El miércoles visité el Congreso. Estaba casi igual que la última vez que estuve en 7º de EGB. Fui porque había quedado a comer con una amiga que trabaja allí y que muy amablemente me hizo un tour privado por las instalaciones. Mi amiga posee un despacho magnífico, de esos que solo tienen los altos directivos del IBEX o los funcionarios de nivel. Se respira importancia y solemnidad por los silenciosos pasillos que llevan hasta su estancia y mi sensación fue como si todo lo escrito o hablado entre esas paredes fuera confidencial o como si el personal fuera extremadamente introvertido. Mi amiga sé que es extrovertida, mucho, pero por allí circulaba hablándome en voz baja, con discreción de espía.
Entramos al hemiciclo antes de ir a uno de los comedores. Estuve a esto (junta tus dedos índice y pulgar para saber cuán cerca estuve) de dejarle un Postit a Pedro Sánchez en su sillón azul, como se hace en la oficina cuando alguien no está y quieres que te llame. Mi amiga me desincentivó. «Hoy está en la ONU», me dijo.
Subimos a comer y nos encontramos con Menganita de tal, también funcionaria de nivel y ambas comentaron el madrugón del marido el día previo. Marido que también es del colectivo funcionarial.
Mi amiga, el marido de Menganita y la propia Menganita, son profesionales que trabajan mucho, que se esfuerzan, tienen criterio y unas tareas sin margen para el error. Las cosas que supervisan se convierten en leyes que afectan a toda la ciudadanía y eso es un trabajo importante de verdad. Es interesante ver ese cambio de trabajar para los ciudadanos a, como casi todos, hacerlo para la cuenta de resultados del trimestre de tu negocio. Me gustó sentir que allí hay personas que se preocupan por el bien colectivo, libera un poco de esa otra sensación desasosegante que nos brindan los que se sientan en las bancadas y salen en la TV, que es insoportable.
Compartimos unas costillas muy ricas y una ensalada enorme, que las raciones del Congreso son generosas. Entre risas me contó que los acuerdos en los que participa se firman con bolis de 200 pavos y que en la del día anterior uno de los firmantes, un señor importante de un país europeo, se guardó el boli en el bolsillo interior después de firmar. Es decir, que le robó el boli a los españoles. O bueno, quizá no se dio cuenta, como le pasaba a Esperanza Aguirre cuando era presidenta y los de su equipo robaban a manos llenas, sin ella enterarse de nada.
Bajamos a la terraza del Círculo de Bellas Artes a tomar un café y poder hablar en un tono más español. Como mi amiga es politóloga y yo sociólogo, nos adentramos sin querer en una conversación sobre quién maneja de verdad el orden mundial. Empezando, claro, por nuestro querido país, que para eso estábamos cerca de donde se toman las decisiones patrias.
Quisimos hacer una hipótesis de cómo se mete mano a esta mierda grande en la que hemos convertido la democracia parlamentaria en la era del capitalismo fetén, la internet móvil y el postureo global. Y mi conclusión es que es necesaria una nueva revolución, pero que ésta solo puede interior, espiritual.
¡A las almas!, gritaremos en meditaciones masivas.
Me explico, que por haber dicho espiritual estarás a punto de mandarme a la hoguera de los esotéricos y de los woo woo que hacen grounding, retiros en Madrigal de la Vera y que no se preocupan por las cosas del comer, sino de que sus pantalones de pintor tengan la caída adecuada. Dame una oportunidad, que yo soy moderno como tú y escucho podcasts, incluído Hotel Jorge Juan, aunque a veces Javier Aznar se ponga ñoño con la invitada mona.
Lo que digo y lo digo muy serio, es que la única oportunidad que tenemos de revertir el orden mundial es recuperar lo espiritual, porque lo material es de ellos, el mundo exterior es de ellos. Lo han conquistado y nos han convencido de que es muy bueno que vivamos solo preocupados de cómo pagar las facturas. Han conseguido que dependamos de la generación de beneficios, seas cajero del Mercadona o directora general del Deutsche Bank. Todos tenemos facturas que pagar y por ahí nos tiene agarrados el sistema.
El mundo exterior es el de la materia, el que transitamos todos los días, un mundo que en nuestra era se rige por la productividad, por el beneficio que genera esa productividad y por el poder que da ese beneficio al dueño del chiringuito, mientras la mayoría nos preocupamos de si somos de Broncano o de Pablo Motos.
Si tu chiringuito es grande puedes apretar a otros con chiringos más pequeños. Pero por grande que sea, es imposible que escapes a la presión de pagar tus facturas. Esa preocupación individual por pagar facruras, sean más o menos grandes, unida a la promesa de que sintenesfuwrzas y es inteligente, tu también podrás pagar las facturas grandes y ser chachi, es donde se asienta el propósito del capitalismo. Y aunque ru crees que lo.haces libremente, en ralidad te quita libertad a tí y les de poder a ellos.
Un poder que no es como el de Pedro Sánchez, sino como el de Bill Gates o George Soros, que es el poder de poder hacer llamadas, invitaciones al Club Bilderberg y reuniones privadas en el rancho de Montana a los Pedrosánchez del mundo, para indicarles cuál es el camino adecuado para ellos y los países que humildemente dirigen, en temas como la energía, la salud, la migración, la alimentación, la información, etc… y conseguir que les hagan caso.
Así que no pienses que «ellos» son Pedro Sánchez, Feijoo o Ayuso. Estos son marionetas que tienen que pagar facturas como tú y que además tienen que hacer el ridículo en el teatrillo en el que estuve el miércoles con mi amiga.
La buena noticia es que el mundo interior no lo controlan y por eso andan temerosos. Su miedo es que perdamos el miedo a preocuparnos por las facturas y recuperemos nuestro eje a través de religar la conocida realidad exterior, con nuestra realidad interior, y alcanzar así la ansiada coherencia que tendrá como consecuencia poder dormir sin orfidales. Coherencia que se convertirá en integridad, que no es otra cosa que ser de una pieza, sin necesidad de predicar ni convencer a nadie, porque ésta se consigue callando. Y nadie puede impedir que te calles.
Lo espiritual se recupera apagando lo de fuera y callando cada mañana durante 15 minutos. Ya está, esa es la gran revolución interior que avanza y que va a revertir el orden mundial. Cuando lo consigamos y alcemos nuestras almas, es probable que Gates, Soros y el mundo de las altas finanzas en general, reciban el gesto que hace mi hija en la foto y con ello superen también sus miedos a dejar de manejar los hilos, a ser mortales, a no poder ir a vivir a Marte. Porque ellos, mal que nos pese, también son nosotros y tienen miedo.
Lo sé, el café con mi amiga se nos fue de las manos. Gracias por haber llegado al final.
Amen(sé).





Deja un comentario