Umdenken

El lunes tuve sesión, el martes olvidé la cita con el oftalmólogo, el miércoles mi padre entró en quirófano para una intervención del corazón que se suponía menor, el jueves salió de cuidados intensivos, el viernes por la mañana vi sangre salir a chorro desde su ingle derecha. El sábado traté de hacer todo lo que no había hecho: ver a mis hijas, ser pareja, comprar la insulina de Zeta, leer lo que tengo en cola, hacer la compra, terminar de ver The flight Attendant en HBO, caminar con la perra y escuchar mi podcast diario….

Y llámalo sincronía, azar o divinidad, aterricé por primera vez en Hurry Slowly, referenciado por otro podcast que escucho habitualmente. Y justo caí en un episodio titulado Who am I without the doing?. La autora, Jocelyn K. Glei, contaba que en 2014 fue a ver a una sanadora que trabaja con ayahuasca y que salió de allí sin probar la hierba, pero con una pregunta que le cambió la vida. Le preguntó quién era ella sin su agenda, sin lo que hacía. La cuestión quedó botando durante meses en su interior sin acertar a responder de manera precisa y satisfactoria.

Ayer me hice yo la misma pregunta. Y es muy difícil contestar porque estamos programados para hacer. Cualquier cosa que pensamos lleva una acción asociada, un objetivo incluido y un rendimiento futuro programado. Prueba a definirte sin hacer referencia a lo que haces. Trata de describir a otro sin contar a qué se dedica. Investiga en tu conciencia cuando fue la última vez que te presentaron a alguien y no pensaste en cómo sería su vida, su profesión, cómo sería su actividad. Ser un doer está bien visto. Just do it nos dice Nike, Do the right thing, titulaba Spike Lee. Y yo ayer me preguntaba, ¿por qué estoy todo el santo día haciendo?, ¿por qué el verbo hacer tiene tan buena prensa?, ¿por qué hay que tener una apretada agenda, estar ocupado, ser productivo?. Mi vida es una cascada irreflexiva de levántate, mira el móvil, chequea la glucosa, haz café, lee el correo, mira la agenda de hoy, dúchate, mete prisa a tu hija mayor, corre al colegio, empieza a trabajar, bebe agua, chequea la glucosa de nuevo, camina, mira Twitter, haz la comida, reúnete, contesta emails, llama a tu padre para ver cómo ha pasado el dia… Y la pregunta es, ¿cómo me defino sin mi agenda, sin mi biografía basada en los hechos?, ¿quién soy yo sin lo que hago?.

No se la respuesta, no creo que fuera capaz de verbalizarla si la supiera, porque este ejercicio requiere re aprender, volver a pensar, a pensarme, repensarme. Los alemanes tienen una palabra para este proceso, umdenken. Um es la acción de voltear, denken significa pensar. Por tanto umdenken es dar al vuelta a la forma en la que pensamos. Necesitamos un cambio radical en la manera en la que pensamos. No somos lo que hacemos, no somos importantes personas que se reúnen, no somos divorciados que fracasaron con sus parejas, no somos amos de casa, no somos padres abnegados, ni estudiantes que tienen que obtener determinadas calificaciones, no somos garantes de una hipoteca, no somos socios de una startup prometedora que requiere mucho bla bla, no somos el perfil de Linkedin, ni las fotos de Instagram, ni los comentarios cargados de razón de Twitter. Somos otra cosa, con mucho más significado que nuestras acciones, nuestra supuesta productividad, nuestros éxitos y nuestros fracasos.

Somos, y ahora toca aprender a ser, dejando de hacer.

Pasen un buen domingo sin hacer nada, sin pedir a nadie que haga algo, sin culpa, disfrutando, observando sus pensamientos llegar y marcharse, sin agarrarse a ellos. A ver si hay sorpresas, que seguro que sí. Y gratas.

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