manera que yo calificaría como mágica, han ido colocando en su lugar las distintas partes de mi ser, dando por fin un sentido a mi vida. No tomo esto como el fin de un camino, sino como el regreso a la casilla de salida, a una esencia de la que nunca debí alejarme. No es un canto de victoria, ni de prueba superada, sino un reconocimiento de que mi vida, al igual que de de todos nosotros y del resto de seres vivos, tiene un sentido y que el tesoro más increíble de la existencia es encontrarlo. Que como todo tesoro es difícil de conseguir, porque el más fiero de los dragones está al acecho para que no accedamos a él, pero que se puede si uno es integro y posee la información correcta.

Así que voy a contarles lo que sucedió entre aquel mes de septiembre de 2013, cuando en mitad de mi crisis de la mediana edad, me separé de mi ex mujer y de mis dos hijas, y el día de hoy, un martes de principios de septiembre de 2018. Y si, es la historia autobiográfica de un hombre cualquiera. Soy de esos que tenemos una vida normal, en un entorno normal, de una ciudad normal y en un país normal. Yo soy muy parecido a ustedes, y ustedes son muy parecidos a mi. Un chico de barrio.

Lo extraordinario es que las enseñanzas adquiridas y las experiencias vividas que les voy a contar, aplican igual a un chico de barrio, que al hijo del sultán de Brunei, lo mismo al batería de U2, que a Maripiedi la portera de mi casa, de igual manera al presidente del gobierno, que a mi padre viudo y jubilado. Todos somos seres humanos y eso quiere decir que compartimos lo esencial.

Y además voy a ordenar todo esto de forma numérica, que en un momento histórico dominado por los algoritmos y los datos, creo que va a potenciar la aceptación por cierta parte de la audiencia. Estos son los números relevantes de mi historia personal:

El 6 por las seis fases de la vida. Estoy en la cuarta.

El 5 por los años que han pasado desde mi crisis de la mediana edad.

El 4 por los niveles del cosmos y las capas del hombre. Y bueno, por los 44 años que tengo.

El 3 por las funciones del hombre, reconocimiento, aspiración y actuación.

El 2 por la pareja, por la mujer y el hombre y su necesaria compenetración.

El 1 por lo divino en nosotros y porque eso no es más (ni menos), que lo esencial de cada uno de nosotros, nuestro arquetipo. Y la certeza de que si somos capaces de reconocerlo y desarrollarlo, seremos felices.

Y ese número 1 es también por una muerte que sucedió en este tiempo, la de mi madre, que me ayudó conectar con las realidades invisibles.

Este es el sentido de mi vida. Espero que les entretenga y saquen algo aprovechable”.

Reconozco que al leerlo me han entrado ganas de seguir sabiendo acerca de su historia, porque se parece mucho a la mía y a otras que me rodean.