Closer to fine

El lunes es 15-N y si bien la fecha recuerda sonoramente a las acampadas en Sol, a aquel movimiento indignado de millones de personas que desembocó en la creación de un nuevo partido político, que a punto estuvo de ganar unas elecciones, no es de eso de lo que quiero escribir. El 15-N es el aniversario de algo mucho más importante. Tal día como ese en 1990, el productor musical alemán Frank Farian, que anteriormente había creado con notable éxito la banda Bonney M, desvelaba que los integrantes de Milli Vanilli hacían playback. Es más, que ni los músicos tocaban, ni las coristas hacían coros, ni los cantantes cantaban. Las canciones habían sido escritas y compuestas por él, pero como los intérpretes originales no le acababan de gustar para alcanzar el éxito (algo como lo de Xavi Hernández con Luuk de Jong), contrató a dos chicos de Múnich, los dos cachas con rastas y re contra bailones, a los que luego les cayó la del pulpo por impostores. Era el momento de apogeo del videoclip musical y de la MTV, la imagen era tan – o más – importante que el sonido y la cosa funcionó, vaya si funcionó. Vendieron más de 7 millones de copias de aquel único disco de la banda y consiguieron el Grammy al «Mejor Artista Revelación» de ese año, por delante de intérpretes de verdad, de la talla de Indigo Girls o Neneh Cherry.

¿Es o no es un tema?, no me jodas, ¿aquel I´m gonna miss you, era fake?. De golpe, la canción que cantabas secretamente en la ducha, esa que escuchabas en el walkman sport color amarillo y que tarareabas cuando la ponían en el hilo musical de la sala de espera del dentista, resultaba ser una gran mentira. Esa canción que, obviamente, nunca reconociste que te gustaba, en una época donde lo molón era escuchar a The Cure o los Smiths, leer a Gorki o Kafka, comprar El Jueves y hacer manifestaciones por la primera guerra del Golfo, resulta que esa canción, era un fraude. Y el lunes se cumplen 31 años de aquel día negro. En fin, la generación X no lo hemos tenido nada fácil.

Y esto indica que cada día puede ser el aniversario de alguna gilipollez, que de todo se puede hacer una serie documental para Netflix o Amazon Prime (by the way, prefiero no comentar nada del docu de Pau Gasol, del que ayer vi el primer episodio), o un podcast de mínimo seis episodios y que, de verdad, se nos está yendo la olla con lo de las narrativas y la necesidad de que existan para que cada ser humano encuentre su propósito. Una cosa es que las narrativas sean importantes y otra que las creemos de manera compulsiva, sólo para que los sapiens nos sintamos momentánea y artificialmente felices y salgamos después a consumir productos que no necesitamos y que están de moda, dentro de este mundo global que nos ha tocado vivir.

No contentos con este mecanismo perverso del mundo de los contenidos y sin haber encontrado aún la mayoría ese anhelado propósito, va Zuckerberg y le mete gasolina al metaverso de los cojones. Y no nos engañemos, que Zuck lo hace porque los de Apple le están comiendo la tostada con los teléfonos – con la venta de aparatos en general -, ya que cuando tienes esos devices en las manos de tus clientes, con su conexión 5G a tope de gama y venga a generar radiación al cuerpo, todo lo demás entra mucho más fácil. Y FB (o Meta), no tiene aparato que vender y depende de que los de Apple y los de Android les sigan distribuyendo su contenido digital, en sus respectivas tiendas digitales. Y que una vez que tengamos nuestro usuario creado en su nube, su propósito (que ellos sí lo tienen claro) es vendernos cosas de sus anunciantes y vender nuestros datos a esos mismos anunciantes, o a otros terceros mucho más oscuros. En este sentido, escuché esta semana a Jaron Lanier en el podcast de Kara Swisher, «Sway«, decir que FB gana 20$ al año por los datos de cada uno de sus 3.000 millones de usuarios, hagan las cuentas. Y para ganar más, necesitan que pasemos más tiempo en sus mundos digitales (FB, Insta, Whastapp…), que suceden en su mayoría en el teléfono móvil, carrera a la que han llegado tarde, motivo por el que nos quieren colar un headset, para poder tener otra vida en los mundos virtuales 3D, o metaverso. Imagino que lo siguiente será que encontremos el propósito en ese entorno, en lugar de en el que vivimos ahora, que la verdad es muchísimo lío alcanzarlo.

Y ojo, que a mi lo digital me encanta, que llevamos décadas vendiendo esas motos a un montón de gente en nuestros trabajos, que hemos hecho videojuegos, animación, software de perfilado de la personalidad, plataformas de evaluación del talento, hemos vivido en Second Life, en aquello que se llamó Home en la PS3 y hemos invertido muchas horas jugando a los Sims. Que todo eso son, o han sido, intentos magníficos de creadores de nuevas maneras de entretenerse y que no sólo no nos da miedo, sino que las apoyamos y promovemos (no sé por qué hablo en plural, perdón, debe ser en lo único que me parezco a Rafa Nadal). Lo que me pasa es que creo que eso del metaverso es una metaestúpidez y un delirio megalómano de alguna gente de Silicon Valley, que están muy bien enfocados (en la generación de beneficios para sus compañías), pero que tiene el eje de la integridad muy torcido, lo que genera mentiras como las de aquel productor alemán que nos la coló con Milli Vanilli, pero a una escala muchísimo más peligrosa. Y como consecuencia, que nuestros adolescentes (y muchos adultos), encontramos aún mayor dificultad para identificar y alcanzar nuestro propósito, en el mundo tal como lo conocemos hoy.

No se, quizá exagero, o que hoy me he levantado guerrero. Quizá es sólo que tengo mucha más fe en la existencia del multiverso (lean al físico del MIT Max Tegmark, que dice que los datos muestran que no es loco pensar que hay múltiples universos similares al nuestro), que en la necesidad de crear el metaverso. Que esto último no es más que un empaquetamiento mejorado y diferente de los mundos digitales ya existentes, con el objetivo de ampliar el beneficio material de unas pocas corporaciones que participan de ello y en la misma medida, de generar mayor dificultad en el desarrollo individual y colectivo de los de nuestra especie. Especie que, no nos olvidemos, en términos cosmológicos es muy reciente, un bebé, y que por tanto deberíamos tener la humildad y la inocencia de ese momento vital, en lugar de esta arrogancia del que ya lo sabe todo, o peor, del que piensa que todo lo puede crear, que muestran algunos.

¿Qué se yo!, mientras tanto, voy a escuchar la canción Closer to Fine de las Indigo Girls, que aunque en el año 90 perdieron con Milli Vanilli, ellas si tenían integridad y a día de hoy, siguen haciendo buena música.

Pasen otro soleado sábado día de noviembre, celebren sólo efemérides con sentido y busquen su propósito mirado hacia dentro, no hacia el metaverso de Zuck.

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