¿Papá, quién es Enriqueta?, me preguntó anoche Berta, que no suele leer lo que escribo y que, por lo que sea, ayer sí y cayó en un post en el que sale la viejita. Es nuestra vecina de abajo, contesté.
No es verdad, dijo mi hija. La vecina de abajo no puede ser cómo tú describes aquí. ¿Por qué lo dices?, pregunté sorprendido. No existe gente así de guay, respondió. A esta señora la quiero conocer. Y quedamos en que hoy mismo bajaría a presentarse.
A mi se me quedó botando ese «no es verdad» inicial de Berta y como esta noche ha hecho mucho calor y había un chunda chunda machacón debido a las fiestas del pueblo, me he levantado de madrugada y me he puesto a escribir sobre la verdad, a lo macho. Al tiempo que escuchaba con una oreja el Paraguay-Turquía.
He empezado muy bien mi proceso, muy centrado en la tarea, muy consciente de lo que tenía por delante y con esa firmeza he escrito las siguientes diez palabras: La verdad es muy sencilla de definir, es cuando los hechos coinciden con las afirmaciones.
Bien yo.
En ese momento expulsaban a un jugador de Paraguay por dirigirse a uno de Turquía tapándose la boca, como hizo Pristianni cuando regaló un insulto (allegedly racist) a Vini Jr tapándose con la mano, en lugar de llamarle imbécil a cara descubierta lo que, además de feo por su parte, habría sido sensato y mucho más acorde con los hechos compartidos por muchos. Parece que por aquel suceso, ahora el árbitro puede expulsar a un futbolista que se dirija a un oponente con la mano tapando su boca, lo que complica la movida de conocer los hechos y, por tanto, la verdad. Al menos en el fútbol.
Porque según la física cuántica conocida, demostrada en el archi famoso experimento de la doble rendija de Young, que me sale todo el tiempo en el feed de Instagram, los hechos son (existen), cuando hay un observador. No hay electrón que colapse en materia y por tanto que se convierta en hecho observable, si no hay un sujeto que lo esté observando. No existe objeto si no hay sujeto. Al mismo tiempo y aquí se complica un pelín la cosa, tanto el sujeto que creemos ser, como el objeto que subjetivamente observamos, colapsan en materia porque lo proyectamos desde una unidad individual de conciencia. Es decir, que ni el sujeto que somos ni el objeto que observamos son (existen), a no ser que nuestra unidad individual de conciencia observe ambos.
Lo objetivo no es lo opuesto de lo subjetivo, no existe el uno sin el otro y de su relación surge la verdad, interpretada por cada unidad individual de conciencia. Esta cultura nuestra materialista nos machaca con la idea de que lo objetivo es lo que es verdad, solo porque se ve, se toca, se escucha, se saborea o se huele.
Enriqueta es como yo la siento y así la cuento y Berta va a tener una opinión sobre ella esta tarde, cuando baje a conocerla. Una opinión es la asociación de un pensamiento con una imagen, pero de eso ya hablaré otro día.
Ahora me voy a desayunar, con Turquía fuera del mundial y con la convicción de que nada de todo esto es verdad, una vez yo termino de escribir y ustedes de leer.
Pasen un gran día.

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