Quién es el Contrafantasma

El Contrafantasma ha enviado esto porque está escribiendo una especie de autobiografía de andar por casa y como quiere dirigirse a Irma, se preguntaba si algo de lo que tiene escrito le podría valer a ella  para entender de verdad quien es y el momento en el que se encuentra. Yo lo publico tal cual, sin editar ni una palabra, con el ánimo de que ustedes se hagan una mejor idea de quien es la persona detrás del seudónimo. Aún no sabe si mandarle algo de esto a Irma.

“Hola, soy el Contrafantasma y voy a celebrar mi cuarenta y cinco cumpleaños. Esta decisión la tomé cuando no celebré mis cuarenta por dos motivos: me acababa de separar y estaba en la crisis que correspondía a mi momento biográfico, también conocida como la crisis de la mitad de la vida.

Muchos dirán que ambos conceptos están relacionados y que las crisis de los cuarenta coinciden con un buen número de separaciones de pareja, siempre que se den las condiciones para hacerlo. En mi caso la crisis había comenzado cuando aún no había cumplido los veinte, pero siempre he tenido mucho respeto por el deber ser y aunque me sentía muy mal desde hacía más de dos décadas, no había dejado que mi sufrimiento fuera público, hasta el momento en el que fue inevitable, y compatible con algo que todo el mundo pudiera entender como normal. Y la crisis de los cuarenta era perfecta para encajar ese malestar. Mi terapeuta le puso nombre a este patrón de comportamiento de ser una cosa y hacer otra, sin ser capaz de evitarlo. Lo llamó esquizofrenia (que nombre feo, ¿no?). Lo que sucede es que eso otro que yo hacía, encajaba con lo que debía ser según mi incorrecto entendimiento de la tradición y la opinión pública que me rodeaba, motivo por el que nadie, ni yo mismo, se ocupó de ello. Y es que siempre he tenido una gran capacidad de impostura y altos niveles de auto convencimiento acerca de que aquel era el camino correcto. Bueno, o de que si no lo era, tendría tiempo en el futuro para rectificar, para manejarlo, como siempre me decía a mi mismo.

Casualmente, aquel día que cumplí cuarenta, se había decidido convocar una reunión de antiguos alumnos del colegio y durante la discusión previa por WhatsApp, acerca de la fecha de la convocatoria, fui yo quien propuso ese día y quien provocó el consenso, ya que si yo estaba dispuesto a sacrificar el día de mi cuarenta cumpleaños para estar con ellos, el listón de excusas se elevaba muy mucho para el resto a la hora de pelear otra fecha alternativa. Si le preguntaran por mi a los colegas de clase que asistieron a aquella reunión, apuesto a que dirían que yo ejercía cierto liderazgo en el grupo y que era razonable que, en términos históricos, la fecha resultante fuera la que yo había propuesto.

Y fue en ese momento cuando pensé que ojalá en la siguiente fecha redonda de mi calendario, pudiera estar en condiciones de celebrar de verdad que estoy vivo y de una pieza, a pesar de todo. Y esa fecha es el mes de noviembre próximo, cundo cumplo cuarenta y cinco años.

En el tiempo transcurrido entre ambos momentos, más de 1.800 días, he experimentado cosas y he accedido a enseñanzas que, de una manera que yo calificaría como mágica, han ido colocando en su lugar las distintas partes de mi ser, dando por fin un sentido a mi vida. No tomo esto como el fin de un camino, sino como el regreso a la casilla de salida, a una esencia de la que nunca debí alejarme. No es un canto de victoria, ni de prueba superada, sino un reconocimiento de que mi vida, al igual que de de todos nosotros y del resto de seres vivos, tiene un sentido y que el tesoro más increíble de la existencia es encontrarlo. Que como todo tesoro es difícil de conseguir, porque el más fiero de los dragones está al acecho para que no accedamos a él, pero que se puede si uno es integro y posee la información correcta.

Así que voy a contarles lo que sucedió entre aquel mes de septiembre de 2013, cuando en mitad de mi crisis de la mediana edad, me separé de mi ex mujer y de mis dos hijas, y el día de hoy, un martes de principios de septiembre de 2018. Y si, es la historia autobiográfica de un hombre cualquiera, de esa mayoría que no sale en los medios de comunicación por sus hazañas épicas, o su posición pública. Soy de esos que tenemos una vida normal, en un entorno normal, de una ciudad normal y en un país normal. Yo soy muy parecido a ustedes, y ustedes son muy parecidos a mi. Un chico de barrio.

Lo extraordinario es que las enseñanzas adquiridas y las experiencias vividas que les voy a contar, aplican igual a un chico de barrio, que al hijo del sultán de Brunei, lo mismo al batería de U2, que a Maripiedi la portera de mi casa, de igual manera al presidente del gobierno, que a mi padre viudo, jubilado y deprimido. Todos somos seres humanos y eso quiere decir que compartimos lo esencial. 

Y además voy a ordenar todo esto de forma numérica, que en un momento histórico dominado por los algoritmos y los datos, creo que va a potenciar la aceptación por cierta parte de la audiencia. Estos son los números relevantes de mi historia personal:

El 6 por las seis fases de la vida. Estoy en la cuarta.

El 5 por los años que han pasado desde mi crisis de la mediana edad.

El 4 por los niveles del cosmos y las capas del hombre. Y bueno, por los 44 años que tengo.

El 3 por las funciones del hombre, reconocimiento, aspiración y actuación.

El 2 por la pareja, por la mujer y el hombre y su necesaria compenetración.

El 1 por lo divino en nosotros y porque Dios no es más (ni menos), que lo esencial de cada uno de nosotros, nuestro arquetipo. Y la certeza de que si somos capaces de reconocerlo y desarrollarlo, seremos felices.

Y ese número 1 es también por una muerte que sucedió en este tiempo, la de mi madre, que me ayudó conectar con las realidades invisibles.

Este es el sentido de mi vida. Espero que les entretenga y saquen algo aprovechable”.

Reconozco que al leerlo me han entrado ganas de seguir sabiendo acerca de su historia, porque se parece mucho a la mía y a otras que me rodean. Esperaremos a ver qué hace.

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