Como los minerales, regidos por las leyes naturales, reconocemos la realidad inconscientemente a través de la intuición. Como los vegetales, seres vivos de conciencia arquetípica, subconsciente, reconocemos también con las sensaciones. Y como mamíferos, animales tope de gama dentro del arca de Noé, reconocemos con los sentidos.
La vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto son las herramientas con las que más familiarizados estamos y con ellas percibimos también el amor. En este caso de manera consciente, utilizando la conciencia del yo. Y ya que escribo del yo y de los sentidos, de los que el más importante es el de la vista, con la que percibimos el 80% de la realidad, utilizo el ojo para hacer algunas advertencias.
Ojito primero con el propio yo, que normalmente nos pasamos de rosca utilizándolo. No olvidemos que el yo se desarrolla durante toda la vida (aunque pensemos que somos para siempre el de los primeros 25 años) con el objetivo de ser capaces de trascenderlo sin dejar de incluirlo y de ir disolviéndolo poco a poco en el todos, en el todo, que es exactamente lo mismo que la nada. Por tanto somos primero nada, luego yo, después todo y por último nada de vuelta.
Ojo también que el reconocimiento, lo de hacer la conexiones correctas no termina hasta que mañana (en el caso de esta veraniega serie corta de posts) hable del entendimiento. Que la intuición, las sensaciones y la percepción están muy bien, pero a ese pastel hay que ponerle la guinda, el espíritu, o conciencia del sí mismo, que es lo que nos hace específicamente humanos y nos confirma además que somos divinos.
Ojo por último con las certezas, que la vida es, para el individuo independiente que sube sus poses a Instagram, un maravilloso continuo de cambios, de no linealidad, de «injustas» contradicciones «con lo bien que hago yo las cosas». Que lo que ayer era medalla segura hoy es rotura del cruzado, que lo que era todo sonrisa tenística, con dos tie breaks se transforma en llanto, que lo que hasta hace nada era una familia numerosa llena de estrellas, hoy son cuatro fieras anónimas jugando a la mitad del deporte de la canasta.
Y si de contradicciones hablamos. ¿hay algo más universal y a la vez subjetivo que el amor?. Intuye, siente, percibe el amor, porque estar está, es, aunque tu individualidad (tus ojos) te indiquen lo contrario.
Vamos, sonríe, confía y percibe el amor.





Deja un comentario