Sabes que Juan, el difunto marido de nuestra vecina Enriqueta, ese que murió antes de que comenzara el SXXI, era físico. Y sabes que hace unas semanas ella bajó a casa los escritos mecanografiados de él que, además de físico, era sabio. Uno de esos sabios que no necesitan exteriorizar lo que saben y que simplemente siendo, reducen la entropía del cosmos. Sabes también que Enriqueta sigue hablando con Juan después de la muerte del avatar físico de éste y por eso sabes que Juan continúa Siendo y, por tanto, reduciendo entropía. En mi caso, a través de la lectura de lo que dejó escrito.

La entropía, así en general, dice Juan, es una medida del desorden o la aleatoriedad de un sistema. Una propiedad física que se refiere a la cantidad de energía que no está disponible para realizar un trabajo útil dentro de un sistema, lo que significa que está degradada en forma de calor.

Ese es el motivo por el que sientes calor en la cara cuando lees idioteces en Linkedin o X. Ese es el motivo por el que te calientas cuando escuchas hablar a Isabel Díaz Ayuso o a Tomás Roncero. Ese es el motivo por el que no tienes sensaciones agradables cuando vas a comer de nuevo con tus cuñados.

A diferencia de Juan, la mayoría de unidades individuales de conciencia con las que me cruzo ni transmiten sabiduría ni reducen entropía. La vida que nos hemos montado tiene tantas informaciones erróneas circulando, que es casi imposible no calentarse.

Uno se calienta porque tiene miedo de perder lo que cree que es o lo que tiene que, en esta era, desgraciadamente, es prácticamente equivalente.

Al temer perder lo que tienes o lo que crees que eres, se activa tu Yo. El Yo, apoyado en el sistema de creencias que corresponda (las creencias, por definición, son siempre incorrectas), lucha por su supervivencia, siendo muy poco consciente de que forma parte del Todo.

La terna compuesta por el miedo, el Yo y las creencias, aumenta enormemente la entropía. En el lado opuesto, la terna conformada por el amor, el Todo y el conocimiento, la reduce.

Tú, yo, tu gato y el cactus que tienes en el salón somos unidades individuales de conciencia con un único objetivo: progresar. La Conciencia nos crea y nos lanza al cosmos porque entiende que a través de nosotros, ella progresará más fácilmente. Cada uno con nuestro equipamiento debemos trabajar para reducir entropía. Eso es todo, así de sencillo.

Todos nos regimos por dos conjuntos de normas: las del mundo físico y las del mundo de la conciencia. Las primeras las tenemos clarísimas, las segundas, no. Hasta que no las integremos no seremos capaces de reducir entropía ni, por tanto, de progresar ni de hacer progresar a la Conciencia.

Para reconocer esas normas hay que estar en silencio. Cuando callas el exterior y escuchas el interior, reconoces en seguida lo que te calienta y te das cuenta que te calienta porque te dejas llevar por el miedo a perder lo que tienes y a dejar de ser lo que crees que eres. Ambas sensaciones vinculadas exclusivamente a tu avatar físico.

Juan dice que lo físico, lo material, nace y muere. Y dice que la unidad individual de conciencia (no material) que somos, simplemente se desarrolla. Y dice que su (nuestro) objetivo, es progresar a través de la reducción de entropía.

Y acaba diciendo que el progreso no se consigue temiendo, sino amando. No se consigue con el Yo, sino como parte del Todo. No se consigue creyendo, sino conociendo. No se consigue compitiendo, sino cooperando.

Hagan caso a Juan: callen, mediten, reduzcan entropía, bajen el calor emitido por sus unidades de conciencia y no piensen que son más que sus gatos, sus cactus ni, por supuesto, que sus cuñados.

Buena semana.

Una respuesta a “La entropía era esto”

  1. Todo cae
    Quién lo diría
    Cuando en un breve lapso
    De levedad
    Tu amor vence a la gravedad y a la entropía

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Tendencias