Hace cuarenta y tantos años, yendo al pediatra con mi madre en su Renault 5 amarillo, la maniobra de un autobús de la línea 61 de la EMT provocó un golpe en la chapa del coche y una acalorada discusión entre ella y el chófer. Mi hermano y yo aguardamos dentro mientras nuestra madre, fuera del coche y de sí misma, ponía de vuelta y media a aquel señor. Recuerdo como si fuera ayer que todo estalló porque él osó decir que «esto pasa por dar el carnet (de conducir) a las mujeres». Mi madre por ahí no pasó y montó la tercera guerra mundial. Yo no entendía muy bien el fondo del asunto, pero me ardía el pecho y solo quería romperle la cabeza al conductor. Imagino que porque una de las partes en la pelea era mi madre, pero también porque la otra era un idiota al que no le daba para reconocer lo diferente.

Lo peor de ser machista no es solo ser machista, sino ser idiota. El idiota, o la idiota, que de todo hay y en proporciones similares, es machista porque se encuentra a alguien diferente y lo diferente inquieta, al menos de primeras. La división más sencilla entre dos Sapiens es el sexo y cualquier idiota es capaz de reconocerla sin gran esfuerzo.

Los Sapiens somos una especie que adora lo sencillo, primero porque requiere menos energía que lo complejo y segundo porque la sencillez es uno de nuestros cuatro anhelos junto con la belleza, la salud y la verdad. Cuando están los cuatro presentes gastamos poca energía, porque están en la esencia (el equipamiento de serie, el ADN, la naturaleza, whatever…) de lo que somos y todo fluye sin que tengamos que esforzarnos demasiado. La vida es más ligera si es bonita, sana, sencilla y verdad. Si tiende hacia lo contrario hay que remar extra para que la cosa marche.

Cierto es que lo exterior, lo material, se acaba acomodando a base de impostura, falta de integridad y quien lo tiene, de dinero. Las dos primeras las encarnamos la mayoría durante muchas horas cada día, si bien a algunos les pasa factura por las noches cuando se apaga todo y se queda uno sólo, en silencio, donde la pelea solo puede ser contra uno mismo, contra el techo de su habitación, o contra la ética. De ahí que la industria farmacéutica en su segmento de químicos para dormir sea tan rentable, pero eso es otro tema. La tercera variable para acomodar la no sintonía con los cuatro anhelos es el dinero y este pues, dependiendo del caso, se utiliza bien o mal para tapar las carencias de la idiotez.

Lo que es seguro es que cuando el zapato aprieta e impostamos, lo de dentro se nos rompe un poquito y como no lo ve nadie y solo lo sientes tu, queremos pensar que pasa desapercibido. Pero no.

Cuando algo no es, cuesta mucho. ¿No es qué, papá, bro?, me pregunta Berta que está a mi lado leyendo esto. Cuando alguien hace algo que no es, lo normal es que esté haciendo el idiota y si se esfuerza en hacer lo que no es de manera continuada, ya no hace, sino que es idiota. Y como el chófer de la línea 61 de aquel episodio con mi madre, el idiota no hace las conexiones correctas para entender la realidad.

Las mujeres tienen sus genitales hacia el interior y los hombres hacia el exterior. Las mujeres tienen el pecho hacia fuera y los hombres lo tienen plano, salvo si hacen CrossFit que entonces se invierte la ecuación. Las mujeres no tienen pelo en la cara (o casi) y los hombres sí. Genitales, pecho y cara (cabeza), son regiones corporales de las diferentes capas del Sapiens interior; genitales del organismo, pecho del alma y cabeza (con su cara) del espíritu. Otra diferencia, la más importante, es que las mujeres se encargan de la parte clave para la creación y desarrollo temprano de una nueva vida. Estas diferencias son fáciles de entender y por eso hasta los muy idiotas reconocen que mujeres y hombres no somos iguales.

Otra cosa es lo femenino y lo masculino y entender que tenemos que desarrollar ambas facetas para llegar a ser viejos y viejas sabias, e integrar ambas. Ser un viejo sabio no es más que ser una persona íntegra y ser íntegro no es más, ni menos, que hacer coincidir el ser con el hacer.

Integridad no es ir happy go lucky por esta vida, no. Ser íntegro duele muchas veces, es desagradecido otras y, sobre todo, encaja fatal con este circo de tres pistas que hemos montado el Homo Conectado, en el que vemos y somos vistos, evaluados y juzgados, por el planeta entero, 24/7 y 365 días al año.

Ser íntegro no evita el sufrimiento, pero permite dormir por las noches sin química adictiva. Ser íntegro tiene que ver con pisar descalzo la naturaleza, con respirar en silencio, con comer cuando tienes hambre, con ser compasivo, con ser firme, con observar sin juicio, con callar. Ser íntegro es ser de una pieza, para evitar romperte antes de tiempo porque, como decía mi madre, «luego siempre viene el tío Paco con las rebajas».

En cambio, idiota podemos ser cualquiera y por múltiples factores en muchos momentos, siendo hoy lo más habitual que uno sea idiota por elección, e incluso por convicción. Motivo por el que, además, el idiota es atrevido. Atrevimiento, convicción e idiotez van unidos, ya seas político, vecino de tu escalera, dueño de una agencia de algo relacionado con la publicidad, enfermera de la clínica Moncloa, escribas en un blog los fines de semana, o seas conductor de atasco diario en la M607. El idiota abunda.

El idiota elige serlo porque antes que él ya hubo muchos idiotas y reconforta estar rodeado de los tuyos. Garantiza poca zozobra en el escaso espacio que deja la vida conectada y elimina completamente la duda, que es un sentimiento ciertamente molesto. ¿Quién mierda quiere dudar, cuando se puede estar en la certidumbre todo el tiempo?. Dudar es de idiotas, piensan y dicen los idiotas.

El idiota se rodea de otros idiotas y el que no lo es, se acostumbra a estar también entre ellos, cosa aún más desasosegante y perniciosa para el colectivo, ya que divide la población en dos grupos: los idiotas y los idiotas que pensamos que los idiotas son los otros. A veces, en estas peleitas de idiotas, que antes sucedían en la calle Diego de León y ahora pasan en las redes sociales, uno se siente bien, ya que de verdad se evidencia la idiotez de los otros. Pero lo normal es que todos salgamos perdiendo y que la idiotez colectiva crezca y la integridad decaiga.

Vuelvan al niño que fueron y chequeen si les hierve la sangre cuando la cosa pierda en integridad y gana en idiotez. Verán que su equipamiento de serie, a pesar de todo lo vivido y mal aprendido, reconoce qué es lo correcto Y sean en consecuencia, aunque parezcan idiotas a ratos, al menos para parte de la opinión publica

Pasen un gran domingo, una buena semana y pisen la naturaleza con los pies descalzos, que verán que la cosa mejora y hay menos idiotez.

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