Este es mi plan hasta el 22 de diciembre.
Parar, dejar de informarme, apagar el móvil, no preguntar a Google, no mirar la IA, seguir sin ver el telediario. Tampoco abrir Instagram ni Twitter ni TikTok ni nada ya que, sí lo hago, me quedo ahí tonto, anestesiado, por 5 o 10 o 15 minutos, como si fuera real lo que dicen de la industria farmacéutica o de la industria alimentaria o de la industria financiera o de los zumos de jengibre, apio, ralladura de limón y cúrcuma que, supuestamente, tengo que beber en ayunas cada mañana.
Dar de baja las alertas de mensajes de los grupos de madres y padres del colegio y de los grupos de cuñados y cuñadas y de los grupos de familia extendida en general, dar de baja las alertas de mensajes de trabajo, dar de baja las alertas de mensajes.
No salir a correr, bailar, no hacer crossfit, bailar, no dar 10.000 pasos, bailar.
No comer mal, no comer rápido, no comer antes de las 12 ni después de las 19.
No ir, no hacer, no producir más materia, sobra producción, se trata de repartirla mejor, no de producir más.
No ser multitarea, Byun-chul Han (leer bien y escribir lo que sea es mejor que mirar reels) escribe que la multitarea la hacen los animales a los que les pueden comer antes de ser comidos. Y a mi nadie me va a comer porque haga una sola cosa al tiempo durante 20 minutos. Una, no dos, una.
Tampoco nadie me va comer porque contemple después de haber hecho. Contemplar es estar en el templo, en lo sagrado, en lo espiritual y Walter Benjamin (seguro que encuentro un docu molón sobre él en Netflix), añade que si el sueño es el culmen de la relajación corporal, el aburrimiento en el culmen de la relajación espiritual. Así que me aburriré y disfrutaré y alcanzaré la sabiduría y con ello mejorará mi vida y la vida de todos y de todo.
Contemplar por amor a mi mismo y, cuando haga algo, hacerlo también por amor. Si no es por amor, amor a lo que sea pero amor verdadero, mejor no hacerlo. No hacer por hacer o porque alguien dice que tengo que hacer.
Recordar que la sociedad coercitiva capitalista rancia pasó de moda y ahora nos explotamos nosotros porque nos gusta, aunque no haya un jefe, aunque no tenga jefe.
Porque ya tu sabes que se lleva ser emprendedor, proactivo, extrovertido, se lleva ir al frente, hacer, estar, facturar, pintar la mona, en definitiva. Pero a la mona pintada nadie se la cree. Algunos hacen como que sí, pero luego la ven ahí, pintada y por dentro se están descojonando de ella. Desagradecidos que no aman a las monas pintadas. Así que no voy a pintar la mona, no es necesario. a no ser que pinte monas por amor a pintar o por amor a las propias monas pintadas y siempre que les guste también a ellas. Si es por amor verdadero, mola pintar todas las monas.
(Pintar la mona no tiene que ver con el maltrato animal, sino con un juego de cartas que se llamaba La mona, cuya dinámica era hacer parejas. Y la mona era esa última carta que se quedaba sola y no servía para nada en el juego. Lo digo para aclarar que no quiero pintar monas de verdad ni que nadie lo haga). Sigo.
No hacer por miedo a algo, por miedo a ser feo, a ser pobre, a ser loser, a no estar a la moda, a no tener un buen coche, una casa más grande con la cocina abierta al salón y una isla o al menos una península, por miedo a no tener unas buenas fotos en las redes, por miedo a no parecer guapa o lista o portada de revista.
No hacer nada por miedo a, sí hacerlo por amor a. Como Axel y Rulo hacen su podcast.
Y descansar cuando esté cansado, pero descansar por haber estado haciendo algo, no solo por ese exceso de estímulos que es la vida hoy, que no has salido aún de casa y ya quieres matar a Netanyahu o a Trump o a ese pobre compañero que programa emails corporativos a las 3am, para que parezca que está pintando monas de madrugada. No cansarme por las pantallas ni por las reuniones ni por las clases del master online que no me gusta y tampoco necesito. No cansarme por ser gilipollas educado buen ciudadano productivo de la sociedad del rendimiento y la explotación voluntaria, que no soy eso. Igual es mi avatar el que parece eso, pero no mi unidad individual de conciencia.
Meditar, meditar 5 o 10 o 15 minutos al levantarme, antes de nada y siempre después de orinar.
Callar en las reuniones, no convocar reuniones que mis compañeritos me lo agradecerán, no escribir correos electrónicos para que el mundo sepa que soy, porque soy igual de nada escribiendo a muchos, que no haciéndolo.
Callar de nuevo, callar es una de las mejores actividades que puedo realizar. Callar y bailar y sonreír y amar.
No competir con mis hijas, no competir con mi mujer, no competir con mis amigos, no competir con los del trabajo, no competir en Linkedin, sobre todo en Linkedin. No comparar y menos aún compararme. La única comparación válida y competición legítima y productiva para el progreso de la Conciencia es con mi yo de ayer y la única acción correctora adecuada es hacer hoy, con más amor que lo hice ayer. Ya está, solo eso. Con más amor que ayer.
Recordar que si juego, nunca pierdo. Tener claro que esto es un juego, como dice Javier Wolcoff. La vida es un juego y se juega, primero, sabiendo que efectivamente es un juego. Y se gana cuando vas a la misma velocidad que el propio juego. ¿Y cómo se acelera?, saliendo rápido del sufrimiento, de la víctima, del miedo.
Sufrir voy a volver a sufrir, pero cada vez me va a costar menos salir de ello.
Por último, no hablar mal y tampoco pensar mal. Hablar y pensar es lo mismo, emiten la misma baja vibración, aunque parezca más educado callar.
Y ser una unidad de conciencia individual con dos únicos propósitos: progresar y reducir entropía a mi alrededor.
Es decir, amar.
A partir del 22 de diciembre, ya veremos. Estos casi dos meses van a ser de lasitud máxima.





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