El Contrafantasma

Lo que escribo los domingos

comprometerse

No te comprometas con nada ni con nadie porque creas que es lo correcto. Comprométete contigo que, ya de serie, viniste conectado a todo y con todos. Si te comprometes contigo te comprometes con todo, Cuando te comprometes con todo, puedes seguir siendo uno. En cambio, en el momento que empiezas a seleccionar con quién o qué comprometerte, la separación se materializa. Y cuando te orientas hacia uno de los polos, siempre encuentras satisfacción a medias, desarrollo personal a medias, felicidad a medias.

Sé que existe la ilusión de ser tú, de ser uno, porque desde que naces y hasta los 24 años tu unidad individual de conciencia se ha preparado para ser apta para la vida en el mundo de la materia. Para ese momento habrás elegido casi todo lo que te va a acompañar el resto de tus días, pero lo que nadie te dice es que a partir de ahí tu objetivo no es otro que volver a ser uno con el todo, volver a ser todo, que es lo mismo que volver a ser nada. Y ese todo y nada solo se consiguen dejando atrás, de lado o directamente en la basura, todo lo que habías creído hasta la fecha. Porque recuerda que creer es diferente de saber.

Todo esto me lo dijo hace más de treinta años un señor muy sabio, sentados los dos en la terraza de su apartamento en el paseo marítimo de Palma de Mallorca, en una calurosa noche de julio, mientras él comía melón y sandía, y yo pan payés tostado con sobreasada.

Qué feo, pensé. El compromiso es muy importante. Uno debe engancharse a cosas a ideas a bandos a políticas a equipos. Tienes que ser parte de algo, tener un grupo, compartir una visión del mundo, unos colores. Tienes que luchar por algo, contra otro algo, contra el mal, contra los malos, contra el Madrid (en mi caso).

Pero no, porque comprometerse con algo lleva a competir por ello. Y la vida no va de competir, va de cooperar, de amar.

Escribir esto, con seguridad, me coloca en el polo opuesto al tuyo, que eres alguien que valora mucho su compromiso con sus cosas, sus ideas, sus amigos, con todo eso que crees que eres. Pero creer, recuerda, es diferente de saber.

Si rascas un poco reconoces que tus ideas no son siempre las correctas, que tus cosas al final son solo cosas, que tus amigos sí, pero unos más que otros y que lo único que salva a todo y a todos es que son «tuyos». Y eso es lo que hay que romper. Lo tuyo es una ilusión que fue necesaria al principio de tu partida en el mundo material, pero que a partir de los 24 tienes que empezar a quitarte de encima.

La manera de hacerlo es mirando adentro y eligiendo correctamente el siguiente movimiento. Elegir correctamente tiene que ver cuatro cosas que todos tenemos en el equipamiento de serie del Sapiens: la intuición, las sensaciones, los sentidos y el entendimiento.

Intuición es lo que eliges de saque, sin pensar, de manera inconsciente. Las sensaciones son lo que te dicen tus tripas que sucede, de manera subconsciente, porque las notas, pero no las has provocado tú. Los sentidos son lo que te dicen tu vista, tu olfato, tu tacto, tu oído y tu gusto, de manera literal y figuradamente. Y tu entendimiento es lo que te dicen los contenidos de tu disco duro cuando procesas la elección y que luego conviertes en argumentos de peso.

Lo habitual es elegir mediante el entendimiento, pero lo malo es que ese entendimiento se suele apoyar en las creencias del yo que nos hemos construido y que sabemos que solo son una ilusión. Por eso es necesario chequear todo con las otras tres partes del equipamiento.

Si coinciden intuición, sensaciones, sentidos y entendimiento, estarás eligiendo bien, porque estarás conectando con el todo y no solo con tu personaje.

Aunque tu tradición y tu opinión pública griten lo contrario.

Pasen una buena semana, que siga lloviendo, cancelen la comida con sus cuñados, no se compometan.

Salvo con el amor, entonces sí.


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