Pilar es una señora que podría ser tu tía: ni alta ni baja, ni gorda ni delgada, ni morena ni rubia. Pelo corto teñido, chubasquero, bolso, paraguas y una bolsa de plástico colgada del brazo, como si acabara de llegar de hacer un recado en la mercería.

Hace tres semanas entró de esta guisa en la planta baja de las oficinas centrales de la FIBA en el cantón de Vaud, al lado de Ginebra y se unió a un grupo de españoles que escuchaba al gran Miguel Font hablar de baloncesto, un deporte que fue relevante cuando el emérito salía con Bárbara Rey.

Pilar no escuchaba a Miguel, solo le apuraba para que terminase de hablar y así empezar ella con lo suyo. Me recordaba a cuando Alfonso Del Corral perseguía con poco éxito al joven Drazen Petrovic de los primeros años 80, cuando éste jugaba aun en la Cibona de Zagreb. Con la salvedad de que, en esta ocasión, la defensa ganó al ataque y Pilar consiguió que Miguel se callara y que todos subiéramos al bus. Momento en el que agarró el micro y comenzó su show: la tragicomedia encarnada de una hija de inmigrantes españoles en Suiza.

Su monólogo dura 50′, pero como por temas de agenda hubo que recortar, la parte de data histórica de la narración fue un despelote. Se le juntó Calvino y su rigidez, con su mala onda con el actual alcalde del partido Verde, que la tiene frita porque está cambiando los nombres de las calles, para que haya más representación femenina en el callejero. Nos contó que la casa de Tina Turner estaba en la costa dorada del lago Leman y que la vivienda está carísima en esa ciudad. Nos explicó la historia del chorrito y el tamaño del parking debajo del Ródano, a la altura de la plaza del puente que lo cruza. Nos habló de la toma de la ciudad primitiva por parte del emperador romano César en el año 58, la pertenencia al imperio germánico de principios del año 1000 y la creación de la Confederación Helvética cuando, hartos de franceses y alemanes, se unieron Ginebra, Berna y Zurich para hacer las cosas a su manera.

La consecuencia fue que los chistes de Pilar, lo que de verdad le llena de su actuación porque provoca la risa de la audiencia de los españolitos del bus y que están guionizados según un recorrido concreto, salieron de su boca a capón, sin la narración previa requerida, provocando cierto desconcierto en el personal.

Lo que sí quedó claro es que en Ginebra se hablan muchos idiomas, que están representadas 200 nacionalidades y que solo vas a la universidad chachi, si antes has sido un estudiante ejemplar en el colegio.

Y por esas prisas pasamos muy rápido por el Hospital Cantonal de Ginebra, junto al que existe un monumento dedicado a la reparación del honor de un español. Se compone de una gran placa de piedra, con un texto en francés, que podría traducirse de la siguiente manera:

Como hijos de Calvino, con admiración y gratitud hacia él, nuestro reformador, no obstante condenamos un error que fue producto de su época. Firmemente apoyados sobre el suelo de la libertad de conciencia y ateniéndonos a los verdaderos fundamentos de la Reforma y el Evangelio, hemos erigido este monumento de reparación.

Este monumento expiatorio fue erigido por los ciudadanos de Ginebra el 27 de octubre de 1903, en el mismo lugar donde 350 años antes, en 1553, fue quemado en la hoguera el médico español Miguel Servet. Este aragonés fue el primer europeo en descubrir la circulación sanguínea entre el pulmón y el corazón (aparentemente no había tenido noticias de que en el SXIII el árabe Ibn-an Nafis ya había descrito esta circulación).

Lo interesante es que Servet no llegó a esta conclusión a través de investigaciones científicas, sino de reflexiones espirituales.

«Si el espíritu divino que habita en el aire debe compenetrar totalmente al ser humano, entonces la sangre proveniente del corazón derecho, tiene que absorver el aire en el pulmón y regresar con él al corazón, para que desde allí el espíritu divino, unido al aire, pueda llegar a todas las partes del cuerpo».

Esa era más o menos la elucubración de Servet, recogida en siete páginas de un libro de más de 700 titulado «Restitución del Cristianismo», libro sobre teología que fue lo que produjo su enfrentamiento con Calvino, ya que en él niega la idea del la Divina Trinidad. Y en ella queda expresado que la sangre de la parte derecha del corazón, no llega a la parte izquierda del mismo a través de las aberturas en el tabique cardíaco, tal como establecía la teoría de Galeno, aceptada hasta ese momento, sino que lo hacía a través del pulmón.

Del año 1500 a hoy la medicina ha avanzado mucho, pero se ha quemado en la hoguera del materialismo la inevitable unión de materia y espíritu, de la misma manera que Calvino quemó a Miguel Servet por hereje. Quizá haya que volver a la visión del mundo de este aragonés, para repensar la realidad. Y quizá por eso respirar es tan importante, no solo para poder accionar el mecanismo de vivir desde lo puramente mecánico, sino para conectarnos con lo divino, con el espíritu, con el amor, que es lo que de verdad mueve el mundo. Porque esa explicación de que el corazón es simplemente una bomba que impulsa la sangre a través de los vasos sanguíneos es insostenible, incluso por razones físicas.

Quizá tenga razón Rudolf Steiner, creador entre otras cosas de las escuelas Waldorf, en la apreciación de que no es el corazón el que mueve la sangre, sino la sangre la que mueve el corazón.

Así que respiren, llenen sus pulmones de aire, que es amor y sigan moviendo sus corazones.

Y si van a Ginebra pasen por la FIBA a ver a Miguel Font, dejen que Pilar les haga el tour por la city y encuentran el monumento a Miguel Servet, un sabio español de una época en la que se valoraban más cosas que jugar bien a la.pelota, fuera ésta pequeña o grande.

Tengan una buena semana.

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