El número de Irma

Al fin había conseguido el teléfono de Irma. Habían pasado semanas desde aquella última vez que se vieron en casa de Petra y aún notaba un cosquilleo cuando pensaba en ella. El mes de agosto estaba acabando y el Contrafantasma se disponía a llamarla. No quería utilizar un mensaje corto, quería llamar y escuchar de nuevo su voz. Buscó el contacto, introduciendo “Irma” en su teléfono, donde la tenía guardada como “Irma novia de Fran”. Ese título lo había escrito un poco por despecho y un poco como barrera de entrada. Estando Fran, un señor con barba mayor, ahí en el contacto, se le hacía más cuesta arriba darle al icono verde de llamar,porque la realidad era que si llamaba, lo iba a hacer para tratar de que ella no cumpliera su compromiso con él. Abrió el contacto y se quedó mirando la pantalla unos instantes. Había colocado en el perfil de Irma la foto de ella y él juntos, captada año y medio antes, en la boda en que se conocieron. Hacía tiempo que esa foto estaba en su móvil y cada tanto había recurrido a ella para revivir aquel encuentro y recuperar las sensaciones.

Abrió un paréntesis el Contrafantasma para alabar las leyes específicas de la conciencia, que entre otras cosas nos permiten viajar en el tiempo y disfrutar de momentos pasados o futuros, que en el mundo exterior son imposibles, ya que solo se puede vivir el presente, pero que en la conciencia son tan reales como los que suceden en él.

Volvió a la foto de su teléfono en la que Irma aparece sonriendo y sacando la lengua y las caras de ambos están muy pegadas. Se notaba en sus sonrisas que ya se habían tomado varias Flensburguer, traídas del norte de Alemania por un invitado amigo de los novios, cuyo regalo había sido un container lleno de cajas de esa marca de cerveza, y recordó que, tras tomar la instantánea, había tenido unas irresistibles ganas de besarla.  Aquello no ocurrió y acto seguido fue cuando se repartieron los artículos de fiesta, se descontroló todo y perdieron su conexión de aquella noche.  Y ahora estaba allí, en su casa, a las ocho y media de la tarde de un jueves de finales de agosto, decidiendo si la llamaba o no.

Al fin tocó el icono verde y el texto “conectando” apareció en la pantalla. En seguida saltó ese mensaje impersonal que dice que el teléfono al que llamas está apagado o fuera de cobertura en este momento y que lo intentes más tarde. Colgó y abrió su whataspp, buscó “irma novia de Fran” y vió que su última conexión era de dos minutos antes. Volvió a apretar el botón verde de llamada y esta vez si estaba disponible. Esperó tres tonos y como no contestaba, colgó. Le dio miedo y dudó sobre qué decir cuando descolgara Irma. Se quedó mirando la pantalla y de nuevo el contacto de Irma con la foto de ambos. Apretó el botón lateral de apagado y fue al frigorífico a coger una cerveza. Ya con ella en la mano se sentó en la mesa de la cocina y abrió su computadora. Al hacerlo comenzó a vibrar su móvil, en la pantalla las caras de Irma y él sonrientes y tibios de Flensburger. El sonido estaba desactivado y su corazón empezó a latir al ritmo del retumbe de la vibración sobre la mesa de madera. Lo dejó vibrar cuatro veces porque seguía con miedo y al fin descolgó. Forzó una sonrisa como si su interlocutora no estuviera el otro lado de la línea, sino frente a él y contestó con un hola a medio camino entre el temor y la excitación. -Si, hola, ¿quién eres?- le dijeron desde el otro lado, -acabas de llamar a este número-. La cara del Contrafantasma se puso del color de su cerveza. Se sacó el móvil de la oreja para mirar la pantalla y comprobar que la foto que había visto al saltar la llamada era la de Irma y él sonriendo. Resonó de nuevo al otro lado de la línea una voz diciendo, -hola, ¿hay alguien ahí?-. Era Fran, novio de Irma. Mierda, dijo para si mismo el Contrafantasma. Pero, qué mierda hace Fran llamando a un número desconocido desde el aparato de su novia. Qué mierda es esa en la que uno agarra el móvil de su pareja y se atreve a marcar una llamada perdida. Qué mierda es esto en general. Eran todos pensamientos pertinentes, que se agolpaban arrebatados, en la parte del cerebro que luego desemboca en el habla. Pero no era ese el momento adecuado para emitirlos, primero tenia que dar respuesta a su interlocutor acerca de quien era. Optó por lo más honesto, decir que no era con él con quien quería hablar, que se había equivocado. Y colgó.

Se quedó sentado en la cocina de casa, cerveza en mano, laptop abierto y con cierta indignación y tristeza por el hecho acontecido. Para qué negarlo, se sentía mal de verdad. Al vibrar al teléfono había visto en la pantalla la foto de Irma y él, sonrientes cabezas pegadas y había sentido que esa era la imagen del mundo que anhelaba al respecto del amor de pareja. Y al escuchar la voz de hombre con barba de Fran, algo le había hecho quebrarse.

Recordó la conversación que cada tanto sale en su terapia y que habla de lo importante que es tener una imagen correcta del mundo, para luego entenderlo y ser capaz de manejarse. Pero que la imagen de uno no siempre coincide con la realidad y que es peligroso asumir la propia imagen del mundo como la realidad misma, porque nos puede conducir a problemas serios. Que uno siempre debe contrastar que su imagen es correcta y luego validarla en su día a día. Y lo que acababa suceder era que su imagen del amor de pareja perfecto, no coincidía en nada con los hechos.

Abrió la segunda cerveza y se dispuso a escribir a Irma. El contacto que le habían pasado incluía una dirección de email. La mejor manera de expresar lo que sentía era por escrito y también de que el mensaje le llegara a la receptora. Solo esperaba que ella y Fran no compartieran también cuentas de correo. Sería too much.

 

Bello, simple, verdadero e integro

La semana laboral terminó en el Bar de la Esquina. Desde que Ray (se llama Ramón, pero le gusta que le llamen Ray) está de encargado, las cosas han mejorado mucho. Acompañan las cañas de generosos pinchos y se esfuerzan por ser amables. No hay día que Ray no se acerque y te cuente alguno de sus secretos para que el negocio marche. Se nota autoridad y orgullo en sus palabras. El resultado neto es que el número de clientes ha crecido una barbaridad, casi en la misma proporción que el ruido del bar, cosa que no es tan grata. Y allí disfrutaban su cerveza el Contrafantasma y sus compañeros, mientras él escribía unas notas en el cuaderno negro. Había trabajado estos días acerca de los cuatro anhelos del ser humano, que tienen que ver con lo bello, lo simple, lo verdadero y lo íntegro, y no quería que se le olvidaran algunos pensamientos.

Al día siguiente repasó lo que había escrito. Lo bello es fácil de entender, hay muchas imágenes asociadas a esta palabra. Una rosa, el tema “Asilo” del último album de Drexler, la sonrisa sincera de un niño, el sol saliendo tras las montañas, el gol de chilena de Ronaldo contra la Juve, casi todos los de Messi…

Lo simple no lo es tanto, vivimos en una cultura que identifica simple con “tonto”. Si te dicen que eres simple seguramente no te agrade. En cambio cuando encontramos esa simplicidad en lo cotidiano, nos sorprendemos de lo fácil que es que la cosa camine. Algo tan simple como un “no” con fundamento, conduce a un nuevo escenario que ilumina el camino a partir de ahí, hacia algo mucho mejor que lo anterior, que se estaba cargando de complicados y enrevesados argumentos.

Lo verdadero es casi una quimera, hoy nadie se atreve a decir que algo es verdad. Nadie confía en su propio criterio y siempre esperamos que algo exterior a nosotros venga a darnos la razón. Ni Cifuentes, ni su director de master, ni el rector de la universidad son capaces de decir una verdad en su caso concreto. Tranquiliza conocer la definición del término. Verdad no es más (ni menos) que cuando los hechos se corresponden con las afirmaciones. Habrá que ver el desenlace del tema del master, pero parece que los hechos los están generando en tiempo real (ahora están redactando el trabajo fin de master, que les tiene que quedar muy bien, después de lo que ha llovido), para hacer que coincidan con las afirmaciones que la señora ponía en su curriculum.

Y por último está lo integro, que tiene que ver con lo que está de una pieza, lo sano. Y aquí es donde menos en forma estamos. La integridad es cosa de cada uno, no la podemos encontrar fuera, ni comprarla, ni hacer un master sobre ello. Se es íntegro cuando nuestras acciones y nuestro ser coinciden y trabajan al tiempo, de forma coordinada. Ser integro nos enfrenta a la opinión pública, a la tradición familiar, al modelo cultural, al algoritmo de FB y a nuestros propios demonios. Si no se es integro te acabas rompiendo y a veces te duelen las rodillas, otras se apoderan de ti los miedos al fracaso y en otras te surge una alergia a las arizónicas. Ser íntegro es un acto heroico y que no acaba. Se van consiguiendo pequeñas victorias que parecen insignificantes, pero que construyen estructuras sólidas. Si miramos cada día un rato hacia dentro, reconocemos lo que somos y trabajamos en la integración con uno, lo de fuera empieza a colocarse solo. Y sí, cuesta tiempo y esfuerzo, pero el resultado para uno y para el colectivo es tan maravilloso, que merecería que todos diéramos un paso adelante, o mejor dicho, un paso hacia dentro.

El Reino

El título del post lo tomó prestado el Contrafantasma de Emanuel Carrère. El Reino (ed. Anagrama) es un libro magníficamente documentado y escrito en primera persona, capaz de transportar al lector a hace dos mil años y de ponerle en la piel de Pablo de Tarso y su conversión al cristianismo tras caerse del caballo camino de Damasco. Capaz de proporcionar una visión alternativa y fascinante del movimiento que lideró un pescador del mar de Galilea y que ha durado hasta nuestros días.

Pero el Contrafantasma estuvo la noche anterior en otro reino, o al menos eso pensó esta mañana al despertar. Recuerda estar en las azoteas de una ciudad vieja, construida con edificios de adobe de tres alturas inundados por colores de ropas tendidas, por colores de toldos apoyados en ligeras estructuras de madera, por colores de suelos plagados de baldosas pintadas, alfombras de gran tamaño y ornamentos decorativos que, con aparente desorden, conformaban una escena tremendamente armoniosa. Ha pasado la noche allí y recuerda aún la sensación placentera de un sol que calentaba lo justo, de un cielo de intenso azul y de un fresco aire proveniente del mar, cargado de humedad en esas horas centrales del día. Con la perspectiva de la altura se veía una actividad muy notable en la ciudad. Seres humanos moviéndose con agilidad de un lado para otro, sonrisas en sus caras, firmeza en sus músculos, color en sus pieles bañadas por la luz. Y su movimiento, casi coral, era una mezcla de los acróbatas del Circo del Sol con los artistas del Parkour que suben esos increíbles videos a Youtube. Le recordaba a eso que llaman “sistemas emergentes”, que son conjuntos de individuos (humanos, animales, o incluso líneas de código de programación) que funcionan como un sistema ordenado, sin ser conscientes de que lo son, sin saber que ese orden de sus acciones está guiado por un bien superior. Las hormigas no tiene conciencia de que transportan comida para la reina que les gobierna, pero lo hacen.

Y en ese escenario el Contrafantasma estaba conversando con la directora financiera de la empresa, que le decía que los números iban sorprendentemente bien y que eso se debía al ejercicio de crowdfunding que habían realizado con éxito. Le enseñaba cuadros con los presupuestos del año siguiente y todos los números aparecían en negro. En concreto le mostraba la fila donde se reflejaba el gasto en oficina y donde se podía prever un beneficio extraordinario, producto de las aportaciones de individuos ajenos a la empresa. Al acabar con los números, bajaba con dos miembros del equipo saltando de plataforma en plataforma, como si fuera él también uno de esos virtuosos del Parkour.

En un rato va a entender lo que ese sueño significa, porque lo va a trabajar en grupo con compañeros que sabrán interpretarlo. Pero lo que ya sabe es que ese lugar donde ha pasado la noche es un Reino maravilloso para el aprendizaje, el conocimiento de uno mismo y con información muy valiosa para guiarse en el mundo. Es el Reino de los sueños, del más allá de la conciencia.

La esfera de Hawking, la de Jabois y la de Pedro son la misma

A veces el periodismo es desesperante y obliga a hablar a sus tertulianos de cosas sobre las que apenas tienen conocimiento. El Contrafantasma sintonizó el otro día una emisora habitual y al otro lado estaba Pedro, compañero de la escuela y periodista de reconocido prestigio, que por lo general es capaz de describir con belleza, solvencia y acierto situaciones y eventos que son noticia. Y es que ser periodista es muy difícil, pero si además pones a un único individuo a hablar y escribir con la misma ambición de autoridad sobre el emparejamiento del Real Madrid con la Juventus en Champions, el idilio entre Trump y Kim Jong-un, la derogación de la ley sobre la prisión permanente revisable, o la relación de Amaya y Alfred, pues la cosa se complica mucho más. Esto último le pasa a Manuel Jabois, que como siga así dentro de muy poco nos recomendará recetas ricas en probiótiocos, o qué posturas son mejores para hacer el amor cuando la mujer está embarazada. Al tipo se le exige saber de todo, me pregunto si no habrá más periodistas aptos para esas tareas.

El caso es que Pedro hablaba sobre la muerte de Stephen Hawking la otra mañana, cuando el Contrafantasma apuraba su segundo café, Y seamos honestos, pensaba para si mismo, pocos saben lo que representa este señor para su disciplina de conocimiento. Es sin duda fascinante el estudio del cosmos y su inabarcable realidad, pero el británico es mucho más popular para todos nosotros por su afán de superación de la ELA, la silla de ruedas que recogía su curvado cuerpo y esa eterna sonrisa, su voz articulada por ordenador y sus cameos en The Simpsons o en The Big Bang Theory. Los hablantes que acompañaban a Pedro se referían mucho más a la película sobre su vida, que a su vida misma y sus descubrimientos, hasta que por allí apareció invitado un prestigioso físico, que trató de explicar lo que realmente significaba el trabajo de Hawking. Cuando le preguntaron sobre el Big Bang y el porqué Hawking decía que antes de esa explosión no hubo nada, el científico propuso a los tertulianos y oyentes que pensaran en una circunferencia como analogía del cosmos. Es fácil observar y entender que uno de los principios básicos de la esfera es el hecho de que no tiene principio ni fin y que según Hawking el cosmos era igual, sin principio ni fin. Por eso él apelaba a que antes del Big Bang no hubo nada. No hubo un principio en el cosmos porque no hay un principio en la esfera. Apagó la radio al tiempo que uno de los tertulianos exclamaba con entusiasmo que Hawking también había declarado que Dios no existe, y que él estaba muy en sintonía con esa afirmación. Y claro, si lo dice Hawking…

El Contrafantasma se quedó pensando en la circunferencia y la analogía con el cosmos. Recordó que la esfera está presente también en la unidad mínima de la materia, el átomo. Que este está formado así mismo por esferas en su núcleo, llamadas protón y neutrón, y por esferas en su órbita, llamada electrón. Y que el electrón gira alrededor del núcleo también en círculo. Por tanto la esfera, como forma primordial está presente en lo más grande conocido, el cosmos, y también en la unidad mínima de la materia y su principio básico, el átomo. Siguió toda la mañana enganchado a este tema y recupero de la estantería un libro que le recomendaron hace pocos meses, llamado “Cuestiones Cuánticas. Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo” (ed. Kairos), y donde se recogen escritos de Einstein, Planck, Heisenberg, Schrodinger o Jeans, entre otros grandes físicos de la historia, hablando de la relación entre la Física y la Mística. En uno de los primeros capítulos, se cita que “[…] la física trata de un mundo de sombras; ir mas allá de las sombras es ir mas allá de la física; ir más allá de la física es apuntar a la metafísica o la mística. Y esas es la razón por la cual tantos físicos pioneros han sido también místicos. La nueva física no ha aportado nada positivo a esta aventura mística, salvo un monumental fracaso, de cuyas ruinas humeantes ha surgido sutilmente el espíritu místico“.

Hoy que ya es sábado, sigue con la imagen de la esfera en la conciencia y se pregunta si Hawking, Planck, Jabois y su amigo Pedro ven esa esfera como él. Y piensa que si la esfera está en lo grande y en lo pequeño, tanto dentro como fuera, tanto arriba como abajo, quizá sea porque realmente la esfera Es la imagen primordial de lo divino. Y que lo divino está dentro de cada uno de nosotros, en cada átomo, cada molécula, cada célula, que todas tienen forma esférica.

Y bueno, la esfera está también en el día del paso a la otra dimensión de Hawking (3/14 de 2018), y muy presente en la eliminatoria de cuartos de la Champions. Suerte que tiene Jabois, que es muy madridista.

Umdenken y la media

Julian es un alemán amigo del Contrafantasma desde hace 24 años cuando llegó a Madrid por amor a una mujer española. Luego se ha quedado todo este tiempo por ese amor y por otros. Ama Valencia, el mar, el sol 300 días al año, ama comer tarde, la sobremesa larga y sobre todo ama el ruido de la calle a cualquier hora del día. Y el jueves pasado se juntaron como hacen cada seis meses y hablaron de cómo fue su adaptación al país.

Después de tres horas de charla, dos teteras y un constante movimiento de dedos de Julian enrollando tabaco de liar ecológico, una preciosa palabra alemana emergió para definir aquel proceso. Umdenken, dijo Julian, que en español sería algo como “cambio radical en la forma de pensar”. Y Umdenken lleva resonando en la conciencia del Contrafantasma desde aquel momento.

Hoy se ha levantado muy pronto y se ha puesto a escribir a su amigo. Gracias Julian por tu tiempo, por compartir conmigo lo que supuso para ti encontrar el amor de pareja, crear una familia, desarrollar tu profesión y ser feliz en una geografía y una cultura que no son la tuya de origen. Gracias por enseñarme esa maravillosa palabra que con tan pocas letras define tan bien todo aquello. Y gracias también porque esa palabra apunta lo que nos hace falta a todos en esta sociedad en la que vivimos, un cambio radical en la forma de pensar.

Y para empezar con ese proceso voy a cambiar mi forma de pensar respecto de la media, del concepto y utilidad de la palabra “media” . La media siempre me ha generado cierto malestar. Esa sensación de que uno no está bien en la media, pero se siente mal si se sale de ella. Un lugar que la opinión pública valora, pero que los individuos no acabamos de acoger con alegría. La media nos empuja hacia el carril central de la sociedad, que nos separa de nuestro centro como ser humano, nos deshumaniza y que nos quita integridad individual y capacidad de reconocimiento de lo que nos pasa en cada momento. No podemos hacer la media de cómo nos hemos encontrado en un día porque cada instante es único, cada hora que pasa es irrepetible. Ahora estoy cansado, luego aburrido, después hambriento, luego emocionado. Pero si me preguntan al final del día simplemente diré que he estado “bien” o “mal”. La media, tratando de unificar, de democratizar, lo que consigue es doblegar y confundir conciencias. Lo siento por los científicos de la estadística, que hacen ímprobos esfuerzos tratando de trasladar la realidad humana a “medias”, para solo conseguirlo a medias. No se puede y además es perjudicial. Creer que el término medio es una virtud es un error, beber una media de siete copas de vino a la semana si solamente bebes los sábados a la hora de comer, puede acabar con tu vida y con la de otros. No se puede hacer la media de los ingredientes de un cocido madrileño para que éste salga rico, ni siquiera al día siguiente cuando se convierte en ropa vieja. A muy pocos individuos les van a quedar bien los pantalones si los fabricamos todos con el largo adecuado para la estatura media del país. Y si no sirve para el vino, para el cocido y para los pantalones, no sirve para casi nada.

Julian, este es sólo el comienzo de mi Umdenken.

Un abrazo y gracias.

 

Docenas en chino es mucho

En los siete viajes que el Contrafantasma hizo a China nunca tuvo sensación de sentirse en calma. En uno de aquellos pasó dos meses en Beijing trabajando en un proyecto que le habían encargado sobre la transformación social de la ciudad, previo a los JJOO de 2008. Había alquilado un apartamento de tamaño medio donde le había dicho Yang Jie, el chino “español” que le había asignado su empresa para hacerle la vida más fácil, sobre todo en las gestiones administrativas básicas. El portal del edificio daba a lo único que quedaba en esa ciudad con forma de parque, con árboles, algo de verde en el suelo y tres bancos rodeando un arenal. Era todo tan diferente como lo puede ser Marte, salvo que no es necesario vestir traje de astronauta. Al tomar un taxi pedía que le escribieran la dirección de destino y se la entregaba directamente al conductor, confiando en que al llegar fuera el lugar correcto. Nadie hablaba inglés, nadie hacía un gesto elocuente si te equivocabas, nadie decía que no, nadie te abordaba por la calle si te veían con cara de perdido. Los chinos asienten mucho con la cabeza al tiempo que sonríen, y ese conjunto de gestos nos irritan a los occidentales, tan acostumbrados a la respuesta inmediata y concreta tras haber formulado la pregunta. Si a esto le añades que no entiendes un sólo cartel de la calle y desayunas un bowl de noodles con pato cuando lo que ansías es un café con leche, la irritación de cada mañana se volvía mayúscula.

Hace una semana el Contrafantasma recordaba sus viajes conversando con Eyebags, y le decía que no le quedaban ganas de volver a aquel país y que sus memorias eran grises y frías. Todo salvo una cosa que se había quedado grabada para siempre. Las interacciones (porque no eran conversaciones) con un anciano que cada mañana, al salir hacia el trabajo, encontraba en uno de los bancos del parque frente a su portal. Aquel hombre, con aspecto jovial, sereno y muy muy delgado,  hacía ejercicio sobre el banco y le sonreía. Tiene casi la certeza de que uno de los días llegó a saludarle con la mano, e incluso a gritar algo así como “buenos días”, en chino, claro… Estaba allí en periodos de doce días seguidos de ejercicio y uno de descanso. No atendía a nuestros días de la semana, con sus sábados y domingos.

El día antes de volver le pidió a Yang Jie que le fuera a buscar a casa por la mañana y que le acompañara a hablar con el viejo. Quería presentarse, agradecerle, despedirse y preguntarle algo.  Su nombre no lo recuerda, la cara de paz y felicidad al darle las gracias la llevará siempre consigo, y la respuesta a la pregunta ha dado sentido a muchas cosas. El hombre le dijo que lo de los doce días seguidos era para estar en armonía. Que doce es un ciclo completo, que cada doce unidades se empieza de nuevo, que cada fase de la vida consta de doce años, cada año de doce meses y que el trece no da mala suerte, que es el comienzo de algo, de una nueva docena. Y que mucho, en chino, se dice “docenas”.

Aquel hombre era mucho, efectivamente.

 

720 minutos divinos

El Contrafantasma aprovechó para leer lo referente al cambio de año en el “Manual Básico para Orientarse en el Mundo“. Este decía que hacía décadas que se había decidido eliminar el día 1 de enero del calendario. Como el ser humano no tiene la capacidad de modificar el cosmos y las cuatro estaciones siguen sumando 365 días, habían consensuado acabar con el primer día del año de manera simbólica. Así, las 12 primeras horas de cada año se consideran parte de la Nochevieja y las 12 siguientes han pasado a ser divinas. Esto ha provocado que ese momento que antes eran un continuo de comidas incómodas de familia, calles vacías, bostezos, dolores de cabeza, paseos por la naturaleza y resaca generalizada de dos tercios de la población occidental, sean ahora los 720 minutos más importantes del año. El calendario comienza en el día 2 de enero, decía el manual, y el antiguo primero de año se utiliza para conectarse con uno mismo de verdad. No hay televisión, se corta internet y los teléfonos sólo funcionan para emergencias. Doce horas enteras sin Whatsapp, sin buscar nada en Google, sin leer prensa, sin escuchar radio. Setecientos veinte minutos sin chequear el teléfono en busca de alertas, ni quedar con nadie, sin recibir un email de promoción de La Casa del Libro o de Media Mrkt. Media jornada donde es legítimo no hablar a tu pareja o a tus hijos, donde puedes no llamar a tus padres para ver qué tal están. Este momento se ha convertido en sagrado, e incluso los recién nacidos dan tregua. Habrá que probar en 2019.

Gracias Antonio

Hace dos noches, el 19 de noviembre, estuve en la selva, en concreto en una laguna donde los animales beben y donde, en ese momento, se juntaban jabalíes, zarigüeyas y cocodrilos. Me asusté un poco al verlos y subí por una ladera que rodeaba la charca. A medida que me alejaba veía a los cocodrilos pelear y a aquel espacio llenarse de desconocidos que, por algún motivo, habían decidido asistir al espectáculo. Al llegar a lo más alto escuché el grito de una mujer, que espantada gritaba que a su hija se la había comido uno de los bichos. Yo pensé en los cocodrilos, pero en seguida surgió la información de que había sido presa de una tortuga gigante. Y no solo eso, resulta que la niña era Carla, amiga de mis hijos y la que gritaba era Catalina, su madre. La multitud espantada empezó a abandonar el lugar y los sanitarios y la policía a llegar al mismo. Yo, sentado arriba de la ladera, observaba con tremenda tristeza. Al instante acabó todo y sólo quedaron tres policías, dos hombres y una mujer, de los que me despedí de manera afectuosa al marcharme.

Al salir ya no estaba en la selva, sino en el hall de un gran edificio, un colegio donde había movimiento de entrada y salida de personas. De pronto me crucé con Antonio, aquel viejo sabio entrenador con el que compartí horas y horas de trabajo y pasión por lo que hacíamos. Aquel hombre con la determinación más aguda que he conocido jamás, aquel que contra muchos elementos se convirtió en el referente de su actividad para todo un país durante más de 20 años, aquel que estaba totalmente alineado con sus cuatro capas, en el ideal que persiguió sin descanso hasta su muerte. Parecía recién levantado de la cama y sin hacerme mucho caso, pasó por delante de mi. Yo traté de llamar su atención para contarle lo que había pasado, pero él siguió hacia su destino, el baño. Así que me dispuse a salir del edificio y entre la gente que en ese instante entraba, me encontré con la abuela de Carla, que estaba llegando. Nos abrazamos y fue ella la que me consoló a mi, cuando era su nieta la que acababa de ser engullida por una tortuga gigante.

-¿Y?, ¿qué pasó después?-.

-Me desperté…-.

-Joder-,

Si, eso pensé yo. Los cuatro animales que salen en el sueño no dicen nada bueno. Dos son presas, introvertidos, de lo que se dejan comer por los más poderosos. Además salen en El Rey León como los amiguetes graciosos de Simba, los que le entretienen mientes él está vagando por el lugar de la selva que no le corresponde. Los otros son animales ancestrales, reptiles, de sangre fría, además de que la tortuga se caracteriza por dos cosas, una gran concha que le protege del exterior y una lentitud extrema producto del peso de dicho caparazón. Suma a eso el agua estancada, sin fluir, que es una de sus tres propiedades fundamentales y haz la analogía con la conciencia, también estancada en ese entorno de presas, sangre fría y lentitud.

Además la tortuga se come Carla, la niña, la curiosidad, la frescura, la inocencia, en presencia de su madre, que representa la tradición, el peso de ese ambiente en el que estaba, en el que estoy. Conciencia estancada, amiguetes despreocupados que alejan del ideal, lentitud, tradición pesada y presente.

– No me extraña que no te molara el sueño-.

Hay esperanza, siempre la hay. Antonio vino de la muerte para ponerme delante que la determinación y la persecución del ideal es el modo. Y que hay que purificarlo, por eso se iba al baño. Él no ponía nunca excusas, hasta el punto que a mi a veces me resultaba incómodo estar en su entorno, de tan directo que iba a por su objetivo.

-Si, pero ¿cuál es el objetivo?, ¿cuál es tu ideal?.

Pues elegir en cada momento en función de lo que si tiene que ver conmigo. Desde lo más cotidiano, lo mas pequeño. Liberándome de la tradición, evitando el entretenimiento hueco de Pumba y Timón, yendo a lo esencial y confiando en que los puntos se van a ir uniendo, integrando.

-Joder, de nuevo-.

-Ya, si…-.

 

 

11 de noviembre de 2014

Ayer pasaron por tu velatorio gran parte de tus afines, hoy ya solo estamos nosotros tres. La mañana pasa rápido, comemos en el restaurante de unos amigos y nos dirigimos al crematorio a recoger tus cenizas. Se trata de un cofre color verde con detalles plateados. No damos importancia a la forma que tiene lo que queda de tu cuerpo en el mundo exterior. En nuestra conciencia estás tu con todo tu esplendor, tú como mujer y tú como madre. Somos cinco porque se han unido Los Tíos. El procedimiento es rápido, el día lluvioso, es 11 de noviembre de 2014. Te depositan dentro de la caja de granito donde se leen el nombre de tus suegros y de tu cuñado (siempre estuviste feliz jugando en cancha contraria). Justo al cerrarla la tía expresa una oración y una porción de cielo pasa al azul, pero la lluvia no cesa. Sale el sol por un costado y seguimos mojándonos con gotas de buen tamaño. Papá solicita mi atención y exclama -¡mira, date la vuelta!-. Detrás de mi. hacia el norte, se abre un arco iris como el que dibuja un niño, de los que empiezan y acaban en el suelo produciendo un arco completo, inmenso sobre los árboles de la Almudena. Agua de lluvia, fuego del sol que asoma, tierra en la que te meten los operarios y aire que envuelve ese instante de despedida en el cementerio. Los cuatro elementos del macrocosmos contenidos en el último instante de tu existencia en este lado. Y tú apareces para decir Adiós. Hasta Papá, que no cree en nada que no venga sellado por su propia experiencia mundana, transcurrida en oficinas, bares y restaurantes, no necesariamente por ese orden, te reconoce en ese arco iris.

Adios mamá.