La aspiración

Hoy he visto a González. He tenido la tentación de hablar del calor como inicio de la conversación, pero me he contenido. Él llevaba puesta una camiseta de los Celtics con el número 33 y casi le propongo ir a echar un Veintiuno. El tiempo que tienes para lanzar un tema de conversación cuando te encuentras un vecino en el descansillo, es nada. Si no lo eliges bien, el trayecto en el ascensor se puede hacer muy largo. Esta vez tuvimos suerte y González empezó a hablar de series.

González tiene tiempo, barba y 42 años, la verdadera edad de la crisis de la mitad de la vida. Es adicto al MediaMrkt, que es el lugar donde vamos los hombres «de compras» y no sabe qué ver en su tele nueva. Tiene un mitote tremendo. Lo de mitote lo digo yo, no él, porque lo leí el librito el de «Los cuatro acuerdos» toltecas. Mitote es como ellos llamaban a ese estado de confusión, ansiedad o parálisis (dependiendo de la pedrada de cada uno). al que se llega cuando muchas narrativas internas tiran de ti, cada una para un lado y cada cual con más fuerza. En tiempos de los toltecas, quiero imaginar que el mitote se generaba sólo en momentos vitales extremos; grandes sequías, guerra con los aztecas, la muerte de un ser querido. En nuestra era el mitote no es sustantivo, es verbo, y la gran mayoría de los que vivimos en esta cultura occidental estamos mitoting 24/7. Porque mitote es cuando te descubres, en un momento de consciencia plena, pensando en destender la ropa, queriendo ir al concierto de Coque Malla en La Roda. sintiendo culpa porque la guerra de Ucrania ya no «te llega», deseando dejar de comer lácteos encantándote el queso, viéndote obligado a comprar lavavajillas ecológico para mejorar tu huella de carbono, proyectando irte a vivir al campo, castigándote por no atender mejor a tus padres, temiendo no poder pagar las facturas de Endesa del próximo invierno y asumiendo que el regalo del 50 cumpleaños de tu hermano serán otras zapatillas. Y además, justo en ese momento, teniendo que elegir una serie para ver, mientras te indignas con el postureo de gente cercana y a la que tienes estima, porque se te ha ocurrido abrir Instagram.

Y como a González le interesan las recomendaciones de series que le hace la gente, me ha sacado el tema en el trayecto al cuarto piso. Me cuenta que se bajó una aplicación que te indica dónde echan qué. Pero que su smartphone es demasiado smart y se la esconde, como hace con aquellas apps de uso poco habitual. Y además me dice que Filmin no está en la versión gratis de esa app y que «en algún lugar tienes que poner el límite a tu gasto en suscripciones idiotas a cosas que no necesitas«. Poner límite a tus suscripciones, no pedir comida preparada más de cuatro veces a la semana y si 27º es una temperatura con la que se puede hacer vida, son hoy los grandes temas éticos de nuestra sociedad. González se suscribió a Filmin cuando la vendían en pack con la revista Jot Down y le pareció «magno». Lo imagino leyendo un artículo de Enric González, mientras ve un documental sobre la vida y obra de Úrsula K. Le Guin.

Me cuenta que directamente ha empezado a ver películas italianas de ambiente rural y que está cansado de los que ven Filmin y luego presumen de ello en Twitter, como si fuera algo molón, algo «diferente», una plataforma para gente «elevada». González ama Filmin, pero sobre todo por las pelis italianas de ambiente rural, que son perfectas para la jornada intensiva estival. Películas con muchos silencios, paisajes, secuencias enteras de trayectos por carreteras secundarias soleadas, con vista en primera persona y casi sin música. Y eso es fabuloso para la siesta, que también es muy importante, concluye.

Y es que desde que nos mudamos a este edificio y conocí a González, siempre he pensado que era el perfecto aspirante. Y si no perfecto, al menos un gran aspirante. ¿Aspirante a qué?, eso ya es otra historia. La aspiración en una de las tres funciones del ser humano, las otras son el reconocimiento y la actuación. Todos nacemos con aptitudes para las tres, de hecho los sabios explican que, cuando no somos más que un blastocito, antes incluso de ser embrión, ya están representadas esas tres funciones del ser humano, que más tarde se desarrollarán en el útero materno. Y bueno, luego al salir, la vida y nuestra capacidad de ir en armonía con ella, nos va ubicando más en una, o varias de esas tres funciones. El desarrollo correcto depende de estar bien alineado con nuestra dotación de serie y para estar en eje, hay dos premisas básicas; autoconocimiento y valentía. Si uno se conoce es más probable que luego aspire correctamente y si se tiene valentía, es más fácil aplicar esa dotación en el objeto y momento adecuados, sin importar lo que diga la tradición, ni la opinión pública.

Al que está más dotado para la aspiración, como González, se le denomina pragmático, al que lo está para el reconocimiento, teórico y al que lo está para la actuación, práctico. Y González es un pragmático de manual. Sería un gran hombre de negocios, si pusiera el foco en el lugar correcto, en aquello que de verdad le apasiona. Es un gran comunicador, tremendo vendedor, tiene ideas geniales y es creativo en el más amplio sentido de la palabra. Lo que pasa es que González tiene un mitote grande con lo que es y entonces aspira a muchas cosas y a casi todas regular. O se cansa antes de llegar y por tanto se frustra, y frustra a su entorno. Ha cambiado de trabajo, sabiendo que el siguiente tampoco era el suyo. Ha experimentado con novias y novios, ha tenido dos hijos con parejas diferentes, ha vivido en Filipinas y Australia, cantó en Los Miserables mientras estudiaba en Londres y ahora es un muy cordial vecino, de un barrio bastante sosaina de Madrid. Eso sí, con la mejor conversación del bloque y el único con el que te puedes ir a tomar una caña. Pero creo que aún no sabe bien lo que es, o sí que lo sabe, pero no se atreve a desplegarlo por el motivo que sea. Y como el cuerpo le tira hacia la aspiración, aspira a todo lo que le parece molón. Y cosas molonas hay infinitas y ahora nos las meten en el smartphone en un click y sin preguntar, lo que genera aún más mitote.

Hemos quedado con él en Galicia en unos días, porque resulta que también es escultor y tiene una casa/estudio en Muxía. Me ha dicho que quiere que veamos sus obras, que dice que son de «gran formato» y que en realidad son su gran pasión.

Yo lo único a lo que aspiro es a dejar Madrid y volver a Galicia. Pasen un gran fin de semana, disfruten del verano y paren un rato para chequear si son más tirando a teóricos, más prácticos, o como González, unos inquietos pragmáticos.

Y muchas felicidades Mariana, que hoy cumples 15 años, momento de gran mitote vital, tanto ahora, como cuando los toltecas. Que la fuerza sea contigo y un poquito con nosotros para poder acompañarte :).

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