Hace dos días soñé que me despertaba, que aún era de noche, que agarraba mi móvil y que me iba al baño. En el sueño eran las seis y treinta y cuatro de la mañana y scrolleaba X medio zombi mientras meaba sentado.

Sobre la taza del váter pensaba en cuál sería la palabra en castellano para scrollear y luego y muy seguido me venía otra duda: ¿será orinar la palabra elegante para no decir mear? Si es orinar, a mi me suena igual de fea que mear. Sin poner conciencia en todo ese proceso, mi mente se iba a la palabra trolear, que ya hemos asumido que es la correcta para tratar (y digo tratar, porque conseguir es un verbo muy diferente) de burlarte de alguien que el algoritmo de X te ha puesto delante, precisamente para que hagas eso: odiar un poquito y expresar tu odio que la libertad, sobre todo la de expresión, dicen los que dicen que saben es muy importante para esta sociedad de la información que nos ha tocado en el sorteo de la existencia.

Eso de que te pongan delante a los que te dan ganas de asesinar pasa más en X que en Instagram, he pensado, porque en instagram algorítmicamente solo me aparecen personas que hacen ejercicios para que no les duelan las rodillas o empresas que fabrican y venden calzado barefoot, mientras que en X me salen madridistas irredentos y votantes de VOX. Así que he seguido mi loop mental hacia un aspecto clave para las vidas de todos los sapiens: ¿será diferente la estrategia de las empresas de redes sociales? Como en el fondo esa cuestión me importa lo justo, he regresado a la semántica y a que para hacer scroll con el dedo pulgar de la mano derecha o con el índice de la izquierda, aún no tenemos palabra en castellano.

De pronto he caído en que puede ser que lo que pase es que yo no sepa la palabreja, lo que me ha llevado a reconocer lo out que estoy en lo que a terminología moderna chachi se refiere y el peligro que eso tiene si quiero estar en lo que hay que estar; ser guay, vaya. Que hoy es algo como saberse muchos nombres en inglés de cosas que existen desde hace poco y que se suceden como máximo con cadencia semanal, pero otras veces diaria e incluso horaria y en las que, obviamente, no necesitas profundizar porque para cuando lo quieras hacer, los temas otrora molones habrán perdido relevancia y tu serás más boomer aún.

Ahí me he acordado de mi carrera de Sociología y de lo que decía George Simmel sobre la moda, a la que definía más o menos como aquello que en el momento en el que cualquiera (la masa, el pueblo, tú, Broncano, las Pombo y yo) puede acceder a tenerlo o hacerlo, ya forma parte del pasado.

La moda es esa zanahoria que nosotros los burros perseguimos desde que existe el capitalismo, solo que ahora nos la renuevan cada cuarto de hora y cuyas unidades son mucho más caras y menos duraderas que los jerseys de ochos de Amarras de nuestra adolescencia.

Al toque, en mi sueño, esta vez sí con atención plena durante dos minutos, que es como se vive ahora la atención plena que lo he visto en Linkedin en un video de Simon Sinek, me metía en una sucesión de tuits de personas que jaleaban a la afición del Athletic por abuchear a un futbolista del Madrid al que no conozco, porque está siendo investigado por un asunto de pornografía infantil y al que, al mismo tiempo, los madridistas alababan por ser mucho mejor defensor que Pau Cubarsí. En ese momento he dudado entre investigar sobre lo de la pornodelincuencia o sobre si es uno mejor que otro, pero un hilo de luz me ha salvado y en pleno sueño he cambiado de actividad, de aplicación y he tecleado las letras NBA en el buscador de Google. He comprobado que habían ganado los Cavs, mi equipo favorito porque van primeros y porque escucho a Calderón en el podcast 3+1, que está a punto de ser mainstream y dejar de ser interesante.

Al final de mi sueño comprobaba que eran las siete y dos minutos, me levantaba del váter y regresaba a la cama.

Al despertar por la mañana hice esa misma acción de ir al baño, sentarme y abrir X para saber qué está pasando en la vida, en tu vida, en mi vida. Al hacerlo he comprobado que mi límite de 20 minutos de uso estaba consumido. Igual todo lo que he contado no había sido un sueño. No lo sé.

Pasen un buen día de la Constitución, no persigan zanahorias menos duraderas que un jersey de ochos de Amarras y, sobre todo, amen, que es un verbo que no pasa de moda.

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