El sexo

No lo vi venir, lo reconozco. El martes pasado me llamó Mariana para preguntarme si la llevaría a ella y a dos amigas a Chueca en la tarde de ayer. Yo le dije que sí, claro. Le pregunté qué iban a hacer y me dijo que ir a la Pollería. Durante décimas de segundo busqué sin éxito en mi cerebro referencias sobre ese nombre; sería una tienda cool del barrio, un local donde se ubicaba una antigua pollería, ahora rehabilitada como un multiespacio creativo, un sitio molón de cócteles, un café librería donde firmaba ejemplares de su libro alguna influencer que les gusta. Al no encontrar la correcta, le lancé despreocupado las subsiguientes preguntas: ¿y qué es la Pollería?, ¿qué váis a hacer allí?. Preguntas equivocadas de un padre que se piensa de su tiempo y que ya está de vuelta de todo, ya que mi hija de quince años me respondió muy tranquilamente, pues comer pollas, papá. ¡Boom!, ella no me vió la cara, pero yo sí noté el ostiazo de realidad que me recorrió el cuerpo. «Comer pollas, papá» saliendo de la boca de mi hija de quince me puso amarillo, blanco, verde, rojo. Toda esta secuencia duró muy poco, casi nada, porque precisamente de los colores de mi cara surgió la referencia que había buscado antes de lanzar mi inocente pregunta y me vino la imagen de caminar por Fuencarral y ver un local donde venden helados con forma de pene, de distintos colores y a los que se les pueden añadir toppings encima.

Contesté que genial, que las llevaría a las tres a la Pollería sin problemas. Colgué el teléfono temblando y con cara de idiota. Me quedé sentado en el taburete de la cocina durante diez minutos, aliviado por haber aclarado el malentendido que a punto estuvo de colapsar mi disco duro y al tiempo siendo consciente de que está muy cerca el momento en que la frase se materialice y no como el resultado de la visita a una heladería de moda en Chueca, para mandarle a las amigas la foto en cuestión y echarse unas risas.

Desde el martes lo he contado muchas veces, lo que indica que, además de haber sido una situación cómica entre padre e hija, efectivamente tuvo un impacto en mi. Y la sorpresa es que en las conversaciones con amigos, primos, compañeros de trabajo, todos padres y madres de mi edad más o menos, gente moderna, progresista, estudiada y viajada, detecto que nos quedamos todos con la sensación de que no estamos acompañando bien a nuestros hijos en su educación sexual. Seguimos sin tener (de facto) una relación saludable, natural y abierta con el sexo y los hijos, no muy diferente a la que nuestros padres tuvieron con nosotros. Y esto duele.

Invertimos horas hablando de los peligros de la tecnología en los adolescentes, limitando su acceso, enfadándonos porque se relacionan sólo a través de ella y poniendo el foco en las redes sociales, como si fueran el único tema que tenemos que resolver. Pero seguimos sin hablar a nuestros hijos de sexo de una manera bonita, sana, sencilla y verdadera. Y cuando digo sexo, digo también amor, que para mi van unidos (seré antiguo). Y el amor es amistad, es atracción y es erótica. El amor es todo.

Porque el día que de verdad descubran el amor y el sexo, van a estar frente a algo muy numinoso, muy potente, seguramente lo más intenso que hayan sentido en sus vidas. Y algo que encarado con información, ciertas herramientas, sin miedo y con cierto cuidado, les va a ayudar enormemente en su desarrollo como personas.

Y ya lo siento por los promotores del metaverso, porque la conexión de la que surge el amor podrá iniciarse o continuar por ese canal, como antes lo hizo de forma verbal, por carta, teléfono o whatsapp. Pero el sexo no, el sexo es carnal y espiritual al mismo tiempo, es la unión más divina que puede haber entre dos personas y eso no hay metaverso, ni NFT, ni cripto moneda que lo replique o pague.

Pero hay que explicárselo a los chicos y chicas, yo el primero.

Pasen un buen puente, celebren a sus muertos, hablen con sus hijos del amor y del sexo, y verán que dejan Instagram por un rato y tienen cuidado con lo que suben a redes, y cuidan a sus novias y novios, amigas y amigos. Y además se sienten seguros, y nosotros felices, y la vida sigue su curso.

Pero hablemos con ellos, por favor.

2 comentarios en “El sexo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s