Me he levantado sin ganas de escribir. Sí, sabía que era domingo y que los domingos hay unas doscientas personas worldwide esperando compartir conmigo su desayuno. Pero hoy nos hemos despertado tarde porque ayer fuimos a ver Avatar y no terminaba nunca la movida de matarse unos y otros en Pandora, lo que provocó que para mis austeros estándares, me acostara tarde.
Y hoy, desayunando huevos pasados por agua y café con ghee y aceite de coco (correcto, lo he visto en un reel de Instagram, que mi algoritmo está fino fino), nos hemos sentado en el salón, que nuestra cocina no está abierta a éste ni tiene isla ni tan siquiera península y he puesto el vinilo de Wish you were here de Pink Floyd. Y cada vez que escucho esa canción me acuerdo de mi madre. Si fuera Chiquito de la Calzada diría en voz alta “por la gloria de mi madre” y listo. Pero a mi, cuando me acuerdo de mi madre, lo que me pasa es que me dan ganas de escribir y echarla de menos escribiendo, cosa que recomiendo bastante si tu madre murió hace no mucho o si, habiendo fallecido hace años, cuando piensas en ella aún te emocionas y sueltas una lágrima. De verdad te digo que si te pones a escribir y le cuentas lo que pasa, aunque sea que ayer viste Avatar o que tienes que hacer los papeles del IVA trimestral, llega un momento que la lágrima no aparece y solo recuerdas los momentos bonitos en los que ella se sentaba en tu cama y te cogía de la mano después de ponerte una crema bastante sospechosa e incómoda en ambos orificios de tu pequeña nariz. Al menos esa es la imagen que me viene a mi, pero ya sin llanto, sin pena. Viene mi madre, se sienta en mi cama, me echa la pomada y se queda conmigo un rato.
A veces también me viene su imagen bailando, que a ella le encantaba bailar.
El caso es que al pensar en ella he decidido ponerme a escribir y al encender el ordenador he reconocido que lo que me pasa con esa canción y mi madre, antes me pasaba con esa canción y otras formas de amor. Del amor solo nos acordamos cuando lo extrañamos, somos así de imbéciles.
Mi madre representa el amor desde que murió, pero antes me acordaba de otras personas al escuchar Wish you were here y también Shape of my Heart de Sting. Durante años, siendo yo muy joven, eché de menos a mi primer amor. Deseaba que fuera ella quien estuviera aquí o quién diera forma a mi corazón, para tener de nuevo esa sensación de plenitud, de calma, de bien, de cómo mola, de qué sentido tiene todo, que deja el amor cuando lo reconoces.
Porque no es una persona a la que cantan Roger Hodgson o Sting, sino al propio amor, al Amor con mayúsculas. Pero a nosotros solo nos han enseñado la parte del amor romántico o del amor maternal. Eso es lo que cuenta nuestra cultura y eso es lo que hemos abrazado como mentes bien programadas que creen que todo lo que ven es todo lo que hay.
Pero como dice la foto de este texto, que estaba escrita en un bar de Bristol, no creas todo lo que piensas. Lo que piensas no es tuyo, está en la programación del juego y tu Yo simplemente lo sintoniza. Lo que piensas no es tuyo, lo que sientes no es tuyo, lo que haces no eres tú. Es tu avatar, como ese de Pandora en la película de ayer. Tú eres lo que queda cuando dejas de pensar, que es lo que sucede cuando meditas o escribes o haces manualidades o música o pintas o programas o haces Excel o dominadas o punto de cruz. Tú eres el que eres cuando estás creando, no cuando estás pensando. Y es ahí, cuando creas, cuando reconoces que el amor es lo que une todo.
El amor es eso que ocupa todo cuando tú te apartas. Tú eres una unidad individual de conciencia que necesita progresar para que la Conciencia haga lo propio. Y si estás todo el tiempo en tus movidas, dejas de ver el amor, incluso hacia tí mismo, que es a lo primero que debes amar.
Tom Campbell dice que hay tres caminos para crecer espiritualmente (la única manera interesante de crecer) y que somos más o menos tendentes a uno de ellos en función de nuestra personalidad. Estos caminos son el del Conocimiento basado en la experiencia, camino típico de los occidentales, el del Servicio, camino de entrega a los demás sin pedir nada a cambio y el de la Rendición a una conciencia superior. Y dice que los tres caminos se juntan al final en un solo concepto: el amor, la cooperación. El amor es la única manera de reducir entropía y por tanto de progresar, de desarrollarnos,
Si no vives el amor en todo aquello que Es, en lo que se ve y, sobre todo, en lo que no se ve ni se mide ni se pesa, solo serás capaz de echar de menos a tu madre o a tu primer o último amor terrenal. Y vas a volver a llorar y decirte pobre de mi.
Así que ama, escribe, medita, quítate de en medio y no hagas caso a lo que piensas, que no es tuyo.
Y escucha a Pink Floyd.
Buena semana.





Deja un comentario