El Reino

El título del post lo tomó prestado el Contrafantasma de Emanuel Carrère. El Reino (ed. Anagrama) es un libro magníficamente documentado y escrito en primera persona, capaz de transportar al lector a hace dos mil años y de ponerle en la piel de Pablo de Tarso y su conversión al cristianismo tras caerse del caballo camino de Damasco. Capaz de proporcionar una visión alternativa y fascinante del movimiento que lideró un pescador del mar de Galilea y que ha durado hasta nuestros días.

Pero el Contrafantasma estuvo la noche anterior en otro reino, o al menos eso pensó esta mañana al despertar. Recuerda estar en las azoteas de una ciudad vieja, construida con edificios de adobe de tres alturas inundados por colores de ropas tendidas, por colores de toldos apoyados en ligeras estructuras de madera, por colores de suelos plagados de baldosas pintadas, alfombras de gran tamaño y ornamentos decorativos que, con aparente desorden, conformaban una escena tremendamente armoniosa. Ha pasado la noche allí y recuerda aún la sensación placentera de un sol que calentaba lo justo, de un cielo de intenso azul y de un fresco aire proveniente del mar, cargado de humedad en esas horas centrales del día. Con la perspectiva de la altura se veía una actividad muy notable en la ciudad. Seres humanos moviéndose con agilidad de un lado para otro, sonrisas en sus caras, firmeza en sus músculos, color en sus pieles bañadas por la luz. Y su movimiento, casi coral, era una mezcla de los acróbatas del Circo del Sol con los artistas del Parkour que suben esos increíbles videos a Youtube. Le recordaba a eso que llaman “sistemas emergentes”, que son conjuntos de individuos (humanos, animales, o incluso líneas de código de programación) que funcionan como un sistema ordenado, sin ser conscientes de que lo son, sin saber que ese orden de sus acciones está guiado por un bien superior. Las hormigas no tiene conciencia de que transportan comida para la reina que les gobierna, pero lo hacen.

Y en ese escenario el Contrafantasma estaba conversando con la directora financiera de la empresa, que le decía que los números iban sorprendentemente bien y que eso se debía al ejercicio de crowdfunding que habían realizado con éxito. Le enseñaba cuadros con los presupuestos del año siguiente y todos los números aparecían en negro. En concreto le mostraba la fila donde se reflejaba el gasto en oficina y donde se podía prever un beneficio extraordinario, producto de las aportaciones de individuos ajenos a la empresa. Al acabar con los números, bajaba con dos miembros del equipo saltando de plataforma en plataforma, como si fuera él también uno de esos virtuosos del Parkour.

En un rato va a entender lo que ese sueño significa, porque lo va a trabajar en grupo con compañeros que sabrán interpretarlo. Pero lo que ya sabe es que ese lugar donde ha pasado la noche es un Reino maravilloso para el aprendizaje, el conocimiento de uno mismo y con información muy valiosa para guiarse en el mundo. Es el Reino de los sueños, del más allá de la conciencia.

Vecinas muy jodidas en Monterey

Se había despertado a las 3am con los ojos como platos. Apuntó en su libreta preguntar a Eyebags sobre qué órgano del cuerpo trabaja a esa hora según la medicina china, para poder culpar a algo de su insomnio. Cambió rápido de opinión y agarró el teléfono para hacer la pregunta sin esperar a la mañana siguiente. Por suerte le contestó, se ve que ella estaba también en vigilia. “Es el pulmón”, decía el texto. Por otro lado, en la reunión del viernes comentaron que el más allá envía pensamientos negativos, que hay que aprender a identificarlos porque pueden ser muy molestos. Pero que no hay que tratar de evitarlos, igual que no lo hacemos con aquellas buenas ideas que de cuando en cuando nos salvan una situación complicada. Así pues, si coinciden en hora el pulmón a toda máquina y el más allá dando por saco, los ojos se abren, el cansancio cesa, la Nespresso se calienta y el Chromecast se activa.

Como resultado, el Contrafantasma se encontró pasando la noche con un colectivo de ricos tarados residentes en Monterey California, que derrochan excentricidad y desgraciado realismo en la serie Big Little Lies. Hacía un par de meses había visto con desgana un par de episodios sin llegar a engancharse, pero esa noche era la elegida para continuar y a las 8am ya había acabado la temporada. Le llamó mucho la atención la ausencia de abuelos en la serie y en general, de cualquier figura distinta de las protagonistas que son mujeres, mujeres con hombres que son sus parejas, y luego el resto de personas, que casi exclusivamente podrían ser calificados como vecinos. Es una serie de vecinas muy jodidas, con vidas muy jodidas, en un mundo muy jodido. Eso si, con un exterior bellísimo, un entorno numinoso y mucha riqueza material.

La jornada siguiente estuvo fundido, pasó de puntillas por el día y regresó a casa a las 21. A esa hora se activa el triple calentador, que carga de energía los tres centros del cuerpo y que rige también la actividad sexual. Se sirvió un vino y esperó a cargarse del todo, mientras escuchaba la banda sonora de la serie, que merece mucho la pena. Luego apareció Irma, momento en el que ambos se metieron en la cama. Y ya es otro día.