El problema no es Pedro Sánchez, ni si se va o se queda, ni si está enamorado o no, ni si miente o dice la verdad. El problema es la cantidad de dopamina que segrega nuestro organismo y qué tipo de estímulos favorecen su circulación por nuestro sistema nervioso.

La dopamina no emana cuando se produce un hecho placentero, sino durante el proceso de espera hasta que este sucede. La dopamina es el neurotransmisor de la motivación, el que nos hace mover el body en dirección a ese objetivo molón que creemos que nos generará buen rollo. Y funciona así porque en el pasado obtuvimos gustito con ese objetivo y nuestro ser golosón quiere volver a experimentarlo. Lo que pasa es que la segunda vez nunca es igual que la primera y eso hace que no salgamos del evento igual de happy y como consecuencia queramos más, siempre más.

Y por eso Le Corbusier tenía razón con lo de less is more. Cuanto menos esperemos, mejor.

Así que cuando el miércoles pasado Pedro dijo que se iba al rincón de pensar porque ya estaba bien y lo más importante es mi familia y el amor, tanto los de a favor como los de en contra comenzaron a segregar dopamina anticipando futuros magníficos o catastróficos, porque ambos extremos la activan y por tanto también activan la motivación y el movimiento.

Un acto placentero para algunos votantes del PP o de VOX puede ser que Pedro Sánchez dimita, o que Pedro Sánchez no dimita. Ambos desenlaces desembocan en situaciones placenteras. Si dimite porque dimite y recuperamos España de las garras de los independentistas y los facinerosos. Si no dimite porque las posteriores conversaciones en equis y en whatsapp con los afines, las escuchas de las radios conservadoras y los chascarrillos con los colegas de trabajo en las conversaciones por Teams, van a ser tremendamente satisfactorias porque ya lo decíamos nosotros, Perro Sánchez es un mentiroso narcisista peligroso rompe españas.

Para algunos de los del otro lado, el de los votantes del resto de partidos, los de la llamada España plural progresista mayoría social y parlamentaria, la expectativa de que Pedro Sánchez diera un paso a un lado anticipaba un pozo profundo, pero al tiempo era un acto de dignidad mayúsculo. Y ambos desenlaces buenos generadores de dopamina: si se quedaba porque se quedaba, si se marchaba porque menudo líder carismático recto e íntegro (y guapo) pedazo de genio que ha solucionado el problema catalán y plantado cara a la ultraderecha.

Para el resto, nosotros, la gran mayoría de los ciudadanos que conformamos este país, estos cinco días han sido solo cinco maravillosos días de ayuno de dopamina por lo de Pedro Sánchez y con suerte también de otros temas no necesarios para no activar nuestro movimiento hacia los objetivos incorrectos.

Me hubiera gustado que el thinking del presidente hubiera durado no cinco días sino cinco meses, o cinco años. Qué calma de expectativas, qué placer, qué nada tan agradable, tan fructífera, qué vacío tan placentero.

Los toltecas tenían razón en eso de no hacer suposiciones, su primer acuerdo. Si no supones no esperas, si no esperas no generas un exceso de dopamina y, sobre todo, no la segregas por los motivos equivocados como que el presidente se quede o se marche.

Hagan ayuno de dopamina, no esperen nada.

Feliz día del trabajo.

Deja un comentario

Tendencias