La autoridad y Ángel Martín

Ayer me enganché a escuchar el libro de Ángel Martín «Por si las voces vuelven». Me lo puse en Audible, en una versión narrada por el propio autor.

No era consciente de que soy suscriptor de Audible desde mayo de 2020, asumo que producto del confinamiento y la cantidad de horas que teníamos para escuchar todo tipo de voces. Sí recuerdo que en el lanzamiento de Audible en España participaba Leonor Watling como reclamo y es seguro que me dejé convencer por su voz narrando no se qué. Con eso y bajo la firme promesa a mi mismo de que duraría solamente el mes gratis que te ofrecen, imagino que feliz como una perdiz metí mis datos y consentí que a partir del segundo mes me empezaran a cobrar religiosamente 9,99€. A los pocos días debí de olvidar mi promesa, que como la de montar en bicicleta de manera frecuente, era mucho menos firme de lo que hubiera deseado, así como olvidé el propio hecho de estar suscrito al tema. Seguramente porque encontré otros podcasts que me acompañan desde entonces, ocupando todo el tiempo que tengo al día para realizar dicha actividad. El caso es que llevo casi dos años suscrito a Audible y hasta ayer no había escuchado nada. Reconozco que no soy ese tipo de persona que lleva las cuentas al detalle y que se preocupa por optimizar los gastos, es cierto que tampoco he notado el impacto en mi cuenta de resultados, pero no lo es menos que hasta ayer he entregado 220€ a Jeff Bezos, a cambio de un anuncio con Leonor Watling. No está mal el deal. Aprovecho para proponer a las marcas que aun no lo hacen, que pongan en sus políticas la obligatoriedad de remitir un sencillo mail automático con la factura de cada mes al suscriptor, que ya verán que aunque perderán algunos miles cada mes, los que se queden estarán de verdad felices y lo más importante, estarán haciendo el bien, lo que tendrá seguro incidencia en el correcto funcionamiento del cosmos y por tanto en el bien común.

Pero como siempre hay una primera vez para todo, ayer entré en la aplicación y me enganché a escuchar el libro de Ángel Martín. O mejor dicho, la narración de Ángel Martín me enganchó a mi. Ángel Martín me divierte, su matinal lo veo a cada tanto retuiteado por algún afín y aunque yo no lo sigo directamente, me lo pone mi hija Berta cada mañana en el coche cuando vamos al colegio. Me entretiene su formato de noticiario cortito y al pie, y más allá de lo bien que lo hace él y de que el resultado es redondo para los tiempos que corren, dado el alto coste y decreciente duración de la capacidad de atención de la audiencia, lo que me sorprende de este programa es el cambio de tono del cómico, respecto del Ángel Martín que yo recordaba. Salvo aquel primer programa de TV con Patricia Conde de hace muchos años. la verdad es que no le había seguido, pero si bien su humor me gustaba, él me dejaba un regustillo amargo, como de enfado con la vida. No lo se explicar bien y quizá no era su enfado, sino sencillamente el mío de aquella época. Pero para mi sorpresa, este Matinal de ahora no sólo me resulta gracioso, sino que me genera sensaciones totalmente diferentes y muy positivas. En este me transmite amor, cuidado, interés por lo que dice y por cómo lo dice y ha generado que mi opinión sobre la persona detrás del personaje, haya evolucionado hacia un lugar más honesto y humano, sin perder nada de sus talentos para ser gracioso.

Al programa de entretenimiento se une el libro que ha escrito acerca de su tránsito por la locura y que ha hecho que hoy me siente a escribir esto. Escuché y leí algunas entrevistas en el momento del lanzamiento y si bien el tema me interesa y lo que él contaba era duro, impactante y desde la distancia parecía honesto, no me animé a comprarlo. Creo que no lo hice por mi prejuicio acerca del Ángel Martín de antes. Había un algo que me mantenía lejos de él y más en un tema tan delicado como este. Así que no fue hasta el viernes, primero de abril, que aprovechando que hacía una tarde de nubes y claros, me fui a caminar y escuchar mi dosis diaria de podcast, dispuesto a que mi inversión en Audible empezara a ser amortizada. En la home de la app había tres opciones: un podcast de seis episodios sobre Putin narrado por Rosa María Calaf, que tiene muy buena pinta, si bien no quiero saber más del tarado ese, uno sobre el 11M, que la verdad no me llamó nada y por último el título «Por si las voces vuelven», de Ángel Martín. Y le di al play.

Ser el autor de algo te da autoridad en ese campo. La autoridad no se obtiene sólo por haber estudiado mucho en una universidad muy cara, tener una personalidad muy marcada, mucho carisma, ni por tener el título de una prestigiosa institución. El mundo está lleno de personas con títulos y sin autoridad ninguna, en lugares donde se necesita tenerla. Ser el jefe, el padre, o el que más gana del equipo, no conlleva necesariamente ejercer la autoridad necesaria en esos ámbitos, aunque tengas muchos subordinados, muchos hijos, o mucho dinero en la cuenta a final de mes. La autoridad tiene que ver con haber hecho antes, de manera íntegra, aquello que vas a acometer de nuevo ahora. Cuando ya has sido autor de algo, has conocido buena parte de los secretos de ese algo, de una manera mucho más profunda de lo que nadie te pueda enseñar de manera teórica. Y cuando eso es así, los que te rodean reconocen tu autoridad, aunque nadie te hayan otorgado el título, la posición no sea reconocida por los poderes dominantes, o no se te recompense materialmente por ello.

Y en el caso que nos ocupa, Ángel Martín es autor por partida doble; por un lado del libro que ha escrito y por otro de la experiencia que cuenta dentro de él. De la calidad del libro y su autoridad en la escritura no voy a hablar, si bien la narración de audio (tercera autoría de este señor en este proyecto) que yo he escuchado está muy conseguida y llega de manera directa. Lo que de verdad me ha cautivado y transmitido autoridad en la materia, es lo que narra sobre su experiencia con lo que llamamos locura. Muchas de las cosas que cuenta sobre cómo funcionaba su mente durante aquel episodio, no les serán ajenas si han estado cerca de alguien que ha pasado por ahí, o si las han pasado ustedes mismos (incluso por un momento muy corto de tiempo). Esa descripción del propio funcionamiento de la mente del autor puede resonar también a aquellos que nunca hayan sobrepasado los límites de la cordura, pero que sean introspectivos y analíticos con su psique. Lo que dice de las voces es muy similar a los sueños que tenemos cada noche, al mundo del más allá de la conciencia, donde donde todo tiene un sentido y lo vivimos como real, aunque al despertar nos demos cuenta de que había sido «sólo» un sueño. En el caso de Ángel Martín, por lo que sea, las narrativas del más allá, donde perfectamente uno puede ser hijo de dioses, mudarse de planeta, tener telepatia, o interpretar las señales de la naturaleza a través del vuelo de una mariposa, se mezclaban con las del mundo de la conciencia, que tienen más que ver con sacar a los perros, recibir al técnico que te instala una cama elástica en el jardin, o postear cosas en redes sociales. Generando como consecuencia un despelote bárbaro en su persona, que hacía imposible filtrar con tino la realidad, a través de los instrumentos que nos ha dado la naturaleza.

Así que nada más que felicitar al autor por su autoridad en la materia de ser sujeto de un episodio así, agradecerle que lo narre y además que lo haga de una manera tan natural y diría que hasta divertida, a pesar de la dureza. Y recomendar al resto que lo lea, o que lo escuche. Yo por mi parte lo compraré en papel, para volver de cuando en cuando a él y para subrayar algunas partes que el propio Martín recomienda hacer en el audiolibro.

Y nada más, que pasen un día bonito, confíen en el olor del café, que es lo que ayudó a Ángel Martín a ir al hospital, no se olviden del silencio, aunque ese sea el momento en el que las voces de cada uno vienen más a dar por saco y acérquense a la naturaleza. Y si les da la vida, reflexionemos sobre la autoridad que tenemos en las cosas que hacemos todos los días, que igual nos llevamos una sorpresa.

¡Ah!, y comprueben las cosas a las que están suscritos, no hagan como yo.

Les quiero mucho, como dice Ángel.

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