Ya hemos ganado la Eurocopa, Wimbledon y los leones de rugby sub 20 vencieron ayer a Fiji en la prórroga, con lo que se mantienen en categoría A. Qué más se puede pedir a la vida.
Primera ola de calor, es la noche del 19 de julio y en el teclado de Joan Berenguer suena la última canción de todos los conciertos de Rafa Pons: «Voy persiguiendo a la luna«. La letra del tema ocupa 23 palabras, que son: «voy persiguiendo a la luna me cago en tu padre y no tengo ninguna razón para odiarte pero simplemente me acuerdo de ti». Rafa baja a la platea de la sala Galileo y todos nos ponemos en pie y bailamos y cantamos con él, que es lo que habíamos querido hacer desde hace hora y media.
Fin del concierto, a la salida nos abrazamos con Rafa y nos vamos a casa, igual que en los conciertos de Bruce.
Unos cuantos temas antes había tocado «Un poco mejor», una canción de estribillo fácil que Rafa presenta haciendo una férrea defensa de su etiqueta, ya que él se considera cantautor, aunque su propia música y la gente le digan que es más rockero o popero. Pero no, él es cantautor, motivo por el que esa canción que da nombre a la gira y que tocó a mitad de recital se llama «Un poco mejor«. Si fuera rockero se habría llamado «Mejor», y si fuera popero, «Mucho mejor». Pero siendo cantautor tampoco hay que ser demasiado optimista.
El estribillo, dice Rafa, es algo que llevaba toda la vida buscando tener en su repertorio, algo que todo el mundo pudiera cantar sin preparación previa, sin ser conocedor de sus canciones, un tema perfecto para sacar el antes mechero y ahora linterna del móvil y moverla de lado a lado mientras entonas un sencillo oooooooó. Rafa usa el humor para quitar peso a sus escritos y a su música, pero él sabe que cuando las cosas son de verdad, llegan, sin importar el género lírico ni la etiqueta asignada. En realidad eso pasa con las cosas y también con las personas. Y Rafa es de verdad.
Yo, que soy un gran cínico, me río y pienso que ni de coña saco el móvil y enciendo la linternita, pero que obvio que sí canto el oooooooó, porque soy muy de los oooooooós de los conciertos. Ensayamos el tono con él un par de veces para ver como nos sale y acto seguido comienzan a tocar. La primera estrofa dice así:
«Si los que sueltan lastre se hundieran siempre primero. Si el deseo mostrara la fecha de caducidad. Si tan solo el que exprime la vida muriera sin miedo. Si el fracaso no fuera jamás una oportunidad. Si al casarte nunca hubieran curas, jueces ni testigos. Si los que van al gimnasio entrenaran la imaginación. Si abrazando a tu enemigo encontraras redención. Si existiera el derecho al olvido en tu corazón».
Momento en el que llega el estribillo con sus oooooooós:
«Si estuvieras conmigo, oooooooó, si me dieras calor, oooooooó. El mundo sería un sitio jodido, pero un poco mejor».
No habíamos llegado al primer oooooooó y yo ya estaba llorando a moco tendido. Como estaba oscuro pude hacerlo a gusto, sin la presión de la opinión pública, el diablo de nuestro tiempo. Recordé entonces algo que Iris me había comentado por la tarde, sobre que la represión de las emociones afecta al sistema inmune y mientras yo lloraba, Rafa cantaba y el público blandía sus linternas al compás del oooooooó.
Abracé a Iris y el amor atravesó mi cinismo, mi etiqueta y la vida mejoró, vaya si mejoró.
Sostengan sus etiquetas solo por un rato, pero sean capaces de soltarlas porque ustedes no son ellas y a éstas las carga el diablo.
Somos mucho más que lo que creemos ser y mucho menos que un estribillo que se culmina con un simple oooooooó.
Así es la vida.




Deja un comentario