Anoche me crucé con el hijo de Enriqueta en el ascensor y le pregunté por ella. Hace un par de semanas que no la veo y me extraña, la extraño. Me dijo que estaba «bien, pero muy cansada» y que estos días salía poco. Subí a casa y busqué el significado etimológico del verbo cansar.
Cansar no es una palabra pura, no proviene de un solo verbo en latín o en griego ni tiene una raíz indoeuropea evidente. Cansar es un verbo moderno, de fusión, híbrido, como los restaurantes que crecen como setas por las calles de Madrid. Lo negativo es que cansar, etimológicamente, es la mezcla de los verbos latinos: quassare, que significa dar golpes, agitar, dañar, y campsare, que en navegación aludía a doblar un cabo, a desviarse.
Así que cansarse es el resultado de darse golpes, dañarse y desviarse, todo al mismo tiempo. No es extraño que como sociedad estemos como estamos. A fuerza de darnos golpes y desviarnos estamos que no podemos más y eso provoca un desasosiego tremendo. Pero bueno, voy a hablar de mi, que sé que tú estás fetén, a tope de power, que te cansas cuando quieres y solo porque haces tu sesión de crossfit, tu carrera de las 6am, tu boxing por la tarde y tu media maratón el fin de semana. Sé que el resto del tiempo estás a rebosar de energía y que si en algún momento puntual no la tienes, es por causas ajenas como que mercurio está retrogrado o porque la abuelita fuma. Sé que tú y tu microbiota estáis a tutti de bacterias chachi y que a fuerza de voluntad (will power dicen los cursis en Linkedin) no te gana nadie. Eres un campeón de la resiliencia, felicidades.
Yo no, esa es la verdad. Por cierto, un pequeño apunte: Si te preguntas qué es la verdad, te respondo de buena fuente que la verdad es cuando los (tus) hechos coinciden con las (tus) afirmaciones, anótatelo en tu Iphone para tu próxima PPT corporativa. Y agradécemelo porque esta definición no te la va a decir nunca tu IA de confianza, haz la prueba.
Decía que yo sí estoy cansado, agotado, petado, fundido. En ese estado en el que te hayas cuando te das golpes y te desvías, de manera consciente, unas cuantas horas al día, todos los días de tu vida.
¡Qué poco exitoso eres Gonzalo!, exclamarás. Y bueno, nunca se sabe, depende de lo que para ti signifique la palabra éxito.
Lo que es seguro es que estoy cansado, cansado de la impostura, de la mentira, de la ausencia de tiempo para no hacer nada y disfrutar de no hacerlo sin que te miren mal, cansado de no poder pisar la naturaleza, cansado de la envidia propia y ajena, cansado de la pasividad mundial ante lo que vemos en Gaza, cansado de no poder hablar de política ni entre tus más afines, cansado de la avalancha de estímulos de los que venden cosas y quieren que las compremos y de los efectos de eso en nosotros, cansado de ser parte de ese colectivo en primera persona, cansado de lo que comemos y de no poder comer lo que está rico porque lo hemos envenenado y nos hace mal, cansado de lo que percibes que piensan los otros de ti y nunca te dicen y de lo que sabes que piensas tú de ellos y nunca les dices, cansado de pensar, cansado de decir, cansado de hablar y nunca conversar, cansado de no callar. Cansado incluso de escribir, por sentir que estoy llenando de palabras innecesarias una conciencia colectiva ya muy llena de golpes y desviada. Cansado de la ausencia de silencio, silencio físico y silencio mental.
Porque la única manera de revertir el cansancio es con el silencio. Así que calla y descansa. Calla cada mañana por diez minutos y siente. Calla y reconoce la verdad, esa que hace coincidir a hechos y afirmaciones. Calla y respira lo invisible. Pero calla.
Y callando, descansa, para de darte golpes, de desviarte.
Pasen un buen fin de semana y empiecen Junio descansados.





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