El radiocassete y la adversaria

Nacho había presionado el botón de play en un aparato que parece un antiguo radiocassette, pero que en realidad es un moderno altavoz y la música de Sting les acompañaba mientras conversaban. Nacho vive en Londres y el martes invitó a cenar al Contrafantasma, aprovechando un viaje de este a la ciudad. Había insistido en verle porque quería contarle algo importante y que esa noche estaba sólo. Nacho es un gran conversador y si hubiera que ponerle una etiqueta, se diría que es un filósofo. Es matemático y tiene una visión que conecta las matemáticas con lo divino y no tanto con las complicadas hojas de excel que constantemente manipula. Nacho trabaja en banca, como tantos otros que hacen cosas no coincidentes con sus potenciales. Una lástima, sobre todo para el cosmos, que se pierde lo que de verdad puede aportar.

(Sonaba “Seven Days“, como dando ambiente cinematográfico a lo que Nacho estaba a punto de contar).

El apartamento de Nacho es la planta baja y el sótano de una vieja vivienda unifamiliar del barrio de Chelsea. Minutos antes el Contrafantasma había llegado con una botella de vino español y un surtido de quesos franceses, sobre todo Compté, el favorito de su amigo. Al abrir la puerta la figura de Nacho evidenciaba una notable pérdida de peso y su barba mostraba infinitas más canas que antes. – Si, no me lo digas, lo se, estoy mucho más viejo -, fueron sus primeras palabras. El Contrafantasma no dijo nada, pero lo pensó y se preocupó por el aspecto de su amigo. Fueron a sentarse al bonito y pequeño patio de techo acristalado que tenía en la planta baja y abrieron el vino. Sin mediar más que un brindis “POR-LA-PU-TA-VI-DA”, enfatizó Nacho, le soltó la bomba. Le contó que tras quince años de relación, doce de matrimonio y una niña de cinco, la noche de un martes de hace tres meses, su mujer le dijo que no le quería y que se volvía a España. Y lo que era peor, que Claudia su hija, no era de él. – ¡NO-ME-JO-DAS! -, fue lo único que el Contrafantasma pudo expresar, con un énfasis similar al del brindis previo.

(“Love changes“, de Sting y Shaggy, que es una canción de esperanza, se colaba en la conversación en el momento más dramático).

Aquel día de hace tres meses había sido como tantos otros, continuó Nacho. Habían hablado varias veces por teléfono desde el trabajo, cenado juntos y acostado a la niña en su habitación de la planta sótano. Nada hacía pensar que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. Contaba que el día anterior habían hecho el amor, que dos semanas antes había sentido que las cosas volvían a ser como corresponde, después de unos años difíciles debido a la crisis, al nacimiento de Claudia y sobre todo, a la mudanza desde Bilbao hasta Londres.

(Se oía “Just one lifetime“, también de Sting con Shaggy. A veces el algoritmo de Spotify se adapta al momento de manera sorprendente).

Los tres meses siguientes habían sido los peores de su vida. Ella interpretando el personaje de la incrédula que tuvo un desliz un día (“te lo juro, solo fue aquel día y me dio asco”) y que por el bien del equipo tiró para adelante con la mentira,  ya que creía que lo podría manejar. Pero que llegó un momento en que no pudo más y petó.

Y Nacho por su lado, en esos tres meses, tratando de salvar su matrimonio, de perdonar a su mujer y de encontrar la fórmula de encajar la nueva situación. Pero sobre todo desubicado con qué hacer con lo que siente por su hija, que ya no es su hija biológica, pero a la que quiere como a nada en el mundo. Por eso y por haber vivido en una ilusión durante no sabía cuánto tiempo.

Una ilusión es una representación errónea de la realidad, que uno encaja como verdadera y que cuando se desvela, te deja desnudo. Había recibido uno de esos golpes del destino, de los que además no hay “jurisprudencia”, No hay casos de amigos a los que les haya pasado lo mismo. Una separación vale, una o varias infidelidades también están en la cabeza de todos. Pero que tu hija no sea tu hija y que hayas vivido esa mentira durante cinco años, eso no lo hemos vivido.

(“Don´t make me wait” en el aparato. Ese disco de Sting con Shaggy es realmente bueno).

Los ojos del Contrafantasma no parpadeaban, sentía indignación y perplejidad. Y se le vino a la mente “El Adversario”, el libro de Emmanuel Carrere en el que narra la historia real de un hombre que engañó a su entorno durante veinte años, haciendo creer a todo el mundo que era médico y que trabajaba en la central de la OMS en Ginebra. Entre los engañados su propia mujer, su mejor amigo de la facultad de medicina, sus hijos adolescentes, todos los conocidos de la pareja, familiares, etc… Nadie suponía que no era lo que decía ser y nadie se había preocupado de comprobarlo. El dinero lo conseguìa simulando que invertía en Suiza los ahorros que le confiaban sus allegados y que en realidad empleaba para vivir. La cosa se empezó a complicar cuando no le quedaron familiares que engañar. La ausencia de dinero provocó que asesinara a toda su familia a sangre fría, antes que blanquear la mentira que había estado representando durante tanto tiempo. Luego intentó suicidarse sin éxito, y Jean-Claude Romand, que así se llama el sujeto, lleva en prisión desde 1996.

En lugar de hablar del terrible caso del supuesto médico francés, el Contrafantasma agarró la copa de vino y la levantó para brindar “POR-LO-QUE-HAS-DE-JA-DO-A-TRAS”. Coincidía con Nacho en que era una situación muy jodida, pero que era mucho más terrible la situación previa, la de la mentira. Le dijo que será difícil, pero que sobre la base de la verdad, de lo correcto y de lo que uno es, se puede volver a construir.

(“To Love And Be Loved” sonaba al despedirse con un abrazo en el mismo lugar donde Nacho le había abierto la puerta tres horas y botella y media de vino antes).

Y es que al final de eso se trata, de amar y ser amado. Pero de verdad.

 

 

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