Esta semana no vi a Enriqueta, al menos hasta el sábado. Se ve que la viejita tiene cierto predicamento entre los que leéis esto. De hecho, un amigo me escribió por WhatsApp sugiriéndome que le preguntara a ella sobre la democracia, sobre por qué convocar a los ciudadanos a votar cada cuatro años no sirve para nada. Y que también le preguntará si era compatible la democracia con el despertar espiritual que parece que existe. Y es que sí, a mi también me pasa que me fascina que esta señora de 85 años tenga esa, como llamarlo, esa sabiduría para hablar de todo con autoridad y al tiempo como si nada. Es la némesis de Donald Trump, que todas las veces dice gilipolleces con mucha pompa, al menos en público. Con Enriqueta, cuando te quieres dar cuenta, sus ideas han penetrado al fondo de tu conciencia, entrando a aquellos lugares a los que te da miedo entrar, no sea que duela.

Si la hubiera visto creo que le habría preguntado por lo del 11S y esa certeza que tiene sobre que la versión oficial es una milonga para justificar invasiones de países por parte de un imperio estadounidense en franco declive. Y es que el algoritmo de Instagram me sigue trayendo el análisis de las diferentes conspiraciones con las que convivimos. La que más me gusta es la que cuenta que a principios de los 2000 solo quedaban 9 países sin un banco central del estilo de los creados por el mundo financiero occidental chachi, esos que desde Alemania e Inglaterra promovieron los Rothschild y sus colegas durante las peleas entre europeos de los SXVIII y SXIX y que las guerras mundiales del SXX terminaron de consolidar, ya con los Estados Unidos como nuevo gran dominador del mundo occidental, hoy a punto de pinchar para siempre jamás. Entre aquellos rebeldes sin un Banco Central que perteneciera al BIS (Bank of International Settelments) figuraban países como Irak, Irán, Libia, Siria, China y alguno más. Y vaya, del primero, el tercero y el cuarto no queda gran cosa. Ahora lo están intentando fuerte con Irán e igual lo consiguen, pero me temo que con China no van a poder.

Es tan exagerado mi sesgo algorítmico que, en mi scroll, lo mainstream es lo alternativo, a veces lo muy alternativo, como que los humanos somos en realidad los aliens que una vez, hace muchos, muchos años, colonizamos la tierra. Pero es que lo alternativo es el mainstream de la otra parte de sapiens que vivimos con miedo, otra de las mentiras que nos ponen delante los programadores del juego para que estemos entretenidos y agobiados con el mundo de la materia, bombardeados por informaciones inservibles e infinitas, en lugar de estar aquí y ahora, es decir, en lugar de estar respirando, que es un verbo que solo se puede hacer en el presente. Y si no respiramos estamos jodidos, muy jodidos. En el extremo estaremos muertos pero, sin llegar a ese dramita último, respirar mal genera ansiedad, angustia, miedo, adrenalina, noradrenalina, cortisol, estrés (todos esto lo he visto en Instagram también, no es que sea médico) y así tampoco se puede vivir. Poner las noticias o encender el móvil es perder el juego de la vida, es morir. Esto lo podía haber puesto en boca de Enriqueta y si hubiera sido así, os lo tomaríais al pie de la letra y os quedaríais jodidos, pensando en lo sabia que es la tipa.

Así que, como el viernes y el sábado he estado con José Luis y Javier (Maricarmen no pudo venir) en Santander, precisamente hablando de juegos a los alumnos de la Universidad de Cantabria, aproveché y fui a la librería Gil, uno de mis lugares favoritos de la ciudad y me compré un libro del argentino Pedro Mairal, que no sale nunca en mi scroll, pero que escribe increíblemente bien y ha publicado una deliciosa novela que se titula Los nuevos.

Releyendo esto compruebo que he escrito las dos palabras que más rabia me dan: fascinar y delicioso. Fascinar, me fascina, fascinante, arrrghh, no puedo con ello. Y delicioso, esa palara que usamos los cursis en lugar decir que algo mola.

Me voy a la mierda, que igual puedo aún salvar la semana bajando a ver a Enriqueta y leyendo un rato a Mairal. No le voy a preguntar por la democracia, pero sí acerca de lo que piensa del juego este de la vida, sobre si tiene idea de cómo se gana la partida.

Ah y esta tarde vamos al partido del Estudiantes que, este año sí, subimos a ACB.

Apaguen los teléfonos, respiren, mediten, no se alineen con ninguna de las dos mentiras y lean a Pedro Mairal, que ya verán que el juego mejora.

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