La sencillez

José Luis, mi compañero de colegio que fue niño afeminado, luego cura, después gay de manual y que me encontré hace unas semanas de la mano de una mujer, me localizó antes de que yo le llamara. Me dijo que se había alegrado mucho de verme y que por qué no quedábamos. Contesté que sí y el lunes pasado desayunamos en Golf Park de Alcobendas, ya que su pareja y él practican ese deporte, y es allí donde tiran bolas.

Llegué antes y me senté en la parte de sombra de la terraza. Desde mi mesa se veía el parking y por tanto la llegada de cualquiera que se acercara. Un lunes a las 10 de la mañana, ese lugar es un constante trasiego de gente con gorra y una bolsa de palos al hombro. Un día voy a vencer la pereza que me da jugar a algo que tengo que aprender desde cero. Me pasa con el deporte, pero también con los juegos de mesa, los de cartas y los videojuegos. La famosa regla de los game designers, esa que dice que un juego debe de ser «easy to play and difficult to master«, no se cumple con el golf. El golf es apto sólo para gente que ya sabe jugar y aprender a hacerlo es frustrante, lento, caro y poco compatible con la vida de las ciudades que habitamos.

Mi amigo José Luis llegó con la mujer con la que le ví la última vez. Se bajaron de un coche de dos plazas, ella iba con gorra y portaba una bolsa de palos, él la correa de un minúsculo y obeso chihuahua color crema. En esta ocasión si me la presentó, se llama Isabella. Nos dimos dos besos, besó acto seguido a mi amigo y desapareció por la puerta de entrada al campo de prácticas. José Luis me miró y me dijo, sí, es trans. Yo asentí sin darle importancia y más tranquilo porque ya bastantes puertas giratorias había tenido el armario vital de mi amigo. Me alegré de saber que ya está todo perfectamente ordenado.

Isabella juega al golf y tiene hándicap 2,7. Juega desde que tenía cuatro años y estuvo a punto de ser profesional a los veinte, siendo todavía hombre. Pero al salir del armario su familia no se lo tomó demasiado bien y se fue a estudiar a Estados Unidos. Ahora gana a todas las mujeres con las que juega y a casi todos los hombres. José Luis me dice que su caso es conflictivo, porque ella es legítimamente mujer y quiere jugar contra mujeres, pero que otras federadas se quejan. Supongo que es uno de esos casos donde el cambio de sexo altera el entorno, remueve las conciencias, promueve nuevas leyes, e invita a la sociedad a desarrollarse, aunque resulte incómodo.

Hablamos de eso, pero luego hicimos un repaso mutuo a nuestras vidas. En realidad era la primera vez que hablábamos siendo adultos. Diría que la primera vez que hablábamos, punto. Me gustó la conversación y creo que a él también, porque ayer las niñas, Iris y yo, vimos el desfile del Orgullo y cenamos en su casa de la c/ de la Cruz, detrás de Gran Vía, invitados por José Luis, Isabella y Charlotte, que es como se llama la perrita que, como siga comiendo así, dentro de poco va a parecerse más a Babe, el cerdito valiente.

Y volviendo en el Wible hablábamos nosotros cuatro de que todo es más fácil de lo que parece. Que sólo hay que tener espacio y tiempo para preguntar y para escuchar. Escuchar al otro y también a uno mismo, para corregir las opiniones equivocadas que arrastramos por nuestra tradición y por la presión de la opinión pública. Porque cuando no pensamos y simplemente somos, es poco probable que choquemos con otro ser humano, incluso aunque este sea muy muy madridista (si, lo se, meter aquí esto es un poco randoml. Mis hijas adolescentes no se sorprenden por ninguna de las realidades de género existentes. Las viven como si no existieran, porque para ellas son y están desde siempre. Que las cosas sean hace que todo fluya de forma más sencilla, que sea easy to play. Luego la vida, que es jodida seas lo que seas, te guste lo que te guste, te acuestes con quien te acuestes, nos reta para que alcancemos la maestría y nos desarrollemos de acuerdo con nuestro arquetipo y lo divinos que somos todos. Eso sí, el juego de la vida es difficult to master y sólo se llega al final de la partida con mucho esfuerzo, dedicación, comprensión y compasión.

La sencillez es otro de los cuatro anhelos del ser humano, junto con la belleza, la salud y la integridad. Y un ser humano es simplemente eso, otro como tú, como yo, como todos. Si somos capaces de aceptar esa verdad con confianza, los disfraces, las poses, los discursos producidos, las barreras, las fronteras, las banderas, todo desaparece y lo que nos encontramos es nuestra propia imagen reflejada en el otro.

Isabella y José Luis le regalaron anoche a Mariana el llavero de la foto. Al llegar a casa, las chicas quisieron mandarle a ellos la canción de Rafa Pons que se llama «Los reyes del mundo«, que nos dijeron que no la conocían. Nada más sencillo que el amor sin géneros.

Pasen un gran domingo, con orgullo, pero sobre todo con sencillez.

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