Lo que sigue es el último capítulo del libro que he escrito y que se llama «Repensé mi talento y es incontable». Si os gusta podéis ir a Amazon y comprar el libro entero.
Habla sobre el talento y sobre lo espiritual, sobre los arquetipos, sobre las fases de la vida, sobre el equipo con el que gané el campeonato de España de baloncesto en 1989, sobre mi primo Jaime, sobre mi amigo Oski, sobre Iniesta y sobre los cuatro anhelos del ser humano. Pero sobre todo, habla de la fuerza invisible que une todo: el amor.
Capítulo 48. La nada misma
Mark Epstein es un psiquiatra norteamericano que estudió en Harvard y Cornell y que en su juventud coincidió con Jack Kornfield y Joseph Goldstein, fundadores de la Inside Meditation Society, en un retiro en Colorado, motivo por el cual se inició en el budismo.
Fascinado por estas enseñanzas integró a Freud y a Buda en su práctica que, sumado al bagaje en psiquiatría que atesoraba le han convertido en un referente de la fusión entre lo más ancestral y lo más moderno de la psicoterapia. Es autor de numerosas obras incluida una con el Dalai Lama de nombre “Thoughts without a Thinker”, libro que animo a leer ya que abre una perspectiva muy necesaria para nosotros los occidentales, tan preocupados por el yo y por lo personal.
En el mes de febrero de 2023 escuché a Epstein en un episodio del podcast “10’% Happier”, en el que contaba la historia de una clase que ofreció conjuntamente con Robert Thurman, también autor y académico de estudios budistas, además de padre de la actriz Uma Thurman, en la que Thurman (padre) recitó a los alumnos los versos de un poeta mongol del SXIX que dicen así:
“I was like a mad child, long lost my old mother, never could find her, though she was with me always”.
Que traducido al castellano sería algo como:
”Era como un niño enloquecido, mucho tiempo atrás perdí a mi anciana madre, nunca la pude encontrar, aunque siempre estuvo conmigo”.
Epstein contaba que aquel poema le conmovió porque cuando Thurman lo comentó con la clase, dijo que la madre a la que se refiere el poeta no era la suya, sino mother emptiness, nuestra madre la ausencia, nuestra madre la nada.
Los tres axiomas del budismo, las únicas tres certezas de la exis- tencia son que todo cambia, que ese cambio genera insatisfacción y que no existe tal cosa como el self, motivo por el que no tenemos que tomarnos nada de forma personal.
La nada, la ausencia, tiene que ver con la imposibilidad de identificar algo sólido que defina en esencia tu persona o la de cualquier otro ente material. Para el budismo, y también para los físicos cuánticos, no existe un self si no existe un observador de dicho self. No hay objeto si no hay sujeto que observa y la consecuencia directa de eso es que la realidad que transitamos no es objetiva. Y esto pasa con tu self, con el mío y con el de la silla en la que estás sentado.
La buena noticia es que si no existen los objetos de forma independiente, tampoco existe la separación entre ellos. La nada, la ausencia, el reconocimiento de que no hay algo “real” a lo que podamos denominar como nuestro self se compensa con el reconocimiento de que estamos todos conectados y la única manera de tejer esa red es a través del amor. Como el amor que conecta al niño enloquecido que perdió a su anciana madre hace mucho tiempo, en el poema del lama mongol.
Llevado a mi experiencia y aunque lo personal no exista, esta historia me conecta con el hecho de que empecé a indagar en lo espiritual tras y por la muerte de mi madre en el año 2014. Y no fue porque me propusiera hacerlo, sino porque empezaron a suceder cosas que me empujaron a ello. La vida hizo conmigo lo que hace mamá elefanta con sus elefantitos, darme el empujón en la dirección correcta.
En el mes de octubre de aquel año conocí a la doctora Raquel García-Minguillán, una maravillosa mujer que trató a mi madre enferma de Cáncer con la radioterapia en una mano y la espi- ritualidad en la otra y que me introdujo sin pretenderlo en este camino para una comprensión diferente de la realidad. Después de eso me formé en psicología profunda y el día que llegué a la primera reunión de casos de la escuela, conocí a la que hoy es mi mujer en el portal de la misma. Iris me abrió literalmente la puerta a aquellas enseñanzas y a que meses después empezara mi blog El Contrafantasma, que me mantiene conectado conmigo y me sirve como prueba de que lo que anhelamos es ser parte de esta gran comunión que es la vida.
Este viaje me ha llevado a un nuevo camino profesional, ubicando mis potenciales en eje con mi arquetipo, al menos de momento. Y todo (y también nada, claro) me ha conducido a terminar este primer libro que, junto con las hijas que tuve y el olivo que planté en la casa que construimos y compartí con un amigo hace veinte años, completan los tres grandes objetivos del sapiens moderno: planta un árbol, ten un hijo y escribe un libro. Así que, checked!
Es posible que este volumen sea el inicio de una trilogía y que este sea el libro relativo al reconocimiento. Si tengo éxito (esa maldita palabra) igual me animo a escribir los de la aspiración y la actuación, para completar la terna de las funciones de la vida. Pero todo se andará.
Antes de eso y para terminar, lo único importante: ama. Ama porque el amor es la única forma de trascender tu yo sin dejar de incluirlo. Ama, primero a ti y después a lo que te rodea ya sean minerales, vegetales, animales u otros humanos.
Ama y verás como tus potenciales se ubican en su eje.





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