Ayer estuvimos en las pasarelas de Panticosa y nos quedamos Mariana y yo solos en la subida posterior al mirador de O Calvé. Al llegar mi glucosa estaba por debajo de rango y nos sentamos a esperar a que el zumo Granini de melocotón hiciera su efecto. De la nada nos pusimos a hablar del amor y en un momento de la conversación dije que en el amor había que emocionarse, para luego poder mover el culo.

¿Amor, emoción y movimiento?, como lo que acabamos de hacer en esta montaña, dijo ella.

Eso es. Mira, soy consciente de que Instagram, la trilogía Before y la tía Encarna dicen que el amor es todo sentir, fluir, dejarse, rendirse… Y sí, el amor es eso y también emoción. Es necesario emocionarse y las emociones son cosa del alma.

Ay papá, ¿te vas a poner esotérico?.

Sí un poco, pero dame una oportunidad. Primero porque el alma, igual que el amor, es un concepto esencialmente esotérico, es decir del ser humano interior. Y segundo porque por ese motivo es invisible y susceptible de numerosas interpretaciones. Pero ojo, que algo sea interpretativo no significa que sea relativo, laxo, ni que valga la definición de un tiktoker o de los guionistas de «The O.C.». Como en todos los ámbitos de la ciencia los que mejor interpretan las cosas son los especialistas, los sabios y tanto del amor como del alma existen verdaderos sabios.

Lo que es verdad es que no hay una definición estándar de alma, como sí la hay de pasarela o de montaña. Menos aún hay una imagen asociada a ella a la que todos podamos recurrir cuando la queremos describir. El alma lo mismo es lo que se deja (ba) en cada bola Rafa Nadal con esos gemidos guturales, que lo que a uno se le cae a los pies cuando ve las pateras en el telediario, que el máximo grado en la escala de medida de pasión con la que te gusta un chico del instituto.

¿Vamos papá, bajamos ya, que nos estarán esperado Iris y Berta?.

Espera que mi glucosa esta aún en niveles bajos y así te doy mi definición de alma y de cómo aspira ésta, que ya sabes que aspirar es la segunda de las tres funciones del ser humano, junto con reconocer y actuar. Aspirar tiene que ver con visualizar el ideal después de haber reconocido bien los factores implicados y antes de lanzarse a actuar. Aspirar es llenar el tanque de energía con tus emociones y comenzar el movimiento hacia tu ideal. Y eso se hace con tu yo, que tiene que ver con lo animal dentro de ti, porque lo que diferencia lo animal de lo vegetal es el movimiento. Los animales son materia como los minerales, vida como las plantas y además se mueven y tienen conciencia del yo.

Mi yo quiere bajar, dijo Mariana, ¿cómo tienes el azúcar?. Miré mi teléfono y corroboré que lo que decía la medición era lo mismo que decían mis sensaciones: 117. Bien, venga, pongámonos en movimiento.

De bajada Mariana me resumió mis tres últimos posts. Entonces, dijo, para aspirar bien (al amor) hay que dejarse llevar el afecto (eso que capta el cuerpo), tender hacia donde digan tus sensaciones (lo que dice el organismo) y seguir tus emociones (tu alma), ¿eso es todo?.

Falta la aspiración del espíritu, la voluntad, que para aspirar sabiamente también hay que esforzarse, pero de eso hablamos mañana.

Deja un comentario

Tendencias