Apenas cuatro letras

El Contrafantasma estuvo el jueves en una conferencia a la que le invitó su amigo Martín. y que se titulaba “Amor”. No había demasiada información en la web de los organizadores, salvo un texto que decía, “Umdenken, es necesario un cambio en la forma de pensar”. Como la tarde en la oficina era espesa y Martín le había insistido un par de veces, le pareció buena idea acudir al centro y de paso ver las luces navideñas. Caminó Conde de Peñalver hasta Goya, y de allí por Alcalá hasta la bifurcación con Gran Vía. Subió por las nuevas aceras de Carmena y entró en Callao para dirigirse a la librería La Central, lugar donde era la charla. Habían habilitado la última planta y colocado unas 40 sillas en forma de circulo, rompiendo el habitual formato magistral donde uno habla y el resto escucha. Echó según entraba un vistazo a la sala para encontrar a Martín. No le vió y se sentó en la silla que tenía más cerca. Aún quedaban 15 minutos para empezar y a su lado estaba la sección de poesía. Delante de él un libro de Karmelo C. Iribarren titulado “Amor, ese viejo neón”, que le pareció muy oportuno y se preguntó si sería parte de la producción del evento. Estuvo entretenido leyendo hasta que se apagaron las luces y comenzó a sonar una música conocida y una luz enfocó a una mujer vestida de negro tocando el chelo. En una de las paredes se proyectó un texto que decía que la pieza era el preludio de la Suite nº1 para chelo, de Bach. Fueron poco más de dos minutos, suficientes para hacer olvidar a la audiencia lo que tuvieran en la mente hasta ese momento.

La sesión se dividió en cuatro actos, cada uno con un interlocutor diferente y con la proyección de la pared haciendo de narradora. Los ponentes eran personas anónimas: una periodista, un carpintero, un profesor y una filósofa. Cada una habló de uno de los cuatro niveles de desarrollo del amor; la atracción, el enamoramiento, la erótica y la amistad. Los 90 minutos que duró pasaron volando y al terminar hubo en la sala una sensación agridulce, que iba desde el alivio por entender algo tan intangible y tan real al mismo tiempo, hasta el asombro porque nadie se lo hubiera contado antes así. Ni padres, ni profesores, ni hermanos mayores, ni jefes, ni parejas, ni terapeutas explican qué es el amor, ni mucho menos cómo funciona. Especialmente emocionante fue la exposición de la filósofa que habló del cuarto nivel de desarrollo, el de la amistad.

El chelo, que seguía sonando de fondo una vez acabado el evento, atrapaba aún a algunos asistentes cuando una mano tocó el hombro del Contrafantasma. Este se dió la vuelta y vio la cara de Martín, risueño y vestido de riguroso azul marino, como siempre y a su lado a una mujer, a la que sin tiempo de reacción introdujo como Irma, – la acabo de conocer en la charla y nos hemos llevado genial. Es amiga de la filósofa que ha hablado la última -, concluyó Martín. Irma y el Contrafantasma se miraban desde que éste se había vuelto y no eran capaces de articular palabra. Al fin él masculló algo acerca de Nueva York y ella contestó que sí, pero que había vuelto hacía dos días para pasar las navidades con su madre. Martín observaba con sorpresa la escena, instante en el que llegó Ana, la filósofa, que captó la situación y directamente preguntó si eran viejos amigos. Ambos asintieron con la cabeza.

Antes de salir, el Contrafantasma compró el libro que tenía en su mano desde el principio y luego los cuatro abandonaron la librería,  bajando por Postigo de San Martín hacia la Plaza de las Descalzas. Se sentaron en “Doña Juana”, una cervecería típica que aún conserva cierta esencia del Madrid de siempre y conversaron sobre lugares comunes durante más de media hora. El Contrafantasma estaba ausente, como si la presencia de Irma le hubiera incomodado. Ella estaba ojeando el libro de poemas que había comprado él, tratando de que el momento se disolviera. Cogió una servilleta de papel y la puso como señal en una de las páginas, dejando el libro de vuelta encima de la mesa. El Contrafantasma entendió el gesto y agarró el librito abriéndolo por donde estaba la marca. El poema se titulaba “Amor” y decía así: “Apenas cuatro letras. Y cabe tanto dentro. Y duele tanto cuando te dejan fuera“.

El Contrafantasma miró a Irma y escribió en la servilleta que a qué nivel del desarrollo del amor pensaba que se referían esos versos. También por escrito y en el mismo trozo de papel, ella contestó, “creo que se refiere al mio por ti”.

Martín y Ana siguieron hablando un rato, hasta que se dieron cuenta de que sus amigos ya no estaban.

 

1984

El Contrafantasma leyó por primera vez el libro de Orwell cuando aún no había cumplido veinte años. Ya le gustaría al autor que leer este escrito evocara un poco a aquel “1984”, pero ustedes le van a perdonar que no sea así.

Cuando tienes diez años y tus padres te envían a un campamento de verano en la comunidad autónoma de Murcia, significa una de tres: que no te quieren, que piensan que va a ser lo mejor para ti, o que algo va mal de verdad y mejor que los niños estén lejos. Eran los primeros días de agosto de 1984 y del campamento no recordaba casi nada, salvo que en la madrugada del día 10 algunos compañeros, monitores y él mismo, se levantaron de madrugada para ver por televisión la final de baloncesto de los JJOO de Los Angeles, aquella en la que España ganó la medalla de plata.

Tener diez años significa estar aún en la primera fase de la vida, que llega hasta los 12 aproximadamente. Lo principal de esta fase es el movimiento y que ese movimiento se guíe por los sentidos. El niño descubre el mundo y se hace una primera representación del mismo. Descubre los olores, los sabores, el equilibrio y de esta forma reconoce objetivos para su movimiento. Las emociones ponen luego en marcha el movimiento y aprende a coordinar la percepción sensorial, a vivir correctamente las emociones y a coordinar el movimiento a través de una conducta ordenada. Y con ordenada quiero decir acorde con el arquetipo del niño y no sólo con el orden impuesto por los adultos. Ese orden adulto que nos absorbe y que reproducimos cuando llegamos a esa edad, es muy parecido a la ubicua policía del Pensamiento que aparece en el “1984” orwelliano, con la salvedad de que el impulso de control parte de nosotros y no del exterior.

Aquella calurosa noche había dos emociones activando el movimiento del Contrafantasma y ambas tenían que ver con el amor. Amor por el deporte de la canasta y amor por una compañera que tendría tres o cuatro años más qué él y que fue la promotora del madrugón para ver el baloncesto. En esa fase de la vida las emociones están cercanas a la pureza, con una muy escasa intervención de la opinión pública. Lo que activa a moverse a un niño de diez años responde a lo que el niño es y a lo que va a ser cuando sea adulto. Esto lo olvidamos a menudo cuando llegamos a ser padres y tratamos de imponer un camino a los hijos, bien por convicción (normalmente incorrecta), bien por comodidad (muy a menudo), o bien por no tener bien integrado el propio desarrollo como individuo (lo más habitual).

Pasadas más de tres décadas, en la noche del viernes el Contrafantasma trataba de identificar emociones que le ayudaran a activar su movimiento. Estaba tumbado en la cama y lo único que tenia conectado en su vida era el aparato de aire acondicionado. El calor en Madrid era insoportable y la dieta de tinto de verano con casera generaba momentos de irresistible somnolencia. Un pensamiento rondaba su cabeza mientras trataba de evitar el sueño. Pensaba que él siempre había sido bueno en el deber ser, cumpliendo bien con aquellas tareas que se le suponían según su edad y su tradición, pero llevaba años con la sensación de que eso le había ido separando de su eje, hasta haber convertido sus movimientos en una sucesión de actos sin sentido. Ser adulto había supuesto perder buena parte del sentido, en aras de un bien superior con el que no encajaba. La policía del Pensamiento de “1984” lo había conseguido, sin necesidad de que hubiera policía alguna.

Como no pintaba nada bien la noche y estaba empezando a tener dolor de garganta por el aire acondicionado, trató de volver a aquellas sensaciones de los 10 años cuando el baloncesto y una chica poco mayor que él eran suficientes motivos para dar sentido a su vida. Cerró los ojos y viajó hasta la noche de la final de Los Ángeles, disfrutó de los aspavientos del gran Antonio Diaz-Miguel y de las evoluciones de los jugadores que posteriormente marcarían su adolescencia. Y todo ello con su cabeza recostada sobre el regazo de aquella compañera, que le acogía con dulzura, como una hermana mayor.

Al rato, buscó entre las cajas de la mudanza la edición de bolsillo que tenía del libro de Orwell y se quedó buena parte de la noche leyendo. Lo disfrutó más que la primera vez, cuando la lectura la entendió sólo como una crítica política. Esta nueva visita al texto le había dejado pensando en el concepto de Orwell sobre ese Hermano Mayor que nos vigila, con un enfoque nuevo, en el que el hermano mayor lo llevamos incorporado en la tradición y en el peso de la opinión pública. Vaya, que no es necesario que nadie nos lo imponga desde fuera, que lo tenemos muy interiorizado. Y le asaltó el recuerdo de aquella noche, recostado sobre esa muchacha, su gran hermana de aquel verano. Se durmió pensando en cómo habría sido el mundo de “1984”, si en lugar de un Hermano Mayor, hubiera existido una Hermana Mayor, y en como habría sido su vida de adulto, si en lugar de volcarse en lo que debía ser, lo hubiera hecho en lo que de verdad era.

Hay esperanza, nuestros hijos aún están a tiempo de no ser movidos de su eje y dicen que los cuarenta de ahora son los antiguos treinta. Una década de vida extra.

La fiesta de la prima Vera

El Contrafantasma se había despertado empapado en sudor, la temperatura nocturna no había bajado de los 26º durante toda la semana y los sueños tampoco habían ayudado en la última noche. En su másallá estaba sentado en un aeropuerto con dos mujeres, una de ellas conocida en el mundo exterior. De pronto la que no era conocida se transformaba en la que si lo era y era como si estuviera sentado con dos gemelas, o con la misma persona por duplicado. Una mujer en el sueño de un hombre representa opiniones de ese hombre. Si la mujer es conocida, uno tiene que pensar en las asociaciones que tiene con ella, para saber sobre qué opiniones le está hablando su sueño. No tenía ganas de analizarlo en profundidad, así que lo escribió en su cuaderno mientras tomaba café y se metió en la ducha. Había vuelto a quedar con Curra, esta vez a desayunar. La conversación con los Bloody Mary´s de la noche del jueves había sido tremendamente reveladora, pero aún había cosas que necesitaba asentar, tanto en los hechos que le contó Curra, como en su repercusión interna.

Curra le contó que desde el día que se cruzaron en el portal de su casa algo pasó, algo que no era capaz de explicar y que a la vez no podía evitar. Así que ese día dio media vuelta al doblar la esquina y le siguió hasta su oficina, sintiendo mucho alivio cuando comprobó que trabajaba muy cerca de su casa. Que al día siguiente se presentó allí preguntando por él y que la persona que estaba en la recepción le entregó una tarjeta de visita suya. Que al llegar a casa googleo su nombre y encontró tres conexiones comunes y que una de ellas era Vera, amiga suya y prima de Petra. Vera y Curra estudiaron juntas en la universidad y muchas veces, durante aquella época de veinteañeras, habían ido a casa de Petra a las fiestas de los primos mayores. A Petra le encantaba presentar a su prima pequeña como la prima Vera y esto les concedía cierto protagonismo en aquella veladas, ya que todos los tíos acababan haciéndole el chistecito a Vera. De hecho, durante años, por hacer la gracia  y añorando aquellas famosas fiestas de la Autónoma de Madrid de fines de los 80, a las fiestas en casa de Petra se las llamó las “Fiestas de la prima Vera”.

Curra siguió con su relato de los hechos. Le dijo que había llamado a Vera y preguntado de qué conocía al Contrafantasma, que lo tenia en su LinkedIn. Vera había dudado, pero en seguida caído en de quien se trataba. Es amigo de mi prima y alguna vez nos hemos visto en su casa. Y también le dijo que creía que ellos se seguían viendo. Además le dio el dato de que Petra iba a celebrar su cumple y que tras años sin ir, se iba a pasar por allí a saludar y tomar un vino. Le dijo a Curra que fuera con ella y llamó a su prima para asegurarse de que ésta invitaba al Contrafantasma. Y todo aquello sucedió según el plan, salvo por el hecho de que Curra dijo en el último momento que no podía ir, pero que por favor le consiguiera el teléfono de ese hombre.

A partir de ahí los datos ya conocidos. La noche de jueves de agosto, la casa de Petra, la presencia de Irma, la conversación con ella, la aparición de Fran el prometido, su pinta de señor mayor aburrido, la decepción del Contrafantasma, la prima Vera consiguiendo introducir la nota en el bolsillo del Contrafantasma, la colada del domingo, la nota, el frutero, la llamada de Curra y la cita en Harvey´s. Y lo más importante, Curra le confesó después del segundo Bloody Mary, que al verle en el portal de su casa había sentido como si inclinaran la acera 45º grados en dirección a él y que aquello era la primera vez que le pasaba en sus 36 años de vida. Que sintió una ganas terribles de que él hubiera contestado que la estaba buscando a ella, porque la había visto desde la calle caminar semidesnuda por el salón y que acto seguido hubieran cogido juntos el primer avión posible a NYC.

Todo eso había sido la noche del jueves, regada por un necesario alcohol para desinhibirse. Ahora ya era domingo, era por la mañana y las cosas se habían reposado un tanto. El desayuno empezó raro porque el Contrafantasma lo primero que hizo fue preguntar por el novio de Curra. -¿qué hay de tu novio, ese que te tiró las llaves cuando nos cruzamos en tu portal?-. Sonó inoportuna y masculino corporativa la pregunta, pero era lo que de verdad le salía. Ella cambió el gesto, se puso pálida y como que de pronto regresó a su realidad. Le contó que fue por eso por lo que no acudió a casa de Petra, que no quería ir con su novio y que tampoco quería verle a él con nadie, que le dio miedo. -¿Miedo de qué?- insistió él. Miedo de comprobar en tiempo real que siente algo de baja intensidad por la persona con la que comparte su vida y de la que una vez estuvo enamorada. Evidenciar que son más compañeros de piso, que de vida. Chequear que ella no es ella cuando están juntos y que eso hace que él tampoco sea él, y viceversa. Que la cosa se va complicando con el tiempo y que cada uno hace la guerra cada vez más por su cuenta y con su smartphone. Que el amor inicial y la asociación fue simpática hace dos años y que ella pensó que la cosa solo mejoraría con la convivencia. Y todo esto a los 36 años, con la tradición y la opinión pública presionando con la maternidad.

El Contrafantasma recogió la declaración, le parecía honesta y sin adornos. Estaba siendo ella en un momento bajito y eso demostraba valentía y capacidad de reconocimiento. Además le contó que a él también le dio miedo decirle que era a ella a quien buscaba en su portal aquel día, que pensó que se le había ido la olla y que le hubiera llamado loco o tomado por uno de haberlo hecho así. Que ahora se daba cuenta de que tenía que habérselo dicho y quizá haber tomado este café con ella hace unas semanas. Le agradeció que hubiera hecho el esfuerzo por quedar con él y contarle esto y también le dijo que ahora se daba cuenta de que a él le había pasado lo mismo con Irma y que aun no se había atrevido a intervenir. Le dijo que hablara con su novio, que le expusiera todo lo que le pasa y que si eso desembocaba en ruptura, pues que sería lo mejor para los dos. Pero que no cerrara esa relación en falso, sin haber agotado hasta la última gota de saliva preguntando las dudas que tuvieran por parte de ambos. Y que igual sucedía que haciendo eso volvían a una senda de ilusión. Le dijo que el amor es cíclico, como lo es la naturaleza y que hay momentos valle, pero que luego vuelve a florecer, siempre que por el camino se haya cuidado el jardín.

Y el Contrafantasma seguía sin tener el teléfono de Irma.

Sólo, ni al baño

“¿Qué es el miedo?”, “¿es legítimo vivir la vida sin aparente esfuerzo?”, “¿nos han enseñado a ser felices?”. El Contrafantasma estaba sentado en el wáter de un restaurante mientras leía esas frases escritas en la puerta y paredes del habitáculo. Desde los años de facultad no había estado en un cuarto de baño con tanta literatura, y es que el móvil ha hecho mucho mal a estos momentos de soledad donde uno declaraba su amor por alguien, dejaba un chiste para la posteridad o reflexionaba sobre la vida con un altamente introspectivo pensamiento escrito. Los baños de las facultades son, o eran, lugares con mucha historia, literatura y sobre todo filosofía.

Salió de allí pensando en dos cosas; la felicidad de la que hablaba una de las frases del baño y la nula capacidad de estar con uno mismo que tenemos en el momento histórico actual, donde ni siquiera nos permitimos desconectar del exterior cuando hacemos de vientre. Siempre hay un tuit que leer, un meme que recibir, o un post que rankear, mientras uno está sentado en el trono. Y por algún motivo sentía que ambas ideas estaban conectadas.

De camino al coche recordó unos textos del matemático y físico Blaise Pascal, que había estado leyendo días atrás. Pascal fue un polímata, un erudito, un hombre del renacimiento, de los que le daban a todo lo que tenía que ver con ciencia, arte y humanidades. Habitó Francia en el SXVII y murió con tan sólo 39 años, pero dejó trabajos en numerosas disciplinas científicas vinculadas a sus áreas de conocimiento. Participó de la creación de objetos tales como las primeras calculadoras mecánicas, avanzó notablemente la ciencia relacionada con los fluidos, definiendo los conceptos de presión y de vacío, aportó a la teoría de la probabilidad y se introdujo también de forma profunda en el arte y  la filosofía. Y dentro de su inacabada obra Pensees, dejó escrito que la mayor incapacidad de los seres humanos es la de estar solos y que esta carencia se debe a que no soportamos el aburrimiento.

Existen estudiosos de la Personalidad que defienden que hay individuos más tendentes que otros a la soledad, debido a un alto nivel de activación de su sistema nervioso central, el cuál solo son capaces de relajar a través de la ausencia de estímulos externos. Es por eso que hay seres que disfrutan mucho de un paseo por el campo, a diferencia de otros que prefieren un paseo por la Gran Vía. Pero más allá del nivel de introversión de cada uno, es un hecho que no hay tradición de estar solo en nuestra cultura occidental. Y sea porque no soportamos el aburrimiento o porque estamos condicionados biológicamente, lo que es seguro es que esa carencia genera una notable falta de autoconocimiento y una excesiva dependencia del exterior. Y la falta de conocimiento de uno mismo está muy vinculada con la felicidad.

Si ubicamos esa realidad en la era del internet móvil, es una tarea heroica y casi revolucionaria ser capaz de estar un ratito solo, sin conectar con nada ni con nadie, salvo cuando dormimos.  Mientras conducía camino de Madrid con la función de velocidad constante en el auto, el Contrafantasma realizó una imaginación activa con Pascal, viajó al 1660 y se imagino sentado con él en el campo, comentando estás inquietudes que habían surgido en su visita al baño filosofal del restaurante. La conversación fue muy agradable y sorprendente, y el alivio muy notable, producto de las respuestas que el erudito francés le proporcionó. Le dio incluso una herramienta que hoy esta muy de tendencia, un ejercicio concreto a realizar en el mundo exterior de cara a mejorar el autoconocimiento y poder hacer tangibles algunos resultados en el corto plazo.

Esto es lo que le dijo Pascal al Contrafantasma. Haz la prueba de ir al baño y sustituye el móvil por un cuaderno y un bolígrafo. Escribe lo que te venga a la cabeza. no lo pienses, no lo cuestiones, solo escribe lo que llegue, lo que sientas. Haz este ejercicio durante una semana primero y trata de hacer conexiones entre lo que has escrito. En un periodo de un mes empezarás a notar que necesitas de ese momento para ti, sin conectar con nada, aunque aún no haya resultados concretos. En tres meses identificarás donde te gustaría ir en las próximas vacaciones y habrás tomado la decisión de no acudir cada fin de semana a casa de los suegros a comer. En un año puede que tengas completo un primer tratamiento de guión para realizar un largo o que hayas decidido cambiar de profesión. Y lo que es seguro es que, por el camino y a través de este ejercicio, vas a ser capaz de reconocer como están tus anhelos vitales, qué le da sentido a tu vida, y cuál es el camino para encontrar tu integridad.

Al llegar a Madrid a la hora de comer compró un cuaderno azul de tapa dura, que ahora descansa en el cuarto de baño de su casa.

Por convicción o desesperación, cambia

Si entiendes el mundo como eso donde todo lo que existe se puede medir o pesar con instrumentos, o experimentar con los sentidos, es probable que una buena porción de tu día estés peleando contigo mismo o con los demás. Si eso es así, es posible que la acumulación de pequeñas peleas, la mayor parte de ellas internas, se vayan conectado unas a otras hasta proveerte una sensación de molestia crónica, como si tuvieras un zumbido interno que no para. Lo juntarás con lo que se conoce como estrés, porque al tener al sistema inmunológico siempre alerta, hay numerosos procesos que no completarán bien sus ciclos  y es muy probable que esto acabe generando dolor en tu cuerpo o en tu organismo. Del dolor vas a ir al analgésico, que aliviara el síntoma pero no el origen. Al aliviar el síntoma de manera repetida cada vez que te duela, dejarás de reconocer lo que te duele y como consecuencia “olvidarás” la causa, la desalojarás sin haberla resuelto. Pero desalojar no significa resolver y sacar de la conciencia no significa eliminar. Además, como la opinión pública tiene mucho empuje, te obligarás a gastar energía haciendo deporte con los del trabajo y yoga con tu pareja. Luego a ratos, de manera muy irregular y sin estar seguro de si sirve para algo, meditarás con esas sesiones que están en Youtube. El ejercicio va a acabar de agotarte y si bien el yoga y la meditación pueden ser momentos socorridos donde encontrarte, la acumulación de mugre es tan grande, que apenas van a tener un efecto positivo en tu salud. Conclusión, es normal que te encuentres cansado, que te duelan cosas, que te frustre tener que tomar medicinas y que además no veas retorno en todo ese esfuerzo físico y cognitivo que desarrollas. En el extremo esto acabará en enfermedad.

El Contrafantasma escuchaba hablar por teléfono a Macario, el que había sido su médico de cabecera de la Seguridad Social desde que con 22 años le diagnosticaron su enfermedad. Macario tiene 64 años, se licenció en medicina mientras estaba en el seminario y después fue cura durante 16. Ha viajado mucho y está muy bien formado por las mejores instituciones, pero como bien dice él, eso son sólo datos biográficos sin importancia. Macario es especial por lo que conoce de las realidades invisibles, esas que no mucha gente sabe captar y que no se pueden medir, ni pesar. Ahora es más filósofo que médico, pero sabe que su título le allana barreras en esta época cultural. El lugar de la reunión era su despacho, en la trastienda de un herbolario de Carabanchel, donde pasa consulta cada tarde.

Mira esto, Macario mostró una caja que podía contener unas 500 fichas de pacientes. La gran mayoría no pasa los 45 años, dijo, y salvo excepciones, son hombres y mujeres cuyas necesidades están razonablemente cubiertas y no tienen enfermedades catalogadas como graves. Tienen formación, trabajo, familia, amigos, se van de vacaciones y poseen vidas normales y satisfactorias. Pero a todos les duele algo. Hay migrañas crónicas, desarreglos hormonales, dolores musculares, articulares, contracturas de espalda, trastornos del sueño, problemas en la piel, alergias, intolerancias, problemas de estómago… Y también hay cuadros que tiene que ver con la ansiedad, la apatía, la depresión y con la culpa que se genera por encontrarse así, con las vidas supuestamente plácidas que manejan.

En todos estos años de tratar con personas, he identificado que sólo hay dos motivos que hagan posible un cambio radical en un individuo, la absoluta convicción de que es necesario, o la desesperación, y el 100% de estos viene por desesperación, porque no pueden más con su dolor o con ellos mismos, porque no aguantan a su pareja, a sus hijos o a sus padres, porque hay un doctor que les quiere operar y ellos no acaban de verlo, porque los medicamentos que toman ya no hacen efecto, porque aunque hacen deporte, comen sin gluten, sin lácteos, beben mucha agua y duermen 8 horas, siguen con su malestar.

Este modelo está por agotarse. La época de la ciencia de los remedios exteriores no tiene mucho más recorrido. Bueno rectifico, si lo tiene porque se va a seguir avanzando en ese camino, y está bien que así sea. Pero no es en la dirección correcta, es un abordaje incompleto, al menos si lo que buscamos es la felicidad. Hemos alcanzado una gran capacidad de generar investigación que produce medicamentos para terapias paliativas de forma muy notable, igual que hemos generado recursos para que subsista una población mucho más grande que la que tenía el planeta hace no muchos años, cuando éramos 2.600 millones en 1950. Pero esto no genera felicidad en hombres y mujeres.

Y esto sucede porque la imagen del mundo que tenemos es incorrecta. La mayor parte de nuestros males no se originan sólo en el mundo exterior. El malestar sucede cuando la realidad no encaja con nuestra imagen del mundo. Si esta imagen del mundo es exclusivamente materialista, hay muchas cosas que no van a encajar. Al no encajar, las desalojamos y olvidamos, como le decía antes a la persona del teléfono, pero esto no significa que no estén, que no vuelvan a aparecer.

¿Y cuál es la imagen del mundo correcta?, preguntó el Contrafantasma. Macario se tomó unos segundos para contestar. Yo siempre les cuento lo mismo a mis pacientes y hace años, casi todos pensaban que este discurso venía de mi época de cura y que me había quedado enganchado en algún mecanismo de pensamiento meapilas, por tantos años de pensar en Dios. Pero lo divertido es que eso ya no sucede, hoy todos se alivian de que les hable de lo invisible, de cosas que ellos experimentan, pero que no se atreven ni a nombrar en sus espacios más íntimos  Les digo que la imagen correcta del mundo y por tanto del hombre, incluye los cuatro mundos; el Exterior, ese que conocemos todos y en el que fundamentamos toda nuestra actividad. Y los otros tres, los de las realidades invisibles, que son la Conciencia, el mundo de las informaciones que percibimos y conectamos. El del Más Allá, que se experimenta cuando nuestra conciencia se relaja, ya sea en el sueño o en la vigilia, y el mundo Interior, ese que tiene que ver con lo esencial en nosotros, con lo divino en nosotros, con lo que somos y con  nuestra misión en la vida. Es asombroso ver como todos conocemos y experimentamos estos mundos, pero al no ser mundos materiales, la mayoría decidimos tratarlos con condescendencia y en ocasiones, hasta obviándolos.

¿Y funciona?, preguntó el Contrafantasma. Vaya que si funciona, contestó Macario. Funciona porque igual que la población humana se ha multiplicado por tres en setenta años, la población de mi consulta se ha multiplicado por treinta en los últimos siete.

 

Martín está en crisis

Eran las 9,30am cuando se desplegó en la pantalla un aviso de mensaje. No se cómo unir los puntos de mi currículum para que tengan sentido, decía el texto que descansaba en el teléfono del Contrafantasma. El remitente era Martín, un buen amigo sumido en una notable crisis profesional. No respondió de manera inmediata, notaba el desasosiego en las palabras de su amigo y se tomó la mañana para poder volver al mensaje más tarde y verlo de otra manera. Antes de salir a comer lo leyó de nuevo, pensó para si que los puntos que tenía que unir son los que salen de dentro, no los de su CV. Cuando éstos se conecten, a los de fuera no habrá que darles sentido, se lo darán ellos solos. Pero claro, es difícil decir esto a alguien que está pasándolo mal, que lo que necesita es luz para iluminar su momento y recetas para aplicar de inmediato. Porque hasta pedir ayuda, él ya ha dado numerosas vueltas al tema sin haber llegado a ningún destino liberador. Al no encontrar las palabras precisas, le propuso tomar una cerveza esa misma noche. De primeras dijo que no, que tenia difícil salir a última hora porque había tareas que hacer en casa. Después accedió y quedaron a eso de las 9 en el bar de debajo de su casa.

El bar en cuestión está en la calle Argumosa y la camarera que atiende te abraza con su maravillosa sonrisa según te ve. El Contrafantasma llegó allí media hora antes de lo previsto y mientras esperaba leía acerca de los cuatro temperamentos del ser humano, esos que tienen que ver con los cuatro elementos y que nos dividen entre personas flemáticas (vinculadas con el elemento tierra), melancólicas (agua), coléricas (fuego) y sanguíneas (aire). Si bien todos poseemos las cualidades de los cuatro, tendemos a que uno domine nuestra personalidad. Martín es un tipo colérico y como tal posee las cualidades del fuego. La unión de moléculas de fuego es una unión dinámica y posee dos características fundamentales, hay que darle energía para encenderlo y cuando lo hace tiende a ir hacia arriba. Cuando el fuego arde puede arrasar allí por donde pasa, pero también tiene un poder transformador, purificador. Martín es un colérico de libro, siempre vinculado a la actividad comercial, cuando lo enciendes tiene una capacidad de trabajar asombrosa. Es muy dinámico, desprende una energía que contagia al resto y si le das gasolina, su actividad no tiene fin. Como buen colérico, tiene un pronto de genio que es fácil que aparezca, así que es mejor no provocarle, o no estar cerca cuando estalle.

Cuando apareció Martín, con cara de agotado y un color de piel tirando a gris -muy parecido al aspecto de Messi en los dos primeros partidos del mundial-, el Contrafantasma ya apuraba el segundo tinto de verano con Casera. A Martín le gustó la camisa de palmeras del Contrafantasma y se la jaleó con moderado entusiasmo, pero marcada honestidad. Cuando uno no está en su mejor momento, halagar al prójimo es un ejercicio de extrema y compleja generosidad. En el bar sonaba la canción “Te quiero” en una versión de Los Elefantes, Sidonie y Love of Lesbian, lo que hizo de ese instante algo magnifico. Saboreen esta imagen, un bar de Lavapies, un jueves de junio de esos en los que parece que no anochece nunca, dos amigos de más de cuarenta que se encuentran, se abrazan, se reconocen y se jalean camisas sospechosas. ¿No es eso Amor?

Martín tiene 45 años, está casado con Blanca, tienen tres hijos y una vida que para la opinión pública es un moderado éxito. Ambos son buenos profesionales y han montado una familia sana. Tienen una relación de pareja cómplice y verdadera, se entienden y se quieren. Martín es de esas personas que siempre está pensando en lo siguiente en su vida, como si lo que está sucediendo en el presente no fuera suficiente, o fuera sólo la transición a algo mejor por venir. Durante más de dos décadas, esa forma de actuar le ha servido para sobrevivir y no preocuparse por el error, ya que siempre ha sentido que había tiempo para rectificar y enderezar el rumbo en caso de que este se torciera del todo. Pero desde hace dos o tres años Martín está en crisis. Estoy en una gran crisis, le confirmó según se sentó. Y por favor, no me digas la frase esa de que la crisis es una oportunidad y toda esa mierda de los dealers de la autoayuda, porque no puedo más.. Le contó que el conflicto había llegado también a su cuerpo, que ya no era solamente algo psicológico y que tenia un hombro congelado, que no podía ponerse la camisa sin ayuda de alguien. No se encuentra cómodo con su profesión, le parece que está incumpliendo el mandato para el que estaba destinado y siente frustración, mucha frustración. Ha ido a terapia de distintos tipos y se ha hecho numerosas pruebas tratando de poner nombre a su diagnóstico. Y volviendo al mensaje de esa mañana, su mayor preocupación era que su estado estaba afectando a su profesión. Hacía seis años había montado su propia empresa y ahora estaba teniendo problemas para sacarla adelante, lo que añadía presión de la opinión pública y de las facturas y nóminas por pagar, producto estas de las épocas de las vacas gordas.

El Contrafantasma escuchó durante una hora y media a su amigo. Esta mañana no sabia que contestar a tu mensaje, dijo, pero lo que capté fue que los puntos que tienes que conectar no son los de tus hitos profesionales, sino los de tu vida. Debes reconocer e integrar los hitos que han salido de dentro en tu biografía y reconocer cuáles han sido “impuestos” desde el exterior. Los impuestos son tal cosa producto de la presión de la tradición o de la opinión pública, que son dos fieras muy presentes en nuestra época. No va a ser sencillo hacerlo, tenemos muchas resistencias y facilidad para huir. Tendemos a disolver en lugar de resolver y cuando hacemos esto, los conflictos vuelven a aparecer en formas diferentes, incluida la del hombro congelado. El hombro congelado no se sabe porqué surge, pero si se sabe que es producto de la inflamación de la cápsula donde se inserta el húmero, parte del cuerpo dónde se cruzan muchas terminaciones nerviosas que cortocircuitan progresivamente hasta inmovilizar el hombro. Yo lo tuve en los dos hombros y te garantizo que tarda un poco, pero se acaba marchando la inflamación. Tómate el tiempo de mejora de tu hombro para trabajar en lo que nos hace falta de verdad, un cambio radical en la forma de pensar. Lo que los alemanes llaman Umdenken.

A Martín le calmó escuchar que no es el único al que le duele un hombro, sin que nadie le haya explicado porqué, le gustó saber que su temperamento es colérico y sobre todo, apreció la camisa de su amigo. Al día siguiente le llegó a casa un envío con una camisa igual y un cuaderno por estrenar. En la primera página había una dedicatoria que decía; “Estás aún en mitad del partido, tienes toda la segunda parte para remontar”.

Desde dentro, femenino, humano y radical

El Contrafantasma recibió una carta de Ava, a quien había conocido dos semanas antes en una conferencia titulada “La persona en el centro”, donde habían participado mujeres y hombres en diferentes fases de la vida y donde se habían compartido reflexiones sobre el desarrollo de lo femenino en nuestras sociedades. Ava es mujer menuda con el pelo largo y gris, anudado con una gruesa trenza y de piel morena bien surcada por el paso del tiempo. Tiene 67 años, está casada desde hace 38, es madre y abuela, norteamericana de nacimiento y una “trayectoria vital guiada por el amor”, o al menos así lo decía el programa de las charlas, donde no daba ningún dato más sobre su currículum profesional. Ava eligió hablar fuera del escenario preparado para ello, pidió a todos los asistentes que salieran al jardín del palacete, apagaran los teléfonos, se descalzaran y se pusieran cómodos sobre el césped. Sugirió que cerraran los ojos, relajaran el cuerpo y lo recorrieran de la cabeza a los pies tratando de identificar partes del mismo que aún estuvieran en tensión. Luego pidió al colectivo que se permitieran estar así durante 10 minutos y trataran de relajar también la conciencia, Eran las 15,30 y acababan de comer, así que el ejercicio no fue difícil de aplicar. El Contrafantasma se quedó dormido tres o cuatro minutos, justo lo necesario para desconectar del mundo exterior y entrar, con todos los sentidos activados, en la conversación con la vieja sabia que guiaba el proceso.

Los siguientes 40 minutos fueron una experiencia y por definición una experiencia es algo sobre lo que no se había pensado antes, que no se prevé, que no se puede percibir en la vida cotidiana. Una experiencia cambia nuestras vivencias y nuestros pensamientos. El contenido de la experiencia es un misterio y experimentar misterios es la esencia de la experiencia. Esto separa a la experiencia del conocimiento, que es lo que normalmente valoramos en nosotros y en el prójimo. Ava propuso una conversación sobre la experiencia del amor y consiguió que más de 50 hombres y mujeres brillaran durante casi una hora. No usó tecnología, no citó a ningún gurú conocido, no se apoyó en imágenes, no mostró estadísticas. Posibilitó que los presentes se recogieran y encontraran allí la experiencia del amor. Consiguió que esa experiencia calara hasta dentro y que al terminar se miraran todos con sorpresa, como si acabaran de compartir un secreto íntimo con un grupo de desconocidos, que por ese mismo motivo ya no lo eran.

El Contrafantasma leía la carta de Ava en su casa, era de noche y ya por fin verano. En ella Ava se expresaba con diferente tono y energía de lo que lo había hecho en la sesión. Urgía a moverse, a no perder un día más, decía que hay multitud de señales de que lo anterior ya no sirve, que el modelo materialista está acabando y que el cambio va a suceder mucho más rápido de lo que pensamos. Insistía en que el movimiento para ese cambio viene de dentro y que es necesario parar cada día para identificarlo. Que hay tres ámbitos sobre los que actuar, la política, la economía y la ciencia, y que los tres están demasiado contaminados por esta era del rendimiento, en la que eres lo que tienes o lo que vales. Defendía a los que están en su misma fase de la vida, más allá de los sesenta, a los que se arrincona por no ser productivos y no generar rendimientos materiales, cuando es el momento de la vida en el que más pueden aportar a la sociedad. Defendía el resurgir de lo femenino en mujeres y en hombres, y la compenetración entre ambos en cada uno de nosotros. Y que ese alzamiento de lo femenino nos va a hacer más humanos, más pegados a la vida, más íntegros como sociedad. Y que sólo desde la humanización radical lo vamos a lograr.

Terminó de leer y anotó una frase en su cuaderno nuevo. Desde dentro, femenino, humano y radical.

 

 

 

 

 

 

No es no, es malo para el movimiento

Elegi mal, o quizá elegí bien pero en aquel momento estaba mal. Elegí pensando que yo podría manejarlo y que era lo que se esperaba de mi, lo que yo misma esperaba de mi. Y no puedo seguir a pesar de lo mucho que lo he intentado, de la voluntad que he puesto y de los argumentos que he construido en estos años, que siempre le han valido a él, a mi tradición familiar, al director de la sucursal y a buena parte de los vecinos. Soy muy buena argumentista.

Seguía lloviendo en Madrid y el Contrafantasma escuchaba a su amiga Eire al otro lado de la línea con los auriculares puestos, sentado en la terraza del bar de la esquina, protegido por unos toldos que empezaban a estar empapados y que se movían de manera violenta por el viento. La voz de ella sonaba entre descansada y derrotada, en ese momento de alivio del final de una batalla y aún sin un destino al que dirigir su alma, pero ya desprovista de parte del ruido interno y sin la dolorosa pelea exterior.

El alma dirige el movimiento de los animales y los humanos, el centro del alma es el Yo y la región corporal asociada a ella se encuentra en el pecho, por debajo del cuello y por encima de la pleura. Los humanos nos llevamos la mano allí para expresar que algo es nuestro y una característica fundamental de ella es que no entiende la formulación en negativo. El movimiento no se puede asociar a un no, porque se convierte automáticamente en un si. Si uno baja esquiando por una pista con árboles y va pensando en no darse con ellos, es probable que al final choque con alguno. Si en cambio dirige su movimiento hacia los huecos por donde si pasa, es seguro que va a sortear todos los obstáculos. Esto lo puede experimentar cualquiera en primera persona con múltiples ejemplos.

Mientras escuchaba pensaba en esto porque ella expresaba su situación vital siempre con un no por delante de cada frase. En otro contexto, algo parecido había pasado la semana anterior con el no a Rajoy de todos los partidos menos Ciudadanos. Al Contrafantasma hay algo que no le acababa de gustar en esa mayoría de gente que coincidían en decir no a lo anterior, pero a los que se les ve poca capacidad de coincidir en lo que si va a pasar a partir de ahora, para que este país se mueva en una dirección correcta y con un sentido. Pero vaya, desgraciadamente la política hace tiempo que no es un ejemplo de nada.

Eire seguía con su relato sobre que sabía que no quería más relaciones así, que no iba a hacer esto y lo otro, que no quería estar más con una persona que no comparta sus ideales, que además no iba a estar con nadie en un tiempo prudencial, que no iba dejar que su madre le recriminara su elección, que no se bloquearía con su pena, que no se haría cargo de la de él, ni se sentiría culpable, que no repetiría ese patrón de comportamiento que en la anterior ruptura le llevó a enredarse tanto que se deprimió durante meses. Que no, a un montón de cosas…

¿Y qué hay acerca de lo que si vas a hacer?, le preguntó a su amiga. Lo que dices demuestra una capacidad grande de reconocer tus ideales y de actuar. Ya estás en la línea de salida para orientarte de nuevo. La dirección la pone tu alma y la formulación debes hacerla en positivo. Si sigues formulando lo que no quieres te vas a seguir encontrando con ello, ¿no crees?. Ella guardó silencio durante unos segundos que se hicieron muy largos y que dejaron correr algunas lágrimas por sus mejillas. Estamos muy acostumbrados a reconocer lo que no, pero nos han enseñado muy poco a lo contrario, dijo finalmente.

Tienes razón Eire, es así. Pero ahora que ya sabemos algo más de cómo es la vida, aprovecha y haz lo correcto, porque funciona. Yo si voy a estar contigo, si lo necesitas.

Mientras, Pedro Sánchez ha llenado de mujeres su gabinete. Ser mujer u hombre no garantiza un correcto desarrollo de lo femenino, pero es un paso. Esperemos que no sea simplemente un paso oportunista y efectista empujado por la opinión pública y que haya fundamento detrás. Hay que ver hacia donde dirigen el movimiento y que este sea con un sí por delante.

Zidane, Rajoy, Pilar y una necesaria meditación

El análisis de datos no da para alumbrar los fenómenos de la vida cotidiana. Por más que sea útil y esté de moda analizar el rastro digital, no hay algoritmo capaz de predecir que en un mismo día dimitiría Zidane, forzarían a Rajoy a irse y despedirían a Pilar de su trabajo. El Contrafantasma estaba sobrecogido (que me perdonen los argentinos, no se puede expresar de otra manera) en la tarde del jueves, cuando se sentó en la terraza de una casa de comidas en la esquina entre las las calles Pilar de Zaragoza y Béjar. Mesas de plástico con manteles de papel a cuadros rojos y blancos, en una zona peatonal del barrio de La Guindalera. Sebas es hijo de los dueños del bar y sólo por conocerle merece la pena ir. El primer día que el Contrafantasma se sentó allí Sebas vestía de corto, pantalón deportivo negro, camiseta de fútbol amarilla ochentera de Adidas, medias altas sin espinilleras y todo envolviendo un cuerpo que visto de perfil tiene una forma de “S” mayúscula casi perfecta. Desde aquel momento bautizaron el lugar como “Días de Fútbol”.

Pero volviendo al sobrecogimiento, el Contrafantasma reconoció que en parte era porque no hacia temperatura para estar en una terraza. La primavera sigue caprichosa y no acaba de llegar el calor a la ciudad y ahora además le da por llover cada tarde de manera torrencial. Pero, además del frío exterior, estaba tibio por dentro con los hechos del día. Al tiempo que se sucedían los discursos sobre la moción de censura a Rajoy, salían en rueda de prensa sorpresa Florentino Pérez y Zidane a decir que éste ultimo se iba y por último, su amiga Pilar le había llamado para contarle que la habían despedido. Todo el mundo hablaba de los dos primeros casos, pero el más significativo era el tercero. Pilar es una mujer divertida, volcada al exterior, trabajadora responsable y que llevaba diecisiete años en una empresa de fabricación de bolsas de plástico que va como un tiro. El despido era porque van a empezar a producir el plástico en China y el trabajo administrativo local se va a reducir notablemente. Ella no habla inglés y se han quedado con las otras dos personas que si lo hacen.

Algo está pasando, le dijo a Sebas cuando le trajo la cerveza. Este sonrió y dio media vuelta como si no lo hubiera escuchado. Existen certezas -pensó el Contrafantasma-, pero son difíciles de conjugar en estos tiempos y los hechos de ese día eran producto de demasiadas  variables actuando al tiempo. Así que evitó reflexionar sobre el mundo exterior y lo hizo sobre si mismo y lo que de él sabía, que es de lo poco que está al alcance de nuestra mano y no depende de nadie. Sabe que es hombre, lo que le inclina hacia la extroversión, hacia fuera, hacia la creación de una obra, hacia la objetividad, la asertividad. Sabe que está en la cuarta fase de la vida, lo que le hace estar especialmente integrando en si las características de lo femenino, esas que tiene que ver con una mayor sensibilidad, la capacidad de acoger, la introversión, la cercanía, la vida. Reconoce que su temperamento dominante es el sanguíneo, aquel que tiene las características del aire, la invisibilidad sobre todo. Ese al que le gusta contagiar su alegría a otras personas y cuya mejor arma es el sentido del humor. Aquel que pasa con ligereza sobre algunos asuntos y al que le cuesta enfrentarse a las cosas. Aquel cuyo peligro es la frivolidad y un exceso de sarcasmo que dañe al de enfrente y cuya degeneración enfermiza típica es la neurosis de choque, esa que te deja parado, apático. También sabe que es del tipo natural pragmático, que está más dotado para la aspiración, para hacer crecer lo que el teórico inventa y el práctico luego manufactura. Y por último sabe que es Escorpio con ascendente en Escorpio, lo que le dota de una sensibilidad extrema, que debe encontrar una manera de ser expresada, porque si no lo hace puede ser muy dañino para si mismo y para el resto.

Al rato volvió Sebas y preguntó si quería otra caña. Algo aturdido contestó que si, que mejor un doble. Se sentía como recién levantado de una reparadora siesta, sorprendentemente descansado y despejado. Reconoció que sin haberlo hecho de forma consciente había estado meditando. La meditación integral requiere de cuatro componentes que se relacionan con las cuatro capas del hombre: relajación (cuerpo), respiración (organismo), concentración (alma) y tema (espíritu). Se había relajado al sentarse en la terraza y haber agotado la batería del móvil, se había concentrado tras los primeros sorbos de cerveza y había comenzado a respirar profundamente desde la barriga. Había encontrado la concentración apaciguando el movimiento frenético de su alma de ese día y todo lo que había pasado en el exterior y por último, había encontrado un tema para meditar, su persona, lo que de él sabía.

Fueron escasos 10 minutos, pero reconoció una visión, algo que guía su proceso de desarrollo y se sintió reconfortado. Tanto que le apetecieron una huevos fritos con jamón, especialidad de la casa. Media hora después volvió a su casa caminando, disfrutando del cielo plomizo amenazando lluvia y pleno de energía para el día siguiente.