El Contrafantasma

Lo que escribo los domingos

Incomodidad feliz

Mi prima no está de acuerdo conmigo en que el principio ontológico de la realidad es informacional y no material. Lo entiendo, es difícil de creer. Tampoco está de acuerdo en que esto es una realidad virtual a la que hemos venido a jugar para aprender a tener fe, razón por la que llegamos sin saber nada del juego, sin conocer las reglas.

Y las reglas son claras. Cada uno somos un pedacito de la conciencia original que, como ella, tenemos un objetivo; progresar a través de la reducción de entropía. Y eso solo se puede hacer a través de la fe, si no, es imposible.

Cuando digo fe no me refiero a ninguna confesión. Fe es lo que sientes cuando interactúas con un niño, con un perro o con un árbol. Fe es eso que, en ausencia de la infinita producción que nos rodea y con el ego (el yo, el avatar este material que nos representa y al que damos tantísima importancia porque con él se puede follar) en su sitio, le da sentido al momento presente, luego al siguiente y también al previo, ese en el que te habías enfadado por las gilipolleces que dice tu cuñado en la comida de los domingos.

Tener fe es aprender a confiar, sobre todo en tu intuición porque, cuando te pones a pensar, lo más normal es que la cagues. Si piensas se activan todas las capas de la cebolla que vienen con el skin del juego en este momento histórico y te llenan la mochila de lo que tú crees son power up´s, pero que en realidad son distracciones que plantea el diseño para que te alejes del objetivo y no llegues nunca a tener fe. Te cambian fe por materia.

Pero bueno, que se me va y luego mi tía Yolanda me dice que a ella le gusta más cuando escribo sobre lo costumbrista.

Lo que yo quería contar hoy es que el 712 cubre la ruta interurbana entre Plaza de Castilla y nuestro pueblo de la periferia del norte de Madrid y que, el martes, cuando me subí en uno de sus vehículos verdes para regresar a casa, me encontré con mi vecina Enriqueta. Me senté con ella, que hacía tiempo que no nos veíamos y tras los «qué tal estás, hace mucho que no nos vemos» de rigor y antes de que pudiera recostarme sobre el cristal a dormir un rato, me dice que cada vez que agarra este autobús, le recuerda a su propia vida.

Joder, pensé, y traté de enderezar mi tronco hacia una posición más adecuada para la escucha.

Fíjate en la oscuridad de estos túneles, se arrancó Enriqueta, son como la noche, esa que nos lleva cada día directos a la luz de la mañana, interrumpida en este caso por la opulencia de las cuatro torres y media de la antigua Ciudad Deportiva.

De ahí al hospital Ramón y Cajal, donde supuestamente se cuida la salud física y donde murió mi marido Juan, cuando todavía se llamaba el Piramidón. Para la salud espiritual, por cierto, nadie ha creado ninguna instancia adecuada aún.

Y el bus, como la vida, sigue, ya curada y anestesiada hacia dos de los barrios sosainas de Madrid: Mirasierra y Montecarmelo, donde parece que todo lo tienes porque los pisos son caros y las pistas de pádel están llenas y donde hay muchas familias numerosas disfrutando del basiqueo patrio. Término que Enriqueta creo que no dijo, pero que se lo he tomado prestado a Carlo Padial, porque es perfecto para definir esa vida de bajo con jardín, coche eléctrico y aperitivo caro en la que se ha convertido la ciudad de Madrid.

Más adelante los cuarteles de El Goloso, que parecen sacados de una película de Flixolé, la Universidad Autónoma que, como el propio saber, ha perdido vigencia por la pandemia de universidades privadas y ahora por la aparición de la IA (la última herramienta de distracción y destrucción masiva).

Y por último el Tanatorio de La Paz, donde termina todo.

Abrí el ojo ya en las calles de nuestro pueblo, miré a Enriqueta y vi que ella aún estaba durmiendo. Al llegar a nuestra parada los dos sonreímos como si nada.

Me sentí un poco incómodo por haberme dormido y por no saber si había soñado o si había estado en duermevela escuchando a la sabia de mi vecina.

A la vez muy feliz de haber coincidido en todo con ella (el bus y el discurso).

Pasen una buena semana.


Descubre más desde El Contrafantasma

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

subscribe to my blog