Tengo autoridad en esto. Madrugo mucho y, si madrugas, te da más tiempo a identificar idiotas jugando.
El martes me desperté a las 5,09 y me levanté de la cama. No tenía prisa por salir de casa ni tampoco importantísimas reuniones por Teams. Ni siquiera una de esas dailys que se pusieron de moda con el desarrollo de las apepés que iban a hacer millonarios a cientos de miles de emprendedores a finales de los 2000. Ese momento posterior al primer IPhone en que la tecnología se volvió sexy porque lo dijo Steve Jobs y se pasó de maquetar pantallas a crear experiencias de usuario. Cuando los de marketing ocuparon el espacio de los ingenieros que, a diferencia de los primeros, sí habían estudiado durante sus carreras y sabían hacer cosas, pero que cuando empezaron a trabajar se vieron relegados a despachos oscuros cerca de los servidores y alejados de las partes bonitas de las oficinas. O peor, se tuvieron que adaptar a espacios abiertos donde los de marketing y los extrovertidos en general jugaban a las oficinas.
Hoy, cualquier grupito que comparte un proyecto programa reuniones diarias (daily), semanales (que se llaman weekly, claro) o mensuales (que no tienen nombre molón en inglés), solo por no ponerse a trabajar a la hora que corresponde, hablar sin culpa de si mejor Sirat que Los domingos o de si fue o no penalti lo de Vinicius (lo normal es que no lo fuera porque se tira todo el tiempo) y tratar así de esconder que no saben hacer nada de lo que hay que hacer ni entienden tampoco el motivo por el que lo hacen.
Lo del motivo es lo que los de Recursos Humanos acuñan ahora como propósito y al que, en ese último offsite en Menorca, llegaron los managers a través de una dinámica facilitada por un coach jungiano sistémico que hace meditaciones grupales, constelaciones con caballos y viajes de DMT con ayahuasca, Esto último nunca lo incluyen las empresas en sus dinámicas de equipo. Lógico.
El problema, el juego, se llama El Móvil. Es el más popular del Apple Store y del Android Market y nos lo colaron sin acción deliberada por nuestro lado, cuando aún no estaba claro lo de la ley de protección de datos ni lo de consentir las galletas (cookies), ya fueran las necesarias, las de marketing o las de performance. De hecho, solo con las necesarias y obligatorias concedemos a los dueños del juego el poder absoluto para hacer con nosotros lo que deseen.
El juego es el propio terminal y el tablero, las reglas, las misiones, los demás jugadores y todos los premios y castigos, también son el terminal. Es multijugador exclusivo, lo que significa que desde que tienes uno, no te relacionas demasiado en modelo presencial 3D. Tu ratio de personas físicas vs interacciones virtuales ha bajado a 20/1 en los últimos quince años y ahora estamos en el nivel del juego en el que desaparecen las interacciones virtuales con otros jugadores, para ser sustituidas por interacciones con IA`s de distinto pelo, todas pertenecientes a los dueños del circo, que tienes que tener claro que no somos ni tú ni yo, que somos simples payasos. Aunque tengas un Tesla, varias propiedades y un muro de Instagram que es la envidia de tus compañeros de pádel.
Somos todos involuntarios jugadores y los que no, son fervientes aspirantes a serlo. Mira si no a tus hijos que, lo que más desean en la vida, es pasar a secundaria para ser parte de El Móvil, aunque manejen por un tiempo la versión Lite, la misma que activamos nosotros en verano cuando no hay dailys ni weeklys ni monthlys.
Como sucede con los grandes juegos es sutil, adictivo, frictionless que dicen los de marketing más cursis y puedes pasar horas jugando sin aparente desgaste. Tu crees que compraste un terminal para comunicarte mejor, crear y facilitarte la vida y lo que has firmado es una suscripción Premium Platino Pro VIP All You Can Eat, para un juego en el que nadie reconoce estar y en el que los diseñadores y programadores nos manejan a su antojo.
En el MWC vI alguna iniciativa que apelaba a vivir en fuera de juego, como acostumbra a estar Ferrán Torres, en este universo que provoca que seamos inconscientes serviles suscriptores de una cárcel de colores de la que no se podemos salir.
Hay esperanza, hay empresas haciendo niveles de El Móvil para acercar a las personas de manera física y limitar el tiempo de pantalla.
Así que sigan de cerca a estas empresas aunque también hagan dailys y offsites en Menorca, confíen en las personas que se cruzan por la calle, desconfíen de las narrativas que llegan por su terminal y pasen una buena semana estando un poco como Ferrán Torres, en fuera de juego.

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