Ayer vi a Enriqueta paseando del brazo de su hermana por el bulevar. Bueno, en realidad era al revés, ella iba como siempre paso firme y bríosa, mientras que su hermana medio colgaba de su brazo con una mano y lucía una muleta muy moderna en la otra.
Hacía semanas que no la veía y es que se había marchado a primeros de mes a Santander, donde vive la hermana, porque habían operado a esta de la cadera. El miércoles volvieron a Madrid, – para la cena de Acción de Gracias y el Black Friday -, dijo mi vecina con sorna y guiñándome el ojo. No sé si veo a estas dos a la carrera buscando chollos por las imposibles calles de Madrid, que hace treinta años era una urbe simpática, pero que hoy está repleta de NPC´s entorpeciendo las misiones de los jugadores (recuerda que los NPC´s son esos personajes del juego que parecen humanos, pero que no son jugadores, sino que vienen programados de serie y poseen un patrón definido de movimientos a ejecutar, pase lo que pase a su alrededor o en su interior), sobre escenarios muy similares a los de cualquier otra gran ciudad del mundo.
La hermana de Enriqueta se llama Esperanza, que dicen que es lo último que se pierde y que también es el concepto que se celebra durante el primer domingo de Adviento; hoy, today, aujord`huy, oggi, heute. Comprendo porqué los diseñadores del juego me pusieron ayer este personaje delante: Esta semana que acaba es el comienzo del nivel del juego dedicado a que todos perdamos la esperanza. Y yo he estado cerca.
El martes en Zaragoza me reí como hacía semanas que no lo hacía y cuando me río mucho y despreocupadamente, los diseñadores aprietan el diseño del juego y te empiezan a poner trampas en las que no mola caer.
La primera fue al día siguiente. Acompañé a mi padre al médico, a la típica consulta rutinaria tras realizar una analítica convencional, de esas que estudian parámetros clínicos obsoletos establecidos décadas atrás, que se han consolidado para que consumamos aquellos productos que las farmacéuticas quieren que consumamos (consumir no tiene nada que ver con consumar, es bueno recordarlo). Tras 1,5 horas de retraso la doctora, muy simpática, eso sí, le dijo a mi padre que todo fenomenal y que volviera en marzo. Y mientras eso pasaba yo estuve tiempo tratando de entender el texto publicitario de un rollup que había en la consulta y que se muestra en la foto de arriba de este post. El texto, que me pareció que echaba de menos alguna coma, decía así: «Para (entiendo que del verbo parir) un parto más seguro gracias a la inteligencia artificial». Pero el concepto es todavía más jodido que el propio texto. La IA te ayuda a parir más segura. La IA, ese nuevo internet, esa nueva electricidad, esa nueva máquina de vapor, esa nueva rueda, ese nuevo fuego… La IA, esa que se usa para todo y todo lo que toca es mucho mejor y bla, bla, bla, te ayuda a parir de forma más segura. ¿No se nos está yendo un poco la flapa? Ahí se lo dejo a las mujeres que hayan parido alguna vez y para las que estén en el proceso o vayan a estarlo, a ver si les deja más tranquilas.
Y el jueves llegó Acción de Gracias.
Enriqueta y Esperanza no, pero los estadounidenses celebran Thanksgiving el cuarto jueves de noviembre. El origen de esta festividad se remonta a 1621 y a la ciudad de Plymouth, Massachusetts, donde unos 60 peregrinos ingleses que habían desembarcado del Mayflower y unos 90 nativos de la tribu de los Wampanoag, celebraron durante dos o tres días una buena cosecha sin transgénicos de Monsanto ni fertilizantes de su empresa matriz, Bayer, que además es la que nos provee de los remedios que curan las enfermedades que provocan esos transgénicos y fertilizantes. La fiesta era para agradecer los bienes que los dioses les habían provisto. Hasta ahí, todo bien.
Pasados un par de cientos de años, con un par de empujones primero de George Washington y después de Abraham Lincoln, la festividad quedó como feriado nacional en USA y todos los estadounidenses comen pavo dopado hasta las trancas y se reúnen en familia, en este último jueves de noviembre. Otros cien años pasaron y alguien consideró que celebrar esa acción de agradecer a los dioses la cosecha, encajaba fenomenal con el comienzo de la campaña de compras navideñas y así se instauró el denominado «viernes negro», que se llama así por el caos que se genera en las ciudades (y ahora también en las redes), debido a que millones de NPC´s, que hacen todo lo posible para que los jugadores olvidemos a lo que hemos venido al mundo (que no es a comprar, te lo recuerdo por si había dudas), se lanzan a las calles para conseguir una oferta imbatible para adquirir el último «lo que sea le guste a cada cuál».
Y ese mismo viernes fuimos Iris et moi a Gran Vía, porque unos primos queridos nos había regalado unas entradas para un musical que empezaba a las 21 horas. Así que, sabiendo que era todo programación, nos metimos en el nivel del juego más lleno de NPC´s de nuestro servidor y reconozco que quise sacar la ametralladora y cargarme a los miles de bots que me iban apareciendo. En lugar de eso, entramos de lleno en el mood del Black Friday, yo me compré unas zapatillas Gore Tex que me servirán fetén si el próximo diluvio universal me agarra en la calle e Iris adquirió unas camisetas y unos jerséis, que harán pandilla de otros compañeros textiles afines, dentro de nuestros repletos armarios.
«Para vosotros jugadores», estaría pensando el cabrón del diseñador jefe de los programadores.
Pero ayer reapareció Enriqueta y lo hizo con su hermana Esperanza, que es lo último que se pierde. Y hoy es el domingo en el que encender la primera vela de la corona de Adviento, en donde conmemorar que hay que tener esperanza y en donde conviene hacer un sencillo acto simbólico que nos conecte con ella.
Así que no hagan como nosotros. No compren, no corran, no quieran cargar la ametralladora para matar NPC´s.
Enciendan la vela, callen y esperen. Múdense a Zaragoza o a cualquier ciudad que no sea Madrid. Y que la fuerza y la fiesta (sagrada, invisible, espiritual, silenciosa e íntima) les acompañe.





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