Anteayer pasé la noche en vela emocionado. El calor, el ruido de las fiestas del pueblo de la periferia donde vivimos, mi nariz tapada por efecto de los aires acondicionados y mi temor por despertar a Iris, provocaron que me fuera al cuarto de Mariana, conectara mi teléfono y pasara dos horas sumergido en el algoritmo de Instagram. Lloré con el Heaven de Bryan Adams, los Country Road de John Denver cantados por adolescentes, los Sweet Caroline entonados a capella por el público de estadios deportivos. Mis dos primeras horas de insomnio fueron intensísimas. Gracias Mark (Zuckerberg), tú y tus colegas habéis conseguido crear un sistema que mueve emociones.
Y es que emoción, emocionar o emocionarse, son hoy palabras con buena prensa y las narrativas dominantes dicen además que, las emociones, son parte esencial del equipamiento de serie de un Homo sapiens.
Etimológicamente emocionar proviene del latín emovere, que se compone por el verbo movere- (mover, trasladar) y el prefijo e- ( de, desde). Así que emovere es retirar, desalojar de un sitio, hacer mover.
Emocionar es mover hacia el exterior algo que sucede en el interior, en la conciencia del ser humano. Punto.
Y ayer por tarde bajé a casa de Enriqueta para ver cómo estaba y preguntarle si necesitaba algo del súper. Me dijo que me sentara y me tomara un té helado con ella, cosa que hice feliz. La conversación nos llevó a esto de las emociones y ella me dijo que ya no se emociona con casi nada, que su vida es como un mar en calma, que no se altera ni para bien ni para mal con nada de lo que sucede y que hace muchos años que encontró un verbo mucho más rico que emocionar: entusiasmar.
Se levantó y cogió de la estantería del salón un diccionario etimológico bien gordo. Buscó entusiasmar y leyó su significado, que proviene de la palabra griega entheus, que quiere decir llevar a Dios dentro. Estar entusiasmada, me dijo, es reconocer a Dios en ti y reconocerte tú como parte de Dios. Y digo Dios y me refiero a eso que creó todo y que aún es un misterio, pero que sabemos que nos contiene y nos permite seguir creando. A eso que a mi me gusta llamar Conciencia.
Bien moderna que es Enriqueta.
Me entusiasmo cada vez con más facilidad, continuó diciendo, y este entusiasmo no lleva emoción asociada porque no necesita moverse hacia ningún lado, no necesita exteriorizarse, pertence a lo interior. Cuando estás entusiasmada es cuando aparece la creación, la creatividad, cuando el tiempo y el espacio dejan de ser importantes y cuando surgen las mejores expresiones artísticas que, en realidad, son símbolos de lo invisible, de lo misterioso, de lo divino.
Mira, me dijo señalando la pared de la cocina, ese cuadro lo pintó Juan, al que le entusiasmaba la acuarela. El cuadro era un fuego artificial explotando en un cielo oscuro.
Estuve a esto de llorar de nuevo, pero me contuve.
No se emocionen con Instagram, entusiásmense con lo que sea les haga reconocer lo divinos que somos.
Amen como Enriqueta ama a Juan, bajen a ver su Enriqueta en lugar de abrir su Instagram y creen cosas.
Buen fin de semana.





Deja un comentario