Tuve una revelación, una epifanía, vi la luz, ya está, lo identifiqué, me lo hicieron llegar, vino, apareció, lo sintonicé, lo sentí, se me cayó la ficha, lo sé.
Todo comenzó el miércoles por la tarde, cuando coincidimos Enriqueta et moi en el Ahorramás y me invitó a su casa a probar un bizcocho sin azúcar que le gusta preparar. A mi el gluten y lo dulce no me van, pero ella…, ella…, ella es la belleza, la salud, la sencillez y la verdad encarnadas.
Nos sentamos en su cocina y me puso el té de siempre, acompañado por dos pedazos de su bizcocho que, la verdad, estaba riquísimo. Me aferro a la romántica idea de que la receta ha estado por siglos en su familia, pero ella asegura que la sacó de un reel de Instagram durante el “Code of Vaccination ID 19”, así llama ella al COVID.
Hablamos de que ha vuelto el sol y de las ganas que tiene de ir a Santander. Comentamos de pasada “eso del futbolista de rojo que insultó al del Madrid», que ella no sabía que se llamaba Prestianni ni que era del Benfica, y que le parecía fatal que presuntamente hubiera llamado mono a Vinicius. Eso sí, le pareció bien que se tapara la boca para hacerlo, ya que eso indica que el de rojo era consciente que llamar mono a un hombre negro está muy feo. “Algo de conciencia tiene”, aseguró.
Enriqueta dice que muchos chicos, de tanto darle a la pelota y no leer nada, se quedan a medio cocer y que el dinero y la exposición de lo que hacen provoca que se desarrollen tarde. También me dijo que a ella el fútbol no le gusta, pero que el incidente se lo había mostrado Fina en su móvil.
Fina es la persona que le ayuda con las tareas de casa, es dominicana y de un color de piel muy parecido al del jugador del Madrid insultado. Está casada con un argentino blanco hincha de San Lorenzo que tiene un restaurante de carne en Getafe y que algún día me lo he cruzado cuando dejaba o recogía a su mujer en el portal. Esos detalles de su biografía dan a Fina autoridad para hablar del incidente y, según me dijo Enriqueta, Fina opinó que: “Demasiado poco le pasa a Vinicius».
Mientras terminaba mi segundo pedazo de bizcocho Enriqueta fue al salón y regresó con una de esas carpetas de anillas azules que guarda con los escritos de Juan, su difunto marido. En el lomo se leía una etiqueta que decía “Sleep”.
Quédate con esto, me dijo, es lo que escribió Juan durante muchos años acerca del sueño. Te va a gustar.
Muchas gracias, contesté y, tras jugar una partida de Escoba con ella, me subí a casa.
Como Iris no había llegado y la cena estaba hecha, me senté en la mesa del salón y abrí la carpeta con curiosidad. Juan era un hombre sabio y las cosas suyas que he leído son siempre interesantes, ya hable de Bob Dylan o del entrelazamiento cuántico. La carpeta estaba repleta de escritos, algunos a mano y otros a máquina, ordenados por conceptos vinculados al acto de dormir: descanso, sueños, interpretación de sueños, sonambulismo, actividad neuronal nocturna, ritmos circadianos, alimentación, luz y oscuridad, órganos nocturnos, el más allá… Hasta ahí todo me pareció normal, eran aspectos más o menos conocidos vinculados al sueño desde perspectivas científicas, culturales o espirituales. Pero al final de la carpeta había un último trabajo que se titulaba «Intercambio de información». Estaba escrito a máquina, en inglés, fechado en 2002 y comenzaba diciendo que “el intercambio de información con la Conciencia se produce mientras dormimos”.
¿Qué?, exclamé en mayúsculas, pero sin emitir sonido alguno. El texto repasaba los beneficios conocidos sobre dormir: que es necesario, placentero, beneficioso, gratis, regular, accesible a cualquiera y transversal a todos. Explicaba todo eso que hoy se conoce sobre que no es necesario dormir más de siete horas, que es mejor ingerir los últimos alimentos cuando anochece, que hay que evitar la actividad sensorial intensa treinta minutos antes de meterte en la cama, que hay que agradecer tres cosas que te han sucedido durante el día, que hay que vivir bien para soñar bien, etc.. Hasta ahí todo más o menos conocido pero, en las dos últimas páginas, decía lo siguiente (lo he traducido y adaptado tal y como yo lo he entendido).
Durante la noche el ego, el yo, ese personaje que eres y al que tanta bola le das, se desactiva. Tu avatar exterior de carbono se desconecta, dejaa de estar con tu Yo egoistilla y temeroso a los mandos y pasas a ser unidad individual de conciencia de pleno derecho. En ese momento te conectas con la matriz, con el todo, con la Conciencia, con Dios, con la Naturaleza, llámalo como quieras. Y es ahí cuando comienza el proceso mas importante de cada día; el intercambio de información.
La Conciencia te actualiza mientras duermes, como lo hacen los programas de software en la nube y lo que no tengas aún en tu disco duro y necesites para seguir progresando, te lo bajas durante el sueño. Por eso los niños duermen tanto y tan profundamente. Aterrizamos en el mundo de la materia con un hardware tope de gama y sin mucho software, y todos los programas se bajan con tu yo material desconectado. Es decir, dormido, que es muy parecido a estar en otra dimensión o a estar muerto.
Yo leía y flipaba de lo que este señor escribió hace casi veinticinco años. Pero lo mejor estaba al final.
El intercambio de información que sucede cuando duermes no es solo en un sentido, tú también emites datos que van a la Conciencia y que, de alguna manera, pasan a formar parte del performace grupal y de tu marcador individual de progreso y reducción de entropía, que es a lo único que has (hemos) venido a jugar al mundo de la materia.
Esos datos son el resultado de tu coherencia interna durante el ciclo que termina (el día). Y la coherencia, como sabes, es lo que más cuesta mantener y con lo que más peleas a lo largo de tu jornada porque, inevitablemente, tú yo, tu ego, el personaje que te has construido, cree que tú mereces más: más reconocimiento, más dinero, más vacaciones, más amigos, más alegrías, más placer, más tiempo libre, más músculos, más pelo, más comida rica, más tiempo, más salud, más belleza, más…
Y la diferencia entre las expectativas de tu avatar de carbono y lo que este ha conseguido en el día, casi siempre es notable, lo cual provoca frustración y un intento de compensación de ésta con cosas que no le van a sentar bien a tu sueño de esa noche: estrés, demasiado ejercicio, comida, pantallas, etc…
Si no hay coherencia interna, el sueño es malo. Si el sueño es malo, el intercambio de información se verá constantemente interrumpido y no se podrá completar. Sí no actualizas el software de noche, te vas a manejar con versiones cada vez más obsoletas del mismo durante el día, lo que se traduce en cansancio, más estrés, irritabilidad, poca atención, consumo innecesario, incomprensión de la realidad, etc…
No creas que los métodos artificiales que inducen al sueño mejoran el proceso. A la Conciencia no se le puede engañar, como haces con todos los demás avatares de carbono en tu vigilia. Con dos whiskies o dos orfidales, la Conciencia tampoco recibe coherencia y el intercambio se atasca igual. A la mañana siguiente tienes lo que llamamos resaca, que es simplemente que no has intercambiado bien por la noche, pero tu procesador ha estado trabajando a todo trapo en ello.
En ese momento entró Iris por la puerta y me preguntó por qué no estaba la mesa puesta. Dejé la carpeta y con la mirada le di la razón.
Llevo leyendo estos papeles desde el miércoles y cada vez me generan más sentido. Dormir es el proceso básico para evaluar nuestra ejecución aquí abajo. Sí vives en coherencia, duermes bien. Sí duermes bien, emites y recibes información y actualizas el software.
Dejemos de querer ser más, seamos lo que somos, para poder intercambiar información por las noches. Todos sabemos que si eso sucede, por la mañana todo es más bonito, más sano, más sencillo y más verdad. Como Enriqueta y su marido Juan.
Y como Fina y su marido Gastón.
Pasen una buena semana, sean coherentes.





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