El éxito

Nos hemos acostumbrado en esta familia a que todo sucede mientras miras Instagram. Se que no es una buena costumbre, pero es lo que es. No hay nada original que pueda decir acerca de los adolescentes y el uso del teléfono. Conozco la teoría como todo perro Pichichi, pero no tengo la más remota idea de cómo modificar esa perversa dinámica universal, ni siquiera en mi propia casa. I can talk the talk, but I don´t walk the walk, soy el perfecto ejemplo del consultor que sabe lo que hay que hacer, pero que nunca lo ha hecho en primera persona. Y no culpo a mis adolescentes, ellas viven el teléfono como una extensión de su vida, igual que necesitan las piernas para caminar, necesitan el smartphone conectado para ser. Es horrible, sí, pero es. Yo lo único que les reitero, es que las cosas esenciales de sus vidas, no les van a pasar a través del teléfono. Y bueno, como no todo va a ser palabrería, le he pedido a Papá Noel un regalo para ellas, esas cajas en las que metes el móvil y luego nadie puede abrirlas hasta que el contador que hayas predefinido llegue a cero.

Y en esas estábamos cuando Berta me ha preguntado por la depresión. Nos hemos mirado a los ojos, primera pequeña victoria, y a continuación le he pedido que dejara el teléfono para hablar de eso, cosa que también hice ayer para enseñarle el cuadro de octavos del mundial. Las cosas importantes, sin móvil, le digo. Berta sonríe y enchufa el teléfono para cargarlo.

La depresión es una enfermedad del alma y el alma es el principio básico del movimiento del ser humano.

-A ver papá, no te pongas a psicologizar, que te conozco-, me advierte.

Le digo que no es posible, que para entender la depresión hay que hablar de psicología y que para hablar de psicología, primero tiene que entender que no todo en la vida es materia y que el mundo de la mente, aunque tendemos a reducirlo al del cerebro, con sus conexiones neuronales, sus áreas dedicadas a cada cosa (pensamiento, emociones, habla, vista) y sus procesos bioquímicos, es más que eso. Le pido que se imagine al ser humano como si fuera su móvil, un ente capaz de recibir y procesar determinada información, en función de una programación dada. Los humanos (en realidad cualquier ser vivo) somos eso, entes que filtramos y procesamos información, para realizar las diferentes funciones para las que estamos programados. Ahora imagina que se te rompe la pantalla del teléfono. Si, lo se, no podrías vivir, le digo. Pero el aparato va a seguir procesando, va a seguir sonando cuando alguien te llame, lo que sucede es que no te va a permitir hacer muchas de las cosas que haces con él, una parte esencial se habrá estropeado. Pues el alma es una parte esencial del Sapiens, y si el alma está mal, el humano no encuentra el sentido.

-¿El sentido de la vida?-, me pregunta Berta.

Sí, en parte, pero al principio es sólo el sentido de la marcha, el hacia dónde dirigir tus movimientos. Los animales no humanos se mueven siempre en función de un objetivo, ya sea para construir su hogar, para migrar hacia zonas más cálidas, para cazar, para huir, para sobrevivir. Y nosotros, que tenemos esa misma capacidad, en lo básico funcionamos igual; necesitamos un objetivo hacia el que dirigir nuestros movimientos. Las plantas en cambio, que también son seres vivos, y por supuesto los minerales, que no lo son, no poseen esta capacidad.

-No papá, no empieces con el rollo de los minerales, los vegetales, los animales y los humanos, que hace tiempo que lo estudié en ciencias-.

Vale, pero es sólo para tratar de enfatizar que el alma es nuestra capa animal, la que, entre otras muchas cosas, nos sirve para movernos hacia los objetivos. Y no encontrar el sentido de la marcha, no saber hacia donde tirar, hace que uno pierda, poco a poco, el interés por moverse, porque moverse sin sentido es de idiotas. Por eso los que de verdad entran en depresión, van restringiendo de a poco sus movimientos; primero dejan de quedar con amigos, luego no salen de casa ni a hacer recados, luego dejan de arreglarse, hasta el extremo de no poder levantarse de la cama. Por falta de interés, por falta de ganas, por falta de motivación, por falta de todo y por una nube negra interna que tira de ellos con una fuerza que no te la crees.

-¿Y cuáles son esos objetivos?-.

Eso es lo difícil, porque nos hemos convencido de que el sentido de nuestro movimiento y por tanto de nuestras vidas, viene de fuera, de las necesidades que nos hemos creado, de lo que nos dicen nuestros padres, de lo que nos enseñan nuestros profesores, de lo que está de moda en nuestras redes sociales, de la necesidad inconsciente de crecimiento de nuestras empresas, de nuestras cambiantes leyes en función del gobierno de turno. Y la realidad es que es algo que sólo se puede identificar a través de lo que cada uno capta, procesa y reconoce como verdadero.

-¿Verdadero?, ¿qué es verdadero, papá?-.

Lo que tú sientes ahí dentro, eso es verdadero.

Y para confiar en eso que sientes, tienes que saber cómo funciona lo de fuera y también lo de dentro. por eso te he contado lo del alma. Tienes que hacer comprobaciones constantes, tienes que parar, tienes que dejar el móvil, tienes que hacerte caso, tienes que moverte hacia un lado y luego hacia el otro y aprender que la vida es ese movimiento, que es arriba y es abajo, que es dentro y es fuera, que es materia y es espíritu. Y que todo lo divino es circular y no lineal y hacia arriba, como nos enseñan ahora, pero esto ya te lo contaré en otro momento. Y por eso, cambiar de estado de ánimo está bien, no estar de subidón siempre está bien, no hacer nada está bien, aburrirse está bien, no sentir lo que parece que siente el resto está bien, sentir lo mismo que todos está bien, sentirte fea, o sola, o tonta, o triste, está bien, siempre que en otro momento te sientas bella, plena, lista y alegre.

Y además entender que la cultura sirve para muchas cosas, al mismo tiempo que nos propone opciones que no tienen porqué ser las que van con nosotros. Y que eso al principio no lo notas, pero que si te pasas mucho tiempo haciendo lo que no eres, o impostando lo que no sientes, te desequilibras y lo normal es que enfermes. Y las enfermedades, según dice la ciencia, pueden ser fisiológicas o mentales y que dentro de las mentales está la depresión. Pero créeme si te digo que eso es sólo una clasificación que hacemos los humanos para entenderlo, y que yo prefiero pensar que hay personas enfermas, antes que enfermedades, y que cuando estamos enfermos, seguro que lo estamos física y mentalmente, y que ambas están íntimamente relacionadas. Que esa clasificación es la de ahora, del momento histórico en el que nos encontramos, pero que se puede encarar de otras maneras.

-¿Y cómo se si tengo una depresión?-.

La verdad que no lo se. Imagino que tienes que preocuparte cuando empiezas a sentir que nada de lo que te proponen y que antes te gustaba te hace ilusión, si no intuyes hacia donde tienes que ir, si no hay ninguna cosa que te haga moverte. Y que eso te pasa un día, y otro, y otro, y luego encadenas semanas, y después tus amigos te llaman la atención y tu entorno empieza a preocuparse. No va a ser algo que un dia te sobrevenga y te sorprenda, como cuando te rompes un brazo, así que mientras tengas variación en tus estados de ánimo y ganas de moverte hacia algo que de verdad sientas que es, creo que estarás bien.

En ese momento Berta da la vuelta al teléfono que había dejado cargando en la mesa de la cocina y veo que llevamos treinta y cinco minutos hablando. Lo considero un éxito y creo que ella también.

Pasen un bonito segundo domingo de adviento. Aprovechen como está el día, gris, frío y para adentro, y coman unas lentejas, tengan una buena una conversación, lean un libro, disfruten de un partido de octavos del mundial, o vean al femenino del Estudiantes. Si además tienen la oportunidad de pillar a sus hijos adolescentes sin el teléfono, cójanles de la mano, que lo están deseando, aunque parezca todo lo contrario.

Y disfruten del éxito.

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