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Lo que escribo los domingos

Atiende

Hemos pasado del «ponte una sudadera que hace frío» de nuestras madres, información directa y al pie como los pases de Rodri, a necesitar un doctorado en biología de la mitocondria que optimice la conectividad de la energía electromagnética que somos, en aras de evitar un aumento de citoquinas en las vías respiratorias altas, reacción del sistema inmune a la aparición de un patógeno invasor infeccioso. Lo que mi madre llamaba, sencillamente, un catarro.

Sea lo que sea lo que diseña el nivel de juego de la vida en el que estamos, se está poniendo complicado, sobre todo informacionalmente.

Tanto la física más moderna, esa que tiene que ver con lo muy pequeño, como las filosofías de toda la vida, nos sugieren que convivimos en una matriz informacional irreducible, como el libro del mismo nombre de Federico Faggin. Este campo de información cuántica funciona como probabilidad de onda que, de una forma que aún desconocemos (por eso la fe es importante), se transforma en probabilidad de onda electromagnética, hasta que un observador interviene y provoca el colapso de dichas ondas en partículas.

Los que observan y hacen que las ondas se hagan partículas somos nosotros y también los gatos, las acacias y, en general, todo ser vivo consciente.

Un reminder importante: ser consciente significa poner atención, eso mismo que te decían en el colegio. Pero no solo en las cosas que dicen los que antes han sido autores de las mismas (autoridades), que sin duda están muy bien, sino atención en ti. Confiando (otra vez la fe) en que eres un fractal divino con todas las herramientas para jugar este nivel del juego, que eres un trocito de Dios (sea lo que eso sea para cada cual) con la capacidad de mejorar tu mundo a través de la creación (creatividad).

Lo de que el principio ontológico de la existencia sea información es la clave. Ahí Faggin, un señor muy serio y que entre otras cosas inventó el microprocesador, ha dado en el clavo. Cada ser vivo consciente es un fractal de energía electromagnética (cuyo origen es información cuántica), colapsando en materia de manera ordenada.

Somos energía (de verdad, lo somos, ten fe), un equipamiento arquetípico que en su colapso material exterior es lo que podemos ver y experimentar cada uno con nuestra fisicalidad y que, en lo interior e invisible y dependiendo del sesgo que le hayas dado a tu algoritmo de Instagram, somos eso que experimentas como psicología, neurología, astrología, energía o, si eres una rata de Linkedin obsesionada con el próximo hype corporativo, con la dichosa IA.

El objetivo de la Conciencia y el de todos sus fractales (humanos, gatos y acacias incluidos) se puede reducir a uno: progresar. Progresamos y hacemos progresar a la Conciencia a través de la reducción de entropía. Pero esto es imposible en fechas de Mundial.

Antes, la mecánica y las instrucciones que recibías de la superioridad (tu madre) eran sencillas, directas, incuestionables: vete a la cama, mastica despacio, no bebas mucho, cómete todo, no llegues tarde, abrígate.

Ahora, el diseño del juego te obliga a saber de cripto, de la nobleza negra veneciana, del proyecto HAARP y su influencia en el clima y en los terremotos, de las sustancias que hacen permeables tus intestinos, de la mitocondria y, sobre todo, de las nuevas reglas del VAR, que según las interpreten unas u otras unidades individuales de conciencia, nos están precipitando hacia donde la FIFA y la mayorìa de  NPC´s que miran el Mundial ponen su atención (o la falta de ella); una final entre Argentina y Francia.

Así que, miremos por favor un poco más al tablero interior, que es ahí es donde está las respuestas.

Y bueno, también un poco de ¡vamos España!, lo más «antisistema» que nos queda en esta pérdida mundial de atención y a ver si conseguimos jugar la Finalísima contra Messi y los muchachos.

Pasen una buena semana.


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