Era la noticia que no esperaba para terminar el 2025. La segunda quincena de diciembre venía marcada por una gripe de mierda que no se iba, por un reseteo que me ha afectado más de lo que hubiera deseado. Cierto es que había escuchado en mi Instagram, donde uno alcanza hoy la sabiduría, que coincidiendo con el solsticio de invierno en el hemisferio norte (los del sur que se jodan, as always) se venía un tuneo de la frecuencia vibratoria del juego. Cuando digo juego me refiero, ya tú sabes, al mundo, el cosmos, a todo lo que creemos que existe y a lo que jugamos cada día asumiendo que «es lo que hay», como diría mi suegra Isabel.
Los programadores balancean todo el sistema en esta época y los jugadores lo notan. Y digo notan porque la noticia con la que me he levantado es que no soy jugador, sino NPC.
¿Qué cómo lo sé?, porque lo he soñado. Obviamente a un conocimiento así uno no llega con su conciencia funcionando a full speed, a todo fislipín que dicen en Ferrol. A la verdad se llega aparcando todo lo que tenga que ver con tu yo, contigo, con ese tío tan listo o tan sufridor o tan deportista o tan trabajador que se levanta por las mañanas y se comporta como un buen ciudadano. Solo si no estás a los mandos de la nave que piensas que eres puedes conocer la verdad de la milanesa.
Siendo tú eso tan importante, salvo que seas un maestro yogui o le pegues a la ayahuasca a menudo, la manera más mundana y barata de salir de ti, de tu conciencia, del equipamiento de software básico que adquiriste en los primeros siete años de juego, es a través de los sueños. Y mi sueño de la última noche del año me ha revelado que soy un NPC. No hay duda, lo he visto, lo he comentado dentro del propio sueño y me lo han confirmado los programadores.
¿Cómo estás tan seguro?, te estarás preguntando. Los materialistas, esos que cada vez sois menos y tenéis más dudas, esos que pensáis que todo lo material existe per se independientemente de quién lo esté observando, diréis que un sueño es solo un sueño, las movidas random que hace tu cerebro por las noches con las informaciones que recoge a lo largo del día. Y que no significan nada, son conexiones sinápticas de todo a 100.
Pues no, los sueños no son basurilla informática de lo cotidiano, pero ahora no me da tiempo a explicar por qué no lo son, que tengo que ir al Carrefour a comprar los quesos para la cena de esta noche.
El caso es que en mi sueño he hablado con Enriqueta largo y tendido, sentados en la decrépita mesa de picnic que aparece en la foto, en un bosque a la orilla del río Avon en Bristol. Hacía frío y yo me sentía como estos días atrás; mal. El húmedo aire penetraba en mis pulmones y sentía como si cientos de pequeños alfileres me atravesaran el pecho. Frente a mi Enriqueta, desabrigada y con una expresión menos amable de lo habitual en esa señora que me ha alegrado tantas tardes este año, sosteniendo ambos unos termos con una infusión caliente, tan caliente que no se podía beber.
En la conversación Enriqueta me informaba que ella es una de las programadoras más veteranas del juego y que yo, efectivamente, no soy más que un NPC. Que esa paja mental que manejo sobre que soy jugador y que yo sé de qué va la movida es simplemente mi programación. Una programación sofisticada, pero programación al fin y al cabo. Que no me haga más el banana y que mejor que lo sepa ahora a que me de la gran bofetada en 2026, que es «cuando de verdad cambia el juego».
Y para que me creas, ha concluido la Enriqueta de mi sueño, porque esto es un sueño y si éstos no molan o son pesadillas solemos tender a olvidarlos rápido, te daré la prueba definitiva de que tú eres un NPC: «la Enriqueta esa que es tu vecina, solo existe en tu programación».
En ese momento me he despertado sobresaltado. El frío del sueño lo sentía en el mundo de la materia y un sentimiento de pérdida me atravesaba tanto como el gélido aire del río Avon. Eran las 6:58 y con gran desasosiego me he levantado a escribir este último post del 2025.
He esperado hasta las 9 para bajar a por churros a La Toledana, primero para sacarme el mal rollo de encima y segundo para tener una excusa para tocar el timbre a mi vecina un día 31 de diciembre a las 9;30 de la mañana. He subido caminando las dos plantas con cierto relajo, con la tranquilidad de que todo había sido un mal sueño y con mi bolsita con dos raciones de churros, he tocado el timbre de Enriqueta.
Me ha abierto la puerta un señor mayor en bata y zapatillas de estar por casa. Ciertamente sorprendido me ha sonreído y dado los buenos días, cosa que yo también he hecho, al tiempo que por detrás aparecía una señora bajita que caminaba con dificultad, acompañada por una mujer que parecía su cuidadora. Ninguno de los tres era Enriqueta.
He pedido perdón y puesto cara de circunstancias, como que me había equivocado de piso.
Soy un NPC y Enriqueta es programadora, ¿qué puede salir mal en el año que entra?
Sigamos jugando como idiotas a que la materia es lo importante y hagamos como que la Conciencia no es más que lo que sale de nuestro cerebro. Vas a ver qué bien.
Si quieres seguir siendo materialista, tú eliges pero, por favor, no dejes de amar, que el amor es lo que une todo.
Feliz 2026.





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