A ver cómo escribo esto. A ver qué digo cuando el hecho de decir, contradice el contenido de eso que digo. A ver cómo expreso la idea que, al ser expresada, automáticamente deja de ser la idea. Porque el mensaje de este escrito es que hay que callar y es jodido promover el silencio a través de la palabra. Hablar, sabiendo que el secreto es callar, es ser muy idiota. Igual debería dejarlo y bajar a casa de Enriqueta porque ayer, tendiendo, se nos cayó un calcetín y entró directamente por la ventana de su cocina. Pero bueno, me arriesgo a no callar por un momento y ya bajaré luego a por ese calcetín.
Nos dijeron que había que aprender. Nos empujaron a conocer el mundo, las leyes de la naturaleza, de la física, la química, la materia y su comportamiento. En lo de la física incluyo a la ciencia de la psicología, ya que seguimos siendo muy materialistas. Nos convencieron acerca del método de aprendizaje y del comportamiento óptimo para ejecutarlo. Nos impulsaron a ser curiosos pero cautelosos, atrevidos pero cuidadosos, independientes pero obedientes. Nos propusieron escuchar a los mayores, a los profesores, a los superiores, a los triunfadores. Nos dijeron que si queríamos, podíamos, que las normas están para saltárselas, pero que si te las saltas hay consecuencias. Nos dijeron que no llamáramos la atención, pero que había que destacar. Nos empujaron a competir, a llegar los primeros, a ganar. Nos hablaron de la importancia de las narrativas, sin decirnos que eso era una narrativa más. Nos aplaudieron el ir al frente, el ser hacia fuera, el portar la bandera, sin entender que no hay nada en el frente, que no existen las banderas y que lo que importa es invisible, interior.
Javier Wolkoff es un sabio al que puedes encontrar en YouTube, donde hoy reside la sabiduría y él dice que la realidad es un juego. No dice que es como un juego, dice que es un juego creado por programadores, como sucede con todos los videojuegos. Los programadores son buenos y al igual que sucede en los videojuegos que conocemos, consiguen mantenernos inmersos en su narrativa, hasta que olvidamos quiénes somos (como los padres cuando critican a sus hijos por estar absorbidos por el Fortnite).
Según llegamos al mundo exterior nos llenan de misiones para mantenernos en la ilusión y dice Wolkoff que, para ganar, lo primero que hay que hacer es reconocer que estamos jugando y, lo segundo, saber cuáles son las reglas, ya que los programadores nos mandaron sin el tutorial (los niños viene al mundo sin manual de instrucciones, solemos decir). Nosotros nos creímos el engaño primigenio básico; pensar que el tablero es lo de fuera, sin darnos cuenta que el verdadero tablero donde se juega a esro que llamamos vida, es el de aquí dentro. Las decisiones correctas de cada nivel se toman desde dentro, sintiendo, callando.
El objetivo del juego es progresar y la manera de hacerlo es a través de la reducción de entropía (desorden). El objetivo es progresar porque ese es el objetivo de la Conciencia, de la que somos unidades individuales cada uno de nosotros. Ser unidades individuales de conciencia quiere decir que somos parte de la Conciencia y que ella nos necesita para facilitar su progreso. Es tremendamente difícil reducir entropía jugando a lo de fuera, porque lo de fuera es un lío, comenzando por tus cuñados y continuando con el profesor de tus hijos que les tiene manía, la cena de Nochebuena, que este año toca en casa de los otros, el derby del día 26, la peleíta de los políticos, la necesidad de pagar las facturas, de ganar mucho, de tener muchos likes y de crecer en todo lo que se pueda contar, salvo en los kilos, que eso no mola porque es malísimo para tu microbiota. Lo de fuera es una locura, por eso hay que salir a jugar sabiendo que, como en los videojuegos, vas a perder partidas, vas a pasarlo mal, vas a sufrir pérdidas pero, como también pasa en esos juegos, vas a poder volver a empezar, sabiendo cuáles fueron tus errores.
Por este motivo es por lo que hay que callar y por eso voy a bajar a tomar mi segundo café en casa de Enriqueta. Ella, en lugar de hablar de todo, encuentra siempre una conversación adecuada tirando del hilo de un calcetín, como el que se nos metió ayer en su cocina. Con unidades individuales de Conciencia como Enriqueta, los programadores se cabrean y se atascan, la entropía se reduce y la Conciencia progresa. Porque callando, sintiendo y orientando tu movimiento hacia la creación, dejas de estar absorbido por esa infinita mecánica que creemos que es la vida, cuando lo único importante es salir a jugar porque, si lo haces, ya estás ganando, como sabiamente dice Wolkoff.
Así que callen, jueguen y ganen. Buena semana.





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