Por convicción o desesperación, cambia

Si entiendes el mundo como eso donde todo lo que existe se puede medir o pesar con instrumentos, o experimentar con los sentidos, es probable que una buena porción de tu día estés peleando contigo mismo o con los demás. Si eso es así, es posible que la acumulación de pequeñas peleas, la mayor parte de ellas internas, se vayan conectado unas a otras hasta proveerte una sensación de molestia crónica, como si tuvieras un zumbido interno que no para. Lo juntarás con lo que se conoce como estrés, porque al tener al sistema inmunológico siempre alerta, hay numerosos procesos que no completarán bien sus ciclos  y es muy probable que esto acabe generando dolor en tu cuerpo o en tu organismo. Del dolor vas a ir al analgésico, que aliviara el síntoma pero no el origen. Al aliviar el síntoma de manera repetida cada vez que te duela, dejarás de reconocer lo que te duele y como consecuencia “olvidarás” la causa, la desalojarás sin haberla resuelto. Pero desalojar no significa resolver y sacar de la conciencia no significa eliminar. Además, como la opinión pública tiene mucho empuje, te obligarás a gastar energía haciendo deporte con los del trabajo y yoga con tu pareja. Luego a ratos, de manera muy irregular y sin estar seguro de si sirve para algo, meditarás con esas sesiones que están en Youtube. El ejercicio va a acabar de agotarte y si bien el yoga y la meditación pueden ser momentos socorridos donde encontrarte, la acumulación de mugre es tan grande, que apenas van a tener un efecto positivo en tu salud. Conclusión, es normal que te encuentres cansado, que te duelan cosas, que te frustre tener que tomar medicinas y que además no veas retorno en todo ese esfuerzo físico y cognitivo que desarrollas. En el extremo esto acabará en enfermedad.

El Contrafantasma escuchaba hablar por teléfono a Macario, el que había sido su médico de cabecera de la Seguridad Social desde que con 22 años le diagnosticaron su enfermedad. Macario tiene 64 años, se licenció en medicina mientras estaba en el seminario y después fue cura durante 16. Ha viajado mucho y está muy bien formado por las mejores instituciones, pero como bien dice él, eso son sólo datos biográficos sin importancia. Macario es especial por lo que conoce de las realidades invisibles, esas que no mucha gente sabe captar y que no se pueden medir, ni pesar. Ahora es más filósofo que médico, pero sabe que su título le allana barreras en esta época cultural. El lugar de la reunión era su despacho, en la trastienda de un herbolario de Carabanchel, donde pasa consulta cada tarde.

Mira esto, Macario mostró una caja que podía contener unas 500 fichas de pacientes. La gran mayoría no pasa los 45 años, dijo, y salvo excepciones, son hombres y mujeres cuyas necesidades están razonablemente cubiertas y no tienen enfermedades catalogadas como graves. Tienen formación, trabajo, familia, amigos, se van de vacaciones y poseen vidas normales y satisfactorias. Pero a todos les duele algo. Hay migrañas crónicas, desarreglos hormonales, dolores musculares, articulares, contracturas de espalda, trastornos del sueño, problemas en la piel, alergias, intolerancias, problemas de estómago… Y también hay cuadros que tiene que ver con la ansiedad, la apatía, la depresión y con la culpa que se genera por encontrarse así, con las vidas supuestamente plácidas que manejan.

En todos estos años de tratar con personas, he identificado que sólo hay dos motivos que hagan posible un cambio radical en un individuo, la absoluta convicción de que es necesario, o la desesperación, y el 100% de estos viene por desesperación, porque no pueden más con su dolor o con ellos mismos, porque no aguantan a su pareja, a sus hijos o a sus padres, porque hay un doctor que les quiere operar y ellos no acaban de verlo, porque los medicamentos que toman ya no hacen efecto, porque aunque hacen deporte, comen sin gluten, sin lácteos, beben mucha agua y duermen 8 horas, siguen con su malestar.

Este modelo está por agotarse. La época de la ciencia de los remedios exteriores no tiene mucho más recorrido. Bueno rectifico, si lo tiene porque se va a seguir avanzando en ese camino, y está bien que así sea. Pero no es en la dirección correcta, es un abordaje incompleto, al menos si lo que buscamos es la felicidad. Hemos alcanzado una gran capacidad de generar investigación que produce medicamentos para terapias paliativas de forma muy notable, igual que hemos generado recursos para que subsista una población mucho más grande que la que tenía el planeta hace no muchos años, cuando éramos 2.600 millones en 1950. Pero esto no genera felicidad en hombres y mujeres.

Y esto sucede porque la imagen del mundo que tenemos es incorrecta. La mayor parte de nuestros males no se originan sólo en el mundo exterior. El malestar sucede cuando la realidad no encaja con nuestra imagen del mundo. Si esta imagen del mundo es exclusivamente materialista, hay muchas cosas que no van a encajar. Al no encajar, las desalojamos y olvidamos, como le decía antes a la persona del teléfono, pero esto no significa que no estén, que no vuelvan a aparecer.

¿Y cuál es la imagen del mundo correcta?, preguntó el Contrafantasma. Macario se tomó unos segundos para contestar. Yo siempre les cuento lo mismo a mis pacientes y hace años, casi todos pensaban que este discurso venía de mi época de cura y que me había quedado enganchado en algún mecanismo de pensamiento meapilas, por tantos años de pensar en Dios. Pero lo divertido es que eso ya no sucede, hoy todos se alivian de que les hable de lo invisible, de cosas que ellos experimentan, pero que no se atreven ni a nombrar en sus espacios más íntimos  Les digo que la imagen correcta del mundo y por tanto del hombre, incluye los cuatro mundos; el Exterior, ese que conocemos todos y en el que fundamentamos toda nuestra actividad. Y los otros tres, los de las realidades invisibles, que son la Conciencia, el mundo de las informaciones que percibimos y conectamos. El del Más Allá, que se experimenta cuando nuestra conciencia se relaja, ya sea en el sueño o en la vigilia, y el mundo Interior, ese que tiene que ver con lo esencial en nosotros, con lo divino en nosotros, con lo que somos y con  nuestra misión en la vida. Es asombroso ver como todos conocemos y experimentamos estos mundos, pero al no ser mundos materiales, la mayoría decidimos tratarlos con condescendencia y en ocasiones, hasta obviándolos.

¿Y funciona?, preguntó el Contrafantasma. Vaya que si funciona, contestó Macario. Funciona porque igual que la población humana se ha multiplicado por tres en setenta años, la población de mi consulta se ha multiplicado por treinta en los últimos siete.

 

Un comentario en “Por convicción o desesperación, cambia

  1. Los filósofos hoy día no son escuchados, salvo que tengan un título o etiqueta que les otorgue algún tipo de autoridad en la imagen del mundo habitual, como médico o empresario.
    Buen post.
    Saludos!

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