El mejor consejo que he escuchado es no pedir ni dar nunca consejos. Da igual que seas madre, padre, capitán del equipo, influencer o presidente de la comunidad de vecinos. No aconsejes, no seas imbécil, no quieras modificar la realidad de otro según tu criterio y tu experiencia. Primero porque ese criterio y esa experiencia son tuyos, lo que automáticamente provoca que solo funcionen (normalmente mal y lo sabes) para tu unidad de conciencia. Segundo porque el 90% de los que piden y el 100% de los que dan consejos, son NPCs. Y en un NPC no se puede confiar.
Un NPC opera bajo una programación que experimenta lo que sí y lo que no como creencias. Esas cosas que uno cree y que aplica 24/7 en cualquier ámbito de su vida, son solamente el producto de tu programación. Lo notarás porque aùn sabiendo que no te funcionan, las sigues repitiendo y repitiendo con el piloto automático puesto y creyendo que es «lo que hay».
Creer es muy diferente de saber. Cuando sabes dejas de creer. Sí dejas de creer, dejas de aconsejar y de pedir consejo. Si sabes, esperas. Sí sabes, confías. Si sabes, callas.
El jueves era el día del padre y mi hija Mariana me invitó a comer en el Honest Greens de Alcobendas. En ese restaurante han acertado con el nombre del pollo Piri Piri y siempre que voy lo pido. De vuelta a casa y no recuerdo por qué motivo, Mariana me preguntó si yo pensaba que ella era un NPC.
La programación de serie que llevamos dicta que hay que amar mucho a los hijos cuando, en realidad, tus hijos no son tuyos, sino que simplemente han llegado a través de tí y de otro que, lo màs probable, es que fuera un NPC. Y segundo, que hay que amarlos es correcto, pero exactamente igual que a los hijos de tu vecino el del Tesla aparcado mal en tu garaje, que al geranio que tienes en la ventana y que a todo lo que te rodea en el mundo este de la materia.
Que creas que los tuyos son tuyos de verdad y que además son los mejores, los más guapos, los más listos y el sujeto pasivo de tus consejos, es una creencia que sería bueno te sacaras pronto de encima. No temas ser mal padre o mala madre por ello. Y sobre todo ten claro que ningún consejo cambia la realidad de tus hijos. Menos aún los tuyos.
Mis creencias, que también tengo unas cuantas, me empujaban a responderle que no, que ella es jugadora y muy destacada, pero lo cierto es que no lo sé. Hasta los 25 an̈os es complicado diferenciar jugadores de NPCs y, haciendo honor al nombre del restaurante donde comimos, traté de ser honesto en mi respuesta.
– Si haces las cosas por amor, vibrarás alto y estarás más cerca de ser jugadora. Si las haces por temor, será que eres un NPC -.
– ¿Temor a qué? -, me preguntó.
Temor a lo que piensen los demás, a ser poco, a ser mucho, a no ser pertinente, a no ser suficiente. A no ser aceptada, a quedarte sola, a perder lo material, a no ser escuchada, a no ser querida, a no reconocerte en sus creencias, a no creer en las narrativas compartidas por la mayoría, a no posicionarte en un lado o en el otro. Temor a engordar, a las arrugas, a las canas, temor a sufrir, a enfermar, a depender, a morir.
– ¿Y cómo se hace para no temer? -.
No soy yo quien para aconsejarte, le dije, pero si te tuviera que responder te diría que vibrando alto, que es lo mismo que amando. Levantándote rápido cuando te caigas, dejando que las cosas duelan, pero sin engancharte al sufrimiento, haciendo según tu intuición y sin temor a equivocarte, dudando si es necesario, pero confiando en que la duda viene por los imputs de fuera y que, si miras dentro, encuentras la respuesta correcta, aunque no coincida con tu programación, que es aquello que crees. Y siempre, siempre, siempre, poniéndote al servicio del otro, sea quien sea ese otro.
Cuando miré a Mariana, ya llegando a casa para dejarla, ella tecleaba intensamente mensajes con su teléfono, en lugar de escuchar al NPC que es su padre. Me pareció bien, es lo suyo, los consejos no sirven para nada.
Al salir del coche me miró, me besó y me dijo: “papá, perdón, estaba hablando con una amiga que tiene un problema y como la quiero mucho, tenía que prestar atención a su tema. Otro día me cuentas esto que me interesa un montón, de verdad.., O mejor, ¿por qué no lo escribes en tu blog y así lo leo tranquila?”.
Aquì está la respuesta a su petición. Pasen un buen domingo, disfruten la primavera, no den consejos, no pidan consejo, no crean, no me hagan caso, callen, disfruten, sonrían, duden, miren dentro, amen.

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