Y si

Dr. Ted R. Ledford 1934-2021. Dad passed this morning at 8:46 am“. Recibimos hace una semana este mensaje de nuestra hermana americana. Ted descansa seguro en paz, porque él era, es y seguirá siendo paz. Culto y siempre sonriente profesor, veterano de la guerra de Corea, curioso y disfrutón viajero, era la encarnación del explorador arquetípico: sobrero de ala ancha, siempre con su cámara, preguntando por nuevos lugares donde descubrir sus gentes y sus vinos. Con una querencia especial por Europa y por su North Carolina natal y sobre todo amante de la pesca con mosca, practicada cada verano en el estado de Montana. Y por el fallecimiento de nuestro querido Ted, me ha dado por pensar en la muerte.

Porque, y si morir es una vuelta al estado pleno de Conciencia. Y lo escribo con mayúscula para diferenciarla de la conciencia individual, nuestra mente, esa que manejamos cada uno y que tanto valoramos. Esa es la que nos permite filtrar la Conciencia amplia y habitar así nuestra realidad, la de nuestras alegrías, nuestras miserias, la de las facturas que pagar, las vacunas que poner, los políticos que criticar, la de las obras exteriores que anunciar en redes sociales, la de nuestras mentiras, la de nuestros amores, la finita, la confusa.

Y si morir es dejar de estar enganchado por la individualidad enroscada de cada uno y pasar a ser parte del todo de manera plena. Y si morir es abandonar el dualismo de “yo, versus el resto de seres vivos y objetos”, para convertirnos en uno de vuelta. Y si morir es dejar la limitación espacio temporal de la que nos provee la materia, para integrarnos con todo y con todos. Y si la muerte es simplemente la eliminación del punto de vista del ser con minúscula, el de los agobios, el de los anhelos, el de las prisas por hacer todo.

Y si lo individual, material y temporal, pasa a convertirse en una reminiscencia biográfica en la gran biblioteca de la Conciencia, a la que poder recurrir a través de otro formato (como lo son los sueños mientras estamos vivos), cuando la cosa lo requiera, o se necesite un momento de Conciencia nostálgica, analítica o de aniversario. Y si en dicha Conciencia se reconocen de alguna manera los datos que cada uno hemos dejado en la vida física. Y si los datos que de verdad quedan en la Conciencia para siempre, son aquellos que tienen que ver con el cumplimiento del arquetipo de la última encarnación espacio temporal. Y si en el disco duro de la Conciencia solo se guardan los datos que tiene que ver con el amor, con el bien, con lo correcto.

Y si lo que no es de verdad, nunca queda en la Conciencia y desaparece con el tiempo, como los archivos en el icono de basura del ordenador. Y si ahí es donde se desvanece eso que hacemos, pero que no es lo que somos. Eso que sucede por el mandato de un guión egoísta, o por presión de la opinión pública, o porque es lo que nos han enseñado, sin pararnos a pensar y sentir, si realmente es lo que viene de serie en nuestro maravilloso sistema operativo humano.

Y si en esa Conciencia se están hoy encontrando Ted y Paz (mi madre), que tanto disfrutaban en los viajes conjuntos en el mundo físico, pero ya sin la necesidad de hablar por gestos, sonrisas y abrazos (porque ella no hablaba inglés y él tampoco español), y lo pueden hacer de manera esencial, no corpórea. Simplemente porque el amor funciona como herramienta de comunicación.

Y si Paz y Ted están ahora revisando los archivos de la boda de Victoria y Corey en el rio Yellowstone, ya sin probar el rico vino, ni buscar al oso Grizzli en la visita al parque, ni tratar de convencer a mi padre para que deje pagar a otro la cuenta alguna vez.

En esa Conciencia no hay bien ni mal, no hay hechos pasados, ni expectativas futuras, no hay conciencias individuales, no hay unos y otros, no hay míos o tuyos. Allí quedan registradas nuestras acciones mientras estamos en el mundo físico , sobre todo las que son de verdad, las que no están condicionadas por el yo pequeñito que aprieta el zapato y tanto dolor de cabeza nos genera.

Y una última cosa, la Conciencia no está sólo presente después de la muerte física. Sólo es que en ese instante se hace mucho más evidente, porque dejamos de filtrar con nuestra conciencia individual y dejamos de tener estas necesidades vinculadas a la materia. Lo invisible existe, la Conciencia está ahora aquí con nosotros, somos nosotros. Pero como el ojo que no se puede ver a sí mismo, nosotros no podemos verla, salvo que desactivemos del todo la conciencia individual. Que es difícil, sí, pero no imposible. Es bueno hacerlo al menos un rato cada día, respirando, apagando el móvil, cerrando los ojos, dejando de apretar las mandíbulas, relajando el ceño y viendo qué surge si estamos así cinco minutos seguidos.

No me interpreten mal, no tengo ganas de morir, ni de ver morir a nadie. Sólo deseo integrar la muerte de una manera menos dramática, menos oscura, menos egoísta. Porque la muerte física va a pasar, eso es lo único seguro en esta vida. Así que parece más sensato tratarla como una parte importante de la vida y no únicamente como un mal que está por llegar y que hay que retrasar los más posible.

Porque no es descabellado creer que la cosa (pongan el nombre que quieran), siga después de la muerte del cuerpo físico. Como mínimo, es seguro que nadie puede negarlo categóricamente.

Así que pasen un buen sábado, como seguro Ted y Paz están haciendo en esa Conciencia amplia, atemporal, inmaterial.

Especialmente pasen un bonito sábado Eleanor, Victoria, Corey y resto de nuestra familia extendida americana.

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