Sí estás mal, que igual no es tu caso porque tú eres una persona plena, solo puede ser por tres motivos: no amas, no meditas o ni amas ni meditas.

Si ni amas ni meditas, es probable que tú vida sea una reverenda mierda. Y no te juzgo, está justificado.

Si amas pero no meditas, es posible que ese amor te aligere un poco la existencia cuando la cosa se pone pesada. Pero aún amando, es casi seguro que a ratos tienes pensamientos negativos, insatisfacciones, problemillas de insomnio, temas a resolver con tus jefes, tus compañeros o tus subordinados, menos facturación de la que mereces para lo mucho que trabajas, un médico pautándote una estatina para tu colesterol alto, otro médico al que sigues en Instagram que corre en la nieve sin camiseta y que te asegura que tener el colesterol alto está fetén, rabia contenida por el penalti anulado al Atleti, cierto temor por lo de Trump, Elon, Putin y lo poco que pintamos los demás, cabreo rotundo con Sánchez o con Ayuso, desafección con la política, la justicia y los medios porque «son todos iguales», cansancio con las redes asociales porque los algoritmos y tal, susto con la IA porque menudo lío que las máquinas nos van a sustituir, miedo a la III Guerra Mundial, a que suban los precios del aceite y hartazgo porque «qué bien que llueva, pero que ya está bien de lluvias, que vaya mesecito llevamos». En fin que, el amor sí, bien, pero que a ratos…

Y bueno, te queda lo de meditar, que así como creo que pocos me van a decir que no aman, un número similar me va a decir que medita.

Porque meditar es aburrido y además tú no puedes parar quieto y piensas que «vaya idiotez es esa de dejar de pensar, que no se puede dejar de pensar».

Meditar no es dejar de pensar, pero eso no lo sabrás hasta que te pongas y no te pones porque piensas que no puedes.

Como pensar sí que piensas mucho, salvo cuando haces escrol con tu móvil, habrás concluido que mejor que meditar, leer a gente que escribe sobre meditación que, en esta época de la historia, la creencia dominante es que podemos experimentar, integrar y encarnar la vida a través de la lectura, del uso de la razón, de la intelectualidad.

Y sí, leer está muy bien, pero es solo un entretenimiento. Leer no es equivalente a experimentar. Leer sobre la II Guerra Mundial no se parece nada a haber estado en el desembarco de Normandía saltando de una de las barcazas y ponerte de agua hasta el corvejón mientras los alemanes jugaban un Call of Duty real contigo. Leer Moby Dick no te convierte en cazador de ballenas con neurosis obsesiva. Leer El Conde de Montecristo no convalida pasar 20 años encerrado en una torre escarbando un agujero para escapar y vengarte de tu cuñado. Leer a Víctor Frankl o a Mandela no te proveen de resiliencia ni dan sentido a tu vida.

Si leer fuera una herramienta para construir la experiencia humana, lo aprenderíamos de manera natural, como aprendemos a hablar, a caminar, a comer, a tocar, a follar o a amar.

Por tanto no leas sobre espiritualidad o meditación, mejor medita.

Meditar es sentarte, cerrar los ojos y callarte. Te callas y cuentas 70 respiraciones, solo eso. Seguro que puedes.

Después de hacerlo sigues con tus mierdas, como todos los días, pero mañana lo vuelves a hacer. Te sientas, te callas, cierras los ojos y cuentas 70 respiraciones. Al tercer día lo mismo, al cuarto igual. Cuando lleves tres meses haciéndolo todos los días, empiezas a hacerlo dos veces al día; una al levantare y otra antes de acostarte. Cuando lleves seis meses, vas a ser tú el que no quiera dejar de meditar y el que esté esperando con placer ese momento de sentarte, callarte y contar 70 respiraciones.

La consecuencia de ese trabajo no la vas poder compartir en tus redes sociales, pero es que no vas a tener ninguna necesidad de hacerlo. Ese patrón de meditación va a corregir casi todos los síntomas del párrafo 3 de este escrito. Lo del cabreo por el penalti anulado al Atleti no, eso seguirá, es lo que tiene ser del Atleti.

Si aún con esta sencilla recomendación no te puedes callar ni cinco minutos, pero te gusta leer porque te sientes más culto y luego vas a poner los libros que has leído este mes en un post de Instagram, te animo a leer Flatland, escrito por Edwin A. Abbot a finales del SXIX. En él se cuenta la vida en Flatland, un mundo con solo dos dimensiones.

El mundo de lo espiritual en para nosotros como la tercera dimensión para los habitantes de Flatland y una de las maneras más sencillas y baratas de experimentarlo es hacer eso de sentarse, callarse y contar 70 respiraciones cada día, durante un periodo de entre 3 a 6 meses. Y luego seguir, pero eso ya lo harás motu proprio, te lo garantizo.

Y meditando y amando no se acabarán tus problemas, pero los vas a vivir de otra manera.

Feliz fría, meditativa y lluviosa semana.

Una respuesta a “Flatland”

  1. Ay Gonza yo soy de los que me cuesta quedarme callada y respirar 70 veces. Por eso estoy cabreando con todo bicho viviente. Tengo que hacerlo porque parece que no es difícil pero ya sabes la vida que no me deja parar. Un beso grandisimo y gracias

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