Mamíferos, lácteos y microondas

Son las 7 de la mañana y me he levantado como si nada. No tengo que salir corriendo, es sábado. He puesto la leche a calentar en un cazo, no me gusta el microondas. A veces a esta hora dudo de si me gusta la leche. El café es seguro que si me gusta, a cualquier hora y en cualquier versión. Pero me voy a detener en la leche. Están tan poco de moda los lácteos… He leído muchas veces eso de que somos el único mamífero que bebe leche tras la época de estricta lactancia materna. Mis amigos vega-eco-bio me llaman siempre la atención a este respecto. Cuando los escucho pienso que también somos el único mamífero capaz de ordeñar a otras especies, o de hacer queso Compté con la leche que ordeñamos. Cierto es que ese queso, como tantos otros, sólo lo hacen bien los mamíferos franceses. Y es que como mamíferos estamos en el tope de gama. Confío mucho en los que dicen que en el Paleolítico no comíamos más que la carne de otros mamíferos a los que cazábamos y los frutos que recogíamos de las plantas, y que aquellos hermanos Sapiens eran genéticamente casi iguales a los que somos ahora. Y que por tanto, si replicamos ese comportamiento alimentario, nos vamos a encontrar mas saludables, con más energía, más en forma, y a la larga, vamos a evitar enfermedades que afectan al sistema inmunológico. Firmo debajo de ese statement, pero a las 7,15am de un sábado de diciembre, elijo beber mi café con toda su leche, a ser posible tras calentarla en un cazo encima de un fuego.

Y es que respecto de la importancia de una correcta alimentación para conseguir una vida plena, no seré yo el que diga nada en contra, Es obvio que en parte somos lo que comemos y lo que bebemos, incluida la leche. Lo que ocurre es que esta ecuación es demasiado simple de contar, compleja de ejecutar y escasa de resultar satisfactoria. Alimentar bien el organismo es importante, pero la vida sana tiene mucho más que ver con entender el  Sapiens en su esencia. Los mamíferos Sapiens hemos progresado mucho desde el Paleolítico, tanto en el conocimiento de la biología, como en el empuje de la tecnología para inventar artefactos que nos alarguen la vida. Pero no hemos avanzado casi en la comprensión del ser humano, que tiene mucho más que ver con aquello que no se puede medir con la tecnología que hemos creado. Por ejemplo, el placer de tomar el café con leche, calentada en un cazo, mientras escucho mi respiración y la de mis hijas.

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