Ayer llegó mi hija mayor y pasó por casa camino de la siguiente parada de su verano. Me preguntó qué hacía y con la boca chica respondí que estaba escribiendo unos textos cortos sobre el amor. ¿En serio, papá?. Se fue a su cuarto. Me fui tras ella y le dije si podía hacerle unas preguntas. Me miró regular, pero accedió a dejar el teléfono en su cama unos segundos. Pocos.

El espíritu reconoce con el entendimiento, le dije. ¿Sabes qué es el entendimiento?. Entender las cosas, contestó. ¿Por qué crees que usamos mal el entendimiento?. No lo sé, supongo que por falta de conocimientos, me dijo. Y si te pregunto por el entendimiento del amor, ¿tiene eso que ver también con los conocimientos?. Papá… déjame en paz. La dejé en paz.

Los adolescentes adolecen, está claro, sobre todo de paciencia.

No mola que el amor tenga que ver con el entendimiento, o con lo que asociamos con el entendimiento. Porque el amor es atracción, sentimiento, pasión. Sí, y entendimiento.

El entendimiento es la manera con la que reconoce el geist, palabra alemana que se usa tanto para intelecto como para espíritu. Sin espíritu somos solo animales. Los animales utulizan su yo para todo, incluso para el amor. El macho alfa es el que gana a sus semejantes para que la especie se reproduzca, premisa fundamental de su arquetipo de animal. Pero los animales no poseen espíritu.

Los sapiens sí tenemos espíritu y existe una manera infalible para utilizarlo, también en el amor: ponte siempre al servicio de los demás. Desde tu lugar y sin perder tu lugar, pero al servicio de los demás. Verás que no falla.

Papá, ¿me llevas a Madrid por la tarde?, preguntó Mariana por whatsapp desde su cuarto. Ya veremos, grité desde mi despacho.

Intuición, sensaciones, sentidos y entendimiento, con esas cuatro cositas trabajando al tiempo se reconoce (se hacen las conexiones correctas) el amor.

Me voy a llevar a Mariana a Madrid, que ya he acabado de planchar. Tu sonríe, confía y entiende el amor.

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